{"id":79655,"date":"2022-03-17T17:51:12","date_gmt":"2022-03-17T20:51:12","guid":{"rendered":"https:\/\/cooltivarte.com\/portal\/?p=79655"},"modified":"2022-03-17T17:53:32","modified_gmt":"2022-03-17T20:53:32","slug":"cervantes-quijote-y-el-lector","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cooltivarte.com\/portal\/cervantes-quijote-y-el-lector\/","title":{"rendered":"Cervantes, Quijote y el lector"},"content":{"rendered":"<figure id=\"attachment_79659\" aria-describedby=\"caption-attachment-79659\" style=\"width: 682px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-79659 size-full\" title=\"Don Quijote y Sancho Panza Autor: Pablo Atchugarry (1954) Realizado: T\u00e9cnica: Chapa mnav.gub.uy\" src=\"https:\/\/cooltivarte.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/Don-Quijote-y-Sancho-Panza-Autor-Pablo-Atchugarry-1954.jpg\" alt=\"Don Quijote y Sancho Panza Autor: Pablo Atchugarry (1954) Realizado: T\u00e9cnica: Chapa\" width=\"682\" height=\"1100\" srcset=\"https:\/\/cooltivarte.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/Don-Quijote-y-Sancho-Panza-Autor-Pablo-Atchugarry-1954.jpg 682w, https:\/\/cooltivarte.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/Don-Quijote-y-Sancho-Panza-Autor-Pablo-Atchugarry-1954-186x300.jpg 186w, https:\/\/cooltivarte.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/Don-Quijote-y-Sancho-Panza-Autor-Pablo-Atchugarry-1954-635x1024.jpg 635w\" sizes=\"(max-width: 682px) 100vw, 682px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-79659\" class=\"wp-caption-text\"><strong>Don Quijote y Sancho Panza<\/strong> Autor: <strong><a href=\"https:\/\/cooltivarte.com\/portal\/?s=Pablo+Atchugarry\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Pablo Atchugarry<\/a><\/strong> (1954) Realizado: T\u00e9cnica: Chapa Fuente: <a href=\"http:\/\/mnav.gub.uy\/m.php?o=4917\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">mnav.gub.uy<\/a><\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Jueves 17 de marzo de 2022<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Siempre me ha llamado la atenci\u00f3n que Cervantes negara la paternidad de su hijo. Primero en el Pr\u00f3logo de la Primera Parte, cuando dice que no es el padre de Quijote, sino su padrastro: \u201cPero yo, que, aunque parezco padre, soy padrastro de don Quijote [\u2026]\u201d (Tomo I, Editorial Zeus, Barcelona, 1968, p. 23). Despu\u00e9s, en el cap\u00edtulo IX de la Primera Parte nos cuenta que las historias del valeroso hidalgo fueron escritas por un historiador ar\u00e1bigo: \u201cHistoria de don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador ar\u00e1bigo\u201d (p. 83). Estamos hablando de 1605, cuando hist\u00f3ricamente la Europa mon\u00e1rquica ya era una anciana centenaria, y el Renacimiento espa\u00f1ol despuntaba en su reencuentro con el hombre. Esta jugarreta cervantina acompa\u00f1ar\u00e1 al lector durante toda la obra: los 52 cap\u00edtulos de la Primera Parte y los 74 de la Segunda Parte, publicada en 1615.&nbsp; Cide Hamete ser\u00e1 entonces, el autor del <em>Quijote<\/em>, libro del que Miguel de Cervantes hab\u00eda o\u00eddo hablar y con el que se encuentra casualmente aquel d\u00eda en Alcan\u00e1 de Toledo: \u201cCuando yo o\u00ed decir Dulcinea del Toboso, qued\u00e9 at\u00f3nito y suspenso, porque luego se me represent\u00f3 que aquellos cartapacios conten\u00edan la historia de don Quijote\u201d (pp. 82 y 83). Y por si hubiere alguna duda, se confirma al autor ar\u00e1bigo al final de la historia: \u201cViendo lo cual el cura, pidi\u00f3 al escribano le diese por testimonio c\u00f3mo Alonso Quijano el bueno, llamado com\u00fanmente don Quijote de la Mancha, hab\u00eda pasado desta presente vida, y muerto naturalmente; y que el tal testimonio ped\u00eda para quitar la ocasi\u00f3n de alg\u00fan otro autor que Cide Hamete Benengeli le resucitase falsamente\u201d (Cap\u00edtulo LXXIV, Tomo II, p. 449). La alusi\u00f3n a \u201calg\u00fan otro autor\u201d no es gratuita, pues en 1614 aparece el <em>Quijote Ap\u00f3crifo<\/em>, que se burla del h\u00e9roe cervantino y de la propia manquera de Cervantes, que hab\u00eda perdido la movilidad de su mano izquierda en la batalla de Lepanto (1571). Se ignora el autor de este <em>Quijote Ap\u00f3crifo<\/em>, escrito bajo el seud\u00f3nimo de Alonso Fern\u00e1ndez de Avellaneda y conocido como el <em>Quijote de Avellaneda<\/em>, pero se sabe que era de Tordesillas, y as\u00ed lo reconoce con vehemencia Cide Hamete: \u201cPara m\u00ed sola naci\u00f3 don Quijote&nbsp; y yo para \u00e9l; \u00e9l supo obrar y yo escribir; solo los dos somos para en uno, a despecho y pesar del escritor fingido y tordesillesco que se atrevi\u00f3, o se ha de atrever a escribir con pluma de avestruz grosera y mal deli\u00f1ada las haza\u00f1as de mi valeroso caballero [\u2026]\u201d (pp. 449 y 450). Algunos estudiosos creen que este escritor \u201cfingido y tordesillesco\u201d es nada menos que Lope de Vega. Pero esta es otra historia.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 este empecinamiento de Cervantes en \u201cnegar\u201d la autor\u00eda del Quijote? El bachiller Sans\u00f3n Carrasco, uno de los personajes m\u00e1s cercanos al h\u00e9roe, recuerda al \u201cautor\u201d Cide Hamete y lo ensalza por haber escrito las aventuras de don Quijote: \u201c\u2014Dame vuestra grandeza las manos, se\u00f1or don Quijote de la Mancha [\u2026] \u00a1Bien haya, Cide Hamete Benengeli, que la historia de vuestras grandezas dej\u00f3 escritas, y rebi\u00e9n haya el curioso que tuvo el cuidado de hacerlas traducir del ar\u00e1bigo en nuestro vulgar castellano, para universal entretenimiento de la gente!\u201d (Cap\u00edtulo III, Segunda Parte, pp. 32 y 33). Los loores para el \u201ccurioso\u201d que lo hizo traducir al \u201cvulgar castellano\u201d, son para el propio Cervantes (Cap\u00edtulo IX, Primera Parte), episodio de Alcan\u00e1 de Toledo que nosotros citamos m\u00e1s arriba. Recordemos que la idea de la fama ya la hab\u00eda anticipado Jorge Manrique con sus <em>Coplas por la muerte de su padre<\/em>, (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes) o <em>Coplas a la muerte de su padre<\/em> (sitio de la Real Academia Espa\u00f1ola), en el \u00faltimo cuarto del siglo XV. Y la inmortalidad del hombre, que no otra cosa es la idea de la fama, el hombre renacentista la busca por otro camino que no el religioso, como el hombre medieval. El propio Cervantes, profundo renacentista, envuelve a su personaje con este manto de humana ambici\u00f3n. Don Quijote, desfasado en el tiempo y creado caballero errante por la locura de Alonso Quijano, parte en busca de la fama siempre esquiva, que se solaza&nbsp; vej\u00e1ndolo y zahiri\u00e9ndolo. Por eso Cervantes no pod\u00eda escribir una verdadera novela de caballer\u00eda. Ser\u00eda como traer a Robin Hood y dejarlo en el centro de Montevideo o de Santiago de Chile para que salvara a los pobres y enderezara entuertos. No, los tiempos no eran para <em>Tirante el Blanco<\/em> o &nbsp;<em>Amad\u00eds de Gaula<\/em>. El gusto literario hab\u00eda cambiado en la Espa\u00f1a de Cervantes, y la sociedad no estaba para h\u00e9roes silentes y arg\u00e9nteos. El Manco de Lepanto escribi\u00f3, entonces, una parodia de las novelas de caballer\u00eda. Una realidad distinta donde los hombres de su \u00e9poca sintiesen, no lo sobrenatural como concepci\u00f3n de mundo, sino a uno de ellos, un loco, divagando bajo los cielos de la Mancha sobre un tiempo ya ido, empero so\u00f1ado.<\/p>\n<p>Pero la pregunta anterior sigue entre signos de interrogaci\u00f3n. Y el lector sigue algo confuso, como muchos de mis alumnos que no entienden esta jugarreta de Cervantes, m\u00e1s a\u00fan cuando Cide Hamete, como buen cervantino que es, juega con ser uno y otro al mismo tiempo (escuela que Jorge Luis Borges hizo suya como nadie): \u201csolo los dos somos para en uno\u201d. Entonces Quijote es el sue\u00f1o de un loco llamado Alonso Quijano que, a su vez, es la creaci\u00f3n de Cervantes (\u00bfotro loco tal vez?) que no es otro que Cide Hamete Benengeli, el autor inventado. Y para que a la confusi\u00f3n nada le faltase en esta l\u00fadica narraci\u00f3n que es <em>Quijote<\/em>, Cervantes se hace presente como autor de su creaci\u00f3n: \u201cV\u00e1lame Dios, y con cu\u00e1ntas ganas debes de estar esperando ahora, lector ilustre, o quier plebeyo, este pr\u00f3logo, creyendo hallar en \u00e9l venganzas, ri\u00f1as y vituperios del autor del segundo <em>Don Quijote<\/em>, digo de aquel que dicen que se engendr\u00f3 en Tordesillas y naci\u00f3 en Tarragona. Pues en verdad que no le he de dar ese contento [\u2026]. Y no le digas m\u00e1s, ni yo quiero decirle m\u00e1s a ti, sino advertirte, que consideres que esta segunda parte de <em>Don Quijote<\/em>, que te ofrezco, es cortada del mismo art\u00edfice y del mismo pa\u00f1o que la primera, y que en ella te doy a <em>Don Quijote<\/em> dilatado, y finalmente muerto y sepultado, porque ninguno se atreva a levantarme nuevos testimonios [\u2026]. Olvid\u00e1baseme de decirte, que esperes el <em>Persiles<\/em> que ya estoy acabando, y la segunda parte de <em>Galatea<\/em>\u201d (Pr\u00f3logo, Segunda Parte, pp. 13 y 15). &nbsp;Las flechas apuntan a Lope de Vega.<\/p>\n<p>Cervantes, padre de la novela moderna, que a\u00fan hoy nos sorprende con sus desplazamientos temporales, sus narraciones enmarcadas, sus t\u00e9cnicas narrativas, sus espacios que se cruzan y entrecruzan, su lenguaje cl\u00e1sico entreverado con el lenguaje popular de dichos y refranes, sus fantas\u00edas y sus personajes que son uno y varios al mismo tiempo, invita al lector a que entre a este mundo de sue\u00f1os y ensue\u00f1os, e interact\u00fae con las aventuras de don Quijote y sus devaneos que muchas veces lo confunden: \u201cLa raz\u00f3n de la sinraz\u00f3n que a mi raz\u00f3n se hace, de tal manera mi raz\u00f3n enflaquece, que con raz\u00f3n me quejo de la vuestra fermosura\u201d o \u201cLos altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican, y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza\u201d (Cap\u00edtulo I, Primera Parte, p. 40), &nbsp;y sus propias invenciones de novelista. El <em>poliptoton<\/em>, como recurso literario genera, por la utilizaci\u00f3n de varias palabras con la misma ra\u00edz, pero diferenciada en los morfemas (RAE), la sensaci\u00f3n de caos que vive no solo don Quijote, sumido en el laberinto de sus desvar\u00edos, sino tambi\u00e9n la propia confusi\u00f3n que se apodera del lector, tanto el ficticio como nosotros que a trav\u00e9s de los siglos lo hemos le\u00eddo. El citado Cap\u00edtulo III de la Segunda Parte, es un verdadero \u201csimposio literario\u201d en el que se debaten las repercusiones que las aventuras de Quijote y Sancho vividas en la Primera Parte, tienen en los lectores. El \u201cmoderador\u201d es Sans\u00f3n Carrasco que presenta los comentarios a favor y en contra de la obra, en cuanto que Quijote y Sancho entregan sus pareceres respecto de dichos comentarios y del propio autor Cide Hamete Benengeli, con el que discrepan en varios puntos de vista. Quijote se lee a s\u00ed mismo, y los personajes de la historia, lectores ficticios, lo leen tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>La idea de la fama, aspiraci\u00f3n m\u00e1xima del hombre renacentista, es una realidad: \u201c\u2014Es tan verdad, se\u00f1or, dijo Sans\u00f3n&#8211;, que tengo para m\u00ed que el d\u00eda de hoy est\u00e1n impresos m\u00e1s de doce mil libros de la historia: si no, d\u00edgalo Portugal, Barcelona y Valencia, donde se han impreso, y a\u00fan hay fama que se est\u00e1 imprimiendo en Amberes, y a m\u00ed se me trasluce que no ha de haber naci\u00f3n ni lengua donde no se traduzca\u201d (Cap\u00edtulo III, Segunda Parte, p. 33). &nbsp;Y el \u201cCaballero de la Triste Figura\u201d comenz\u00f3 a ser el hombre de Europa, el hombre de Am\u00e9rica, el hombre del mundo. En realidad, no porque fuese el hombre espa\u00f1ol, tan vilipendiado por Ortega y Gasset en <em>Espa\u00f1a Invertebrada<\/em>, sino&nbsp; por ser don Quijote y su lucha por Ser, que es la lucha de todos los hombres. Quijote \u201ces una lecci\u00f3n de vida\u201d, nos dice Irma C\u00e9spedes. \u201cEn este sentido el Quijote con su ejemplaridad y con su lecci\u00f3n de humanidad, es una excelente oportunidad para enfocar su lectura como instancia enriquecedora de vida\u201d, contin\u00faa la acad\u00e9mica (<em>Para leer el Quijote<\/em>, Universidad Andr\u00e9s Bello, Ril Editores, 2000, p. 123). Una lecci\u00f3n de vida que se encuentra en el amor del h\u00e9roe por Dulcinea, s\u00edmbolo de la mujer amada, en valores como la amistad, la justicia, la honradez, la lealtad, en la b\u00fasqueda del propio camino por encontrarse a s\u00ed mismo, aun a riesgo del fracaso y las burlas, en la primac\u00eda del bien sobre el mal, de la verdad sobre la mentira, en su lucha por un mundo mejor. La realidad de Quijote, su irrenunciable destino hist\u00f3rico, est\u00e1 unida al esp\u00edritu renacentista que se construye en la realizaci\u00f3n personal. Don Quijote busca la inmortalidad a trav\u00e9s del reconocimiento social y del amor de su Dulcinea, sanchescamente encantada. Don Quijote respira amor y justicia hasta en el moho de sus armas, y su consciencia oscila entre la luz y la oscuridad. Sus lectores, mientras tanto, se mueven entre la compasi\u00f3n y la comprensi\u00f3n frente a sus actos. Y con asombro siguen sus reflexiones sobre las armas y las letras, o la sabidur\u00eda de sus ense\u00f1anzas a Sancho Panza.<\/p>\n<p>Sin embargo, Cervantes, como un demiurgo arrancado de los cuentos medievales, sabe que su&nbsp; personaje no puede imponerse a la realidad impiedosa de los molinos de viento o a la cruda raz\u00f3n de la justicia de los hombres, pero quiere consagrarlo. Quiere inmortalizarlo en su vida y en su muerte (tal vez por eso no quiere asumir la paternidad, porque sabe que el hidalgo manchego debe morir). Entonces surge la poes\u00eda. El jinete de Rocinante, que mal se sostiene entre sus huesos, cabalga por las p\u00e1ginas doradas de un libro que narra sus historias, y \u00e9l las lee. \u00c9l se lee en un juego de espejos m\u00e1gicos y multiplicadores. Y los personajes lo leen tambi\u00e9n. En el mencionado Cap\u00edtulo III de la Segunda Parte, Sans\u00f3n Carrasco debate con Quijote y Sancho sobre sus aventuras de la Primera Parte, y manifiesta la diferencia entre historia y poes\u00eda: \u201cel poeta puede contar o cantar las cosas, no como fueron, sino como deb\u00edan ser; y el historiador las ha de escribir no como deb\u00edan ser, sino como fueron, sin a\u00f1adir ni quitar a la verdad cosa alguna\u201d (p. 34). Los lectores ficticios debaten sobre un libro ficticio escrito por un autor ficticio. Y Quijote, que ya es uno y otro al mismo tiempo, se lee a s\u00ed mismo. Para Quijote, sin embargo, entregado a la fantas\u00eda caballeresca, cuando los hechos van en desmedro del h\u00e9roe, bien pueden callarse si ellos nada aportan al relato: \u201clas acciones no mudan ni alteran la verdad de la historia, no hay para qu\u00e9 escribirlas si han de redundar en menosprecio del se\u00f1or de la historia. A fee que no fue tan piadoso Eneas como Virgilio le pinta, ni tan prudente Ulises como le describe Homero\u201d (p. 34). La verdad de la historia no siempre se corresponde con la verdad de la poes\u00eda, que es creaci\u00f3n. Cat\u00f3n, en <em>De agri cultura<\/em>, defin\u00eda la poes\u00eda como \u201c\u00e1rbol feliz\u201d, del lat\u00edn <em>arbor felix<\/em> (\u201c\u00e1rbol cargado de frutas\u201d), para distinguirla de cualquier otra actividad <em>infelix<\/em>. \u201cNo hay nada m\u00e1s natural \u2013ni m\u00e1s humano\u2014que \u201cpoetizar\u201d [\u2026]. Lo contrario de poes\u00eda no es prosa, es m\u00e1s bien ataraxia: no sentir absolutamente nada ante un atardecer [\u2026]. Ah\u00ed tenemos explicado el sentido etimol\u00f3gico de ese hacer y deshacer de las palabras, ovillo de emociones, y no, desde luego, de sonetos, hex\u00e1metros o tercetos [\u2026]. Otro sin\u00f3nimo de poes\u00eda, esta vez medieval, es \u201ccanci\u00f3n\u201d, <em>canzone<\/em> en italiano. Y no existe en el mundo nada m\u00e1s humano que cantar la alegr\u00eda o el dolor\u201d (Andrea Marcolongo, <em>Etimolog\u00edas para sobrevivir al caos. Viaje al origen de 99 palabras<\/em>, Taurus, Madrid, 221, p. 82). \u201cHacer\u201d deriva del castellano antiguo, fazer y este del lat\u00edn&nbsp; facere, que significa \u201ccrear, producir, fabricar\u201d. Y Quijote canta su alegr\u00eda y su dolor con la misma autenticidad con que combate los molinos de viento o defiende la pureza de su Dulcinea.<\/p>\n<p>La fama huele a&nbsp; armadura desencajada en desencajado cuerpo, pero no en la historia, que no es m\u00e1s que la sumatoria de hechos prosaicos donde abundan las derrotas, los molinos, las prostitutas y las ventas, sino en la poes\u00eda que rodea a la historia que&nbsp; literaturiza y universaliza. \u201cLa fantas\u00eda, como se sabe, suprime el mundo emp\u00edrico, limitado por el tiempo y el espacio, en beneficio de otro mundo donde tales limitaciones no operan, donde la imaginaci\u00f3n se explaya sin sujeci\u00f3n a pauta objetiva alguna, y los seres que ella crea, infinitamente buenos o infinitamente malos, tienen un poder desmesurado, se mueven en planos sin l\u00edmites; est\u00e1n, en fin, fuera de la naturaleza\u201d (Jorge Ma\u00f1ach, <em>Examen del quijotismo<\/em>, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1950, p. 23). Y la locura de Alonso Quijano es consecuencia de la lectura de los libros de caballer\u00eda que, esencialmente, no son m\u00e1s que la construcci\u00f3n de mundos paralelos a la realidad en los que prima la fantas\u00eda como hilo conductor de las acciones. Don Quijote y su incansable b\u00fasqueda de la fama, la honra y la justicia: \u201c[\u2026] caballero soy, y caballero he de morir si place al Alt\u00edsimo. Unos van por el ancho campo de la ambici\u00f3n soberbia, otros por el de la adulaci\u00f3n servil y baja [\u2026]; pero yo, inclinado de mi estrella, voy por la angosta senda de la caballer\u00eda andante, por cuyo ejercicio desprecio la hacienda, pero no la honra. Yo he satisfecho agravios, enderezados entuertos, castigado insolencias [\u2026]; yo soy enamorado [\u2026] y si\u00e9ndolo no soy de los enamorados viciosos, sino de los plat\u00f3nicos continentes. Mis intenciones siempre las enderezo a buenos fines, que son de hacer bien a todos, &nbsp;y mal a ninguno [\u2026]\u201d (Cap\u00edtulo XXXII, Segunda Parte, p. 206). As\u00ed le responde don Quijote al eclesi\u00e1stico que lo ha tratado de mentecato, mandado de vuelta a su casa y que se deje de \u201candar vagando por el mundo papando viento y dando que re\u00edr a cuantos os conocen y no conocen\u201d (discusi\u00f3n en casa de los duques, Cap\u00edtulo XXXI).<\/p>\n<p>Cuatrocientos a\u00f1os despu\u00e9s de la publicaci\u00f3n de la Primera Parte, sentado frente al computador, releo por en\u00e9sima vez la muerte de Don Quijote y me conmueve el hecho m\u00e1s trascendental del texto cervantino: su car\u00e1cter l\u00fadico entre cordura y locura; entre poes\u00eda y realidad. Un pasado de siglos, con merlines encantadores y caballeros andantes valerosos ha secado el seso de Alonso Quijano y lo han alienado. De&nbsp; su locura nace el amante de Dulcinea con sus sue\u00f1os de hombre bueno. Cuando en su lecho de muerte, en 1615, el buen hombre que sec\u00f3 su cerebro leyendo tantos libros de caballer\u00eda, recupera la cordura, la historia registra el trivial acontecimiento y asistimos, con profunda tristeza, a su confesi\u00f3n y al llanto de su fiel Sancho Panza. Quien muere es Alonso Quijano, pero no su po\u00e9tica locura, que es la mayor de todas las paradojas cervantinas: la realidad del&nbsp; sue\u00f1o de un loco que trascendi\u00f3 los cielos de La Mancha para cabalgar en la sinraz\u00f3n de los hombres que buscan, como \u00e9l,&nbsp; el amor y la justicia. El sue\u00f1o sobrevivi\u00f3 a su creador hecho de palabras que sobrevivi\u00f3 a su creador hecho de carne y huesos. Y nos sobrevivir\u00e1 a nosotros que no somos m\u00e1s que historia y no poes\u00eda.<\/p>\n<p>Pero en cuanto la realidad no escriba mi certificado de defunci\u00f3n, yo seguir\u00e9 literaturiz\u00e1ndome en sus p\u00e1ginas y creyendo que su&nbsp; sue\u00f1o s\u00ed es posible.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Jueves 17 de marzo de 2022 &nbsp; Siempre me ha llamado la atenci\u00f3n que Cervantes negara la paternidad de su hijo. 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