Fue la primera de las nueve noches que se vienen en La Trastienda, y que será casi un hogar. Todos arropados bajo el hipnótico influjo de los Buenos Muchachos. Desde el 23 de agosto hasta el 31.
Ante todo las disculpas por lo ambiguo de esta nota. En realidad estoy esquivando el concepto de una crónica. Como excusa debo decir que caímos por el barranco musical al que nos empujó la banda esta noche de lunes, mágica. Afuera de La Trastienda una luna llena y gigante, se relamía sarcástica desde el cielo, adivinando que no sería un toque más.
La crónica? -Los Buenos estuvieron escudados desde la espalda, por la imagen icónica del Búho. Inmenso, con sus ojos intrigantes, bohemios mutando de color… rojo, amarillo. Las luces fueron impecables y nos llevaron de paseo a través de las canciones y sus climas. El sonido perfecto, a la altura y más, pues los músicos cambiaron de instrumentos, de lugar. Hubieron muchos detalles sonoros, tímbricos, climas y pinceladas sutiles de accesorios que no se perdieron en meras intenciones. Se escuchó todo y bien. Desde el aparte de guitarras criollas con los violeros vestidos de saco y sentados en banquitos, como los golpes percusivos del bajista sobre los platos de la batería, o el aire explotando en burbujas dentro de un copón gigante de vidrio lleno de agua. Sonó todo perfecto. Tocaron todo el Amanecer Búho, canciones del nuevo disco y otras que de por sí definen el pulso de la banda. El poeta y el amor, Y la nave va, Sin cielo, Por cierto te importa, Sueño Marabu, Si si valor…
Fue un espectáculo integral, con climas, puesta en escena, todo encadenado en un hilado fino y coherente tras el concepto global. Los teclados, las violas, luces, sonido, todo prolijo, pensado y ejecutado…y la nave va. La banda integrada por José Nozar (batería ), Gustavo Antuña (guitarra), Pancho Coelho (guitarras) Pedro Dalton (voz), Ignacio Echeverría (bajo), Marcelo Fernández (guitarra) y Nacho Gutiérrez (teclados), manejaron con soltura, con muy pocas palabras un show dinámico y de muy buena calidad.
Pero sobre los Buenos Muchachos ya se ha escrito todo, o casi todo. Hay libros, cientos de artículos sobre sus discos, espectáculos y canciones. Que la voz cascada, rota o cavernosa de Pedro, que las armonías entrelazadas, tejidas de las violas del Topo y Marcelo. Que las melodías oscuras cuando van al filo del abismo, o cuando su luminosidad violenta nos explota en la cara. El tema es como describir cuando la flecha de la música de los Buenos atraviesa la carne y te lleva en un vuelo ancho, interno. No hay palabras para describir “eso”, al menos yo no las encuentro para intentar hacerles sentir lo que siento, lo que me genera cuando veo y escucho esa marea bajando desde el escenario ¿Viaje? Y sí, está casi todo escrito. Solo vos podes ponerle palabras. Monos en la mesa.
La magia te gana cuando entrás en ese plano sonoro, en esa forma de decir, de cantar, donde el sonido y palabras te van llevando hacia una atmósfera de música y energía que es un todo. Es una sola cosa y va directo a los sentidos. Las letras adquieren otros significado, otro contenido. Estados de ánimo, la sal del viaje. Lo mismo pasa cuando sale un nuevo trabajo de la banda. Hay que esperar el momento justo para entrarle, hay que prepararse. Nada extraño, solo ajustarse el cinturón. A algunos nos pasa eso y nos gusta que sea así.
Lo único que aún no está dicho, escrito ni oído, es esa nueva canción que están por parir los B.M. Es esa letra que se está retorciendo sobre una libreta de Pedro. Esa melodía que anda reverberando en las cuerdas de las guitarras, que va camino directo a explotar en un “Mi” grave del bajo y se dará contra un bombo duro, poderoso. Una nueva canción que irá en busca de otros adeptos o de la vieja guardia que siempre aguantó los trapos. También para estas noches hay nuevas canciones,… esas que nos seguirán llevando después del amanecer.
Faltan varias noches en este viaje. Hay entradas, hay que ir.
Gracias a los Buenos, por la música.
Salú.
fino.
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Los Buenos Muchachos- La Trastienda – 23 de Agosto 2021- Montevideo – Fotos © Florencia Veres

















































