
El festival de Cinemateca siempre es una aventura, por la cantidad de opciones entre las que debemos elegir, por la oportunidad de ver las últimas producciones de cineastas laureados y conocidos, frente a la incertidumbre de conocer a nuevos realizadores. Y por supuesto, acercarnos a lenguajes y culturas de países y regiones a los que de otra forma, no accederíamos.
A la adrenalina de decidir las funciones, calcular milimétricamente si es posible ver tres películas el mismo día (con tiempo para ir al baño o tomar un refrigerio), y la alegría del encuentro en los pasillos con gente con la que quizás sólo coincidas en estas instancias, se suma la sensación de frustración o confianza, cuando la elección cumple o no, nuestras expectativas.
Vengo a contar el caso del pasado viernes 3, donde tomé la ¿fácil? decisión de ver tres películas seguidas, en la misma sala 2. De esa forma, me aseguraba un mínimo tiempo entre ellas y no perder minutos de visionado.
La primera película fue On our own, coproducción rumana-italiana que forma parte de la Competencia de largometrajes infantil y juvenil. Una obra excelentemente actuada por el joven elenco, con escasa participación de adultos, y que describe la realidad de un grupo de adolescentes y aún menores, que viven en edificios sin terminar de construir, mientras algunos de sus padres viven en otros países, justamente trabajando en la construcción. Por decisiones que originalmente serían “el bien” de la familia, se descuida justamente a la familia, y los abandonados deben acomodar sus vidas, ocupando roles que quedan necesariamente vacíos. Al mismo tiempo, transitan por todas esas cosas que supimos hacer los adolescentes, en grupo o en solitario, con los riesgos que esto implica. Ellos están, ciertamente, Por su cuenta.
A continuación, la película francesa, italiana y belga Enzo, también relata la vida de un adolescente que necesita poner distancia entre su acomodada familia de clase media alta, para intentar conocerse a sí mismo, y de paso descubrir otras realidades. Bellísimamente filmada y actuada, con el fantasma de la guerra de Ukrania interviniendo, esta película muestra ahora sí, la perspectiva de unos padres amorosos y presentes, aunque se choquen con la resistencia del protagonista a ser querido y cuidado.
Para finalizar, How to divorce during the war, situada en Lituana pero siendo una coproducción de ese país con Luxemburgo, Irlanda y República Checa, también habla de una familia, de una hija que ve cómo se desmoronan sus padres ante una sociedad que también sufre las consecuencias de la guerra de Ukrania, con presencia de refugiados y también de vecinos rusos, lo cual dificulta la convivencia pacífica.
Ambas películas compiten en la primera categoría: Largometrajes Internacionales.
Fue muy satisfactorio ver estas tres películas tan distintas pero con múltiples temas en común: elencos jóvenes ¡qué presente y qué futuro actoral maravilloso!, todas con personajes de Europa del Este, con la actual guerra de Ukrania como personaje adicional. Y darnos cuenta de que la grilla del festival tiene una cuidadosa curaduría, que las películas no sólo deben tener en cuenta factores evidentes como la duración para su programación, sino que hay un trabajo profundo respecto a los temas, los elencos, los lenguajes, incluso hasta los finales.
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