
Por definición, la ciencia es un conocimiento que, entre otras características, busca llegar a alguna verdad a partir de métodos y comprobaciones.
Sin embargo, no es novedoso afirmar que -en numerosas ocasiones- la relación entre certeza y poder aparece viciada de intereses creados llamados a conspirar contra las pretensiones iniciales. De allí que, entonces, surja la necesidad de apelar a postulados filosóficos capaces de poner en tensión esas circunstancias y determinen criterios para establecer cuáles son, en cada caso, los alcances de la ciencia.
Con todo lo anterior, y reconociendo la excepcionalidad a la regla, es menester destacar el gran e imprescindible aporte que realizan diversas disciplinas para esclarecer casos y resolver conflictos que, sin sus aportes, quedarían en el olvido o directamente impunes.
En el caso de Argentina, uno de los puntales en la reapertura democrática fue someter a derecho los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar. A tal efecto, y en el contexto del Informe Nunca Más -realizado como instancia previa a los Juicios contra las Juntas Militares-, se creó el Equipo Argentino de Antropología Forense en 1984, una iniciativa impulsada por organismos de derechos humanos para reunir a un conjunto de especialistas en distintas áreas a los fines de descubrir qué pasó con las personas desaparecidas durante el terrorismo de Estado.
Asimismo, cabe resaltar que la antropología es una ciencia que se encarga de estudiar a la especie humana en sentido integral, ya sea desde parámetros biológicos y culturales. En virtud de ella, es posible acceder, por ejemplo, a aspectos como las costumbres de determinadas civilizaciones y sus características tanto étnicas como físicas, todo lo cual permite precisar la composición de cada persona según distintas dimensiones.
Una de las ramas de estudio de la disciplina madre es la antropología forense, encargada de llevar a cabo pericias para hallar cuerpos desaparecidos, detectar lesiones o examinar rastros. Con muestras de ADN, excavaciones o exumación de cuerpos, los profesionales de esta área resultan fundamentales para dar respuestas a las demandas de memoria, verdad y justicia, una política de Estado que ha sido clave en los 40 años de democracia, siendo incluso tomado como ejemplo en distintas partes del mundo.
En sus inicios, el Equipo Argentino de Antropología Forense ha desarrollado investigaciones a la par de la CONADEP (Comisión Nacional de Desaparición de Personas). Su prestigio, además de posicionar en primer lugar a la ciencia nacional, también se ha expendido a otros lugares de América Latina, Europa, Asia y África, teniendo además sedes en Nueva York y Ciudad de México.
Por otra parte, el organismo también interviene en episodios de guerra, catástrofes ambientales, episodios de violencia étnica, política, religiosa o de género, combatiendo también la trata de personas, el narcotráfico y demás delitos cometidos por el crimen organizado.
No sólo se ocupa de trabajar en territorio, sino que también capacita a demás profesionales y colabora con organizaciones como la Cruz Roja o distintas Comisiones por la Verdad.
Al día de la fecha, el Equipo Argentino de Antropología Forense ha descubierto aproximadamente 1400 cuerpos desaparecidos, identificó a alrededor de 800 y está en etapa de reconocer a otros 600.
En tiempos de tanto destrato a la ciencia argentina, es importante valorar el esfuerzo, la capacidad y el comprmiso de esta ONG, que además de crear conocimiento tiene la misión de contribuir a un mundo más justo e igualitario, porque ningún hecho quedará impune si existen idóneas investigaciones.
Y como nada se pierde, sino que todo se transforma, el Equipo Argentino de Antropología Forense, además de explorar los restos humanos también asume el derecho de restituirlos a sus familiares.
Por todo lo anterior y mucho más, larga vida al Equipo Argentino de Antropología Forense, una eminencia en el país, la región y el mundo entero.
Foto: Equipo Argentino de Antropología Forense













































