don quijote de la mancha- imagen de biblioteca - librería mundos invisibles - foto © federico meneses www.cooltivarte.com

En un lugar de la Mancha

Aun quienes no hayan leído el Quijote, reconocen que cuando se habla de ese “lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme”, se está hablando del famoso caballero don Quijote de la Mancha. Es que ya lo han visto y oído tantas veces, en tantos lugares y en todos los colores, que no es posible no saber de qué lugar se trata y de quién se habla. La pregunta es por qué Cervantes no quiere acordarse del lugar donde vivía ese hidalgo “de lanza en astillero”, que comía “lentejas los viernes” y era “gran madrugador y amigo de la caza”. Después de todo, como nos dice, “esto importa poco a nuestro cuento: basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad” (cito por la primera edición de Ediciones Zeus, 1968, p. 39, volumen 1, Barcelona). Cervantes deja muy en claro su preocupación por la veracidad del relato, por sus hechos esenciales.

Lo cierto es que “ese lugar de la Mancha” es todos los lugares. Ese fue el propósito de Cervantes cuando en la primera línea de su monumental novela abre la interrogante que, efectivamente, ha desatado la búsqueda de “ese lugar de la Mancha” que significa la gloria eterna. Se trata de un polémico propósito, pues el autor no ignoraba que dejaba planteada la pregunta que espontáneamente afloraría. Y para que no hubiera duda ninguna de que “ese lugar de la Mancha” es “todos los lugares”, él mismo se encarga al final de la novela de desvendar el acertijo de la frase: “Este fin tuvo el INGENIOSO HIDALGO DE LA MANCHA, cuyo lugar no quiso poner Cide Hamete puntualmente, por dejar que todas las villas y lugares de la Mancha contendiesen entre sí por ahijársele y tenérsele por suyo, como contendieron las siete ciudades de Grecia por Homero” (volumen 2, p. 449).

Dejemos de lado la idea de la fama, uno de los tópicos renacentistas, que subyace en la declaración rotunda del escritor, y centrémonos en el propósito de Cervantes que no era otro que todos los lugares y villas de la Mancha se peleasen por tener como suyo a tan importante personaje, al igual que hicieron las ciudades griegas respecto de Homero. Y eso fue exactamente lo que sucedió, pues muchos pueblos y villas se han atribuido el famoso lugar: Argamasilla de Alba, Villanueva de los Infantes, Mota del Cuervo, Alcázar de San Juan, Quero. Todos ellos aspiran a la “gloria literaria”, como señala Álvaro Soto en su interesante artículo La desmemoria de Cervantes que alimenta el mito, publicado por el diario El Norte de Castilla el viernes 15 de abril de 2016. De todos ellos tres son los que con mayor fuerza quieren “ahijarse” al valeroso caballero: Villanueva de los Infantes, Argamasilla de Alba y Mota del Cuervo. Y cada uno ofrece sus razones, o sinrazones, para hacerse de la gloria. Los de Mota del Cuervo se apoyan en el libro del investigador conquense José Manuel González Lo que Cervantes calló. En él postula que el disputado hidalgo es de Mota pues la hermana mayor de Cervantes tuvo amoríos con el sobrino del alcalde de Mota del Cuervo Hernando de Ovando. Hernando reconoció a la hija en común pero no se casó con la mamá. Por esta razón, según José Manuel, Cervantes ignoró el lugar, como una represalia.

El artículo de Álvaro Soto señala además otro dato que podría avalar la teoría del escritor conquense, como la propia geografía del lugar, pues Mota del Cuervo se encuentra a solo catorce kilómetros de El Toboso, el lugar donde vive Aldonza Lorenzo, la labriega de la que estuvo enamorado Alonso Quijano, pero que ella nunca lo supo, y que devendrá en la Dulcinea soñada por el ahora Caballero Andante.

Los argumentos que arguyen los habitantes de Argamasilla del Alba que se declara sin tapujos “El lugar de la Mancha”, en un cartel a la entrada del pueblo, son históricos y literarios. Primero, la declaración de Azorín en La ruta de Don Quijote (nosotros citamos por la tercera edición de las Obras Selectas de Azorín de 1962, edición de Biblioteca Nueva de Madrid, p. 352): “Todas las cosas son fatales, lógicas, necesarias; todas las cosas tienen su razón poderosa y profunda. Don Quijote de la Mancha había de ser forzosamente de Argamasilla de Alba. Oídlo bien; no lo olvidéis jamás: el pueblo entero de Argamasilla es lo que se llama un pueblo andante”. Lo dijo Azorín, dicen sus habitantes, y en 1905. Por esta razón los académicos de la lengua hicieron su segunda reunión fuera de la sede de la RAE el año 2015 en Argamasilla del Alba, como una forma de homenajear a los académicos lugareños. Lo curioso es que Cervantes se burla de estos académicos de Argamasilla al final del Capítulo LII de la Primera Parte, cuyos nombres son literalmente nombres nada apropiados para nombrar a los académicos (pp. 434-437) : “Monicongo” (muñeca, títere, marioneta); “Paniaguado” (persona que sirve en una casa; persona allegada a otra y favorecida por ella); “Caprichoso”, que el mismo Cervantes llama de “discretísimo académico de la Argamasilla; “Burlador” (libertino habitual que hace gala de deshonrar a las mujeres); “Cachidiablo” (personaje vestido de diablillo en las mojigangas); Tiquitoc (dominguillo, loco de fiesta, nos dice José Manuel Blecua en su ensayo Notas para una lectura de don Quijote de la Mancha).

Otro argumento que esgrime el pueblo de Argamasilla es la cueva de Medrano, donde se encuentra la Oficina de Turismo del municipio. En esta cárcel pasó Cervantes cuatro meses de su vida, y donde según la mayoría de sus biógrafos, nos dice, Álvaro Soto, “pudo concebir el Quijote”. A estos argumentos debe sumarse un tercero, la figura de Rodrigo Pacheco, el noble que hizo encarcelar a Cervantes porque se sintió estafado por él. Pacheco se hizo un cuadro que cuelga en la iglesia del pueblo. Hasta aquí, nada de extraordinario, pero el rostro del noble, enjuto y de ojos saltones, se parece a la imagen de Alonso Quijano/don Quijote. Sería su modelo y, por esa razón, Cervantes no quiso acordarse del pueblo: “de cuyo nombre no quiero acordarme”.

Pero los habitantes de Villanueva de los Infantes también tienen un cartel a la entrada del pueblo: “El lugar de la Mancha”, como los de Argamasilla del Alba. Y su argumento más poderoso, para ellos irrefutable, lo representa el veredicto de un grupo de académicos conformado por varias disciplinas (Geografía, Historia, Filología, Sociología, Matemáticas y Ciencias de la Información), que determinó que “ese era el lugar”. Los vecinos aún sonríen, dice Álvaro Soto, cuando recuerdan “a un catedrático universitario con todas sus letras montado en un caballo flaco y a otro en un burro”, para corroborar “los tiempos de viaje que Cervantes marcó para Alonso Quijano y Sancho”. Y cita a un lugareño “aguafiestas” que lo pone todo en duda con sus palabras: “Pero si nosotros somos el lugar del que Cervantes no quiere acordarse, ¿por qué la casa del Caballero del Verde Gabán está aquí, y Cervantes habla de ella, y cita al pueblo?«. Efectivamente la casa aludida se describe en el Capítulo XVIII de la Segunda Parte y actualmente corresponde al número 12 de la calle Cervantes.

En otro artículo periodístico del 16 de enero del mismo año 2016, firmado por Celeste López en el diario La Vanguardia de Madrid, titulado Descubierto el “lugar de la Mancha” de don Quijote del que Cervantes no quiso acordarse, la columnista se refiere a este equipo académico de la Universidad Complutense de Madrid dirigido por Francisco Parra Luna, Santiago Petschen y Manuel Fernández Nieto. Parra y Nieto son autores, además, del libro El lugar de la Mancha, en el que dan “por concluido el misterio”, como dice López. La investigación concluyó que “los caminos y tiempos de Cervantes son reales y no simple ficción”, pues mediante metodología matemática se calculó la velocidad que despliega el Rucio, el asno de Sancho, en su habitual recorrido, señala López. Otro de los aspectos mencionados por el profesor Nieto, se refiere a la descripción cervantina del lugar: “en Cervantes nos sorprende que siempre da detalles que se corresponden con la realidad. Por ejemplo, la sociedad que se muestra en el libro e incluso la flora de la que se habla es reflejo exacto de lo que había en la Mancha en ese periodo histórico”.

Al final, ¿cuál es ese lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme? Mientras los pueblos y villas de la Mancha continúan disputándose la gloria literaria que significa el Quijote, yo seguiré literaturizándome en sus páginas y creyendo que su sueño sí es posible, porque “ese lugar de la Mancha” se encuentra dentro de cada uno, como lector y como persona. Y en definitiva es eso lo que realmente importa.

 

 

Imagen portada – Archivo: Don Quijote de la Mancha- imagen de biblioteca – Librería Mundos Invisibles – Foto © Federico Meneses 

 

 

 

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Alejandro Carreño

Alejandro Carreño

Profesor de Castellano, Magíster en Comunicación y Semiótica y Doctor en Comunicación. Académico en Brasil y en su Chile natal. Columnista y ensayista. Lleva adelante en Youtube su canal “De Carreño a los libros”, donde aborda temas de Literatura, Educación y Cultura.