{"id":78301,"date":"2022-01-30T20:41:43","date_gmt":"2022-01-30T23:41:43","guid":{"rendered":"https:\/\/cooltivarte.com\/portal\/?p=78301"},"modified":"2022-01-30T20:46:26","modified_gmt":"2022-01-30T23:46:26","slug":"literatura-y-muerte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cooltivarte.com\/portal\/literatura-y-muerte\/","title":{"rendered":"Literatura y muerte"},"content":{"rendered":"<figure id=\"attachment_78302\" aria-describedby=\"caption-attachment-78302\" style=\"width: 1024px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-78302\" title=\"Cielo y palmeras - Jard\u00edn Bot\u00e1nico de Montevideo - Foto \u00a9 Federico Meneses\" src=\"https:\/\/cooltivarte.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/cielo-y-palmeras-jardin-botanico-de-montevideo-foto-Federico-Meneses-350x350.jpg\" alt=\"cielo y palmeras - jard\u00edn bot\u00e1nico de montevideo - foto Federico Meneses\" width=\"1024\" height=\"768\"\/><figcaption id=\"caption-attachment-78302\" class=\"wp-caption-text\">Cielo y palmeras &#8211; Jard\u00edn Bot\u00e1nico de Montevideo &#8211; Foto \u00a9 Federico Meneses<\/figcaption><\/figure>\n<p>Un misterio insondable encierra la muerte en su silencio que murmullan los r\u00edos cuando van \u201ca dar a la mar que es el morir\u201d, como hace siglos escribi\u00f3 Jorge Manrique, <em>Coplas por la muerte de su padre<\/em>, publicadas p\u00f3stumamente entre 1480 y 1490 (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes). Nada justifica m\u00e1s la vida que la muerte. El ox\u00edmoron cumple su funci\u00f3n dial\u00e9ctica en este juego de vida y muerte, del mismo modo que la sinestesia el murmullar de los r\u00edos en el silencio de la muerte. En el Cap\u00edtulo XIX, de sus <em>Ensayos<\/em> (1580), \u201cQue filosofar es aprender a morir\u201d, Montaigne escribe: \u201cQuien ense\u00f1ase a los hombres a morir, les ense\u00f1a a vivir\u201d. Y Mario Quintana, en un libro cl\u00e1sico de la poes\u00eda brasile\u00f1a, <em>A Rua dos Cataventos<\/em> (1940), nos dice: \u201cMinha morte nasceu quando eu nasci. \/ Despertou, balbuciou, cresceu comigo\u2026 \/ E dan\u00e7amos de roda ao luar amigo \/ Na pequenina rua em que vivi\u201d. La muerte es como una enfermedad autoinmune: todos la traemos al nacer (\u201cMinha morte nasceu quando eu nasci\u201d), y podemos irnos de este mundo sin que nunca hayamos tenido noticia de ella. Pero a diferencia de ella, la muerte espera pacientemente que cumplamos nuestro ciclo de vida, nuestro destino, que solo los designios de Dios, como dijo Jorge Luis Borges, conoce: \u201cRetrocede, cuando \u00e9l se acerque\u201d, si no quieres descender a la morada de Hades, antes del tiempo marcado por el destino\u201d, le dice Poseid\u00f3n a Eneas que lucha contra Aquiles (<em>La<\/em> <em>Iliada<\/em>, Canto XX, \u201dEl combate de los dioses\u201d, Ediciones Zeus, Barcelona, 1969). Despu\u00e9s de todo, entre el vivir y el morir yacen todos los destinos humanos. Y los literarios tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>La literatura se ha nutrido de la muerte en todas sus formas, en todas las culturas. La muerte de H\u00e9ctor se viste con las ropas de la c\u00f3lera y venganza de Aquiles, que llora la muerte de Patroclo (Canto XVI), su amigo, a manos del hijo de Pr\u00edamo y H\u00e9cuba, reyes de Troya. Al momento de morir, H\u00e9ctor suplica a Aquiles que su cuerpo lo entregue a su patria, a su pueblo que lo ama. En vano. M\u00e1s pueden la c\u00f3lera y venganza del hijo de la diosa Tetis y de Peleo, rey de Tesalia: \u201c\u2014No me implores, perro, ni por mis rodillas, ni en el nombre de mis padres. Yo querr\u00eda en mi furor cortarte a pedazos y devorar tus sangrantes carnes, para vengarme del mal que me has hecho\u201d (Canto XXII). La muerte como motivo de venganza adopta tambi\u00e9n varias formas, algunas con un sujeto vengador colectivo, como consecuencia de la deshonra inferida. La dial\u00e9ctica vida-muerte cobra, en algunos casos, la muerte del vengador o de los vengadores precisamente por una cuesti\u00f3n de honor. Los <em>47 R\u00f5nin,<\/em> el cl\u00e1sico episodio japon\u00e9s ocurrido entre 1701 y 1703, conocido tambi\u00e9n como el <em>Incidente de Ak\u00f5<\/em>, convirti\u00f3 la venganza en una leyenda nacional llevada al cine y a la televisi\u00f3n y narrada en innumerables cuentos y novelas. En s\u00edntesis, los 47 R\u00f5nin (samur\u00e1i sin se\u00f1or), una vez vengada la muerte de su se\u00f1or, Asano Naganori, y lavada su honra, matando y decapitando luego a su ofensor, Kira Yoshihisa, se suicidan todos ellos mediante el <em>seppuku<\/em> (harakiri), uno de los elementos del c\u00f3digo \u00e9tico samur\u00e1i, <em>bushid\u014d<\/em>. &nbsp;El templo <em>Sengaku-ji<\/em>, ubicado al suroeste de Tokio, seg\u00fan el Portal <em>Mochileando por el mundo<\/em> (<a href=\"https:\/\/www.mochileandoporelmundo.com\/templo-sengaku-ji-leyenda-47-ronin\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">mochileandoporelmundo.com<\/a>), de Robert y Lety, alberga las tumbas de los 47 samur\u00e1i: \u201cLos restos de estos formidables guerreros se colocaron en tumbas alrededor del lugar donde descansaba su se\u00f1or, protegi\u00e9ndolo incluso en la otra vida, y hoy en d\u00eda pueden visitarse\u201d. En el cuento \u201cEl incivil maestro de ceremonias Kotsuk\u00e9 No Suk\u00e9\u201d (<em>Historia Universal de la Infamia<\/em> en <em>Obras Completas<\/em> <em>1923-1972<\/em>, Emec\u00e9 Editores, Buenos Aires, 1974), Jorge Luis Borges describe con inigualable exactitud los hechos ocurridos hace m\u00e1s de trescientos a\u00f1os. Hechos que el lector encuentra en innumerables p\u00e1ginas de internet, comenzando por Wikipedia. La narraci\u00f3n borgiana termina as\u00ed: \u201c\u00c9ste es el final de la historia de los cuarenta y siete hombres leales \u2013salvo que no tiene final, porque los otros hombres, que no somos leales tal vez, pero que nunca perderemos del todo la esperanza de serlo, seguiremos honr\u00e1ndolos con palabras\u201d.<\/p>\n<p>Ya dijimos que la muerte tiene un rico vestuario para todas las ocasiones de la pasarela de la vida y la literatura. No solo las ropas de la c\u00f3lera y la venganza como vimos en <em>La Il\u00edada<\/em>, Los <em>47 R\u00f5nin<\/em> y <em>El incivil maestro de ceremonias Kotsuk\u00e9 No Suk\u00e9<\/em>, a las que podr\u00edamos acrecentar <em>Fuenteovejuna<\/em> (1618), el drama cl\u00e1sico de Lope de Vega y <em>Cr\u00f3nica de una muerte anunciada<\/em> (1981), de Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, entre cientos y cientos de otras obras literarias cuyo motivo central es la muerte como acto vengativo. La muerte como suicidio tiene su propio y generoso vestuario, como el <em>honor<\/em> (los 47 R\u00f5nin y su <em>seppuku<\/em>). Pero en otras ocasiones, el suicidio responde al <em>amor<\/em>. La literatura tambi\u00e9n es ostentosa cuando el motivo del amor termina con la muerte del amante. <em>Romeo y Julieta<\/em> es, tal vez, el ejemplo cl\u00e1sico por antonomasia, lo que no debe sorprendernos pues Shakespeare es el ep\u00f3nimo literario de la construcci\u00f3n de tipos humanos que se definen en el amor, la envida, el odio, la ambici\u00f3n o la venganza. La tragedia de los enamorados shakesperianos encuentra en la lejana <em>Las Metamorfosis<\/em> (8 d.C.), del poeta romano Publio Ovidio Nas\u00f3n (43 a.C. \u2013 17 d.C.), su fuente de inspiraci\u00f3n. En el Libro IV Ovidio nos relata la tragedia de P\u00edramo y Tisbe, amantes legendarios de la mitolog\u00eda griega y latina. Estos j\u00f3venes se amaban no obstante la prohibici\u00f3n de sus padres. P\u00edramo encuentra en el lugar del bosque, el t\u00e1lamo donde consumar\u00edan su amor, el vestido rasgado de Tisbe manchado de sangre: \u201cHe aqu\u00ed que llega una leona [\u2026], \/ la babilonia Tisbe la ve y con t\u00edmido pie huye a una oscura caverna, \/ y mientras huye, de su espalda resbalados, sus velos abandona\u201d. P\u00edramo ve las huellas de la leona y piensa que su amada ha muerto en sus garras. Con su pu\u00f1al se suicida. Al ver el cuerpo de su amado, Tisbe tambi\u00e9n se suicida: \u201c[\u2026] y ajustada la punta bajo lo hondo de su pecho \/ se postr\u00f3 sobre el hierro que todav\u00eda de la sangr\u00eda estaba tibio. Sus votos, aun as\u00ed, conmovieron a los dioses, conmovieron a sus padres [\u2026]\u201d (Biblioteca Virtual Universal, 2003, traducci\u00f3n de Ana P\u00e9rez Vega).<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 une a estas parejas de tr\u00e1gicos enamorados? La inmediatez del acto de suicidarse, porque se entiende que la vida no tiene sentido sin la presencia de la persona amada. En la Ep\u00edstola 70 a Lucilio, Libro VIII: \u201cCausas que pueden justificar el suicidio\u201d, S\u00e9neca escribe: \u201cM\u00e1s la vida, como sabes, no debe conservarse por encima de todo, ya que no es un bien el vivir, sino el vivir con rectitud\u201d. Y l\u00edneas despu\u00e9s: \u201cMorir m\u00e1s pronto o m\u00e1s tarde no es la cuesti\u00f3n; morir bien o mal, \u00e9sa es la cuesti\u00f3n; pero morir bien supone evitar el riesgo de vivir mal\u201d. Y vivir sin la persona amada es, para estos amantes, vivir mal. Por \u00faltimo, para S\u00e9neca, cada uno debe buscar c\u00f3mo morir para romper las ataduras de la esclavitud: \u201cbien sea que apetezca la espada, o la cuerda, o alg\u00fan veneno que penetre en las venas, prosiga hasta el final y rompa las cadenas de la esclavitud. Su vida cada cual debe hacerla aceptable a los dem\u00e1s, su muerte a s\u00ed mismo: la mejor es la que nos agrada\u201d (<em>Ep\u00edstolas Morales a Lucilio<\/em>, Editorial Gredos, Madrid, 1986). Los suicidas de nuestros relatos han utilizado la espada, el pu\u00f1al, y el veneno. Han buscado acallar su dolor enfrent\u00e1ndose a su propia muerte, sea por honor, sea por amor.<\/p>\n<p>El acto de suicidarse plantea un problema moral y social debatido por fil\u00f3sofos y te\u00f3logos quienes lo apoyan o rechazan seg\u00fan su comprensi\u00f3n \u00e9tica de la vida y de la muerte. Epicuro, por ejemplo, en su <em>Carta&nbsp; a Meneceo<\/em> (Instituto de Estudios Cl\u00e1sicos &#8220;Lucio Anneo S\u00e9neca&#8221;, Universidad Carlos III de Madrid, 2007. Edici\u00f3n y traducci\u00f3n de Jorge Cano), plantea \u201cque el placer es el principio y el fin de la vida feliz. Lo hemos considerado el bien primero y originario y nos sirve como punto de partida para elegir y rechazar, y a \u00e9l acudimos para juzgar todo bien desde el criterio que marca la sensaci\u00f3n\u201d. Desde esta mirada en que el placer \u201ces el principio y el fin de la vida feliz\u201d, el suicidio se entiende como una motivaci\u00f3n provocada por el displacer. El an\u00e1lisis de Ferrater Mora complementa lo dicho hasta aqu\u00ed: \u201cEpicuro y los epic\u00fareos estimaron que si el placer\u2014 en el sentido que lo entendieron, especialmente como eliminaci\u00f3n de sufrimientos\u2014es el bien supremo, nada m\u00e1s natural que suicidarse si la existencia, en vez de ser una causa de contento, es una causa de aflicci\u00f3n\u201d (<em>Diccionario de Filosof\u00eda, Tomo IV<\/em>, Editorial Ariel, Barcelona, 2001. Ahora, sobre el tema de la muerte, sugiero la lectura del Tomo III). Desde el punto de vista de los epic\u00fareos, el suicidio de los j\u00f3venes amantes shakesperianos y ovidianos se justifica por cuanto su existencia no ser\u00e1 causa de contento y s\u00ed de aflicci\u00f3n.<\/p>\n<p>La literatura alemana tambi\u00e9n sabe de suicidios por amor. Werher, el joven y rom\u00e1ntico personaje de la novela epistolar, hom\u00f3nima, de Goethe, publicada en 1774, ama pero no es amado: \u201cPor la ma\u00f1ana, a las seis, el criado del suicida entr\u00f3 en el cuarto de su amo [\u2026]. Encontr\u00f3 a Werther tendido en el suelo, ensangrentado, y cerca de \u00e9l una pistola [\u2026]. Corri\u00f3 en busca de un m\u00e9dico y fue a enterar a Alberto de lo ocurrido. Carlota, que oy\u00f3 el campanillazo, se ech\u00f3 toda a temblar [\u2026]. El criado con voz llorosa y balbuciente, les dio la noticia. Carlota cay\u00f3 desmayada a los pies de Alberto\u201d (J.W. Goethe, <em>Werther<\/em> en <em>Obras Selectas<\/em>,&nbsp; Edimat Libros, Madrid, 2004). Carlota, su amor imposible, ama a su esposo, Alberto, amigo del desdichado Werther. No es por acaso que sobre el escritorio de Werther se encontraba abierta&nbsp; la tragedia de Lessing, otro rom\u00e1ntico alem\u00e1n, <em>Emilia Galotti<\/em>. Goethe era un maestro del arte de escribir. El suicidio del protagonista de la tragedia de Goethe difiere de los suicidios de los otros amantes revisados aqu\u00ed, aunque tambi\u00e9n se mata por amor. Pero su muerte deseada atraviesa por un largo proceso en que el joven Werther lucha por conquistar a Carlota. Fracaso que lo lleva al suicidio. El hombre debe pensar \u201csiempre en la calidad de su vida, no en su duraci\u00f3n\u201d, dice S\u00e9neca. Y agrega: \u201cY esta conducta no la adopta tan s\u00f3lo en caso de necesidad extrema, sino que tan pronto como la fortuna comienza a inspirarle recelo, examina atentamente si no es aqu\u00e9l el momento de terminar\u201d. Es la reflexi\u00f3n final que lleva a Werther al suicidio. Y ya considera \u201csin importancia alguna darse la muerte o recibirla, que \u00e9sta acontezca m\u00e1s pronto o m\u00e1s tarde: no la teme como a una gran p\u00e9rdida. Nadie puede perder mucho cuando el agua se escurre gota a gota\u201d.<\/p>\n<p>Pero, \u201cMorir no es todo, es necesario morir a tiempo\u201d, nos dice Sartre en <em>Las Palabras<\/em>, libro autobiogr\u00e1fico publicado en 1963 en <em>Les Temps Modernes<\/em>. Sin embargo, \u00bfqu\u00e9 significa morir a tiempo? \u00bfMuri\u00f3 a tiempo Tisbe? \u00bfMuri\u00f3 a tiempo Werther? Ibsen le responde a Sartre en <em>Peer Gynt<\/em>, Acto V: \u201cNo se puede morir en el medio del quinto acto\u201d. Sin embargo, al suicida por amor no le importa en qu\u00e9 acto muere. No hay un acto ideal para quien se entrega a la muerte por amor, nos ilustra la literatura de todos los tiempos. Morir por amor es siempre morir a tiempo. Ese es el sino de los personajes literarios que han sufrido y muerto por amor. Amor que muchas veces se confunde con la locura que conduce al suicidio. La locura es otro de los trajes con que se viste la muerte, y la literatura, que es la vida y los sue\u00f1os de los hombres hechos de palabras, ha vivido desde sus or\u00edgenes, que se confunden con el mito y la leyenda, la tragedia de hombre y mujeres que se han suicidado por la locura a que lleva el amor infeliz. La tragedia rom\u00e1ntica espa\u00f1ola nos&nbsp; ofrece un ejemplo dram\u00e1tico de inconcebible amor infeliz que desemboca en la locura del suicidio: <em>Don \u00c1lvaro o la fuerza del sino<\/em> (1835), del Duque de Rivas. Don \u00c1lvaro y do\u00f1a Leonor se aman apasionadamente, pero el padre de ella, el Marqu\u00e9s de Calatrava, no acepta el noviazgo. La pareja planea entonces fugarse y son sorprendidos por el padre. Don \u00c1lvaro arroja la pistola al suelo como se\u00f1al de respeto y sumisi\u00f3n, pero una bala se escapa hiriendo de muerte al Marqu\u00e9s. Las peripecias se suceden de modo incontrolable y don \u00c1lvaro termina matando a los dos hermanos de Leonora, Carlos y Alfonso. Pero este, antes de morir, con su pu\u00f1al mata a su hermana delante de don \u00c1lvaro, pues la culpa de la tragedia de su familia.<\/p>\n<p>Enloquecido por la muerte de su amada, don \u00c1lvaro se suicida arroj\u00e1ndose desde un pe\u00f1\u00f3n. \u00daltima escena (en <em>Teatro Cl\u00e1sico Espa\u00f1ol<\/em>, El Ateneo, Buenos Aires, 1958). Habla don \u00c1lvaro <em>desde un risco, con sonrisa diab\u00f3lica, todo convulso<\/em>: \u201c[\u2026] Yo soy un enviado del infierno, soy el demonio exterminador\u2026 Huid, miserables. \/ Infierno, abre tu boca y tr\u00e1game. H\u00fandase el cielo, perezca la raza humana, exterminio, destrucci\u00f3n\u2026 (Sube a lo m\u00e1s alto del monte y se precipita)\u201d. &nbsp;Del mismo modo que el suicidio se ha justificado desde el punto de vista filos\u00f3fico, tambi\u00e9n ha tenido detractores que han rechazado cualquiera raz\u00f3n que justifique el acto de suicidarse. Plat\u00f3n, por ejemplo, en <em>Las Leyes<\/em>, IX (<em>Obras Completas<\/em>, Tomos IX y X, Cl\u00e1sicos de Historia, 226, Madrid, 1872. Traducci\u00f3n y Notas de Patricio de Azc\u00e1rate), es categ\u00f3rico en su juicio: \u201cLos que se suiciden ser\u00e1n enterrados aisladamente en lugar aparte. Para su sepultura se escoger\u00e1, en los confines de las doce divisiones del territorio, alg\u00fan punto inculto o ignorado, donde se les enterrar\u00e1 sin ceremonias, con prohibici\u00f3n de erigir columnas sobre su tumba y de grabar su nombre sobre un m\u00e1rmol\u201d. Pero en el p\u00e1rrafo inmediatamente anterior, abre las puertas a una justificaci\u00f3n para el suicida, en cuanto a que su proceder obedezca a cualquier oprobio que hiciese de su vida un vivir insoportable: \u201c\u00bfY qu\u00e9 pena dictaremos contra el homicida de lo m\u00e1s \u00edntimo y m\u00e1s querido que tenemos en el mundo, quiero decir, contra el homicida de s\u00ed mismo, que corta, a pesar del destino, el hilo de sus d\u00edas, aunque el Estado no le haya condenado a morir, ni se haya visto reducido a tal situaci\u00f3n por alguna horrible e inevitable desgracia sobrevenida inopinadamente, ni por ning\u00fan oprobio de tal calidad que hiciera para \u00e9l odiosa e insoportable la vida, sino que por una debilidad y una cobard\u00eda extremas se condena a s\u00ed mismo a esta pena que no merece?\u201d. Pero Arist\u00f3teles no deja ninguna puerta abierta para justificar al suicida: \u201cPero el matarse uno a s\u00ed mismo, por salir de necesidad y pobreza, o por amores, o por cualquier cosa triste, no es hecho de hombre valeroso, sino de cobarde\u201d (<em>\u00c9tica a Nic\u00f3maco, Volumen I<\/em>, Libro Tercero, Cap\u00edtulo VII, Ediciones Folio, Navarra, 2000). Ana Karenina, la fogosa y audaz protagonista de la novela hom\u00f3nima de Tolstoi (1877), huye de la realidad y se encierra en un mundo que su enajenaci\u00f3n mental ha creado. Hoy se habla en Psicolog\u00eda del <em>S\u00edndrome de Ana Karenina<\/em>, un amor que lleva a la locura y en el que la raz\u00f3n y la reflexi\u00f3n no tienen cabida. De hecho, la RAE define \u201cenajenaci\u00f3n mental\u201d como \u201clocura\u201d en su primera acepci\u00f3n. Como sabemos, Ana se suicida arroj\u00e1ndose a la l\u00ednea del tren.<\/p>\n<p>&nbsp;\u201c\u00bfC\u00f3mo quedan, Se\u00f1or, durmiendo los suicidas? \/ \u00bfUn cuajo entre la boca, las dos sienes vaciadas, \/ las lunas de los ojos albas y engrandecidas, \/ hacia una ancla invisible las manos orientadas?\u201d (Gabriela Mistral, poema \u201cInterrogaciones\u201d en <em>Los sonetos de la muerte<\/em>, Zig-Zag, 1915). Una pregunta ontol\u00f3gica, insondable, sobre la Vida y la Muerte. Nada refleja mejor la idiosincrasia de los pueblos, que la manera c\u00f3mo ellos resuelven \u00e9tica y culturalmente los dos aspectos m\u00e1s trascendentales del ser humano, desde que este hizo su aparici\u00f3n, para bien o para mal, en la tierra. O desde que fue expulsado, tambi\u00e9n para bien o para mal, del Para\u00edso.<\/p>\n<p>En los inextricables misterios de la muerte y la vida que solo Dios conoce, se encuentran las claves de la lectura de la una y de la otra.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un misterio insondable encierra la muerte en su silencio que murmullan los r\u00edos cuando van \u201ca dar a la mar que es el morir\u201d, como hace siglos escribi\u00f3 Jorge Manrique, Coplas por la muerte de su padre, publicadas p\u00f3stumamente entre 1480 y 1490 (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes). 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