{"id":77921,"date":"2022-01-10T10:46:21","date_gmt":"2022-01-10T13:46:21","guid":{"rendered":"https:\/\/cooltivarte.com\/portal\/?p=77921"},"modified":"2022-01-10T10:46:21","modified_gmt":"2022-01-10T13:46:21","slug":"cuentos-olvidados-de-la-literatura-hispanoamericana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cooltivarte.com\/portal\/cuentos-olvidados-de-la-literatura-hispanoamericana\/","title":{"rendered":"Cuentos olvidados de la Literatura Hispanoamericana"},"content":{"rendered":"<p>Tal vez no son cl\u00e1sicos. Pero, \u00bfqu\u00e9 significa realmente ser \u201ccl\u00e1sico\u201d? Ninguna de las diez definiciones de la RAE representa a estos cuentos. M\u00e1s a\u00fan, desde esa mirada de variada sem\u00e1ntica, pocos cuentos ser\u00edan cl\u00e1sicos en el sentido lato de la palabra. Lo mejor, entonces, es hablar de ellos desde el olvido a que han sido relegados, o desde su poca difusi\u00f3n a nivel continental, obnubilados, tal vez, por los relatos Jorge Luis Borges, Mario Vargas Llosa, Juan Rulfo, Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, Juan Carlos Onetti, Julio Cort\u00e1zar, Jos\u00e9 Donoso y tantos otros autores nuestros que han poblado las bibliotecas del mundo. Son cuentos, sin embargo, que denuncian una realidad social, cultural y racial que desnudan la decadencia social de su tiempo y bulle en nuestra sociedad actual.<\/p>\n<p>O son cuentos que se construyen desde una realidad imaginada sorprendente, o simplemente dan cuenta de profundas problem\u00e1ticas cuyos personajes luchan con su propia conciencia atormentada por las circunstancias. En esta columna comentaremos brevemente algunas de estas historias con el \u00fanico prop\u00f3sito de difundirlas desde el olvido o escasa difusi\u00f3n, esperando que el alma caritativa de alg\u00fan lector las lea, y viva tambi\u00e9n ese mundo literario nuestro que tal vez no conoc\u00eda. (He anotado entre par\u00e9ntesis una de las p\u00e1ginas donde se encuentra el cuento, como una manera de facilitar su lectura). <em>Espuma y nada m\u00e1s, <\/em>1956 (<a href=\"https:\/\/www.literatura.us\/tellez\/espuma.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">literatura.us<\/a>), pertenece a esta \u00faltima categor\u00eda. El cuento del colombiano Hernando T\u00e9llez (1908), gira en torno a dos personajes muy bien logrados que mantienen la tensi\u00f3n del relato hasta la \u00faltima l\u00ednea, sorprendente por lo dem\u00e1s. El capit\u00e1n Torres, que se complace persiguiendo rebeldes para luego torturarlos y matarlos en plena plaza p\u00fablica y el barbero, que da origen al t\u00edtulo de la historia: \u201cReanud\u00e9 de nuevo la tarea de enjabonarle la barba. Otra vez me temblaban las manos. El hombre no pod\u00eda darse cuenta de ello y \u00e9sa era mi ventaja\u201d. Y tiene la misi\u00f3n de matar al capit\u00e1n cuando est\u00e9 en su sill\u00f3n.<\/p>\n<p>El suspenso no da tregua al lector que con angustia observa c\u00f3mo el sudor corre por la frente del barbero, y admirado observa la pasmosa tranquilidad del capit\u00e1n Torres que sab\u00eda que el barbero lo matar\u00eda, y fue a la barber\u00eda para comprobarlo: \u201cTorres debe estar sudando como yo. Pero \u00e9l no tiene miedo. Es un hombre sereno que ni siquiera piensa en lo que ha de hacer esta tarde con los prisioneros\u201d. Imposible permanecer imp\u00e1vido con su lectura.<\/p>\n<p>Pero <em>El clis del sol<\/em>, del costarricense Manuel Gonz\u00e1lez Zeled\u00f3n (Mag\u00f3n, 1864), publicado por primera vez en el peri\u00f3dico La Rep\u00fablica, en 1897 (<a href=\"https:\/\/ciudadseva.com\/texto\/el-clis-de-sol\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">ciudadseva.com<\/a>), describe la ignorancia y c\u00e1ndida ingenuidad del humilde campesino costarricense (tico), burlado por un europeo. El primer p\u00e1rrafo del peque\u00f1\u00edsimo relato, ilustra con claridad lo sorprendente de la historia: \u201cNo es cuento, es una historia que sale de mi pluma como ha ido brotando de los labios de \u00f1or Cornelio Cacheda, que es un buen amigo de tantos como tengo por esos campos de Dios. Me la refiri\u00f3 har\u00e1 cinco meses, y tanto me sorprendi\u00f3 la maravilla que juzgo una acci\u00f3n criminal el no comunicarla para que los sabios y los observadores estudien el caso con el detenimiento que se merece\u201d. El nombre del humilde campesino delata el humor que subyace en la ingenuidad del personaje, que ocupa uno de los cuadros costumbristas de esta ignorada historia:<\/p>\n<p>\u201c\u2014Ust\u00e9 sabe que hora en marzo hizo tres a\u00f1os que hubo un clis de sol en que se oscureci\u00f3 el sol en todo el medio; bueno, pues, como unos veinte d\u00edas antes Lina, mi mujer, sali\u00f3 habelitada de esas chiquillas [\u2026] Yo no ju\u00ed el que adevin\u00f3 el busiles. \u00bfUst\u00e9 conoce a un mestro italiano que hizo la torre de la iglesia de la villa? [\u2026] \u2014Pos \u00e9l jue el que me explic\u00f3 la cosa del clis de sol\u201d.<\/p>\n<p>Historias desconocidas de nuestra literatura que ahora est\u00e1n ah\u00ed, a un clic de su rat\u00f3n, pues todas ellas se encuentran en la red. Los cuentos <em>El Chifl\u00f3n del Diablo<\/em> y <em>La Compuerta N. 12<\/em> deben ser los m\u00e1s famosos del chileno Baldomero Lillo (1867). Ellos forman parte de su libro m\u00e1s conocido, <em>Subterra,<\/em> su primera obra publicada en 1904. Pero nosotros hablaremos del cuento <em>Quilap\u00e1n<\/em>, 1907 (<a href=\"https:\/\/ciudadseva.com\/texto\/quilapan\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">ciudadseva.com<\/a>), &nbsp;una historia cruenta que narra la explotaci\u00f3n del ind\u00edgena a manos de un latifundista, don Cosme, un verdadero bandido: \u201cDetenido por el violento tir\u00f3n que lo ech\u00f3 de bruces sobre la hierba, Quilap\u00e1n se sinti\u00f3 arrastrado s\u00fabitamente por el \u00e1spero suelo con progresiva velocidad [\u2026]. Adelante galopaba don Cosme, guiando con la diestra la tirante cuerda, y m\u00e1s atr\u00e1s, en dos filas, cerraba la marcha la escolta de campesinos\u201d. De hecho, la historia forma parte de la conocida antolog\u00eda de Enrique Lihn, <em>Diez cuentos de bandidos<\/em>, publicada por Quimant\u00fa (1972). Hoy, cuando nuestra Am\u00e9rica Hispana vive los albores del a\u00f1o 2022, la muerte de ind\u00edgenas que defienden sus tierras, muchas veces miserables, a manos de terratenientes inescrupulosos, a\u00fan nos acongoja y averg\u00fcenza. Una cruenta realidad que Baldomero Lillo mostraba en su historia hace m\u00e1s de cien a\u00f1os y que es absolutamente desconocida.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo clasificar el cuento <em>Rip-Rip<\/em>, del mexicano Manuel Guti\u00e9rrez N\u00e1jera (1859), muerto a la temprana edad de 35 a\u00f1os? (<a href=\"https:\/\/albalearning.com\/audiolibros\/gnajera\/riprip.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">albalearning.com<\/a>). Una historia donde sue\u00f1o y realidad, muerte y vida y el olvido, construyen un relato que no se condice con la est\u00e9tica de su tiempo, segunda mitad del siglo XIX. De hecho, <em>Rip-Rip<\/em> es una narraci\u00f3n p\u00f3stuma que se publica reci\u00e9n en 1917 en la antolog\u00eda <em>Cuentos color de humo<\/em>. (El \u00fanico libro que el autor vio publicado fue <em>El Duque<\/em>), una antolog\u00eda de cuentos a la que llam\u00f3 <em>Cuentos Fr\u00e1giles<\/em> (1883). Desde la primea l\u00ednea el cuento se abre a lo inesperado: \u201cEste cuento yo no lo vi, pero creo que lo so\u00f1\u00e9\u201d. Y es rico en pasajes que recuerdan al propio Jorge Luis Borges y sus juegos con el tiempo y esa dualidad de ser uno y otro al mismo tiempo: \u201cAquel era Juan, aquella, Luz&#8230; pero no eran los mismos. \u00a1Y la chiquita no era la chiquita! \/ \u00bfSe hab\u00eda muerto? \u00bfEstar\u00eda loco? \u00a1Pero \u00e9l sent\u00eda que estaba vivo! Escuchaba&#8230; ve\u00eda&#8230; como se oye y se ve en las pesadillas\u201d.<\/p>\n<p>La intertextualidad tan propia de Borges, tampoco est\u00e1 ausente en <em>Rip-Rip<\/em>: \u201c\u00bfDe qui\u00e9n es la leyenda de Rip-Rip? Entiendo que la recogi\u00f3 Washington Irving para darle forma literaria en alguno de sus libros. S\u00e9 que hay una \u00f3pera c\u00f3mica con el propio t\u00edtulo y con el mismo argumento. Pero no he le\u00eddo el cuento del novelador e historiador norteamericano, ni he o\u00eddo la \u00f3pera&#8230; pero he visto a Rip-Rip\u201d. Un cuento para sacarlo del olvido.<\/p>\n<p>En esta especie de antolog\u00eda min\u00fascula comentada del olvidado o poco difundido cuento&nbsp; hispanoamericano, que me he propuesto con humildad mostrar en esta columna, se me aparece una vez m\u00e1s, <em>El Jes\u00fas malo<\/em>, uno de los m\u00e1s conocidos cuentos del paname\u00f1o Ricardo Mir\u00f3 (1883) y publicado, posiblemente, en el diario <em>El Heraldo del Istmo<\/em>, donde comienza su actividad literaria en 1904 (<a href=\"http:\/\/bdigital.binal.ac.pa\/bdp\/tomoIV.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">bdigital.binal.ac.pa<\/a>, p\u00e1ginas 60 a 69). Una fortuna que se encuentre en la red, porque son pocas las antolog\u00edas que recogen las narraciones de Mir\u00f3, nacido en 1883 y fallecido en 1940. Entre ellas, la de Rodrigo Mir\u00f3 Grimaldo, <em>El cuento en Panam\u00e1<\/em> (1950) y Franz Garc\u00eda de Paredes: <em>Panam\u00e1: Cuentos escogidos<\/em> (1998).&nbsp; De inmediato llama la atenci\u00f3n el nombre de la historia, porque no se comprende que haya un Jes\u00fas malo. Es una puerta de entrada a la curiosidad del lector.<\/p>\n<p>El cuento desarrolla algunos temas que hoy nutren la agenda social: el machismo, la explotaci\u00f3n de la mujer y la ausencia de educaci\u00f3n que lleva a la ignorancia: \u201cHubo un breve momento de meditaci\u00f3n y el Malo continu\u00f3: \/ \u2014Vea don Roberto, oiga lo que le digo: \u00a1Ll\u00e9vese a la muchacha, pero me la devuelve ma\u00f1ana temprano, porque la necesito para que me muela el ma\u00edz!\u201d. El Malo es el padre de la bella Rosal\u00eda. La ofrece a Roberto por una noche como una forma de agradecer la amabilidad que tuvo al llevarlo a \u00e9l y su familia en su moderno bote y remolcar su vieja piragua. El mismo Jes\u00fas el Malo que ya ha asesinado a dos hombres que osaron ponerle una mano encima a Rosal\u00eda. Sin duda, un cuento de complejas estructuras socio-culturales que solo son posibles de comprender desde la controvertida personalidad del personaje central: \u201c\u2014\u00d3yeme. El padre de Rosal\u00eda, ese que t\u00fa has hallado parecido al Nazareno es el hombre m\u00e1s temido de estas regiones\u201d, le advierte don Goyo a Roberto.<\/p>\n<p>Los cuentos del venezolano Jos\u00e9 Rafael Pocaterra, nacido en 1899, como Borges y la Mistral, sorprenden por su variedad tem\u00e1tica propia de los narradores de su tiempo, y que van desde el indigenismo y lo rural a la vida citadina. Historias en que se describen costumbres y leyes no escritas que regulan el comportamiento de los hombres, y en los que se configura lo grotesco como sustento del romanticismo y la violencia que enmarcan &nbsp;estas narraciones. Sin embargo, Pocaterra me ha sorprendido por sus historias en las que el dramatismo y el sino de los m\u00e1s despose\u00eddos, se asemejan al relato doloroso que subyace en los cuentos infantiles, donde la indolencia acompa\u00f1a la tragedia. Una de estas historias, reunidas en <em>Cuentos Grotescos<\/em>, 1922, es una historia de Navidad. Una triste historia de Navidad: <em>\u2026 De c\u00f3mo Panchito Mandefu\u00e1 cen\u00f3 con el Ni\u00f1o Jes\u00fas<\/em> (<a href=\"https:\/\/livres.org.ve\/libros\/pdf\/Cuentos%20grotescos%20-%20Jose%20Rafael%20Pocaterra.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">livres.org.ve<\/a>, p\u00e1ginas 7 a 13).<\/p>\n<p>La historia de Panchito Mandefu\u00e1, el ni\u00f1o callejero y vivaz que se gana la vida vendiendo n\u00fameros de la loter\u00eda y lustrando zapatos, es el m\u00e1s conocido relato de navidad venezolano, pero casi ignorado para el mundo hispanoamericano. Panchito hizo de la expresi\u00f3n \u201cmandefu\u00e1\u201d, inexistente, su sello registrado que grita al final de cualquier frase, y que puede significar desde una mofa a una groser\u00eda: \u201cY con su vocablo favorito, que era paneg\u00edrico, iron\u00eda, apelativo \u2014todo a un tiempo\u2014 [\u2026]\u201d. &nbsp;Es un peque\u00f1o p\u00edcaro de alma bondadosa que merece cenar con el Ni\u00f1o Jes\u00fas. Y as\u00ed lo deja de manifiesto Pocaterra en el primer p\u00e1rrafo de su historia: \u201c[\u2026] a ti que eres relativamente feliz durante esta velada, bien instalado en el almac\u00e9n y en la vida, te dedico este Cuento de Navidad, este cuento feo e insignificante, de Panchito Mandefu\u00e1, granuja billetero, nacido de cualquier con cualquiera en plena alcabala, chiquillo astroso a quien el Ni\u00f1o Dios invit\u00f3 a cenar\u201d. Una centenaria lecci\u00f3n de humanidad (un an\u00e1lisis m\u00e1s detallado de este cuento fue publicado aqu\u00ed, en <em>CoolTivarte<\/em>, el 21 de diciembre pasado).<\/p>\n<p>El \u00faltimo autor que hemos seleccionado en esta arbitraria antolog\u00eda de cuentos olvidados o poco difundidos de la Literatura Hispanoamericana, es el uruguayo Santiago Maciel (1865). <em>La Querencia <\/em>forma parte del libro <em>Nativos<\/em> publicado en Buenos Aires en 1901 (<a href=\"http:\/\/bibliotecadigital.bibna.gub.uy:8080\/jspui\/bitstream\/123456789\/1135\/1\/clasicos-uru-vol34.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">bibliotecadigital.bibna.gub.uy<\/a>, p\u00e1ginas 9 a 15). Es una historia simple que describe la vida y la muerte del octogenario gaucho Calixto Mart\u00ednez, due\u00f1o de la \u201cEstancia de los Molles\u201d, tierra heredada de sus padres y estos a su vez de los suyos, y donde vive feliz juntos a su mujer, sus hijos y nietos, pero de la que ser\u00e1 \u201clegalmente\u201d despojado: \u201cDe c\u00f3mo le armaron aquel litigio infame, ni \u00e9l mismo pudo darse cuenta clara [\u2026]\u201d. El escrito que recibe habla de \u2018reivindicaci\u00f3n de propiedad\u2019 y se alegaban derechos sobre aquel pedazo de tierra\u201d.<\/p>\n<p>En su <em>Historia de la Novela Hispanoamericana<\/em> (Ediciones Universitarias de Valparara\u00edso, 1980), Cedomil Goic se refiere en estos t\u00e9rminos al momento hist\u00f3rico, esencialmente rom\u00e1ntico y naturalista, que hemos considerado para ilustrar los primeros pasos de nuestra literatura, algunos titubeantes a\u00fan: \u201cDescribe tr\u00e1gicamente las tensiones suscitadas por las contradicciones sociales abarcando los niveles medios y bajos de la sociedad en el mismo vuelo dram\u00e1tico o tr\u00e1gico. Satiriza \u00e1speramente los rasgos deformes y grotescos de la sociedad y del poder pol\u00edtico regresivo\u201d. Tanto el gaucho Calixto Mart\u00ednez como el indio Quilap\u00e1n, del cuento de Baldomero Lillo, han sido despojados abusivamente de sus tierras y de sus vidas: Quilap\u00e1n salvajemente torturado; Calixto de pena y nostalgia.<\/p>\n<p>El poder omn\u00edmodo, a veces entre las sombras, como en <em>La Querencia<\/em> y otras abierto y sanguinario como en <em>Quilap\u00e1n<\/em>, forman parte de la tem\u00e1tica de estos narradores, as\u00ed como el terru\u00f1o y su naturaleza, sus tradiciones y su lenguaje. \u201cHay dos nacionalismos en la literatura: el espont\u00e1neo, el natural acento y elemental sabor de la tierra nativa [\u2026]; y el perfecto, la expresi\u00f3n superior del esp\u00edritu de cada pueblo, con poder de imperio, de perduraci\u00f3n y expansi\u00f3n\u201d, nos dice el dominicano Pedro Henr\u00edquez Ure\u00f1a en su ensayo <em>Caminos de Nuestra Historia Literaria<\/em> (<em>Valoraciones<\/em>, La Plata, agosto de 1925). Nosotros lo tomamos de <em>Conciencia Intelectual de Am\u00e9rica, Antolog\u00eda del Ensayo Hispanoamericano (1836-1959)<\/em>, Las Americas Publishing Company, New York, 1970, a cargo de Carlos Ripoll.<\/p>\n<p>Cuando se tiene ante s\u00ed relatos&nbsp; que describen una realidad que para nosotros parece tan lejana, pero que a poco andar por ellos nos damos cuenta de que es m\u00e1s cercana de lo que cre\u00edamos, la Am\u00e9rica Hispana que vivimos con su modernidad fracturada por conflictos sociales, pol\u00edticos y culturales, se nos parece y aparece cada vez m\u00e1s como una problem\u00e1tica no resuelta o resuelta a medias. Los autores seleccionados en esta arbitraria antolog\u00eda pertenecen todos al siglo XIX (la excepci\u00f3n es Hernando T\u00e9llez), aunque algunos de sus cuentos se hayan publicado en el siglo XX. Nuestro af\u00e1n no fue otro que atraer la atenci\u00f3n del lector hacia estos autores (y otros), y sus relatos que nos gritan que nuestra literatura hispana comenz\u00f3 mucho antes del llamado Boom que impact\u00f3 al mundo, y contin\u00faa haci\u00e9ndolo.<\/p>\n<p>Mucho antes.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tal vez no son cl\u00e1sicos. Pero, \u00bfqu\u00e9 significa realmente ser \u201ccl\u00e1sico\u201d? Ninguna de las diez definiciones de la RAE representa a estos cuentos. M\u00e1s a\u00fan, desde esa mirada de variada sem\u00e1ntica, pocos cuentos ser\u00edan cl\u00e1sicos en el sentido lato de la palabra. 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