Como no-usuaria del ballet en general y teniendo un par de antecedentes bastante fallidos nunca esperé lo que iba a ocurrir cuando llegué corriendo a la sala Adela Reta el martes 4 de abril.
Hamlet ruso es una oda a las formas y a lo visual. No pude parar de recomendarla a mis amigos, a todo aquel que apreciara el arte en general, a toda persona que idealice el arte y se lo apropie, a cada persona que aún cree en lo bello, en lo hermoso, en el valor de la estética. Hamlet ruso es una obra de relojero, un grano de arroz con un Renoir pintado a mano, y al mismo tiempo una explosión, un cabaret, una película de Hollywood, una fiesta multitudinaria.
Todo fue perfecto desde el principio. La escenografía, las vestimentas, las luces, el lugar, la música, los artistas, su disposición en el espacio, sus formas exactas y geométricas. Los cuerpos formados, exactos, aritméticamente danzando entre ellos; los cuerpos disciplinados-libres, ágiles, tonificados, acróbatas. La destreza de la expresión cuando se torna más aérea, los movimientos en apariencia sencillos, la delicadeza y el detalle.
La historia de Hamlet ruso, la trágica y compleja historia de Pablo, su conflicto con su madre Catalina la Grande quien mandó asesinar a su padre y su esposa Natalie, y una disputa por el trono de Rusia, hacen de este un ballet de ensueño. La muerte y la locura representados por todo el escenario de la forma más hermosa posible: aparecen soldados de juguete; el espíritu de Natalie que ronda, inalcanzable, detrás de una tela; la manifestación de Pedro III, padre de Pablo, en la mente del segundo, que será definitiva en esta historia pues será lo que desate en Pablo la ira contra Catalina, en escenas desgarradoras de baile entre los dos, en danzas oscuras y hasta edípicas.
Un mundo de locura onírica cruzado a su vez con una realidad fantasiosa: una gala de máscaras que deviene en orgía, una muerte que se lleva a Catalina en medio de una sábana negra. Las imágenes poderosas de una mente oscurecida y cruzada con la tragedia. Todo fotograma es arte. Si pudiéramos poner pausa en cualquier momento del ballet, todo sería cuadro. Todo es imagen simétrica, los cuerpos fieles a la historia. Si ponemos play, la coreografía es conmovedora, la danza imposible que nos habla de nuestra mente humana y de lo profundo que hay en ella. La sensualidad, la crudeza, la emoción humana, el mundo interno de los personajes, tallados de forma exacta y dolorosa en un acto bellísimo para el que solo hay aplausos .
Actuaron el Martes 4 de abril:
Maia Güida como Catalina
Walter Lateulade como el Favorito
Guillermo González como Pablo
Giovanna Martinatto como Natalie
Luiz Santiago como Pedro
Cuerpo de Baile del Sodre.
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Inspirado en el clásico de Shakespeare Hamlet, el espectáculo desarrolla en clave coreográfica la verdadera historia de la dinastía Romanov en Rusia. Allí, se desata una encarnizada lucha por el poder entre la Emperatriz Catalina, la Grande, y su hijo, Pablo, legítimo heredero de la corona. Función que mediante la venta de entradas se destinó a los programas de Aldeas Infantiles SOS Uruguay. 4 de Abril de 2017.
Imagen portada: Sergio Javier Bravo Fuentes
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