
Barral en Montevideo
El sábado 25 de noviembre se presentó en Sala Camacuá Jorge Flaco Barral. Su bonhomía, su calidez y la cercanía que hace sentir, tanto en el vínculo cara a cara como en las redes, pudo notarse también desde el escenario. Tener a Barral entre nosotros, tocando en Montevideo, con sus capacidades e inquietudes musicales a pleno, tras más de cincuenta años viviendo en España, debe ser valorado como un verdadero privilegio para quienes estuvimos allí.
La sala lució llena, el público fue variopinto, pero confirmando los datos del último censo, en su mayoría se trataba de personas mayores de cincuenta años. Tiene su lógica, pero la propuesta musical desplegada por Barral está lejos de un recital tributo a sí mismo y su carrera. Las distintas vertientes que forman parte de su propuesta, desde el blues iniciático, pasando por la música india o japonesa, aderezada por los colores españoles de su tiempo viviendo allí, hacen de su propuesta una vertiente de world music, que bien podría haber formado parte de algunos de los discos de la colección Putumayo.
El recital comenzó con palabras de Fernando Peláez, responsable del prólogo del libro Sobras completas, a modo de presentación de este trabajo escrito por Paco Espínola y editado por Allanamiento de Mirada. Una cuidada edición plagada de fotos, documentos y, sobre todo, un recorrido vital que navega por seis décadas de creación artística.
Fernando nos da la primicia de que se encontraron cuatro canciones de Opus Alfa de un registro en vivo en el Auditorio del Sodre. Las canciones fueron rescatadas por un compañero de Ángel Atienza en Radiodifusión Nacional del Uruguay (RNU), encargado de digitalizar viejas cintas con grabaciones de las orquestas sinfónicas que se presentaban allí. El elevado costo de las cintas hacía que se reutilizaran, pero, por suerte, el concierto de música clásica que se registró en esta, en su último uso, fue más corto que el de Opus Alfa, exactamente cuatro canciones más corto. Barral quedó asombrado con el hallazgo y la calidad del registro. Fernando afirma que Opus Alfa era una máquina de tocar, a tal punto que el Flaco al escucharlas expresó: Joder, macho, ¿así tocábamos nosotros?
Es el momento de la música, el Flaco templa su instrumento y nos advierte, nos recuerda con sutileza y humor que no olvidemos de encender nuestros celulares al final de la función, increíblemente apenas terminó de decirlo sonó una llamada entrante en la platea.
El recital comenzó con «Ilusión», una canción de 1972 incluida en el LP de Opus Alfa, Barral afirma que se trató de una época muy bonita donde primaba la búsqueda de cualquier estilo en pos de poder expresarse. Fue el turno de «Claros sentimientos», una canción compuesta junto a Hilario Camacho en una estrellada noche en Menorca. La melodía y el arreglo de flauta traversa indefectiblemente nos acerca a la influencia de Jethro Tull.
El recital prosiguió con «Berkeley Soon» una canción compuesta junto a Pablo Traberzo en los tiempos en que este último iba a Madrid a tocar. Barral recuerda que hubo un periodo a comienzo de los 2000 en que Pablo tocó mucho allí. En el primer viaje toco 28 días en un mes, y en el segundo 31, “así que no se puede quejar”, afirma Barral. El pequeñísimo saxo de Daniel Escanellas se apodera de la introducción de la canción y mientras Luis Ramírez acompaña con la tabla de lavar, Pablo Traberzo borda, dibuja con su guitarra, la banda es sólida, pero la labor de Traverso se despega. Llega el primer aplauso entusiasta de la noche.
Es el momento del chaturangui, antes de la canción Barral explica las características de su instrumento, de origen hindú, con 22 cuerdas de las cuales dos se utilizan para ritmos, cinco para melodías y tres para hacer en agudo lo que habitualmente hacen las cuerdas bajas de la guitarra. Por último, las doce cuerdas restantes son simpáticas, que son las que generan el clima de relax propia de la música hindú. El chaturangui se ejecuta con un tubo de metal en el índice izquierdo, que provoca el efecto slide. Con él tocará un tema compuesto en los fondos de la casa de la familia Peláez, llamado «La casa de las matemáticas», ese común denominador que transversaliza a quienes allí viven. El aire indio lo puebla todo, al chaturangui se suma el tabla, instrumento usado por Luis en la percusión. Barral afirma que lo pasa de “budamadre” tocando su instrumento.
Llegó el momento de celebrar a Macunaíma, con su poema «Amante miel», musicalizado por Barral para el proyecto Maca está cantado. El silencio es casi total, a veces se cuela la voz de un niño pequeño, que entre el público por momentos logra escaparse del mantra general en el que estamos sumidos.

El primer invitado de la noche fue Jorge Nasser, que impresionó al Flaco con su versión de «Vuela», esa canción que era super volátil, que estaba por fuera del blues y del rock en su versión original en el disco de Días de Blues, Nasser la convirtió en murga y a Barral le pareció increíble. El invitado pregunta: ¿En que estabas pensando cuando compusiste esto? No me acuerdo, afirma Barral, es muy rara, no sé qué quise decir, pero me gusta.
La música hindú vuelve con «En un lugar en primavera», perteneciente al disco Raga & Blues grabado en directo junto a sus compañeros Carlos Guerra en bansuri y Navaraj Gurung en tabla.
El siguiente invitado fue Santiago Cutinella, otra de las grandes guitarras del blues en Montevideo. Se disponen a interpretar «Bien lejos», una canción de Santiago que el Flaco ha incorporado a su repertorio. ¿Quién era la chica a la que se la dedicaste?, preguntó Barral. No era una chica, es de cuando abandoné una banda, afirmó Cutinella. Una muestra de que entre lo que se dice y lo que se interpreta hay tantas posibilidades como escuchas.
Cutinella desde hace un buen tiempo es un invitado permanente en los recitales de La Tabaré, por eso, en el momento en que a Tabaré le toca, según su propio testimonio, «el honor gigantesco de compartir escenario con su ídolo de la adolescencia», se mantiene en el escenario para interpretar «Calentura global», una canción con música de Tabaré y letra de Barral que integra Urutopías, último disco de La Tabaré.
La canción termina, los invitados se retiran del escenario o lo intentan, buscando la puerta de salida escondida tras los cortinados. El Flaco se solidariza, reconoce que le costó encontrar el camino del camerino al escenario y se da cuenta de que el recital está llegando al final y no ha mencionado el libro, un trabajo del que está muy contento, que lo sorprendió cuando llegó a sus manos y que en la noche de hoy se agotaran todos los ejemplares llegados a Montevideo.
Tras estas palabras llegó el momento de un clásico, una de las canciones que toda la platea vino a escuchar, acompañado de la sólida guitarra de Traverso el Flaco interpretó «Amasijando los blues», el clásico de Días de Blues de 1973 que terminó bautizando a uno de los principales festivales del género en Uruguay.
Vuelve la banda inicial para acompañar a los últimos invitados de la noche, Barral nos propone un viaje en el tiempo, hasta un Montevideo convulsionado, predictadura, cuando esto de cantar blues en castellano apenas se estaba inventando, es el momento de que suban al escenario Rolando Fleitas y Roberto Baras para interpretar «Daydream Bealiver» y recordar a The Crabs, aquella banda que logró presentarse en Discodromo Show y ser parte del movimiento germinal del rock en nuestro país, ese que todavía componía en inglés y empezaba lentamente a coquetear con el castellano.
El recital fue llegando a su fin y fue tomando sabor a homenaje a otros tiempos, otras bandas y colegas que forman parte de la rica historia del rock, el Flaco agradece a todos quienes se involucraron para hacer posible su presentación en la sala Camacuá, presenta a la banda y trae en el recuerdo a Gonzalo Farrugia con un tema dedicado a él. El Flaco lo había bautizado Barraleando con Farrugia, pero Gonzalo retrucó: No, se va a llamar «Farrugiando con Barra»l. La canción fechada en 1999 es un tema instrumental donde la voz del Flaco funciona como un instrumento más a través de un laraleo.
Tras los largos aplausos llega el pedido de otra, el flaco afinó su chaturangui y nos mostró otra de las vertientes sobre las que viene trabajando, la música japonesa. La canción está inspirada en la floración de los cerezos, Barral afirma que se propone rompernos un poco la cabeza con estos sonidos.
El cierre es con otro clásico, «Dame tu sonrisa, loco». Yo siempre doy la sonrisa, afirma Barral.
El recital llega al final, es tiempo de encuentros, de abrazos entre quienes estábamos en la platea y quienes estaban en el escenario, el Flaco se prepara a sentarse frente a una larga cola de personas que esperan llevarse su ejemplar de Sobras completas firmado. El recital ha sido un éxito, la venta de libros y discos también. Todo merecido, como debe ser para recibir a uno de los fundadores, ese veterano de mil batallas que mantiene su hippismo a ultranza mientras navega seducido por todo lo que le puede ofrecer este tercer milenio. Todo indica que El Flaco se hace mayor, pero le tiene prohibida la entrada al viejo en su vida.
¡Salud Barral, hasta la vuelta!


















































