
La plaza más recoleta y con mayor encanto enclavada en un barrio con alma como es Le Marais, a pocos pasos del Museo Carnavalette, ideal para comprender el espíritu del nacimiento de la zona.
Sentarse en sus bares que la rodean, es un regocijo que me conecta con el París de Víctor Hugo quien vivía allí.
En las pasivas que rodean la plaza además de restaurantes hay algunas galerías de arte.
Los fines de semana soleados, sus vecinos copan la plaza echándose a descansar, tomar sol, respirar el frescor de sus árboles, a comer sobre la hierba, mientras los más pequeños corretean.
Desde aquí me despido de esta hermosa ciudad con un “hasta siempre”.

















































