Yo creo, humildemente, que esta quizá sea la obra más importante de Fernando, más que La Casa de al lado o El tiempo está después. Es un pensamiento personal y rebatible. La vidalita es una forma musical extinguida, que ya no se utiliza. Una histórica herramienta en desuso. Lo curioso es que la enorme mayoría de los uruguayos ni sabemos que existió. Cosas de nuestra educación y sobre todo de la musical, ardorosamente relegada. Cabrera llega a la cima de la emoción aquí. En el texto carga con todo con la historia y vuelve a esta vidalita un arma del pasado, obsoleta, pero cuyo recuerdo aún hiere: esa cosa “fea”, sin glamour, que “nadie canta”. Su música es de una enorme belleza y sencillez como todas las grandes obras. El final será para muchos, ingenuo, demodé. Para mí es lo más emotivo que ha escrito Fernando y es una declaración de amor a la patria; no la de los grupos nativistas nacionalistas, no la de los estancieros o “peores americanos”: la patria que nos sostiene y ampara.

















































