Las composiciones de Estela Magnone llevan una firma indeleble, son versos de amor y de luna, donde se entrega aquello a lo que uno más quiere aferrarse, pero lo posible se resuelve de un modo que claudicar no equivale a conocer la derrota.
La primera vez que escuché sus canciones (el disco “Mujer de Sal Junto a un Hombre Vuelto Carbón”, álbum imprescindible para comprender su carrera, y – en buena medida – la música uruguaya de los 80) pensé en la clase de artistas que alguien una vez denominó “penitentes del espíritu”. Pero un análisis pormenorizado devela otra interpretación, y hace surgir un aro de luz que termina atravesando su obra toda. Y conocerla personalmente para conversar sobre su carrera y su concierto aniversario en la Sala Zitarrosa (conmemorando 30 años de trayectoria) me dejó muy en claro que si su música y sus letras evocan dolor, es solo porque su autora también ha experimentado la conquista del júbilo que enaltece toda vida.
Estela Magnone se define a sí misma como alguien muy exigente, y ve en lo efímero al gran antagonista del arte. Es por eso que su obra no abarca tantos fonogramas editados, pero los temas son tratados con un detenimiento excepcional – cada canción es un auténtico microcosmos emocional, y compositores menos experimentados deberían disgregar esos sentimientos a lo largo de sendos temas para no verse agobiados.
Estela Magnone fue una de las fundadoras de “Travesía” en 1981 (el primer grupo vocal femenino uruguayo), y luego integraría también “Las Tres”, con Laura Canoura y Flavia Ripa.
En aquellos años de gargantas oprimidas y el frío de una impunidad que cortaba como vidrios rotos, Estela comprendió el valor de la música como forma de comunión. Hasta el día de hoy sigue asombrada por la absurdidad de que se prohibieran reuniones en la vía pública, cuando se celebraban conciertos a los que rutinariamente asistían más de 5000 personas
Como solista, su carrera comenzó en 1985 con la edición de “Mujer de Sal Junto a un Hombre Vuelto Carbón”. Obra compartida con Jaime Roos, señaló un pico compositivo del cual Estela ya nunca se apartó, con canciones que parecen plantear la búsqueda de una verdad que equivalga (o por lo menos que logre asemejarse) a todos las verdades que se pueden llegar a perder en el silencio de una vida.
Lo siguieron los álbumes “Vals Prismático” (1993) y “Bruma de Abril” (2007), y su disco más reciente (“Pies Pequeños”) data del año pasado. Está integrado por poemas que Mauricio Rosencof le entregara personalmente. Versan todos sobre su hija, y Estela congenió lo suficiente con el material como para musicalizarlo y editarlo en formato álbum.
También se desempeñó como tecladista y corista de Níquel, cuando Jorge Nasser tocaba el bajo, Pablo Faragó la guitarra y una batería programada hacía las veces de acompañamiento. Y fue integrante de Seda junto a Malena Muyala, Shyra Panzardo y Cinthia Gall – grupo que funcionó durante dos años, sin dejar registro fonográfico alguno de su actividad.
Respecto al concierto del jueves, el espectáculo tendrá unas dos horas de duración, y contara con múltiples invitados. Estela recorrerá toda su discografía, y juntos se encargarán de evocar una vez más el encanto original de cada composición sobre el escenario.
Mariana Ingold y Mayra Hugo Márquez (sus compañeras de “Travesía”) estarán presentes, y también lo harán Laura Canoura y Flavia Ripa (con quienes integrara “Las Tres”).
Jorge Nasser es otro de los artistas invitados (sus colaboraciones se extendieron en el tiempo, mucho más allá de sus días con Níquel – Nasser incluyó un tema de Estela en su disco “Efectos Personales”), y la cantante Arlett Fernández compartirá dos canciones, una de las cuales será un estreno.
El evento será filmado, y Estela contempla la posibilidad de editarlo en formato DVD llegado el momento.
Porque para ella, el concierto será una celebración. Siempre lo ha sido. Pero este jueves en particular, será una manera de decirle gracias a la música, y también a la vida.
El poeta Luis Bravo dijo una vez que no tenemos que esperar a que llegue un conflicto para empezar a preocuparnos por la paz; tenemos que ponderar la paz cuando la tenemos. Indistintamente del año en que nacieron y los momentos históricos que hayan tenido que atravesar, quienes asistan este jueves a la Sala Zitarrosa entenderán porqué la música cuando surge del alma misma es siempre sinónimo de comunión.
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