
Esta noche se puede comparar, a la distancia claro está, como si todos hubiéramos sido actores de una película en donde la banda sonora salía de varios vario pintos instrumentos tocados por seres que los ejecutaban, con sangre joven (y lo joven para algunos no les resta experiencia), seres relajados, como un grupo de amigos que viajaron por quién sabe dónde y hoy desean mostrarnos sus andanzas.
Dentro del programa de fortalecimiento de las artes, MVD Música, Mushi Mushi Orquesta y Ojos del Cielo se puede decir que esta noche fueron una banda sola, como ésa que podría tocar en cualquier ciudad del mundo, en sus principales avenidas y ganar bastante dinero a la gorra para alquilar una casa de 10 ambientes y que todos pudieran vivir esa experiencia bohemia, gracias a su arte lleno de talento.
Hoy nos regalaron (literalmente, fue gratis) un show donde las dos bandas fueron una y tocaron libres e improvisadas como si se conocieran de toda la vida.
Todo parece estar comandado por los Buenos Muchachos Marcelo Fernández y Gustavo “Topo” Antuña quienes construyeron esa base que todo músico querría tener al lado para poder zapar. La Mushi Mushi se lucio, desde las guitarras armónicas y rifferas hasta los teclados con notas infernales, pasando por el acordeón y la armónica, hasta el cajón peruano. Nota aparte para Diego González en el chello que con actitud rocker no pudo disimular el espíritu clásico de sinfónica que podría pasar de Tchaikovsky a las notas de The Unforgiven de Metallica al instante, fue su extraña manera de tocar el chello como una guitarra (cumpliendo la función de un bajo en realidad), punto atractivo visual difícil de apartar la mirada quizás por su forma de tratar su instrumento. Un show redondo, donde todos se fueron contentos, al ver jóvenes músicos que quizás amen el rock tanto como esto que hicieron esta noche en el cómodo y mítico montevideano Teatro El Galpón, en su Sala Cesar Campodónico. Gente con mucho carisma que disfrutarían los críticos exigentes como los extraños que solo quieren disfrutar un simple rato de buena y relajada música nerviosa entre guitarras ruidosas y calmas. Pudieron despuntar la creación de lo que aprendieron de maestros, quizás de conservatorio o de solitarios viejos sabios, y nos regalaron una mezcla de experiencia (Ojos del Cielo) combinada con nuevas ideas (la Mushi Mushi). A seguir los pasos de esta gente para esperar lo que el futuro les deparará, que sin duda, parece ser muy bueno. Hasta protagonizar su próxima película llena de música.
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