
El naufragio es una cuestión de actitud. Dinosaur Jr. Es de esas bandas incómodas, que no tienen nada nuevo que decir y, sin embargo, todavía consiguen que uno se calle la boca cuando empiezan a tocar. There Near, su decimotercer disco de estudio y el primero en cinco años, no viene a modificar el curso de la historia ni a inaugurar una nueva edad geológica del rock alternativo. Viene a recordarnos, con la delicadeza de un mamut en una cristalería, que hay verdades escandalosas que no necesitan actualización: una buena banda de rock es, pues, una buena banda de rock.
Como dice uno de esos aforismos anónimos que circulan por el mundo con la persistencia de las malas noticias, los barcos no se hunden por el agua que los rodea, sino por el agua que les entra. La diferencia parece menor hasta que uno empieza a pensarla, porque el océano puede ser inmenso, hostil, indiferente; azotar el casco durante noches enteras, levantar montañas líquidas y hacer del horizonte una especie de mito. Pero el naufragio comienza cuando aquello que estaba afuera consigue instalarse adentro para ejercer su silenciosa tarea de demolición. Con las palabras pasa algo parecido, y con las canciones, también: te hunden cuando no podés sostenerlas con tu actitud, cuando la conducta desmiente lo que cantás o, simplemente, la vida termina convirtiendo en maquillaje aquello que alguna vez parecía una declaración de principios. No alcanza con cantar sobre la resistencia si después uno se arrodilla, ni con invocar la libertad si se vive pendiente de la aprobación ajena. Las canciones, como los barcos, tienen que demostrar que flotan, y Dinosaur Jr. flota. No porque haya encontrado una fórmula secreta contra el envejecimiento, sino porque parece haber aceptado que la única manera de sobrevivir consiste en dejar de pedirle permiso al tiempo. Mientras buena parte de la música contemporánea se retuerce en la obligación de parecer novedosa, de exhibir una mutación permanente, presentar cada lanzamiento como si acabara de descubrirse el fuego, J Mascis, Lou Barlow y Murph regresan a su vieja maquinaria de guitarras desaforadas, melodías melancólicas y ritmos que avanzan con gloriosa torpeza, como quien ya se cayó tantas veces que aprendió a reconocer la textura del suelo antes de tocarla. Si Sweep It Into Space todavía parecía interesado en administrar la veteranía con cierta amplitud melódica, There Near vuelve saca una clavo con otro clavo para recuperar la aspereza y dejar que el fuzz se encargue de ensuciar lo que la experiencia podría haber vuelto demasiado prolijo.
Mascis incluso se las ingenió para usar un mítico amplificador Mesa Boogie MK I de los años setenta, con el cual pudo aproximarse a la textura de los primeros tiempos. No buscaba volver a ser joven sino algo bastante más interesante, volver a encontrar una incomodidad. La juventud es una superstición con buena prensa; la incomodidad, en cambio, es una forma de lucidez. En “Several Got Away”, la guitarra entra como si alguien hubiese deforestado la tranquilidad. La voz de Mascis, arrastrada y casi indiferente, parece pedir disculpas por el estruendo que sus propias manos están provocando. En “No Friends”, la soledad adquiere esa consistencia pegajosa de las cosas que uno ya no sabe si eligió o simplemente dejó crecer hasta que ocuparon toda la habitación hasta no dejarnos otra opción que saltar por la ventana. Cuando “Everything At Once” deja entrever la maquinaria pop que siempre estuvo escondida bajo las toneladas de distorsión, queda claro que el ruido nunca fue lo contrario de la melodía: era el precio que Dinosaur Jr. estaba dispuesto a pagar para que nadie pudiera escucharla sin esfuerzo.
Lo extraordinario no es que la banda siga sonando a Dinosaur Jr. Lo extraordinario es que haya conseguido convertir esa condena en una forma de libertad, en una identidad que agradecemos que se repita. Hace cuatro décadas crearon una lengua y todavía se niegan a hablar otra. ¿Porfiados? Por supuesto. ¿Estancados? También. Pero con la peculiar tranquilidad de la decepción propia de cuando uno deja de esperar que los demás se conviertan en aquello que jamás prometieron ser. There Near no va a redimir a Dinosaur Jr., ni a corregir sus limitaciones, no va a regalar a la crítica esa epifanía que tanto necesita para justificar sus adjetivos grandilocuentes, y qué descanso significa eso. La decepción, cuando te le parás de manos, pierde su capacidad de chantaje. Ya sabemos lo que hay, ahora veamos qué hacemos con eso.
Fracasar mejor, distorsionar mejor. En Worstward Ho, Samuel Beckett dejó una de esas instrucciones que parecen escritas para una humanidad que ha agotado sus argumentos, pero todavía conserva suficiente necedad para volver a intentarlo: “Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better”. Intentarlo siempre. Fracasar siempre. No importa. Intentarlo otra vez. Fracasar otra vez. Fracasar mejor. Si Beckett hubiese tenido un amplificador lo bastante grande, quizá habría descubierto que la distorsión es una forma perfectamente razonable de obedecerlo. Dinosaur Jr. lleva cuarenta años practicando esa liturgia sorda: vuelve a las mismas estructuras, tropieza con los mismos acordes, levanta las mismas paredes de ruido y, a pesar de eso, se las ingenia para conseguir que una canción parezca estar sucediendo por primera vez. No es la épica de la reinvención sino otra épica, mucho menos fotogénica, la de insistir hasta que el error adquiere una identidad.
La fantasía del neurótico consiste en crear algo eterno. Dejar una marca que no se borre, una obra que sobreviva a la desaparición de su autor, un dispositivo de inmortalidad que continúe funcionando cuando el cuerpo ya no esté en condiciones de alimentarlo. El neurótico quiere que las cosas duren porque sospecha que él no va a durar lo suficiente, desea cerrar las puertas, fijar las formas, repetir los rituales, encontrar una estructura que mantenga el mundo a una distancia soportable. Una banda puede ser también esa fantasía neurótica: tres tipos que vuelven a encontrarse, enchufan sus instrumentos y hacen discos con una facilidad estrepitosa, con la ilusión de que hay algo que no se desarma. Mascis, Barlow y Murph no necesitan convencernos de que han vencido al tiempo. Les alcanza con demostrar que todavía pueden hacer ruido juntos.
En “Everything At Once”, la melodía aparece como una criatura doméstica que sobrevivió escondida debajo de la cama durante una catástrofe. “Take Me With You” respeta la norma “tranqui, 120” y acelera cuando ve la curva para desembocar en “Gone Off”, que se estira con la despreocupación de una conversación que nadie quiere terminar. Más tarde, en “Clam Along”, la guitarra de Mascis parece corregir, frase por frase, la insuficiencia de su propia voz. El solo no adorna la canción: discute con ella, la contradice, la empuja hacia una verdad que las palabras apenas alcanzan a bordear. Después, “Walk Me Back” abre una luminosa ventana de nostalgia, un instante de calor doméstico que dura exactamente hasta que el ruido vuelve a reclamar su territorio pero lo suficiente como para que sepamos que sí, Dinosaur Jr. no sabe permanecer mucho tiempo en silencio, Dinosaur Jr ha vuelto. Sospecho, acaso con razón, que el silencio es el sitio donde empiezan a instalarse todas las cosas que uno preferiría no escuchar. Ya sabemos que caminar es corregir caídas, está trillado ese camino. Uno avanza porque pierde el equilibrio y consigue recuperarlo apenas a tiempo; cada paso es la rectificación provisional de una catástrofe diminuta, cada canción es un elogio del error. Hay algo de esa mecánica en la relación entre Mascis, Barlow y Murph: una estabilidad que no procede de la ausencia de fricción, sino de haber aprendido a convivir con ella. Murph sostiene desde atrás sin convertir cada golpe en una demostración de virtuosismo; Barlow introduce en el bajo una segunda canción, una corriente subterránea que raspa discutiendo con la primera mientras Mascis estira las notas hasta que la melodía amenaza con desintegrarse. La banda suena compacta, pero nunca del todo domesticada. Es una máquina vieja cuyos tornillos crujen de una manera tan particular que sus dueños pueden reconocer, en medio del estruendo, cuál está a punto de soltarse.
Y ahí aparece la otra cara de la distancia. Hay comportamientos que no merecen conversación, solo distancia; también hay discos que no necesitan explicarse, ni justificarse, ni pedir perdón por parecerse demasiado a sus antecesores. Dinosaur Jr. ha decidido que no tiene ninguna obligación de responder a la ansiedad de un mundo que confunde el movimiento con el progreso y la novedad con el valor. Su música no se reinventa: se reafirma, que es una operación bastante más peligrosa. Porque reinventarse puede ser una forma elegante de escapar de uno mismo; reafirmarse implica aceptar las propias cegueras y seguir adelante. Beckett vuelve a asomar entre los amplificadores: fracasar mejor no significa dejar de fracasar, sino aprender a hacerlo con una precisión cada vez más insoportable. There Near no es una obra maestra tardía ni una revolución encubierta. Sus canciones pueden confundirse por momentos con las de otros discos de la banda, y sería absurdo fingir que cada riff abre un continente desconocido. Pero esa previsibilidad contiene una forma de sobriedad que no debe confundirse con la comodidad. Dinosaur Jr. sabe qué clase de barco es y qué clase de agua lo rodea. No pretende conquistar el océano, ni construir un casco nuevo, ni convencernos de que jamás ha hecho agua.
Simplemente sigue navegando, con la obstinación de quien ha comprendido que la eternidad no es una duración infinita, sino la fantasía neurótica de que algo, por un instante, consiga sostenerse.
No hay moraleja, no hay redención, no hay una juventud recuperada al final del camino; sólo tres músicos que conocen sus habilidades, una colección de canciones que no aspira más que a acompañar y una distorsión capaz de mantener a raya, durante unos cuarenta minutos, el agua que insiste en entrar.
Y a veces, para seguir a flote, eso es todo lo que hace falta.