
Martín Buscaglia – Una canción no tiene importancia
Un escenario vacío de gente y con varias “estaciones”, gran despliegue de instrumentos y música africana de fondo, recibía al público que agotó las entradas del Teatro Solís en la gélida noche de sábado.
Buscaglia salió a escena para interpretar varios temas sólo con su guitarra, convirtiendo el espacio en un lugar a salvo de los eventos climáticos y declarándose francamente emocionado por el encuentro.
Un coro de cuatro jóvenes a contraluz que sorprendió al público generando una hipnótica imagen, dio la pista de que no iba a ser un show convencional.
Con intervenciones intercaladas entre cada canción, el músico se relaciona con el público que lo mismo guarda un respetuoso silencio como participa en los coros con entusiasmo.
Canciones personales, hasta íntimas y también con humor se fueron sucediendo en el marco de un teatro que el artista conoce desde siempre y considera una “usina emotiva” para la creación, donde se mezclan emoción e inspiración, logrando la primera ovación de la noche.
Pasamos luego a la explicación de la “clave negativa” y el descubrimiento de las pruebas de sonido como territorio fértil para componer, presentando una nueva canción dedicada a los sonidistas y esa relación que se da entre científicos y artistas.
Una segunda etapa del espectáculo nos presenta al artista en otra plataforma, volviendo al “hombre orquesta”, recreando aquella TEDx del 2012, con luz de sala encendida y haciendo intervenir al público en la toma final de las canciones. Un experimento único en cada presentación: “un triángulo virtuoso” que aunque el artista lo disfruta mucho reconoce que le insume una gran cantidad de energía.
Siempre bailando, el músico visitó canciones colaborativas como Don Perogrullo utilizando toda su conocida parafernalia musical y distorsión de la voz.
Nuevamente vuelta al frente del escenario Martín se vuelve un gurú del marketing, comentando sobre los elementos a la venta a la salida del show, y explicando detalles escondidos en la segunda edición de su libro Dos patos, que tiene instrucciones para tocar 22 de sus canciones, en diferentes formatos. También muestra una colección de repasadores especialmente creados para la ocasión por la diseñadora Lía Fernández, responsable del estilismo del espectáculo.
De más está decir que fue un éxito de ventas.
Al ver tal derroche de carisma, manejo del espacio, del discurso, del público, imagino el éxito que tendría al frente de un “talk show” de calidad, semejante al que hizo Roberto Petinatto a fines de los 90.
Pasó luego a un gran piano de cola donde deleitó al público con el relato de inspiraciones variadas para crear canciones, como una basada en un documental de camellos salvajes de Oceanía, donde el que pierde, gana.
Una imagen de piano y música pop que recuerda a Elton John o Fito Páez.
Nuevo cambio de escena cuando menciona a la cocina como punto neurálgico de las casas, relacionando la creación de canciones y de comida cual hermanas disciplinas, tal como había mencionado en entrevistas previas al show.
En un espacio con mesa, mantel bordado y alacena con ingredientes y elementos de menage, Buscaglia se acompaña en percusión primero con una botella de agua, luego con la propia mesa, haciendo las delicias del público. Revisitó aquella etapa de payadas criollas y se fueron incorporando miembros del coro y del grupo de percusión Mamba haciendo sonar todo lo que encontraban allí.
Apoteósica la canción “te acepto un mate” recorriendo geografías, costumbres y hasta haciendo hervir agua en vivo, y una nueva canción homenaje a Luis que deberán escuchar para saber el apellido.
Ya con toda la carne en el asador, la banda mezcla candombe, funk, samba, bossa… presentando por primera vez oficialmente a Juana Buscaglia que con gran naturalidad y talento brilló sobre el escenario interpretando Visionarios la canción compuesta con Julieta Rada, junto a los otros tres muy jóvenes coristas que muestran que hay talento para rato.
En suma un espectáculo único, especial, planificado con mucho amor y que muestra a un artista carismático y creativo que DEBE ser visto en vivo (en una playa, en boliches, en grandes teatros, no importa dónde) por la certeza de formar parte de un evento trascendente y que se lleva en el corazón.
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