Tarquino, hijo del rey Lucio el soberbio en Roma del siglo VI AC era amigo de Colatino, prometido de Lucrecia. El hijo del Rey tenía como obsesión poseer a la bella Lucrecia. El tema es la violación a esta hermosa y fiel mujer. El poético texto que Shakespeare escribió con tan sólo 22 años, llega hasta nosotros, nos emociona y conmueve gracias a la trascendencia de su contemporaneidad, pues si bien se centra en la violación a una mujer, va más allá, refiere a todas las violaciones, por manos de la justicia, de los gobiernos opresores, que sufrimos como naciones indefensas en el mundo. La vergüenza, el odio, el rencor y sed de venganza que se despiertan en esta joven Lucrecia, nos son transmitidas con una sensibilidad, solvencia, ductilidad corporal por esta gran actriz que demuestra obra a obra (desafiando todos los géneros) Noelia Campo. Sus brazos (que se conjugan con el texto), su decir perfecto, su voz, nos transporta a esa chica que representa a todas las mujeres vilipendiadas que a veces callan su dolor por vergüenza o temor.
Lucrecia, compara (cuando contempla un cuadro que representa la guerra de Troya) la pérdida de su castidad con la derrota de aquella hermosa ciudad griega, No puede con su cuerpo que sólo encuentra una salida posible; la autoeliminación. España optó por hacer un monólogo con esta pieza que lleva adelante la grande de Nuria Espert (actriz catalana). Acá sólo la actriz hubiese sido más que suficiente. En su actuación está la música, y todo lo que la rodea. Sería bueno tener presente la máxima de la gran estilista de modas; Coco Chanel: menos es más.
Para disfrutar de un texto hermoso, vigente pulidamente y sensiblemente dicho y actuado vale ir al Circular Sala 2.
Dirección: Luis Vidal Giorgi
Elenco: Noelia Campo, Gustavo Bianchi y Moré
Vestuario: Graciela Aboledo
Escenografía: Claudia Sánchez,
Música: Sergio Fernández Cabrera
Operador de sonido: Denis Segovia
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