{"id":77431,"date":"2021-12-21T13:21:48","date_gmt":"2021-12-21T16:21:48","guid":{"rendered":"https:\/\/cooltivarte.com\/portal\/?p=77431"},"modified":"2024-01-23T21:57:09","modified_gmt":"2024-01-24T00:57:09","slug":"la-historia-de-panchito-mandefua-un-cuento-de-navidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cooltivarte.com\/portal\/la-historia-de-panchito-mandefua-un-cuento-de-navidad\/","title":{"rendered":"La historia de Panchito Mandefu\u00e1: un cuento de Navidad"},"content":{"rendered":"<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-77434\" title=\"cuentos grotescos\" src=\"https:\/\/cooltivarte.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/cuentos-grotescos.png\" alt=\"cuentos grotescos\" width=\"600\" height=\"432\" srcset=\"https:\/\/cooltivarte.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/cuentos-grotescos.png 479w, https:\/\/cooltivarte.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/cuentos-grotescos-300x216.png 300w, https:\/\/cooltivarte.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/cuentos-grotescos-120x86.png 120w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/p>\n<p>La lectura de \u201c\u2026 De c\u00f3mo <strong>Panchito Mandefu\u00e1<\/strong> cen\u00f3 con el Ni\u00f1o Jes\u00fas\u201d ((<a href=\"https:\/\/livres.org.ve\/libros\/pdf\/Cuentos%20grotescos%20-%20Jose%20Rafael%20Pocaterra.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">https:\/\/livres.org.ve\/libros<\/a>, p\u00e1ginas 7 a 13), del venezolano <strong>Jos\u00e9 Rafael Pocaterra<\/strong> (1899-1955), cuento que forma parte de su colecci\u00f3n de relatos <a href=\"https:\/\/amzn.to\/428Zc0i\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><strong><em>Cuentos grotescos<\/em><\/strong><\/a> (1922), pero que comienza a escribir en 1915, no dejar\u00e1 indiferente al lector. Una historia de Navidad que tiene por lo menos cien a\u00f1os, pero que suele repetirse a menudo en todos los tiempos. Y Pocaterra entrega su mensaje en el primer p\u00e1rrafo de la historia: \u201cA ti que esta noche ir\u00e1s a sentarte a la mesa de los tuyos, rodeado de tus hijos, sanos y gordos, al lado de tu mujer que se siente feliz de tenerte en casa para la cena de Navidad; a ti que tendr\u00e1s a las doce de esta noche un puesto en el banquete familiar [\u2026], te dedico este Cuento de Navidad, este cuento feo e insignificante, de <strong>Panchito Mandefu\u00e1<\/strong>, granuja billetero, nacido de cualquier con cualquiera en plena alcabala, chiquillo astroso a quien el Ni\u00f1o Dios invit\u00f3 a cenar\u201d. La dedicatoria atrapa de inmediato al lector que se ve impelido, literalmente, a conocer la historia de <strong>Panchito Mandefu\u00e1<\/strong>. Lo atrapa y lo incomoda porque la historia que le dedican, fea e insignificante, anuncia una realidad que \u00e9l, ciertamente no vive, pero que la sabe e ignora.<\/p>\n<p>Las historias de Navidad como la que el lector tiene ante s\u00ed, no son cuentos de hadas para limpiar las almas de cualquier atisbo de soberbia, vanidad o avaricia en la Nochebuena. Lejos del candor y de las luces variopintas que derraman sus colores titilantes alrededor del \u00c1rbol de Navidad, en cuanto el Ni\u00f1o Jes\u00fas, cada vez m\u00e1s desnudo, yace olvidado en su pesebre a los pies de ese \u00c1rbol vanidoso y desafiante, llora desolado su soledad, las historias de Navidad como la de <strong>Panchito Mandefu\u00e1<\/strong> le dejan al lector un mensaje amargo que lo sacude en su condici\u00f3n humana. Historias que claman del lector un coraz\u00f3n que haga de la Nochebuena la luz que ilumine el pensamiento de la humanidad en todos los momentos de su vida, en todos los minutos, en todos los segundos. Ese es el sentido del primer p\u00e1rrafo del relato, muy propio del gusto literario de la \u00e9poca, dirigi\u00e9ndose al lector con mayor o menor intensidad. \u201cHonrar\u00e9 la Navidad en mi coraz\u00f3n y procurar\u00e9 conservarla durante todo el a\u00f1o&#8221;, nos ense\u00f1\u00f3 hace mucho tiempo Charles Dickens, que sabe de historias de Navidad. \u00a1C\u00f3mo no recordar su maravilloso <em>Cuento de Navidad<\/em>!<\/p>\n<p><strong>Panchito Mandefu\u00e1<\/strong> tiene mucho de Lazarillo de Tormes, incluso sus or\u00edgenes miserables. Es un p\u00edcaro: brib\u00f3n, astuto, burlesco y de mente \u00e1gil. Pero a diferencia del Lazarillo de Tormes, en su alma no anida la maldad ni la venganza. Trabaja y quiere ser feliz y en su miseria, es un ni\u00f1o bondadoso y tierno. Como dice Elba Marina Mireles en su ensayo \u201cLa concepci\u00f3n grotesca en la obra de Jos\u00e9 Rafael Pocaterra como forma de denuncia\u201d (<em>Letralia<\/em>, A\u00f1o X, N. 130, 10 de septiembre de 2005): \u201caqu\u00ed destaca el drama conmovedor del muchacho marginado, pero que en medio de su miseria disfrutaba de la libertad a su manera y hasta prodigaba una ayuda\u201d. &nbsp;En la figura de una chica pobre, Margarita, tan pobre como Panchito y hu\u00e9rfana como \u00e9l, Pocaterra construye uno de los pasajes m\u00e1s encantadores y conmovedores de su relato, pues deja de manifiesto, por un lado, &nbsp;el alma generosa del protagonista que no duda en desprenderse de su dinero ganado gritando los diarios por las calles, para ayudar a la afligida muchacha; y de otro, ilustra toda su picard\u00eda de ni\u00f1o callejero \u201ccanchero\u201d, un peque\u00f1o granuja, que le roba un beso a la harapienta ni\u00f1a:<\/p>\n<p>\u201c\u2014\u00bfC\u00f3mo te pago yo? \u2014le pregunt\u00f3 con tristeza t\u00edmida. \/ Panchito se puso colorado y balbuce\u00f3: \/ \u2014Si me das un beso. \/&nbsp; \u2014\u00a1No, no! \u00a1Es malo! \/&nbsp; \u2014\u00bfPor qu\u00e9?\u2026 \/ \u2014Gu\u00e1, porque s\u00ed\u2026 \/ Pero no era <strong>Panchito Mandefu\u00e1<\/strong> quien se convenc\u00eda con razones como \u00e9sta; y la sujet\u00f3 por los hombros y le peg\u00f3 un par de besos llenos de gozo y de travesura\u201d. El fragmento citado forma parte de un di\u00e1logo extenso entre Panchito y Margarita, que se inicia en el momento en que el peque\u00f1o brib\u00f3n encuentra a la pobre chica llorando en la calle ante la indiferencia de la gente y termina a la entrada de la&nbsp; casa donde la ni\u00f1a trabaja, y donde inesperadamente son sorprendidos por \u201cun rostro de gardu\u00f1a, de solterona vieja y fea [\u2026]\u201d: \u201c\u2014\u00a1Muy bonito el par de vagabunditos \u00e9stos! \u2014grit\u00f3. El chico ech\u00f3 a correr. Le pareci\u00f3 escuchar a la vieja mientras met\u00eda dentro a la chica de un empell\u00f3n. \u2014Pero, Dios m\u00edo, \u00a1qu\u00e9 criaturas tan corrompidas \u00e9stas desde que no tienen edad! \u00a1Qu\u00e9 horror!\u201c. De correr sabe<strong> Panchito Mandefu\u00e1<\/strong>.<\/p>\n<p>Se ha pasado la vida corriendo por las calles gritando \u201cchill\u00f3n, desvergonzado, optimista\u201d, sus n\u00fameros del sorteo: \u201c\u2014Aqu\u00ed lo cargoo\u2026 El tres mil seiscientos setenta y cuatro; el que no falla nunca ni fallando, archipetaquiremandefu\u00e1\u2026!\u201d. Era su trabajo que le permit\u00eda \u201cdarse sus lujos\u201d como ir al circo, comprar sus cigarrillos, golosinas y hasta ir al cine. No sabe ni leer ni escribir, pero le miente sin pudores a Margarita cuando se lo pregunta. Pero s\u00ed sabe de cuestiones de n\u00fameros y tiene claro que el trabajo debe ser remunerado: \u201c\u2014\u00bfTe pagan? \/ \u2014\u00bfMe pagan qu\u00e9? \/&nbsp; Panchito sonri\u00f3 con iron\u00eda, con superioridad: \/&nbsp; \u2014Gu\u00e1, tu trabajo: al que trabaja se le paga, \u00bfno lo sab\u00edas? \/ Margarita entonces protest\u00f3 vivamente: \/&nbsp; \u2014Me dan la comida, la ropa y una de las ni\u00f1as me ense\u00f1a, pero es muy brava\u201d. Panchito no tiene escuela, pero la vida, a su corta edad, le ha ense\u00f1ado la suya con sus perfecciones e imperfecciones. Su escala de valores, que comienza con su sentido de lo humano y su conciencia de que el trabajo cualquiera sea, debe ser remunerado, hace de \u00e9l un p\u00edcaro encantador que lo aleja definitivamente de lo que podr\u00eda ser su modelo literario: Lazarillo de Tormes.<\/p>\n<p>Su sentido de la vida simbolizado en su acci\u00f3n humanitaria, le ha significado una \u201cp\u00e9rdida sustanciosa\u201d de sus ganancias diarias, y con su pragmatismo surgido de sus andanzas callejeras, lo comenta y reflexiona: \u201c\u00a1Era un botarate! \u00a1No le quedaban sino veintis\u00e9is centavos, d\u00eda de Noche Buena\u2026! Qui\u00e9n lo mandaba a estar protegiendo a nadie\u2026 Y sent\u00eda en su desconsuelo de chiquillo una especie de loca alegr\u00eda interior\u2026 No olvidaba en medio de su desastre financiero, los dos ojos, mansos y tristes de Margarita. \u00a1Qu\u00e9 diablos! el d\u00eda de gastar se gasta \u2018archipetaquiremandefu\u00e1\u2026\u2019\u201d. \u201cUna loca alegr\u00eda interior\u201d. Una frase encomiable que encierra un sentimiento de profunda pureza espiritual, que Pocaterra pone en boca de Panchito, cuya miseria no puede ofuscar la grandeza de su coraz\u00f3n de ni\u00f1o, &nbsp;en ese acto tan simple de ayudar a otra miserable que sufre tanto o m\u00e1s que \u00e9l. S\u00ed, \u201cla Navidad no es una temporada, es un sentimiento\u201d, como afirma la gran escritora del Oeste Americano, Edna Ferber, autora de cl\u00e1sicos como <em>Cimarr\u00f3n<\/em> y <em>Gigante<\/em>. Navidad es \u201cesa loca alegr\u00eda interior\u201d que siente el alma, cuando a la vida se le envuelve con la ternura del sentido de lo humano que debiera colorear toda la humanidad.<\/p>\n<p><strong>Panchito Mandefu\u00e1<\/strong>, nos dicen&nbsp; Piero Arria y Valmore Mu\u00f1oz en su ensayo \u201cJos\u00e9 Rafael Pocaterra ante la condici\u00f3n humana\u201d (<em>Esp\u00e9culo. Revista de estudios literarios<\/em>. Universidad Complutense de Madrid, 2003), mantiene \u201cuna permanente cr\u00edtica al absurdo modo de vida de la burgues\u00eda venezolana, a la que no s\u00f3lo acusa de burda, in\u00fatil, laxa, sino que arremete contra ella debido a su compromiso con el r\u00e9gimen establecido, y su completo menosprecio a las clases no favorecidas\u201d. Hay efectivamente en Jos\u00e9 Rafael Pocaterra, una comprensi\u00f3n de la literatura de marcado acento social, cuyo prop\u00f3sito es desvendar los desequilibrios e injusticias sociales de una sociedad acomodada e indiferente ante el dolor y la miseria humana. \u201cPocaterra lucha contra la hip\u00f3crita sensibler\u00eda rom\u00e1ntica que se explaya en las tertulias afrancesadas de la burgues\u00eda, hundi\u00e9ndose en la oscuridad de las vidas que se desmayan bajo la opresi\u00f3n de la desigualdad social, econ\u00f3mica y pol\u00edtica\u201d, comentan las citadas autoras en su mencionado ensayo. Una sociedad venezolana burguesa y acomodada, indolente ante el dolor y la miseria de los desamparados, despojada de todo y cualquier vestigio de humanidad aun en plena Navidad.<\/p>\n<p>Esa humanidad con que<strong> Panchito Mandefu\u00e1<\/strong> golpea a esta clase encerrada en su burbuja de miseria humana, y nos golpea como lectores. Sacude nuestro sosiego y nos ense\u00f1a con su ejemplo la importancia de la solidaridad y amor al pr\u00f3jimo. Su grito de vida, \u201cMandefu\u00e1\u201d, es su consigna de libertad, de ansias de vivir, de ser feliz: \u201cComo una flor de callej\u00f3n, por gracia de Dios no fue pal\u00fadico, ni zambo, ni triste; abri\u00f3se a correr un buen d\u00eda calle abajo, calle arriba, con una desverg\u00fcenza fuerte de nueve a\u00f1os [\u2026]\u201d. Un apellido inventado por \u00e9l con el que terminaba todos sus gritos callejeros, sus iron\u00edas y sus burlas. \u201cMandefu\u00e1\u201d era el sello de su ser. El s\u00edmbolo de su esencia de ni\u00f1o vital: \u201cPanchito met\u00edase a socialista, le pon\u00eda letra escandalosa a \u00abLa Maquinita\u00bb y aprovechaba el ruido de una carreta o el estruendo de un auto para gritar obscenidades gracios\u00edsimas contra los transe\u00fantes o el carruaje del general Matos o de otro cualquiera de esos potentados que invaden la calle con un autom\u00f3vil enorme entre un alarido de cornetas y una hediondez de gasolina\u2026\u201d.<\/p>\n<p><strong>Panchito Mandefu\u00e1<\/strong> se merec\u00eda una cena diferente con el Ni\u00f1o Jes\u00fas. Pero, \u00bfpodemos comprender su muerte como una liberaci\u00f3n de su miserable vida terrenal? \u00bfO era un alma cuya humanidad no pertenec\u00eda al reino de este mundo, desprovisto de cualquier atisbo de sentido de lo humano como el que lo rodeaba?: \u201cCuando cruzaba hacia San Pablo, un cornetazo brusco, un soplo poderoso y de <strong>Panchito Mandefu\u00e1<\/strong> apenas qued\u00f3, contra la acera de la calzada, entre los rieles del el\u00e9ctrico, un harapo sangriento, un cuerpecito destrozado, cubierto con un palt\u00f3 de hombre, arrollado, desgarrado, lleno de tierra y sangre\u2026 \/ Se arremolin\u00f3 la gente, los gendarmes abri\u00e9ndose paso\u2026 \/ \u2014\u00bfQu\u00e9 es?, \u00bfqu\u00e9 sucede all\u00ed? \/ \u2014\u00a1Nada hombre! Que un auto mat\u00f3 a un muchacho \u00abde la calle\u2026\u00bb. \/ \u2014\u00bfQui\u00e9n\u2026? \u00bfC\u00f3mo se llama\u2026? \/ \u2014\u00a1No se sabe! Un muchacho billetero, un granuja de esos que est\u00e1n bail\u00e1ndole a uno delante de los parafangos\u2026 \u2014inform\u00f3, indignado, el due\u00f1o del auto que guiaba un \u2018trueno\u2019\u201d. Panchito hab\u00eda salido del circo. Eran las once de la noche y pensaba en su cena de Navidad: \u201challacas de \u00aba medio\u00bb, un guarapo, caf\u00e9 con leche, tostadas de chicharr\u00f3n y dos \u00abpavos rellenos\u00bb de postre. \u00a1Su cena famosa!\u201d. Pocaterra destroza al lector. Lo desgarra con su historia \u201cfea e insignificante\u201d como \u00e9l llama en la presentaci\u00f3n del cuento.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Con todo, la muerte de<strong> Panchito Mandefu\u00e1<\/strong> no solo denuncia la realidad venezolana de su tiempo, tambi\u00e9n la realidad de nuestra Am\u00e9rica Hispana de ese tiempo y de todos los tiempos. La realidad de una Humanidad que olvid\u00f3 qu\u00e9 significa \u201chumanidad\u201d, y que vive la Navidad como una fecha para expoliar sus faltas y desmanes de todo un a\u00f1o, de toda una vida. Su muerte simboliza, adem\u00e1s, un llamado de atenci\u00f3n a quienes tienen sobre sus hombros la responsabilidad pol\u00edtica, social y cultural de la sociedad que gobiernan, para que el mundo deje de parir <strong>Panchitos Mandefu\u00e1<\/strong> que hacen de la calle la escuela y el hogar de sus vidas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para que los<strong> Panchitos Mandefu\u00e1<\/strong> cenen con el Ni\u00f1o Jes\u00fas tambi\u00e9n aqu\u00ed en la tierra, rodeados de su familia y con la Estrella de Bel\u00e9n sobre sus cabezas. Solo as\u00ed podremos entender la Navidad como la entiende el escritor y ensayista estadounidense, Hamilton Wright Mabi: \u201ccomo la fecha que une a todo el mundo en una conspiraci\u00f3n de amor\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/amzn.to\/428Zc0i\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">M\u00e1s info<\/a> &#8211; <a href=\"https:\/\/amzn.to\/428Zc0i\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><strong><em>Cuentos grotescos<\/em><\/strong><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La lectura de \u201c\u2026 De c\u00f3mo Panchito Mandefu\u00e1 cen\u00f3 con el Ni\u00f1o Jes\u00fas\u201d ((https:\/\/livres.org.ve\/libros, p\u00e1ginas 7 a 13), del venezolano Jos\u00e9 Rafael Pocaterra (1899-1955), cuento que forma parte de su colecci\u00f3n de relatos Cuentos grotescos (1922), pero que comienza a escribir en 1915, no dejar\u00e1 indiferente al lector.<\/p>\n","protected":false},"author":162,"featured_media":77434,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"ngg_post_thumbnail":0,"jnews-multi-image_gallery":[],"jnews_single_post":{"subtitle":"Cuentos grotescos - 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