
“Quantum es la frontera final de nuestro universo material, y el principio de otro en el que todo es posible. Inspirado en esta increíble particularidad desarrollé esta propuesta en la que no hay reglas preestablecidas respecto a la música” partiendo desde esa consigna en palabras del artista, todos los que estuvimos en el Sodre la noche del ultimo miércoles, fuimos protagonistas de ese viaje en donde lo material da paso a lo sensorial, todo un deleite para nuestros estímulos. Emil Montgomery supo transitar el terreno de la masividad (lleva sobre si el honor de ser el artista con mayor convocatoria en un espectáculo hecho en estas tierras, en donde logro convocar a 300.000 personas en ese épico y recordado show en las escalinatas del palacio legislativo, allá por 1995, en un “Concierto por la paz y la tolerancia” en conmemoración por los 50 años de la Unesco), para después emprender caminos de los más diversos, que fueron desde el éxito comercial, al reconocimiento de los iconos del genero que lo inspiraron y de las grandes discográficas, para luego transitar por los caminos de la experimentación anónima y solitaria, a la meditación, creando obras conceptuales al pasar de los años, hasta llegar al día de la fecha, y bautizar en sociedad a “Quantum”.
Como un arquitecto alquimista, que va derribando las fronteras del sonido y va agregando ingredientes en busca de ese viaje que nos aleje, al menos por un rato, del mundo de los mortales, Emil se centra en el medio de la escena, rodeado de teclados, sintetizadores, luces y humo y nos lleva hacia un viaje que comanda a la perfección. El poder de las imágenes que se proyectan en la gran pantalla que tiene a sus espaldas completan esa poderosísima experiencia audiovisual de la que nos hace participes. “Quantum” se trata de un todo de partes que se entrelazan entre sí. Y esas partes tienen nombre y apellido, tienen talento, arte y virtuosismo en escena. David Montenegro se suma al viaje de Emil con sus flautas y quenas, llegando al clímax máximo cuando lleva su didjeridu a entrelazarse entre los sonidos electrónicos que salen desde un cerebro central que todo guía en trance. Sergio Tulbovitz pone de él todo lo que ha aprendido en años de percusión, y ya se funden entre si el aire andino y la fuerza espiritual africana en cuestión de segundos. Dos almas bailan esculpidas, pintadas y enmascaradas creando un marco perfecto mientras sigue el viaje. Entre pausas Emil nos presenta a quienes lo acompañan en esta fiesta sensorial y es el momento de Najla Murad y Eugenia Muniz, quienes a pura danza árabe continúan agregando imágenes al paisaje sonoro. Llega el momento de Virginia Aldado y su violonchelo exquisito a quien se le suma Sandra Scorza (quizás el momento más notable de la noche) en donde toda la sala se llena de voz y parece detener el tiempo por algunos minutos.
Llega el momento de los Dj´s Fernando Picón y Ariel Perazzoli, y es allí en donde el espectáculo se consagra casi como un todo que desde lo irracional comienza a tener sentido. La electrónica se apodera del lugar y da paso a 2 pequeñas mascotas robóticas difíciles de definir que mueven sus patas plásticas coordinadas al compas de cada loop.
Es el momento de Alejandro Casaretto (piano), Santiago Codesido (chico) y Nicolás Santana (repique) para que el poder del tambor se suma también al viaje, solos ellos “3”, hacen estallar a puro aplauso al público presente. Así comienza “Space is a dream” (o la popular “Candomarcha” como ustedes prefieran) en donde Emil deja en claro que la distancia entre géneros es mucho más corta de lo que parece. Bajo el riff que se repite sobre el sonido de los tambores y mucho mas, el clímax reflexivo y la armonía ya dejaron su lugar a una gran fiesta, que llega a su punto máximo, cuando ese extraño monje que estaba en escena deja caer su túnica roja y descubre a María Fernanda Picón, quien a puro cuero, presencia y actitud eleva la energía del lugar a tope, todo vibra, y parece que nada sobra, que nada falta.
Desde el orden hasta el caos, “Quantum” recorre por caminos de lo más diversos y Emil Montgomery nos demuestra una vez más a mi entender, que todo se parece mucho más a todo, la cuestión es saber organizar bien las partes que lo conforman y, Montgomery desde el centro del escenario sabe cómo lograrlo, como una desorganización organizada, es el Cruyff de la “Holanda del 74”, y sabe crear excelentes espectáculos que siempre disfrutan nuestros sentidos. Celebro el hecho de tener artistas como el en este país. Espero con ansias la edición en Dvd que plasme lo que aconteció esta noche, si es que eso sucede, creo, se lo merece, Emil, nuestro arte y todos nosotros. Una vez más, diez puntos para toda la organización y la gente de esa joyita que es el Sodre. Hasta el próximo viaje.
Imagen portada: “Quantum”, Emil Montgomery en el Sodre Febrero 2015 Foto: Fernanda Aramuni
Ir a la fotogalería

















