
Bajo una luz violeta que todo lo cubría, Julieta Taramasso y Martín iglesias subieron al escenario como teloneros en esta ocasión, acompañados de bajo y guitarra respectivamente armonizaron el principio de la noche con canciones de su autoría, en la que destacaba por sobr etodo la voz de la cantante, que se fusionó a la perfección con los coros del guitarrista. Al despedirse, agradecieron por la escucha atenta, por la oportunidad que consideraron un “honor”y Taramasso hizo referencia a cómo la banda mendocina a la que abrieron, Usted Señalemelo, la había acompañado durante su adolescencia hasta hoy en día; ya que la banda al momento tiene tres discos: Usted Señalemelo, II y Tripolar. El segundo expandió su público y los llevó de gira por Latinoamérica, mientras que el tercero los hizo conocer y conocerse en Europa, Estados Unidos y volver a recorrer países de la región, además de otorgarles su primer premio Gardel como “Mejor álbum de Rock Alternativo”.
Pasadas las 21 horas, aumentaba el murmullo entre los presentes, impacientes por el comienzo del show de la banda mendocina en el cierre de su gira.
Entre ellos, uno de los jóvenes le comentaba a sus amigos:
– Qué nervios, estoy entre el público y estoy nervioso, imaginate ellos, ¿se sentirán nerviosos?
Casi en el mismo instante, en el escenario se probaron los instrumentos y el público gritaba y se apilaba cuando vieron la pantalla encenderse.
La espera terminó, y luego de apagarse y prenderse las luces reiteradas veces, aparecieron ellos en el escenario: Juan “Mango” Saieg en voz, Gabriel “coco” Orozco en guitarra y coros, Lucca Beguerie Petrich en batería, Joaquín Guevara en bajo y Paco Leiva en teclado.
El show dio inicio con “Nuevo comienzo”, el primer lanzamiento de la banda luego de años. El público cantó, saltó, bailó, y así lo harían toda la noche, cada vez con mayor intensidad. La banda repasó gran parte del disco que despedían “Tripolar” además de tocar temas clásicos de discos anteriores.
Le siguió “las flores sangran”, perteneciente también a su nuevo disco Tripolar, que la gente acompañó con uno de los primeros -y más tímidos- pogos de la noche.
Saieg, hizo una pausa y se dirigió al público por primera vez en la noche; dijo que estaban “felices” de estar acá y que este show representaba el cierre de su gira que los había dejado “agotados”.
Los gritos eufóricos de la gente se hicieron sentir mientras repetían “dale usted dale usted, dale dale usted”, la guitarra y batería acompañaron brevemente el agite. Continuó y presentó una canción nueva, que comentó es “estrenada en cada uno de los últimos lugares que pisamos”; la gente supo acompañar en el estribillo y con escucha activa del suceso.
Luego tocaron “x siempre”, el último lanzamiento de la banda en plataformas, extraído del show 360 que presentaron en el Luna Park durante el 2023.
Terminó la canción y Saieg volvió a referirse a los escuchas, a los que pidió que lo ayudaran con la luz de sus celulares, “así llenamos todo de estrellas”, argumentó. Enseguida empezó a cantar “nena dime algo” y entre las luces, las parejas se cantaban y abrazaban. A mitad de dicha canción, el cantante extendió el micrófono hacia los presentes a la espera de que lo acompañaran a capella, y resultó en un coro de voces que llenó la sala.
Al finalizar, todos los músicos abandonaron el escenario y con ellos las luces también lo hicieron. Ante un ambiente en penumbras, comenzó a sonar una guitarra, y luego la voz del mendocino, que resonaba en todo el recinto, y que aparte de cantar, pidió a la gente que bajara lo más cerca del piso posible, así todos podían ver. El músico se encontraba hacia el final de la mítica sala del museo, con su guitarra, sentado en un banco realizó la parte del show que titulan “melodías”, iluminado por las luces tenues provenientes del techo, y acompañado por la calidez, la mirada y las cámaras de cientos de fanáticos que en silencio lo admiraban.
El cantante desapareció y en el escenario, el guitarrista empezó a tocar y cantar “salto al espacio” -tripolar-, momento clave, en el que pudo lucir su voz en detalle, algo prevaleciente en el último disco del trío.
Las luces de colores acompañaron el show que se desarrollaba en el escenario, en el que los músicos interactuaban de diversas formas con los presentes: Orozco se acercaba a ellos con su guitarra, se subía a la tarima y ondeaba su pollera con cada movimiento, miraba hacia abajo y agradecía. Saieg en cambio, se precipitaba a la valla y le cantaba a quienes allí se encontraban, extendía su mano y otras desesperadas, tomaban las suyas en respuesta, con cariño.
El show parecía ir en subida conforme pasaban las canciones, con un público que gritaba con sorpresa tras cada nuevo acorde que sonaba, fascinados por cada canción como si esa también fuera su favorita. Sin embargo, los artistas se dirigieron al público y pedían por más: “Vamos Uruguay, salten que no venimos tan seguido” se los escuchó decir.
A Láser 420 le siguió plastilina (perteneciente al disco homónimo), posteriormente se sucedió una intro en la que se reiteraron los acordes en el piano y el bajo, que dieron pie a “siento” (II) en la que “Coco” Orozco logró destacar nuevamente y se impuso casi como un dios en la plataforma que se encontraba más ensimismada a la gente en la valla, y ahí, primero de frente y con la guitarra por sobre la altura de su cabeza, tocaba, y las personas celebraban; con luces que iban y venían, terminó de espaldas , mientras sostenía el instrumento en sus hombros , tocaba sin ver, y el público se tornó eufórico ante el hecho.
Llegó el turno de puedo morir, puedo caer (II) con el que parecían despedirse en un gran pogo enérgico, pero volvieron para lo que comúnmente llamamos “bis”.
Saieg apareció nuevamente entre la gente, y luego de ser interrumpido por los músicos en el escenario que hablaban entre ellos, retomó sus planes: pasó sonriente entre la gente, que se convirtió en una masa cálida que seguía sus pasos a lo largo y ancho de la sala como si de un dios se tratara. El mendocino, llevaba además de su voz, un micrófono en mano que cedía a fanáticos que elegía o se ofrecían en su cercanía a cantar con él – o por él- Agua Marfil, la canción más popular dentro de su primer disco. El músico le dio el micrófono a una de las fanáticas que cantaba y comenzaron a saltar a la par, como fusionados en un mismo acto. El artista, rodeado, se abalanzaba feliz, casi extasiado, sobre los presentes, que lo recibían con total calidez, a gritos de “gracias” y “te amo” mientras les cantaba.
La euforia era creciente, y los mendocinos no desaprovecharon la oportunidad de pedir a sus fanáticos que abrieran un camino en el centro de la sala y que cuando sonara la batería se unieran en un gran pogo. Así comenzó a sonar Big Bang (II), el público siguió las instrucciones y se descontroló: saltaron y gritaron como una gran unidad, y agotaron así la poca energía que les quedaba luego de la agitada noche.
Para cerrar el último show de la gira, que estuvo acompañado en esta oportunidad por 22 canciones, en el que eligieron no tocar Cabo, void y horizonte -todas pertenecientes a su último disco- , tocaron calma.
A esta altura, el cantante apareció en el escenario ya sin camisa – colgaba de la correa de su guitarra mientras se paseaba por el escenario-. Con Orozco quedaron al ras del suelo; la voz de Saieg, como desgarrada,sonaba fuerte y clara, acompañada por la guitarra, ese momento se convirtió en uno de contemplación por parte de los allí presentes.
Cerraron con “Gandalf”, que inició en la pantalla con unos osos polares que peleaban en distintos tonos de gris, acompañados de el poema “primavera” de Alfonsina Storni en amarillo, recitado por una mujer aparentemente mayor:
¿Vendrás tú?
Por mis jardines vuelan ya
las primeras mariposas sobre las rosas
velan de noche los coyuyos, entre los yuyos, sonríen las estrellas, pálidamente bellas
¿y vendrás tú?
Estas palabras se fusionaron con los instrumentos que comenzaron a sonar tímidamente hasta convertirse en canción, y con ella se despidieron.
Agradecieron reiteradas veces a todos por asistir, y luego abandonaron el escenario con gritos y aplausos a montones.
Un segundo perdido se volvía una eternidad en el show que trajo como cierre de gira Usted Señalemelo a Montevideo; en el que intentaron y lograron con éxito, repartirse y generar reacciones y escenarios similares a los sucedidos en otros países.
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