{"id":131819,"date":"2026-07-16T10:55:53","date_gmt":"2026-07-16T13:55:53","guid":{"rendered":"https:\/\/cooltivarte.com\/portal\/?p=131819"},"modified":"2026-07-16T10:55:53","modified_gmt":"2026-07-16T13:55:53","slug":"guerra-de-palabras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cooltivarte.com\/portal\/guerra-de-palabras\/","title":{"rendered":"Guerra de palabras"},"content":{"rendered":"<figure id=\"attachment_131820\" aria-describedby=\"caption-attachment-131820\" style=\"width: 1024px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-131820 size-large\" title=\"Guerra de palabras\" src=\"https:\/\/cooltivarte.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/Guerra-de-palabras-Gemini-1024x556.jpg\" alt=\"Guerra de palabras\" width=\"1024\" height=\"556\" srcset=\"https:\/\/cooltivarte.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/Guerra-de-palabras-Gemini-1024x556.jpg 1024w, https:\/\/cooltivarte.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/Guerra-de-palabras-Gemini-300x163.jpg 300w, https:\/\/cooltivarte.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/Guerra-de-palabras-Gemini-768x417.jpg 768w, https:\/\/cooltivarte.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/Guerra-de-palabras-Gemini.jpg 1434w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-131820\" class=\"wp-caption-text\">Guerra de palabras &#8211; Imagen IA<\/figcaption><\/figure>\n<h4>&nbsp;<\/h4>\n<h4>Cuando la esfera p\u00fablica se contamina de una animadversi\u00f3n previa al argumento, la deliberaci\u00f3n se convierte en teatro. El di\u00e1logo democr\u00e1tico se hace literalmente imposible, porque presupone lo que la polarizaci\u00f3n afectiva destruye: la buena fe del interlocutor.<\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div class=\"content__main__content\">\n<p>En Corcira las palabras se usaron como arma. Lo cuenta Tuc\u00eddides en el libro III de su <em>Historia<\/em>, al detenerse en uno de los episodios m\u00e1s inquietantes de la Guerra del Peloponeso. La isla qued\u00f3 atrapada en una fractura del cuerpo pol\u00edtico que no tard\u00f3 en extenderse al lenguaje. Cada facci\u00f3n empez\u00f3 a apropiarse de las palabras, a vaciarlas, a llenarlas con el significado que m\u00e1s le conven\u00eda. Lo que antes era prudencia pas\u00f3 a llamarse cobard\u00eda. La moderaci\u00f3n comenz\u00f3 a leerse como traici\u00f3n. La temeridad adquiri\u00f3 el prestigio del valor; la violencia se confundi\u00f3 con la lealtad. Las palabras dejaron de nombrar la realidad y comenzaron a se\u00f1alar bandos.<\/p>\n<p>Tuc\u00eddides entendi\u00f3 algo: que las guerras civiles m\u00e1s peligrosas empiezan en el momento exacto en que desaparece el significado compartido de las palabras con las que discutimos. Corcira resulta hoy inc\u00f3modamente familiar.<\/p>\n<p>Vivimos en sociedades que hablan m\u00e1s que nunca y que, sin embargo, parecen entenderse cada vez menos. Sobran los datos y los canales; la participaci\u00f3n en la conversaci\u00f3n p\u00fablica jam\u00e1s hab\u00eda sido tan intensa. Utilizamos el mismo vocabulario para nombrar cosas distintas. \u00abNaci\u00f3n\u00bb, \u00ablibertad\u00bb, \u00abdemocracia\u00bb, \u00abseguridad\u00bb, \u00abcensura\u00bb, \u00abviolencia\u00bb, \u00abverdad\u00bb. Cada uno de estos t\u00e9rminos funciona menos como descripci\u00f3n del mundo y m\u00e1s como contrase\u00f1a de pertenencia a una facci\u00f3n. Las palabras ya no comunican; delimitan identidades. El lenguaje est\u00e1 dejando de ser una casa com\u00fan y est\u00e1 pasando a administrarse como territorio ocupado.<\/p>\n<p>Shanto Iyengar constat\u00f3 desde Stanford que los ciudadanos estadounidenses no se hab\u00edan vuelto m\u00e1s extremistas en sus posiciones, pero hab\u00edan incrementado de forma notable su hostilidad hacia el partido contrario. La brecha era m\u00e1s emocional que program\u00e1tica. Se odia al adversario antes de conocer su programa. Este tipo de polarizaci\u00f3n afectiva opera por identidad de grupo, con una intervenci\u00f3n decorativa de la convicci\u00f3n racional. El partido deja de ser un veh\u00edculo de representaci\u00f3n de intereses y se convierte en identidad tribal, en la que la coherencia interna del grupo vale m\u00e1s que la verdad. El miembro ya no eval\u00faa las ideas; las adopta o las rechaza seg\u00fan su procedencia.<\/p>\n<p>Cuando la esfera p\u00fablica se contamina de una animadversi\u00f3n previa al argumento, la deliberaci\u00f3n se convierte en teatro. El di\u00e1logo democr\u00e1tico se hace literalmente imposible, porque presupone lo que la polarizaci\u00f3n afectiva destruye: la buena fe del interlocutor.<\/p>\n<p>Los efectos se dejan sentir en todos los planos. Los parlamentos funcionan cada vez m\u00e1s como escenarios de confrontaci\u00f3n y cada vez menos como espacios de negociaci\u00f3n; el consenso adquiere un aire equ\u00edvoco de traici\u00f3n. La realidad se fragmenta en burbujas donde los hechos compiten con las identidades. Algunos asistimos consternados a la disoluci\u00f3n de lo que Arendt llam\u00f3 el mundo com\u00fan. Todo conflicto acaba reencuadrado como lucha entre el bien y el mal \u2014una suerte de inflaci\u00f3n \u00e9tica\u2014 y la concesi\u00f3n parcial se vuelve imposible, porque ceder algo al adversario equivale a colaborar con el mal.<\/p>\n<p>Hay una consecuencia que suele subestimarse: la polarizaci\u00f3n agota. Produce ciudadanos emocionalmente exhaustos que terminan por desconectarse de lo p\u00fablico. El resultado, parad\u00f3jico, es la apat\u00eda antes que la movilizaci\u00f3n. Dif\u00edcilmente se habr\u00eda podido dise\u00f1ar una m\u00e1quina m\u00e1s eficaz de desafecci\u00f3n democr\u00e1tica.<\/p>\n<p>Lo extraordinario del an\u00e1lisis de Tuc\u00eddides es que no se detiene en lo institucional: penetra en la psicolog\u00eda del ciudadano en situaci\u00f3n de facci\u00f3n. Identifica tres movimientos. Primero, la inversi\u00f3n de las virtudes: lo que era bueno pasa a ser malo seg\u00fan el bando al que sirve, y la lealtad al grupo desplaza a la lealtad a los principios. Segundo, la desconfianza como norma: los v\u00ednculos de parentesco, amistad y hospitalidad se disuelven, la sospecha precede a la relaci\u00f3n. Tercero, la brutalidad como prueba de compromiso: la moderaci\u00f3n se vuelve sospechosa, quien no odia con suficiente intensidad es un traidor en potencia, y la violencia, adem\u00e1s de un medio, funciona como se\u00f1al de identidad.<\/p>\n<p>El episodio de Corcira no es una anomal\u00eda hist\u00f3rica. Es una patolog\u00eda recurrente de las comunidades pol\u00edticas que la paz mantiene oculta y la discordia revela. Conviene releer a Tuc\u00eddides, aunque solo sea para comprobar hasta qu\u00e9 punto nos describe. Recuperar un lenguaje com\u00fan con el que discrepar sin dejar de reconocernos es hoy una de las tareas m\u00e1s urgentes de cualquier democracia.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando la esfera p\u00fablica se contamina de una animadversi\u00f3n previa al argumento, la deliberaci\u00f3n se convierte en teatro. El di\u00e1logo democr\u00e1tico se hace literalmente imposible, porque presupone lo que la polarizaci\u00f3n afectiva destruye: la buena fe del interlocutor.<\/p>\n<p>En Corcira las palabras se usaron como arma. Lo cuenta Tuc\u00eddides en el libro III de su Historia, al detenerse en uno de los episodios m\u00e1s inquietantes de la Guerra del Peloponeso. La isla qued\u00f3 atrapada en una fractura del cuerpo pol\u00edtico que no tard\u00f3 en extenderse al lenguaje. Cada facci\u00f3n empez\u00f3 a apropiarse de las palabras, a vaciarlas, a llenarlas con el significado que m\u00e1s le conven\u00eda. 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Estudi\u00f3 Humanidades en Universidad de Huelva y filosof\u00eda en la Universidad Pontificia de Salamanca. Veinte a\u00f1os de experiencia como docente impartiendo filosof\u00eda en bachillerato con m\u00e9todos nada convencionales: explica a Arist\u00f3teles paseando por el parque, invita a practicar el cinismo en las calles comerciales de la ciudad de Gij\u00f3n o narra el juicio a S\u00f3crates en un juzgado. Escritor en la editorial Ariel (Planeta). Autor del bestseller internacional Filosof\u00eda en la calle (publicado en Espa\u00f1a, M\u00e9xico, Colombia, Per\u00fa, China, Taiwan, entre otros). Colaborador habitual en medios de comunicaci\u00f3n: Cadena Ser, Diario El Mundo, La Nueva Espa\u00f1a, Radio Televisi\u00f3n Espa\u00f1ola, Filosof\u00eda&amp;Co. Asesor filos\u00f3fico del programa de televisi\u00f3n Qui\u00e9n educa a qui\u00e9n (RTVE). TED speaker . Colaborador en el programa Aprendemos Juntos de la Fundaci\u00f3n BBVA y El Pa\u00eds. Conferenciante. 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