
Fito Páez publicó en marzo de 2025 su decimonoveno álbum titulado “Novela“. Un ambicioso proyecto conceptual a manera de “operita”, con una estética decididamente sesentista, y donde Páez se zambulló en su biografía y en su pasado musical, pues muchas de estas canciones datan de los años ochenta. El álbum tuvo un frío recibimiento de público y de crítica.
Hace algunas semanas atrás, Fito Páez se vio envuelto en una polémica por sus dichos en una nota ofrecida al periodista Julio Leiva. Sus declaraciones fueron lapidarias a la hora de ofrecer una visión del momento actual de la música popular de su país. Como nunca antes, fue crítico con el mainstream y con los artistas que poco tiempo atrás habían despertado su admiración y hasta su apoyo público. Lo que afirmó en esta entrevista (y en otras que ofreció después), es que los jóvenes fueron domesticados, que los están utilizando y que lo que producen está muy lejos de ser considerado un hecho artístico. Hasta ahora sería la única opinión contundente de un artista histórico, popular y cuasi indiscutido. Ningún músico “pesado” se había atrevido a afirmar que la nueva cultura musical (o la Cultura a secas) hace agua por todos lados. Y por supuesto que las críticas no tardaron en aparecer.
Sobre todo, de jóvenes influencers, youtubers y tiktokers, para quienes (en su mayoría) Rodolfo Páez sería un abuelo resentido y decadente. En las redes, el rosarino tampoco ha salido victorioso. Y aquí es donde radica la cuestión, y donde la perversa maquinaria política entra en juego. Páez, en los últimos 15 años, ha venido coqueteando con las nuevas generaciones -sin importarle demasiado el estatus de calidad- mientras contaran con el apoyo masivo y de los grandes medios. Estas jóvenes estrellas vienen desde hace tiempo abarrotando los estadios y agotando las entradas en centésimas de segundo. Sin dudas, este fenómeno social, para cualquier artista prestigioso que intenta permanecer y ser admirado, es un diabólico llamador. Fito se arrojó a las aguas tenebrosas calculando mal la caída, y no tuvo el apoyo logístico o afectivo que esperaba.
Business is business.
Las palabras de Fito -en un ámbito donde hablar mal de un colega es prácticamente imposible, y donde delatar defectos en un artista de menos de 30 años, es casi suicida- nos suenan inconcebibles. Hasta parecen guionadas por el ChatGPT. Este Rodolfo no es el “Fito” que hasta hace muy poco invitaba a sus presentaciones o grabaciones a gente como Nathy Peluso o Dillom; o hacía de animal domesticado y vencido por el látigo de la empoderada Lali Espósito.
Algo no encaja. Y lo uno, por un momento, a otro artista, menos apreciado por el medio donde abreva Páez; un ángel caído y subestimado como Ricardo Arjona. En 2010, Arjona y Páez mantuvieron un fugaz pero árido intercambio mediático. El argentino había despreciado, al pasar, al guatemalteco. En aquella oportunidad, las palabras de Fito habían sido dardos envenenados lanzados a la marchanta. La recordada respuesta de Arjona había llegado con una autoridad sorprendente. Le devolvía el ataque con una altura imposible de medir y, al mismo tiempo, contribuía para desmalezar la selva de egos y de vanidad que trae consigo el éxito masivo. Más acá, Arjona viene opinando contra el lenguaje inclusivo. Y eso le ha costado la cancelación. Mientras la mayoría calla (es más sano para el corazón -pero no para el alma- guardar silencio), el insospechado Arjona le hace frente a una imposición absurda, solo sostenida desde las esferas del poder político, no por una instancia democrática elegida por la mayoría. Hasta ahora no escuché a ningún artista defender la postura del guatemalteco.
A Fito no lo escuché. Era un buen momento para unir fuerzas. Poner un foco de resistencia a estas imposiciones y a las manifestaciones musicales de dudosa calidad que invadieron el mercado, sin que los artistas importantes se atrevan a opinar públicamente. La visión reseteada de Fito Páez lo ubica en un lugar impensado pocos años atrás. Se ha definido recientemente como un no- peronista y además uno no- kirchnerista, y ha criticado duramente la política interna de Cuba. Acaba de afirmar que a los jóvenes los están domesticado. Que les han robado la fuerza vital y la rebeldía.
Fito exhibió todo eso a los veinte años.
Tuvo el talento necesario para escribir, tocar y producir grandes canciones que marcaron dos décadas. Hoy se ha colocado en un lugar inestable. Esa inestabilidad surge de su incapacidad para sostener con firmeza un pensamiento. Cualquier ser humano puede cometer errores, y equivocarse al abrazar una idea o una teoría. Lo que nunca puede hacer es jugar a la incoherencia. Un artista como Fito Páez no puede darse el lujo de regalarle ese cachón de ventaja a los mercaderes de la música.













































