{"id":71598,"date":"2021-08-09T12:23:53","date_gmt":"2021-08-09T15:23:53","guid":{"rendered":"https:\/\/cooltivarte.com\/portal\/?p=71598"},"modified":"2021-08-09T12:28:03","modified_gmt":"2021-08-09T15:28:03","slug":"el-reino-de-este-mundo-si-esta-en-este-mundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cooltivarte.com\/portal\/el-reino-de-este-mundo-si-esta-en-este-mundo\/","title":{"rendered":"El reino de este mundo s\u00ed est\u00e1 en este mundo"},"content":{"rendered":"<p><strong>Alejo Carpentier<\/strong> termina su ensayo De lo real maravilloso americano (en <strong>Alejo Carpentier<\/strong>. Ensayos, Editorial Letras Cubanas, 1984) con estas palabras: \u201c<em>\u00bfPero qu\u00e9 es la historia de Am\u00e9rica toda sino una cr\u00f3nica de lo real maravilloso?<\/em>\u201d. La misma pregunta con que termina el Pr\u00f3logo a su cl\u00e1sica novela El Reino de este mundo (1949). Pocas veces una descripci\u00f3n de Am\u00e9rica fue m\u00e1s afortunada que esta pregunta. La respuesta se encuentra en la propia novela y Hait\u00ed es su centro hist\u00f3rico-mitol\u00f3gico, se\u00f1alando nuevos senderos narrativos para la novela hist\u00f3rica en el continente, pues la historia, la inventada y no inventada, se impregna de la est\u00e9tica de la poes\u00eda. Lo vivimos a\u00f1os despu\u00e9s con Pedro P\u00e1ramo (1955), El siglo de las luces (1962), Cien a\u00f1os de soledad (1967). El concepto real maravilloso Carpentier lo encuentra en Hait\u00ed: \u201c<em>Esto se me hizo particularmente evidente durante mi permanencia en Hait\u00ed, al hallarme en contacto cotidiano con algo que podr\u00edamos llamar lo real maravilloso. Pisaba yo una tierra donde millares de hombres ansiosos de libertad creyeron en los poderes licantr\u00f3picos de Mackandal, a punto de que esa fe colectiva produjera un milagro el d\u00eda de su ejecuci\u00f3n<\/em>\u201d. El texto citado debe ser cotejado con el texto anterior, donde Carpentier describe el surrealismo europeo y su invenci\u00f3n de una realidad m\u00e1gica: \u201c<em>De ah\u00ed que lo maravilloso invocado en el descreimiento -como lo hicieron los surrealistas durante tantos a\u00f1os- nunca fue sino una artima\u00f1a literaria, tan aburrida, al prolongarse, como cierta literatura on\u00edrica \u201carreglada\u201d, ciertos elogios de la locura, de los que hoy estamos muy de vuelta<\/em>\u201d. En Am\u00e9rica Latina se le llam\u00f3 realismo m\u00e1gico a esta artima\u00f1a literaria surrealista, t\u00e9rmino que el cr\u00edtico de arte alem\u00e1n, Franz Roth, dio a conocer en 1924 o 1925..<\/p>\n<p>Con todo, esta cr\u00f3nica de lo real maravilloso que es la historia de Am\u00e9rica, si bien es cierto abre la novela hist\u00f3rica latinoamericana a nuevas manifestaciones est\u00e9ticas con El reino de este mundo, tiene notorios antecedentes en el continente, de aventureros, conquistadores, comentaristas e historiadores de la conquista, cuyos relatos describen no una realidad inventada, sino una realidad maravillosa y natural que no necesita ser inventada para ser sorprendente. Antonio Pigafetta, por ejemplo, compa\u00f1ero de Hernando de Magallanes, en su cr\u00f3nica Primer Viaje alrededor del Globo (Civiliter, Sevilla, 2012), en su paso por Am\u00e9rica meridional, relata con asombrosa naturalidad: \u201c<em>Hemos visto aves de diferentes especies: algunas parec\u00eda que no ten\u00edan cola; otras no hacen nidos, porque carecen de patas; pero la hembra pone e incuba sus huevos sobre el lomo del macho en medio del mar<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>Y algunas p\u00e1ginas m\u00e1s adelante, describe unos cerdos \u201c<em>que ten\u00edan el ombligo en el lomo, y unas aves grandes cuyo pico semeja una esp\u00e1tula, pero que no tienen lengua<\/em>\u201d. La narraci\u00f3n de Pigafetta responde a la pregunta de Carpentier en un di\u00e1logo intertextual, que re\u00fane a dos viajeros con siglos separados por la Historia. As\u00ed relata el navegante italiano el engendro de animal que vio: \u201c<em>Este animal tiene la cabeza y las orejas de mula, el cuerpo de camello, las piernas de ciervo y la cola de caballo, cuyo relincho imita<\/em>\u201d. En su discurso La Soledad de Am\u00e9rica Latina, pronunciado en la ceremonia de entrega del Premio Nobel de Literatura, Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez se refiere al relato de Pigafetta con estas palabras: \u201c<em>una cr\u00f3nica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginaci\u00f3n<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>Y Crist\u00f3bal Col\u00f3n en su Cuarto Viaje cuenta que vio \u201c<em>Gallinas, muy grandes y la pluma como lana<\/em>\u201d (citamos por el libro Exploradores y Conquistadores de las Indias, Biblioteca Literaria del Estudiante, Madrid, 1922). El Padre Las Casas, por su parte, en su obra Historia de las Indias, relata la Expedici\u00f3n de Per Alonso y Crist\u00f3bal Guerra, que esta columna recoge del citado texto Exploradores y Conquistadores de las Indias: \u201c<em>Vieron ellos tambi\u00e9n, y yo despu\u00e9s, que acostumbran los hombres traer en la boca cierta hierba todo el d\u00eda mascando la que, teniendo los dientes blanqu\u00edsimos com\u00fanmente, se les pone una costra en ellos m\u00e1s negra que la m\u00e1s negra azabaja que puede ser; traen esta hierba en la boca por sanidad y fuerzas, y mantenimiento, seg\u00fan yo entendido tengo [\u2026]<\/em>\u201d. La creencia que esta gente tiene acerca del origen de su \u201c<em>fuerza, sanidad y mantenimiento<\/em>\u201d, no es diferente en su esp\u00edritu m\u00edtico, de la que Carpentier narra en su obra respecto de la aparici\u00f3n y muerte de Mackandal: \u201c<em>Mackandal avanzaba hacia el centro de la plaza. Los amos interrogaron las caras de sus esclavos con la mirada. Pero los negros mostraban una despechante indiferencia. \u00bfQu\u00e9 saben los blancos de cosas de negros? Una pregunta inquietante cuya significaci\u00f3n trasciende la propia pregunta porque [\u2026] Mackandal hab\u00eda sido mosca, ciempi\u00e9, falena, comej\u00e9n, tar\u00e1ntula, vaquita de San Ant\u00f3n y hasta cocuyo de grandes luces verdes<\/em>\u201d. La muerte del mandinga no confirma m\u00e1s que su Ser y Hacer m\u00e1s all\u00e1 de la comprensi\u00f3n de los seres humanos: \u201c<em>Mackandal hab\u00eda cumplido su promesa, permaneciendo en el reino de este mundo. Una vez m\u00e1s eran burlados los blancos por los Altos Poderes de la Otra Orilla<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>Sin duda, Carpentier se encuentra lejos de una fantas\u00eda inventada a la moda europea, \u201c<em>de lo maravilloso invocado en el descreimiento<\/em>\u201d, como lo dice en el Pr\u00f3logo. Dejar el modelo europeo, con todo, es una idea que el autor ya hab\u00eda expresado claramente en su art\u00edculo Am\u00e9rica ante la joven literatura europea publicado el 28 de junio de 1931 en la revista Carteles: \u201c<em>En Am\u00e9rica Latina, el entusiasmo por las cosas de Europa ha dado origen a cierto esp\u00edritu de imitaci\u00f3n, que ha tenido la deplorable consecuencia de retrasar en muchos lustros nuestras expresiones vern\u00e1culas (hace tiempo ya que Unamuno se\u00f1alaba este mal)<\/em>\u201d (Citamos por De lo real maravilloso americano en <strong>Alejo Carpentier<\/strong>. Ensayos).<\/p>\n<p>Y estamos en 1931. Por eso no deja de sorprender que incluso en nuestros d\u00edas, cuando aparece el tema en la academia o prensa especializada, se siga hablando en muchas ocasiones de realismo m\u00e1gico, como si el reino de este mundo estuviese en otro mundo que para Ser, debe inventarse, cuando Am\u00e9rica es un dep\u00f3sito inacabable de relatos maravillosos que conviven naturalmente con la realidad, formando parte de ella desde el mito, las creencias y la religi\u00f3n. Como en el pasado lejano y no tan lejano.<\/p>\n<p>Pero no es solo el mito que asume su rol de existencia real maravillosa, en la que creencia y fe se encuentran en el Ser de la poblaci\u00f3n nativa, tambi\u00e9n lo es la propia naturaleza imposible de ser retratada por un pintor que no haya vivido y sentido su fuerza, su color, su majestuosidad. <strong>Alejo Carpentier<\/strong> lo se\u00f1ala en el citado ensayo De lo real maravilloso americano: \u201c<em>[\u2026] cuando Andr\u00e9 Masson quiso dibujar la selva de la isla de Martinica, con el incre\u00edble entrelazamiento de sus plantas y la obscena promiscuidad de ciertos frutos, la maravillosa verdad del asunto devor\u00f3 al pintor, dej\u00e1ndolo poco menos que impotente frente al papel en blanco. Y tuvo que ser un pintor de Am\u00e9rica,<\/em> \u201c<em>el cubano Wilfredo Lam, quien nos ense\u00f1ara la magia de la vegetaci\u00f3n tropical [\u2026]<\/em>\u201d. Una naturaleza que suele tambi\u00e9n aterrorizar.<\/p>\n<p>El historiador y ge\u00f3grafo espa\u00f1ol, Dioniosio de Alsedo Herrera (1690-1777), Presidente de la Real Audiencia de Quito y Gobernador de Panam\u00e1, relata la diferencia del horror de los trapecistas que vuelan del teatro a los aposentos y el horror de quienes cruzan un puente dentro de una caja llamada Tarabita, construida artesanalmente y que cruza un caudaloso r\u00edo. El hombre, amarrado por la cintura dentro de la caja que es tirada a galope por un caballo estrenado, cruza a la otra orilla del r\u00edo. Los tarabiteros aconsejan no mirar el r\u00edo pues, \u201c<em>toda la diferencia del horror consiste en que si se echa la vista a la ca\u00edda de \u00e9sta desde lo alto, se ve un patio lleno de gente, y all\u00ed, unos r\u00edos que se precipitan de la sierra con arrebatadas corrientes, arrastrando piedras que se van golpeando unas con otras, haciendo estr\u00e9pito que atemoriza, y \u00e1rboles con las ramas, troncos y ra\u00edces arrancados de las riberas por donde han pasado, que van voltegeando y haciendo remolinos que dan espanto y temor, y turban las vistas y las cabezas<\/em>\u201d. (Citamos por el texto Exploradores y Conquistadores de las Indias). Es uno de los tropiezos para llegar a Quito, agrega el historiador.<\/p>\n<p><strong>Alejo Carpentier<\/strong>, el cronista de Am\u00e9rica, tambi\u00e9n describe minuciosamente esta naturaleza perturbadora y amenazante del reino de este mundo. De su ensayo Visi\u00f3n de Am\u00e9rica, una aventura po\u00e9tica sobre la formidable naturaleza que representa la Gran Sabana latinoamericana: \u201c<em>LLEVAMOS M\u00c1S DE UNA HORA VOLANDO SOBRE LA SELVA del alto Caroni<\/em>\u201d. As\u00ed comienza el ensayo. Algo m\u00e1s de una p\u00e1gina de su narraci\u00f3n nos encontramos con este pasaje: \u201c<em>Imaginad un haz de tubos de \u00f3rganos, de unos cuatrocientos metros de alto, que hubiesen sido atados, soldados y plantados verticalmente en un basamento de guijarros, como un monumento aislado, como una fortaleza lunar, en el centro de la primera planicie que aparece al cabo de tanta y tanta selva<\/em>\u201d. Y Carpentier nos dice en su ensayo Lo barroco y lo maravilloso: \u201c<em>Lo extraordinario no es bello ni hermoso por fuerza. Ni es bello ni feo; es m\u00e1s que nada asombroso por lo ins\u00f3lito. Todo lo ins\u00f3lito, todo lo asombroso, todo lo que sale de las normas establecidas es maravilloso<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>En otro texto que tambi\u00e9n forma parte del libro <strong>Alejo Carpentier<\/strong>. Ensayos, el autor reproduce la frase de Bernal D\u00edaz del Castillo al contemplar la ciudad de M\u00e9xico: \u201c<em>Todos nos quedamos asombrados y dijimos que esas tierras, templos y lagos se parec\u00edan a los encantamientos de que habla el Amad\u00eds<\/em>\u201d (Lo barroco y lo real maravilloso). Pero no era un encantamiento. Ni tampoco el Amad\u00eds de Gaula. Era Tenochtitlan, hoy ciudad de M\u00e9xico, la ciudad que asombr\u00f3 al mundo europeo. \u201c<em>Todo lo ins\u00f3lito es maravilloso<\/em>\u201d, se\u00f1ala Carpentier. Y una p\u00e1gina despu\u00e9s en el mismo ensayo que reci\u00e9n comentamos: \u201c<em>Lo real maravilloso, en cambio, que yo defiendo, y es lo real maravilloso nuestro, es el que encontramos al estado bruto, latente, omnipresente en todo lo latinoamericano<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>Para <strong>Alejo Carpentier<\/strong> el reino de este mundo s\u00ed est\u00e1 en este mundo. Ese mundo ins\u00f3lito con el que el que vivimos a diario, y lo sentimos tan rutinario que nos olvidamos de lo sorprendente que es. Ese mundo plagado de acontecimientos extraordinarios que confunden a la propia realidad, no solo por la acci\u00f3n de sus hombres sino tambi\u00e9n por su naturaleza hermosa, agreste y fantasmag\u00f3rica. \u201c<em>La concepci\u00f3n de una novela parte siempre para m\u00ed, de un hecho real que me haya impresionado de alguna manera<\/em>\u201d, nos dice el autor en Habla <strong>Alejo Carpentier<\/strong> (Recopilaci\u00f3n de textos sobre <strong>Alejo Carpentier<\/strong>, Casa de Las Am\u00e9ricas, 1977). Y una p\u00e1gina despu\u00e9s nos dice: \u201c<em>Toda novela es forzosamente un tanto autobiogr\u00e1fica, puesto que parte de experiencias personales<\/em>\u201d. Con todo, su obra novel\u00edstica es una revoluci\u00f3n de las formas narrativas de la novela hist\u00f3rica en nuestro continente. La historia deja de ser el relato fr\u00edo que es, impert\u00e9rrito ante la realidad que describe y se impregna de un lenguaje l\u00fadico y metaf\u00f3rico que la confunde con la literatura.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de todo, los hombres han actuado de manera semejante ante hechos similares, como el propio Carpentier lo plantea en Habla <strong>Alejo Carpentier<\/strong>: \u201c<em>En cuanto a lo hist\u00f3rico dir\u00e9 que creo de tal manera en la persistencia de ciertas constantes humanas que no veo inconveniente en situar una acci\u00f3n en cualquier momento del pasado puesto que los hombres en todas las \u00e9pocas han tenido reacciones semejantes ante ciertos acontecimientos<\/em>\u201d. El reino de este mundo es un claro ejemplo de lo que comentamos. Historia y literatura dialogan osm\u00f3ticamente en un proceso continuo de creaci\u00f3n po\u00e9tica, en donde hasta los personajes secundarios se encuentran en los registros de los libros de historia al lado de los poderes teriantr\u00f3picos de Mackandal: \u201d<em>Porque es menester advertir que el relato que va a leerse ha sido establecido sobre una documentaci\u00f3n extremadamente rigurosa que no solamente respeta la verdad hist\u00f3rica de los acontecimientos, los nombres de personajes \u2013incluso secundarios-, de lugares y hasta de calles, sino que oculta bajo su aparente intemporalidad, un minucioso cotejo de fechas y de cronolog\u00edas [\u2026], todo resulta maravilloso en una historia imposible de situarse en Europa, y que es tan real, sin embargo, como cualquier suceso ejemplar de los consignados, para pedag\u00f3gica edificaci\u00f3n, en los manuales escolares<\/em>\u201d (Pr\u00f3logo).<\/p>\n<p>Para algunos estudiosos de la obra, como Emir Rodr\u00edguez Monegal, por ejemplo, el personaje Ti Noel se yergue como el personaje central de la historia, puesto que la historia de la novela termina por asumir su punto de vista: \u201c<em>La narraci\u00f3n ha terminado por asumir totalmente el punto de vista del testigo privilegiado, del imaginario Ti Noel<\/em>\u201d (Lo real y lo maravilloso en El reino de este mundo en Asedios a Carpentier, Editorial Universitaria, 1972). Sin embargo, es el propio Carpentier el que declara que su obra tiene un personaje colectivo, a diferencia de sus otras novelas donde s\u00ed se encuentra el cl\u00e1sico protagonista: \u201c<em>Me ser\u00eda dif\u00edcil decir cu\u00e1l de mis novelas prefiero. En realidad, cada una de ellas plantea un distinto problema de enfoque, de forma, de ejecuci\u00f3n: relato de acontecimientos colectivos, en El reino de este mundo, novela sin personaje central<\/em>\u201d (Habla <strong>Alejo Carpentier<\/strong>).<\/p>\n<p>Es que los distintos episodios hist\u00f3ricos que relata la novela, desde el levantamiento de esclavos (1791) y la abolici\u00f3n de la esclavitud (1793), hasta la ca\u00edda del imperio del rey Christopher, est\u00e1n enmarcados por lo real maravilloso de la narraci\u00f3n que se nutre del mito y de la tradici\u00f3n. Que se nutre de la fe incontenible de los negros en los poderes sobrenaturales de sus l\u00edderes, al punto de producir un levantamiento de esclavos y la propia abolici\u00f3n de la esclavitud.<\/p>\n<p>Leer a<strong> Alejo Carpentier<\/strong> es asumir la lectura de un americanismo que reverbera en la conciencia de sus lectores, y la ilumina no solo de un pasado que puede ser nada m\u00e1s que pura historia fr\u00eda y met\u00f3dica, sino de una esencialidad que yace en esa historia impregnada de mito y poes\u00eda, y la hace literatura. Es lo real maravilloso que, con certeza, sorprendi\u00f3 a los conquistadores europeos tanto como el propio discurso La Soledad de Am\u00e9rica Latina debi\u00f3 sorprenderlos en pleno siglo XX.<\/p>\n<p>S\u00ed, el reino de este mundo s\u00ed est\u00e1 en este mundo, aqu\u00ed, en Am\u00e9rica.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alejo Carpentier termina su ensayo De lo real maravilloso americano (en Alejo Carpentier. Ensayos, Editorial Letras Cubanas, 1984) con estas palabras: \u201c\u00bfPero qu\u00e9 es la historia de Am\u00e9rica toda sino una cr\u00f3nica de lo real maravilloso?\u201d. La misma pregunta con que termina el Pr\u00f3logo a su cl\u00e1sica novela El Reino de este mundo (1949). 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