
Cecilia Vicuña
Oslo, Noruega.
Cecilia Vicuña inaugura “Minga por el Mar” en Oslo
«Todos amamos el mar, y este amor está en el corazón de su defensa».
— Cecilia Vicuña
Hoy quedó inaugurada en la sede de Kunstnernes Hus la exposición “Minga por el Mar”, una nueva comisión de la artista, poeta y activista chilena Cecilia Vicuña, desarrollada específicamente para este emblemático espacio de Oslo.
La muestra ocupa las dos grandes salas de la institución y constituye la primera presentación de gran escala de la artista en la región nórdica.
Reconocida internacionalmente por una obra que entrelaza arte, poesía, activismo ecológico, pensamiento indígena y memoria histórica, Vicuña propone aquí una reflexión profunda sobre la defensa de los océanos y los territorios costeros amenazados por la explotación de recursos naturales y la contaminación y para ello nada mejor que esta ciudad costera tan unida al mar.
En el centro de la exposición se despliegan dos grandes quipus horizontales realizados con lana de producción local.
El quipu —sistema de comunicación precolombino basado en nudos y cuerdas utilizado en los Andes— es recuperado por la artista como una tecnología ancestral viva, capaz de conectar geografías, memorias y luchas contemporáneas. Para Vicuña, estas estructuras evocan la interdependencia de todos los ecosistemas y la necesidad de repensar nuestra relación con el planeta.
Cada uno de los quipus está dedicado a un territorio específico: uno a Chile y otro a Sápmi, territorio ancestral del pueblo sami en el norte de Europa. Ambos incorporan poemas, dibujos, objetos, registros sonoros y audiovisuales aportados por comunidades indígenas y activistas ambientales. El resultado es un archivo colectivo y polifónico que da voz a quienes hoy se encuentran en la primera línea de defensa de los ecosistemas marinos.
El proyecto establece vínculos entre dos regiones geográficamente distantes pero unidas por realidades similares como fiordos, ecosistemas frágiles y el impacto de industrias extractivas como la minería, la pesca industrial y la acuicultura. Materiales, capitales y consecuencias ambientales circulan entre ambos hemisferios, revelando conexiones que suelen permanecer invisibles.
El concepto de Minga, proveniente del quechua, alude al trabajo comunitario realizado en beneficio del bien común. Esa idea atraviesa toda la exposición, concebida como una construcción colectiva donde saberes ancestrales, arte contemporáneo y activismo convergen para imaginar otras formas de relación entre el ser humano y la naturaleza.
En uno de los textos presentes en la sala, Vicuña escribe:
“Me imaginé la Minga por el Mar como un llamado a unirse en un esfuerzo colectivo para liberar al océano de la explotación brutal, para dejarlo ser él mismo; un llamado y un homenaje a las comunidades de las cordilleras costeras que se unen para cuidar el mar y defender sus territorios.”
Y agrega:
“Imaginé dos quipus horizontales como olas del mar o madres recibiendo el amor de la gente en forma de cartas que pueden ser canciones, escritos, pinturas o tejidos para el mar.”
La exposición cuenta con la curaduría de Sarah Lookofsky, directora de Kunstnernes Hus, y fue producida en colaboración con el Nordnorsk Kunstmuseum.
La trayectoria de Cecilia Vicuña nacida en Santiago de Chile en 1948, constituye uno de los aportes más significativos del arte latinoamericano contemporáneo.
Su obra, desarrollada durante más de cinco décadas, ha logrado articular poesía, activismo, saberes ancestrales y experimentación artística en un lenguaje propio que hoy encuentra una resonancia global
Formada en la Universidad de Chile y posteriormente en la Slade School of Fine Art de Londres, su trayectoria estuvo marcada por el exilio tras el golpe militar de 1973. Desde entonces ha desarrollado una práctica multidisciplinaria que integra arte, cine, poesía, performance, ecología, feminismo y pensamiento indígena.
Pionera de propuestas que anticiparon debates contemporáneos sobre decolonialidad, medioambiente y derechos de los pueblos originarios, Vicuña creó obras y conceptos fundamentales dentro de su producción, como los “Precarios”, las “Basuritas” y sus reinterpretaciones contemporáneas de los quipus andinos. Su trabajo ha sido exhibido en algunas de las instituciones más prestigiosas del mundo, entre ellas el Guggenheim Museum de Nueva York y la Tate Modern de Londres, donde su reconocimiento internacional alcanzó una nueva dimensión. En 2022 recibió el León de Oro a la Trayectoria en la Bienal de Venecia, una de las máximas distinciones del arte contemporáneo. Actualmente vive y trabaja entre Nueva York y Santiago de Chile.
Tuve la oportunidad de recorrer la muestra antes de su inauguración oficial y conversar con Cecilia Vicuña cuando acababa de finalizar el montaje. Fue un encuentro cercano y enriquecedor, en el que dialogamos sobre arte, compromiso social, memoria y algunos amigos en común. La calidez humana de la artista resulta tan notable como la profundidad conceptual de una obra que, desde hace décadas, insiste en recordarnos la fragilidad de los ecosistemas y la responsabilidad colectiva de preservarlos.













































