{"id":75574,"date":"2021-10-26T11:50:08","date_gmt":"2021-10-26T14:50:08","guid":{"rendered":"https:\/\/cooltivarte.com\/portal\/?p=75574"},"modified":"2024-01-23T22:12:00","modified_gmt":"2024-01-24T01:12:00","slug":"una-mujer-llamada-bola-de-sebo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cooltivarte.com\/portal\/una-mujer-llamada-bola-de-sebo\/","title":{"rendered":"Una mujer llamada Bola de Sebo"},"content":{"rendered":"<p>En realidad no se llama <strong><a href=\"https:\/\/amzn.to\/3Obt8mX\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Bola de Sebo<\/a><\/strong> la mujer de esta columna. Pero es su nombre de batalla, como se la conoce desde 1880, cuando <strong>Guy de Maupassant<\/strong> escribe su historia. Mujer de mil batallas en medio de trincheras, derrotas y verg\u00fcenzas. El ej\u00e9rcito prusiano ha invadido Francia. Es 1870. Curiosamente, setenta a\u00f1os despu\u00e9s Francia volver\u00eda a ser invadida por el mismo ej\u00e9rcito prusiano ahora como parte del Ej\u00e9rcito del Imperio Alem\u00e1n. Pero a nosotros nos interesa ese a\u00f1o que ahora nos parece tan lejano, 1870: \u201cLos \u00faltimos soldados franceses acababan, en fin, de cruzar el Sena para llegar a Pont-Audemer por Saint-Sever y Bourg-Achard; y caminando a la zaga, el general desesperado, que no pod\u00eda intentar nada con esos pingajos informes, desesperado \u00e9l tambi\u00e9n ante la gran cat\u00e1strofe de un pueblo acostumbrado a vencer y desastrosamente vencido a pesar de su valor legendario, se iba a pie entre dos oficiales de orden\u201d. En este mundo de \u201cpingajos informes\u201d, cuyo s\u00edmbolo de la desastrosa derrota de un ej\u00e9rcito, es ese general que desesperado camina a la zaga \u201centre dos oficiales de orden\u201d, se yergue la figura de Bola de Sebo. Pero todo ej\u00e9rcito vencido significa la invasi\u00f3n del vencedor y la ciudad de Rouen, donde comienza esta historia, no ser\u00eda la excepci\u00f3n: \u201cLa vida parec\u00eda detenida; las tiendas estaban cerradas; la calle, silenciosa. A veces un habitante, intimidado por ese silencio, se deslizaba r\u00e1pidamente a lo largo de las paredes. La angustia de la espera hac\u00eda desear la llegada del enemigo [\u2026]. Justo en el mismo momento las avanzadas de tres cuerpos se unieron en la plaza de la Municipalidad, y por todas las calles cercanas llegaba el ej\u00e9rcito alem\u00e1n, desparramando sus batallones, que hac\u00edan sonar el empedrado bajo su paso r\u00edtmico y duro\u201d. El marco de la acci\u00f3n est\u00e1 preparado y los personajes de la historia comenzar\u00e1n a vivir sus vidas con el yugo opresor sobre ellos.<\/p>\n<p>Pero m\u00e1s all\u00e1 de vencidos y vencedores, a Maupassant le interesa como escritor observador de la realidad, mostrar el alma de los franceses en ese mundo perdido, donde la vida pende de un hilo que cualquier espada enemiga puede cortar. Despu\u00e9s de la tormenta suele llegar la paz, aunque sea aparente, en la que los vencidos deben acostumbrarse a convivir con los vencedores ya due\u00f1os de sus hogares como de sus vidas, pero hab\u00eda que disimular esta convivencia, pues \u201cdec\u00edase que era muy l\u00edcito ser cort\u00e9s dentro de la casa con el soldado extranjero, con tal de no familiarizarse con \u00e9l en p\u00fablico\u201d. Cada casa de Rouen ha sido tomada por un pelot\u00f3n que la ha hecho suya, aunque despu\u00e9s de un tiempo la realidad se llena de una arm\u00f3nica pero superficial convivencia entre franceses y alemanes. \u201cNo obstante, hab\u00eda algo en el aire, algo sutil y desconocido, una intolerable atm\u00f3sfera extra\u00f1a, como un olor desparramado, el olor de la invasi\u00f3n. Llenaba las viviendas y las plazas p\u00fablicas, cambiaba el gusto de los alimentos, daba la impresi\u00f3n de estar de viaje, muy lejos, entre tribus b\u00e1rbaras y peligrosas\u201d. Con todo, era necesario vivir. Que la ciudad tomase aires de normalidad. Que la normalidad oliese a dinero y negocios. Entonces, algunos importantes ciudadanos que ten\u00edan intereses en El Havre, puerto ocupado a\u00fan por los franceses, intercedieron con los oficiales prusianos para viajar por tierra hasta Dieppe en donde se embarcar\u00edan: \u201cEmplearon la influencia de los oficiales alemanes con los cuales se hab\u00edan relacionado y obtuvieron del general en jefe la autorizaci\u00f3n para partir\u201d. La historia de Bola de Sebo comienza un d\u00eda martes de madrugada con otros nueve personajes que viajan en un coche tirado por seis caballos.<\/p>\n<p>En el coche de la aventura viajan el se\u00f1or y la se\u00f1ora Loiseau, comerciantes en vino al por mayor de la calle Grand-Pont; el se\u00f1or Carr\u00e9 Lamadon, hombre considerable, comerciante en algod\u00f3n, propietario de tres hilander\u00edas, oficial de la Legi\u00f3n de Honor y miembro del Consejo General y su esposa, mucho m\u00e1s joven que \u00e9l y que \u201cera el consuelo de los oficiales de buena familia enviados a Rouen en guarnici\u00f3n\u201d; el conde y la condesa Huberto de Breville, llevaban uno de los nombres m\u00e1s antiguos y m\u00e1s nobles de Normand\u00eda. Su riqueza eran los bienes ra\u00edces. Como dice el narrador con su mirada cargada de iron\u00eda: \u201cEsas seis personas formaban el fondo del coche, el lado de la sociedad rentista, serena y fuerte, de la gente honrada, autorizada, que tiene religi\u00f3n y principios\u201d. Religi\u00f3n y principios que se esfumar\u00e1n desnudando su alma desmantelada de valores. Junto a ellos dos monjas, una marcada por la viruela y la otra de \u201crostro lindo, un rostro lindo y enfermizo sobre un pecho de t\u00edsica carcomida por esa fe devoradora que hace m\u00e1rtires e iluminados\u201d. Los otros dos personajes viajan solos. Cornudet, joven inofensivo y servicial que con fervor hab\u00eda organizado la defensa, pero que ahora viajaba a El Havre, porque necesitar\u00edan nuevos destacamentos. Bola de Sebo era la pasajera n\u00famero diez.<\/p>\n<p>Bola de Sebo era una \u201cde esas llamadas galantes\u201d. C\u00e9lebre por su precoz gordura, se\u00f1ala el narrador. La descripci\u00f3n que se nos entrega de ella, propia de los escritores realistas y naturalistas, evidencia no solo el porqu\u00e9 de su sobrenombre: \u201credonda por todas partes, gorda a reventar\u201d, sino adem\u00e1s sus peculiares talentos: \u201cun pecho enorme que resaltaba bajo el vestido, era todav\u00eda apetitosa y buscada, pues su frescura era agradable a la vista. Su rostro era una manzana roja, un pimpollo de peon\u00eda pronto a brotar; y en todo eso se abr\u00edan, arriba, dos ojos negros, magn\u00edficos, sombreados por grandes pesta\u00f1as espesas que pon\u00edan una sombra dentro de ellos. Abajo, una boca encantadora, angosta, h\u00fameda para el beso, adornada por dientes brillantes y menudos. Pose\u00eda, adem\u00e1s, seg\u00fan se dec\u00eda, cualidades inapreciables\u201d. <strong>Elizabeth Rousset<\/strong>, la protagonista de este relato publicado el 16 de abril de 1880, es una prostituta: \u201cEn cuanto fue reconocida, corrieron susurros entre las mujeres honradas, y las palabras \u201cprostituta\u201d, \u201cverg\u00fcenza p\u00fablica\u201d, fueron susurradas tan alto que ella alz\u00f3 la cabeza\u201d.<\/p>\n<p>\u201cLa historia es siempre y ante todo una elecci\u00f3n y los l\u00edmites de esa elecci\u00f3n\u201d, dijo Roland Barthes con su mirada de agudo semi\u00f3logo y prominente cr\u00edtico literario. Es en estas situaciones l\u00edmites que aflora la naturaleza humana en toda su dignidad o en toda su indignidad. A partir de esta declaraci\u00f3n que sin pre\u00e1mbulos se deja caer en el relato, Maupassant desnuda la sociedad francesa de la \u00e9poca con un estilo rico en iron\u00edas y sarcasmos: \u201cel amor legal siempre mira de arriba a su libre colega\u201d, comentando el desprecio que las tres se\u00f1oras de bien sienten por Bola de Sebo, en cuanto los hombres \u201cse sent\u00edan hermanados por el dinero\u201d. El trayecto es largo, el fr\u00edo arrecia y el hambre atormenta a los viajeros que representan una miniatura de la sociedad francesa; burgues\u00eda, nobleza, iglesia, el poder dominante, un revolucionario propio de los momentos hist\u00f3ricos que vive Francia y el pueblo representado por Bola de Sebo. El hambre hab\u00eda \u201cacallado todas las conversaciones\u201d, pero nadie hab\u00eda recordado llevar provisiones para el camino, salvo Bola de Sebo que gentilmente comparte su comida con sus compa\u00f1eros de viaje, saciando el hambre que los devoraba. Gesto que puede resultar insignificante pero no lo es, pues dejar\u00e1 en evidencia la \u00edndole de las personas cuyas ropas y oficios no son dignos de conductas val\u00f3ricas propias de seres humanos respetables. Despu\u00e9s de largas, agotadoras y accidentadas horas, la carroza se detiene en una posada de T\u00f4tes, a mitad de camino de su destino final. En esta posada aflora la decadencia moral de burgues\u00eda, nobleza y clero y la conmovedora dignidad de <strong>Elizabeth Rousset<\/strong>, la humilde prostituta.<\/p>\n<p>En toda narraci\u00f3n los escenarios suelen ser el marco donde personajes y hechos narrados mueven los hilos del relato, pero no en este cuento. Aqu\u00ed los escenarios no son un simple marco decorativo que sustenta la historia, sino un personaje activo que estimula el actuar de los protagonistas de la historia y sus acciones. Primero son los bosques de Rouen, sus calles y plazas y las casas de los franceses invadidas por los alemanes, lo que motivar\u00e1 la huida de la burgues\u00eda a El Havre con el prop\u00f3sito de preservar sus intereses econ\u00f3micos, y la huida de la figura central que lo hace por dignidad, por aversi\u00f3n al invasor que no quiere ver en su propia casa; luego ser\u00e1 la diligencia, s\u00edmbolo social de la Francia dominada; ahora es la posada en T\u00f6tes, al mando de un joven oficial alem\u00e1n y que marcar\u00e1 el comienzo del grotesco y cruel desenlace. Nada al azar ha dejado Maupassant, porque los hechos ocurridos aqu\u00ed desnudan de manera dram\u00e1tica con un realismo muy cercano al naturalismo de Zola, el alma de cada uno de estos personajes ilustrada con sus acciones y sus palabras. El oficial alem\u00e1n se encaprich\u00f3 con Elizabeth y no autorizar\u00e1 la salida de la carroza hasta que la prostituta no satisfaga sus instintos animalescos. El rechazo, digno, de Elizabeth a los deseos sexuales del oficial enemigo, abre el cuento a su destino final. La verdad de cada uno de los personajes se dibuja en el relato como en un cuadro de Gustave Coubert, con sus figuras de la realidad cotidiana y costumbrista. Para \u00e9l, \u201cLa pintura es la representaci\u00f3n de formas visibles. La esencia del realismo es la negaci\u00f3n del ideal\u201d. Maupassant se aleja del relato y deja que sean los propios personajes quienes ofrezcan su verdad al lector a trav\u00e9s del di\u00e1logo y reflexiones diversas.<\/p>\n<p>El lector, de improviso, se encuentra all\u00ed, en medio de la seguidilla de escenas costumbristas que se suceden a la negaci\u00f3n de Bola de Sebo. Son varios cuadros que reproducen el actuar y el decir de los personajes y a los que el lector mira y escucha asombrado. Las mujeres \u201c\u00e9ticamente correctas\u201d, cuchichean e insultan a la acosada ramera culp\u00e1ndola de su detenci\u00f3n en T\u00f4tes por no acceder a los caprichos del oficial: \u201c-\u00a1Sin embargo, no vamos a morirnos aqu\u00ed de vejez! \u00a1Puesto que es el oficio de esa ramera hacer eso con todos los hombres, considero que no tiene derecho a rechazar a uno y no a otro!\u2026 \u00a1Hay que ver! \u00a1Ha tomado todo lo que ha encontrado en Rouen, hasta los cocheros!\u201d. Las presiones sobre la infeliz mujer no cejan, tampoco las malas intenciones como la propuesta del se\u00f1or Loiseau de entregarla amarrada al oficial. Sin embargo, Bola de Sebo hace caso omiso a las miradas insultantes de las mujeres que d\u00edas antes hab\u00eda alimentado cuando el hambre las consum\u00eda, y mantiene su decisi\u00f3n con arrogancia y valent\u00eda: \u201c-\u00a1Le dir\u00e1 a ese cr\u00e1pula, a ese cochino, a esa carro\u00f1a de prusiano, que nunca querr\u00e9! \u00bfEntiende bien?, \u00a1jam\u00e1s, jam\u00e1s, jam\u00e1s!\u201d: Una vez m\u00e1s el recadero se vuelve con las manos vac\u00edas. El conde de Breville, entonces, personaje de salones y diplomacia truculenta, apela a la persuasi\u00f3n como estrategia para convencer a la prostituta: \u201c-Entonces, \u00bfprefiere dejarnos aqu\u00ed, expuestos, as\u00ed como usted, a todas las violencias que resultar\u00edan de una derrota de las tropas prusianas, antes que consentir en una de esas complacencias que ha tenido tan a menudo en su vida?\u201d. Todas las artes de la persuasi\u00f3n son utilizadas por estos personajes, desde la delicadeza con que el conde trata a Bola de Sebo a la historia de mujeres ejemplares que cometieron actos indecorosos por el bien com\u00fan. Actos, ciertamente, amparados por la iglesia.<\/p>\n<p>Todos confabulados para conmover a Bola de Sebo. Las mujeres, a la hora del almuerzo, tocaron el tema del sacrificio y Judit y &nbsp;Holofernes no estuvieron ausentes. \u201cCitaron a todas las mujeres que han detenido a los conquistadores, que han hecho de su cuerpo un campo de batalla, un medio de dominar, un arma; que han vencido a seres horribles y detestados con sus caricias heroicas y han sacrificado su castidad a la venganza y a la abnegaci\u00f3n\u201d, nos dice Maupassant. Y otros comentarios cuyo \u00fanico prop\u00f3sito era debilitar la voluntad de Bola de Sebo: \u201cMuchos hab\u00edan cometido actos que ser\u00edan cr\u00edmenes a nuestros ojos; pero la Iglesia absuelve sin dificultad esos pecados cuando son cometidos por la gloria de Dios o para el bien del pr\u00f3jimo\u201d. La vieja y manida frase atribuida a Maquiavelo, pero que en realidad la escribi\u00f3 Napole\u00f3n Bonaparte en la \u00faltima p\u00e1gina de su ejemplar de <em>El Pr\u00edncipe<\/em>, \u201cel fin justifica los medios\u201d, apareci\u00f3 en boca de la condesa. Para que la barbarie moral fuera completa, faltaba, sin embargo, el golpe de gracia del perd\u00f3n divino que astutamente las mujeres, a la hora de la cena, traen a la mesa en la voz de las monjas que hasta ese momento solo com\u00edan y \u201cmascullaban\u201d sus oraciones. A la mayor de las monjas \u201cnada a su entender pod\u00eda disgustar a Dios cuando la intenci\u00f3n era loable\u201d. La monja, sin quererlo o sin pensarlo, comenzaba a preparar el mazazo divino que terminar\u00eda con la voluntad de la desconsolada prostituta. Y la pregunta de la condesa en cuanto a si Dios \u201cacepta todos los caminos y perdona\u201d, tuvo la respuesta que comenzar\u00eda a desatar la tragedia final de Bola de Sebo: \u201c-\u00bfQui\u00e9n podr\u00eda dudarlo, se\u00f1ora? Una acci\u00f3n condenable en s\u00ed se vuelve a menudo meritoria por el pensamiento que la inspira\u201d. Ya lo hab\u00eda expresado el te\u00f3logo alem\u00e1n Hermann Busenbaum en 1650: <em>cum finis est licitus, etiam media sunt licita<\/em> (Cuando el fin es l\u00edcito, tambi\u00e9n los medios son l\u00edcitos).<\/p>\n<p>Maupassant construye un relato&nbsp; cuya realidad, cercana al realismo exacerbado del naturalismo, describe con punzante crudeza la interioridad moral del alma de nobles y burgueses, con la complicidad silenciosa de las monjas, indiferente a la ultrajada dignidad de la prostituta. Bola de Sebo ha cedido a los deseos del oficial alem\u00e1n. El pincel literario colorea la exultante felicidad de nobles y burgueses, que hasta bailar\u00edan si pudiesen. &nbsp;Se detiene en la borrachera de sus personajes, en su comportamiento grotesco, pero no lo grotesco como lo entiende Mijail Bajtin en &nbsp;su cl\u00e1sico <em>La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento<\/em>, sino lo grotesco entendido como lo rid\u00edculo y extravagante. La paleta colorida de Maupassant se detiene en las miradas acusadoras&nbsp; de personajes que se han autoproclamado con una moral superior, contra la indefensa mujer. Por \u00faltimo, se detiene en sus palabras que retratan de cuerpo entero la hipocres\u00eda de esta clase social francesa: \u201cLas se\u00f1oras encontraban delicadezas de giro, sutilezas de expresi\u00f3n encantadora para decir las cosas m\u00e1s escabrosas [\u2026] pero la delgada capa de pudor que barniza toda mujer de sociedad, no recubre sino la superficie\u201d. Comportamiento social que los escritores de la Ilustraci\u00f3n, como Nicol\u00e1s Fern\u00e1ndez de Morat\u00edn, describe en <em>Arte de las putas<\/em> (Malditos Heterodoxos, Edici\u00f3n especial para Oc\u00e9ano Grupo Editorial, 1999) que, aunque escrita en la d\u00e9cada de 1770 se publica reci\u00e9n en 1898. Raz\u00f3n tiene Pilar Pedraza en el pr\u00f3logo de la mencionada obra cuando afirma que \u201cun erotismo carnavalesco est\u00e1 en consonancia con el vanguardismo conservador de gran parte de los ilustrados, que, aunque devotos del <em>decoro<\/em> \u00e9tico y de la <em>conveniencia<\/em> est\u00e9tica horaciana, no perd\u00edan ocasi\u00f3n de divertirse con los textos literarios extravagantes, los espect\u00e1culos grotescos y los sucesos tremendos del mundo real\u201d.<\/p>\n<p>Pero Bola de Sebo no es un cuento raro ni extravagante, ni tampoco se espera que nadie se divierta con lo grotesco de estos personajes y sus acciones. Es un texto de \u00e1cida y profunda cr\u00edtica social a la sociedad francesa orlada de vicios e hipocres\u00edas: \u201cEl conde hizo chistes algo verdes, pero tan bien dichos que obligaban a sonre\u00edr, a su vez Loiseau dej\u00f3 escapar algunas picard\u00edas m\u00e1s crudas pero que no ofend\u00edan a nadie\u201d. Y la escena final, luego de consumado el sacrificio de <strong>Elizabeth Rousset<\/strong>, es un cuadro de incomparable genialidad narrativa. Los viajeros contin\u00faan su viaje a Dieppe y Maupassant ha pintado un verdadero retablo al interior de la carroza, personas que m\u00e1s parecen figuritas que representan la escena m\u00e1s grotesca del relato y m\u00e1s cruda. Las figuritas del retablo sacaron sus provisiones y se dispusieron a comer: el matrimonio Loiseau y su ternera fr\u00eda; las otras dos parejas, el conde, el se\u00f1or Carr\u00e9 Lamadon y sus respectivas esposas, liebre en pasta, carne picada, pedazo de gruyere; Cordunet, pan y huevos duros (part\u00edculas amarillas ca\u00edan sobre su vasta barba). Y las monjitas se entreten\u00edan \u201ccon su salchich\u00f3n que ol\u00eda a ajo\u201d. Pero ninguno se acord\u00f3 de Bola de Sebo ni de su sacrificio. Tampoco recordaron que ella les hab\u00eda matado el hambre en el primer tramo del viaje. Los sucesos que narra el retablo llegan a su fin. Las monjitas envuelven el resto de su salchich\u00f3n en papel y Cordunet canta La Marsellesa. Bola de Sebo, por su parte, solo los contempla. Nada dice. Llora su dolor, su rabia pero, sobre todo, llora su dignidad arrebatada por el cinismo y la violencia. La condesa advirti\u00f3 que lloraba y le dice a su marido que simplemente se encogi\u00f3 de hombros: \u201c\u00bfQu\u00e9 quieres? No es culpa m\u00eda\u201d. La se\u00f1ora Loiseau, desprendi\u00e9ndose de toda su miseria humana \u201ctuvo una risa muda de triunfo y murmur\u00f3: -Llora su verg\u00fcenza\u201d.<\/p>\n<p>\u00bfHa cambiado la Humanidad su sentido de lo humano?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/amzn.to\/3Obt8mX\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">M\u00e1 info<\/a> &#8211; <strong><a href=\"https:\/\/amzn.to\/3Obt8mX\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Bola de Sebo<\/a><\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En realidad no se llama Bola de Sebo la mujer de esta columna. Pero es su nombre de batalla, como se la conoce desde 1880, cuando Guy de Maupassant escribe su historia. Mujer de mil batallas en medio de trincheras, derrotas y verg\u00fcenzas. 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