Visitando Talleres GUADALUPE AYALA por Daniel Benoit Cassou

GUADALUPE AYALA – Visitando Talleres

Ingresar a la Pensión Milán además de ser un viaje en el tiempo, es una experiencia espiritual. Hay que despojarse de preconceptos y dejarse fluir. El edificio de más de 100 años de edad supo ser una pensión de gente humilde que albergó entre otros, a nuestro máximo representante en las letras con reconocimiento internacional como lo fuera Juan Carlos Onetti. Fue antro y formaba parte de la zona roja de la ciudad a principios del siglo pasado. Aun el olor a tiempos pasados persiste y si uno se deja fluir puede comulgar con quien fueran sus huéspedes anteriores.

Tres pisos que se acceden por una escalera señorial que nos va llevando casi como en un viaje celestial.

Una puerta junto a la otra va provocando nuestra curiosidad, metiendo la cabeza en cada una de las habitaciones para descubrir su habitante.

Es un gran escenario que facilita nuestra visita artística.

Allí, en una de ellas habita el taller de Guadalupe Ayala (Buenos Aires, 1976) quien se encarga de sacarle su máximo provecho, algo nada fácil teniendo en cuenta que el estudio no tiene ventanas y cuesta el ingreso de la luz natural. Pero Guadalupe lo resuelve con una estupenda ambientación e ingresar a su estudio es como llegar a un escenario teatral.

Guadalupe es argentina y hace trece años decidió radicarse en Montevideo. De allá se trajo poca cosa, pero fue su esencia lo que metiera en su valija donde algunas sábanas blancas que habían pertenecido a su padre y unas vajillas de su familia, algo material de aspecto, sin embargo en ellos se estaba trayendo su herencia intelectual y cultural.

Desde ese momento, partiendo de una buena e intensa formación artística en Buenos Aires, Guadalupe fue construyendo un entorno que la envuelve, que le da cobijo combinado con su trabajo de politóloga que desarrolla en la Oficina de Planeamiento y Presupuesto.

En sus trabajos hay una gran descarga emocional que se vale para recrear su mundo tan particular.

Visitar su taller es adentrarse en una película. Su obra nos abraza, nos hace suya y nos transporta. Es por ello que Guadalupe se siente muy a gusto trabajando en la presentación de instalaciones. No produce obras, sino situaciones que se ayudan de sus obras.

La instalación Conquista, 2017, que presentara en la sala del Subte era atrapante, sugerente. El espectador sentía que estaba ingresando en otra dimensión, en el mundo de la artista, en el que nos sentíamos atrapados. Esa experiencia que sentí frente a su enorme mesa de comedor atiborrada con sus piezas en un ámbito orgiástico, sumado a la pesadumbre generada por la densidad de la sala oscura y verde que es como la presentí, es algo que no me olvidaré jamás. Enseguida tome nota de que estaba frente a una gran artista con un manejo de la situación poco frecuente de ver.

Me llevó a recordar una sensación similar que experimenté cuando accedí a la instalación titulada La última cena que presentó Agueda Dicancro en la II Bienal de Porto Alegre en 1999.

Entrar el contacto con la obras de Guadalupe, generan muchas sensaciones desencontradas que emanan a modo de erupción y en forma desordenada que nos agobian, que nos recuerdan nuestra mortalidad, pero que al igual que la obra de Agueda, contiene toques de luz y esperanza.

A partir de ese momento comencé a estar atento a la obra de Guadalupe y me ocupé de conocerla. Cuando tuve oportunidad de realizar una muestra colectiva de mujeres no tuve que pensar siquiera en ella. Recibí un mandato interno.

De personalidad chispeante como lo son sus ojos que se mueven inquietos de arriba a abajo, de un lado al otro en búsqueda de verbalizar sus ideas, conversar con ella es también un viaje. Una joven madre que denota inteligencia, sagacidad e interés constante en saber más, en conocer al otro.

Actualmente se encuentra exponiendo en el 59 Premio Nacional en el cual fue seleccionada.

Allí en el Espacio de Arte Contemporáneo (EAC), su obra ocupa la sala principal en un lugar protagónico. Cualquiera que ingresa sin conocer los premiados, pensaría que ella fue la máxima galardonada. Su obra también se lo cree.

Imposible no percibirla no solo con los ojos sino con el resto de los sentidos. Es la reina del lugar y desde su cetro se comunica con el resto de las obras de los otros artistas que pareciera le rindieran homenaje y donde también en ese diálogo les genera una visibilidad diferente.

Sus instalaciones son de una lectura tan amplia como espectadores la aborden.

Trabaja con elementos muy frágiles y con una connotación muy femenina como son los juegos de loza compuestos por tacitas, platos, teteras, entre otros elementos de una lectura se podría decir ancestral. Más aún para aquellos en que nos hemos criado en cocinas y comedores habitados por nuestras madres y cocineras, con losas de diseño que hoy día ya no se ven y dan cuenta de un pasado tan cercano como remoto.

Piezas rotas que hablan tanto de la fragilidad como del coraje de las amas de casa. Esas mujeres que ocupando un lugar poco valorado dentro de la estructura social económica, siempre nos están sorprendiendo a la hora fundamentalmente de dar un paso adelante y de resolver una situación familiar.

Objetos frágiles y destruidos pero no acabados. Y es que Guadalupe crea a partir de esos restos y les devuelve su vida mejor dicho los empodera. Llama la atención que a diferencia de otros artistas que usan trozos de cerámicas que los presentan cubriendo superficies y objetos a modo de mosaicos, Guadalupe los presenta de punta, erguidos, no solo devolviendoles la vida sino que generándoles una nueva concepción.

En la sala del EAC, sus torres compuestas por la superposición de una pieza encima de la otra, cayeron al piso y se destrozaron.

Nada mejor que el accidente ocurrido!

Esa nueva figura le genera y aporta un nuevo concepto dentro de su línea. Asimismo, y casi como a propósito, los pedazos de algunas de las vajillas destrozadas, persisten en el suelo y van siendo pisadas por el espectador que involuntariamente va llevando adheridas en las suelas de sus calzados de un lugar al otro. Pisar un trozo genera ruido e inestabilidad a la persona, y asimismo hace participe al espectador de esa gran obra que aguarda la participación de cada visitante.

Más allá de que Guadalupe se sorprendió, ese “accidente” fue una orden del cosmos, de las musas de arte que se alinearon y confabularon en pro de lograr vida propia a la obra de arte que está viva, que muta.

Las obras de arte más eficaces son aquellas que sacuden nuestras emociones, aquellas que no debemos de hacer el esfuerzo para recordar.

Recuerdo a través de mi emotividad la muestra de Ann Hamilton (Ohaio, 1956) en el pabellón de Venecia en 1999 , titulada Myein quien trabajó en esa línea en que el espectador iba llevando adherido en su calzado el polvo rojo que la artista había utilizado. The red dust is actually moving down.

Así íbamos reconociendo y procesando su labor en cada huella que veíamos desperdigada por el recinto de la Bienal y lo que era más conmovedor era ver esas marcas junto a otras propuestas de otros artistas.

En esta línea entendí se mueve la obra de Guadalupe quién no logró un premio pero que sin embargo su obra se lo auto adjudicó.

Es emotivo ver la obra y formar parte de esa instalación work in progress que seguramente dará cabida a una nueva línea en las obras de Guadalupe.

No queda más que decir chapeaux Guadalupe y queremos más!

 

 

 
 

 

 

59 PREMIO NACIONAL – EAC

 

 
 
 
 
 
 
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Daniel Benoit Cassou

Daniel Benoit Cassou

Daniel Benoit - (Uruguay, 1961), es contador público de profesión. Hizo su formación artística en los talleres de Hugo Longa, Clever Lara y Lacy Duarte; escultura con José Pelayo y fotografía con Enrique Abal, Oscar Bonilla y Roberto Schettini. Realizó cursos de formación teórica con Nelson Di Maggio, Alfredo Torres, Nelson Baliño y Emma Sanguinetti, entre otros. Ha participado en muestras de fotografias, colectivas asi como individuales: 2007 – Facultad de Ciencias Económicas; Centro Cultural Lapido; Club de Golf; Fotogramas - Montevideo 2009 – Galería de arte La Pasionaria – Club de Golf - Montevideo 2010 – A la Follie; Trattoria La Commedia; Club de Golf – Montevideo 2011 – Museo del Azulejo; Fotograma; Club de Golf – Montevideo; Bienal X – Salto 2012 – Espacio Innova – Punta del Este Es asiduo asistente a las principales bienales de arte: Venecia, Lyon, San Pablo, Cuba, Porto Alegre, Lima, así como ferias de Basilea, Paris, Buenos Aires, entre otras. Es coleccionista de arte nacional, asesor de arte contemporáneo, escribe en sus blogs y es columnista de la revista de arte nacional “Cooltivarte” desde el 2012, asi como de la revista “Arte” del periodico “El Pais”. Blogs: www.coleccionbenoit.blogspot.com ; www.asesordarte.blogspot.com