
5 Abr 2016
Isabel de la Fuente es un comentario en la boca de unos amigos de la ciudad de Montevideo, es una frase, un nombre con toponimia. Es la que ahora ojeando el libro descifra los lugares de la ciudad y a veces le faltan datos, certezas.
Esa es la esquina de mi casa, de la que fuera mi casa, la esquina de la Rambla de mi casa, de mi Rambla frente al parque, el parque de a la vuelta de casa, de mi antigua casa.
Y ahí donde las siluetas se recortan en sombras también diría que es la Rambla, a lo lejos se ve la IMM y otros edificios, pero falta el Salvo y entonces: la certeza. La certeza que tendría salvo ese detalle.
Y está el mar que es río, y el cerro y los muros de la Rambla de la playita del gas y las escaleras de los pescadores y la carnada de los imposibles. Las vecinas, las puertas de las casas. La lonja, la pluma de la vedette, la purpurina, y hasta el batuque que se oye al contoneo de esa cadera. Es Isla de Flores y sobre esto no se discute. Sur y Palermo y el Parque Rodó. Y los días que quedaron perfumados de recuerdos. Y el reencuentro, los amigos, los lugares y las aguas que dividen unen, llevan y traen mi trajín de ida y vuelta y la vuelta a la vuelta de la esquina donde cualquier destino espera siempre intacto y por venir.
Ahora es otra la que escribe, tiempo después en cada verso donde respira algo nuevo, algo viejo, algo prestado, algo azul… como una novia en día de boda. Siempre de estreno en otra orilla, en otra casa, en otros aires y respira.
Ciudad Hambrienta. FILBA 2015
I.D.L.F.

















