Muchas expectativas generó y está generando el último filme del director mexicano Alfonso Cuarón (“Y tu mamá también”, “Niños del hombre”), que escribió esta minimalista historia espacial junto a su hijo Jonás. El argumento es simple pero atractivo: dos astronautas sufren un accidente y quedan perdidos en el espacio. Los avances tecnológicos sumados al coloso presupuesto del filme producido por la compañía Warner harían que probablemente la experiencia visual sea astronómica, literalmente.
Y no sólo es eso, sino que es una experiencia que genera tanto admiración como terror por las pseudo infinitas dimensiones del espacio.
Toda la primer escena está construída con un timing perfecto para la temática, que recuerda bastante a cuando Dave salía de su nave a corroborar una eventual averiación de la estación espacial en “2001: una odisea en el espacio”. Y casi sin darnos cuenta, el espectador está siendo un astronauta más dentro del grupo, con una cámara que fluye con una libertad tridimensional donde realmente el efecto 3D se hace sentir, más allá del efecto 3D de los lentes.
El plano inicial comienza con una panorámica del Planeta Tierra desde el espacio. Un pequeño punto blanco entra a cuadro avanzando hasta llegar a cámara, tomándose su tiempo, un tiempo necesario para las dimensiones de distancias., Y siempre sin cortes iremos conociendo a la tripulación de la nave mediante un recorrido de la cámara por todos los rincones de ella.
Así es como conoceremos a la doctora Ryan Stone (Sandra Bullock), quien se encuentra por primera vez ejerciendo en el espacio, con una misión en principio modesta.
El complejísimo y extenso plano secuencia detona un gran virtuosismo técnico pero también narrativo, ya que no sólo la película transcurrirá prácticamente en tiempo real, sino que también esta será la única escena en que conoceremos a todo el equipo de la misión, incluido el veterano astronauta Kowalsky (George Clooney), a punto de retirarse. Visualmente toda la secuencia inicial deslumbra con una forma de filmar pocas veces vista, haciendo de esta película un buen matrimonio entre filme de autor y filme de la industria.
Luego de esta presentación de escenario, personajes y tiempos, una lluvia de meteoritos hará que la suerte de casi todo el equipo sea mortal. Stone y Kowalsky por supuesto son los sobrevivientes del desastre, quedando así en una situación similar a lo que sucedía en “Mar Abierto”, con una pareja de buceadores naufragando en el medio del mar, pero en este caso en el vasto e inabarcable espacio exterior.
La escena en que vemos a Stone perdida en el espacio con la cámara acercándose hasta el punto de ‘entrar’ en el casco de astronauta y poniéndose a mirar el espacio junto con ella, realmente mete al espectador en esa suerte de claustrofobia del vacío negro en el que se encuentra. Podemos oír y ver su respiración empañándose en el vidrio del casco hasta el punto de acordarnos de que tenemos que respirar para vivir.
La historia entonces se tornará en una carrera por llegar a una estación, conseguir oxígeno que se empieza a acabar, reparar los daños de la nave y volver a casa.
La actuación de Bullock realmente logra esa impotencia y sacrificio no sólo de una situación límite, sino de una situación en una dimensión forastera. Clooney es prácticamente más voz en off que actuación física por estar durante casi toda la película en su hermético traje de astronauta.
El propio Cuarón admitió que la historia en sí es bastante sencilla, pero lo que él quería lograr era trasmitir la sensación de estar en los hechos, de ser y pensar como astronauta y vivir esa dimensión del espacio con la mayor fidelidad posible.
Puede que el último tercio del filme se vuelva algo efectista y sensacionalista, pero los climas generados, y la expectativa que genera minuto a minuto el filme hablan de la sólida narrativa, y del gran manejo de los tiempos y el suspenso.
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