El sólo hecho de entrar en la sala resulta un placer. Con pocas localidades, que están prácticamente integradas al hogar de los protagonistas. Con el gusto exquisito de Nelson Mancebo (realizador de vestuario y escenografía) nos vamos introduciendo en el clima de la obra. Ésta es una joya de la literatura, que es respetada en su forma, lenguaje , postura, música, ambientación, etc. a carta cabal. Hedda es así como Nora (en Casa de Muñecas): un ser frustrado, aburrido, que no encuentra el menor interés en su vida de confort y amor que le brinda su marido. Excelentemente interpretada por Leticia Scottini, quien posee una presencia escénica admirable y luce los hermosos vestidos de Mancebo, a la perfección, pretende zafar de los corsets sociales, machistas que hacen que la esposa esté en su hogar criando hijos.
Ibsen fue un liberador de la mujer, un adelantado que quiere ver volar a sus protagonistas femeninos, en pos de libertad y valoración de género. Hedda admira a todo aquel que busca esa libertad sin importarle el método elegido para alcanzarla. Personaje retorcido, contenido y complicado, todo eso lo expresa la actriz con absoluta efectividad. Por su parte, el marido (Christian Zagía) que ya entra ganando al público pues es cariñoso, familiero y algo naif, pero al mismo tiempo con preocupación intelectual y en su aparente debilidad, es en quien recae el final de la obra, preocupándose por rescatar el futuro. Gran desempeño de los personajes masculinos, con Ricardo Beiro encarando el cínico e irónico Juez, y Serantes en el difícil rol de perturbado, alcohólico y científico a quien Hedda admira por su actitud libertaria! Todo es de alto nivel. Obra, puesta, vestuario, y con la atinada dirección de Hammond. Recomendamos no perderla.
















