
Carolina Fontana
Los paisajes de la ausencia
Inauguración 9 de marzo de 2025 a partir de las 18 h.
Xippas Punta del Este
Ruta 104, km 5, Manantiales, Punta del Este, Uruguay
Para su primera exposición individual en Xippas Punta del Este, Carolina Fontana presenta Z∙E∙N , una serie que cuestiona la presencia, la ausencia y la percepción. Inspirada en la filosofía oriental, sus obras mezclan paisajes y campos de color abstractos, disolviendo formas estables. Al fusionar lo digital y lo tangible, Fontana crea espacios cambiantes donde el significado es fluido, haciendo eco de un mundo en constante transformación.
En el pensamiento occidental (desde Aristóteles hasta Heidegger), la idea de esencia, lo invariable, inmutable y perenne de algo y que, por tanto, constituye su naturaleza, se asocia a la imagen de la casa y del hogar. En este sentido, la esencia es lo que persiste y lo que se resiste al cambio.
En la cultura del este asiático, la existencia es la no-esencia y está relacionada con el caminar, con el no habitar. La cita del maestro del budismo zen Dogen constituye su enseñanza fundamental: no habitar en ningún lugar.
El filósofo Byung-Chul Han explica que en Oriente “la diferencia entre ser y camino, entre morar y caminar, entre esencia y ausencia, es decisiva”. En resumen, en Occidente la esencia persiste como una casa, mientras que en Oriente es un camino, una no-esencia.
Al acercarnos al cuadro PdE rojo (2024) de Carolina Fontana, un tríptico de casi 5 metros de largo, nos envuelven sus colores y líneas, creando una sensación de conexión con lo representado.
Sin embargo, si observamos con atención la obra, notamos en su centro una representación de una vista de Punta del Este, que se proyecta como una agradable evocación, como un fond déjà vu.
Si definimos esta obra como paisaje, no parece afirmarse como un lugar estable, sino más bien como una ausencia.
Xippas Punta del Este presenta en su nuevo espacio de Manantiales, Z∙E∙N, la primera exposición individual de Carolina Fontana en la galería. En este proyecto, la artista presenta su más reciente producción pictórica, genéricamente titulada Z∙E∙N.
Estas obras se originaron a partir de dos viajes (Shanghai y Girona) que Fontana realizó entre 2019 y 2021, es decir, al inicio y durante la epidemia de Covid. Esta epidemia creó una situación mundial absolutamente inédita, fruto de la combinación de diversas políticas sanitarias que promovieron en general el confinamiento obligatorio, el control del flujo de movimiento y la prevención extrema. Esto vino acompañado de una monopolización del espacio audiovisual por parte de los medios de comunicación.
Si bien Fontana ya había abordado temas de ausencia y presencia en su trabajo en relación al cuerpo, el contexto singular derivado de la epidemia generó nuevas reflexiones sobre el ser y la percepción de la realidad contingente, con los medios de comunicación como mediadores de esa realidad. Estas inquietudes se materializaron en diferentes proyectos, como la instalación multimedia Disociaciones (2021).
En 2022, el artista volvió a la pintura, creando una serie de obras denominada .net, que puede interpretarse como una singular recuperación del género del paisaje. En esta serie de pinturas, se yuxtaponen imágenes panorámicas de distintas ciudades (Shanghai, París o Montevideo) con imágenes de placas madre, también llamadas placas base o placas principales, que son placas de circuito impreso donde se colocan los componentes que forman un ordenador.
Estas pinturas proyectan ambigüedad, pues es difícil reconocer rápidamente la diferencia entre estos dos elementos. Así, estas obras pretenden cuestionar la relación entre lo macro y lo micro, así como entre el mundo concreto y el digital, al proyectarlos como imágenes reflejadas o difíciles de separar. En otras palabras: como mundos reales interconectados.
A mediados de 2022, el artista inició en paralelo una nueva serie llamada Z∙E∙N. Las obras de la serie Z∙E∙N se articulan en una relación complementaria entre un lugar representado con precisión (una fotografía de un pequeño paisaje) y un espectro de colores generado por éste, que ocupa la mayor parte de la superficie de la obra. Estos vectores, que remiten vagamente a líneas de fuga en la tradición renacentista de la perspectiva, proyectan una particular ilusión de espacio envolvente.
Fontana desestabiliza nuestra mirada creando una imagen donde lo figurativo contrasta con los planos de color que se abren y parecen buscar una salida o escape del plano del lienzo. Un tropismo que, si no encontrara los límites espaciales del lienzo, podría engullir el espacio circundante e incluirnos.
El zen es una escuela japonesa de budismo. La palabra zen significa meditación y está íntimamente relacionada con Zazen, que significa meditación sentada. El artista hace una interpretación libre y subjetiva del zen, que se relaciona con la belleza de lo que no es fijo, sino algo flotante que no tiene límites. De nuevo, Byung-Chul Han explica que en Japón lo bello “no es lo claro o lo transparente (de un paisaje), sino lo que no está definido nítidamente”.
En la pintura budista zen no existe diferenciación entre luz y oscuridad, el paisaje flota en el vacío de la sábana blanca. Por el contrario, en la pintura occidental, la luz tiene una función heroica, buscando aniquilar, como el sol en un amanecer, la oscuridad.
En las obras de Carolina Fontana, lo figurativo parece surgir de un espectro en movimiento, de un espacio indefinido y abstracto, de una ausencia, y al mismo tiempo, esas imágenes de ciudades que podemos reconocer parecen generar esos vectores, donde no hay diferencia entre luz y oscuridad, porque todo se disuelve en planos inmateriales de color que nos envuelven, como una no-esencia.
La esencia de un paisaje, que se establece en la relación entre un individuo que observa y la geografía que se observa, no parece cumplirse, ya que todo se disuelve.
Manuel Neves, febrero de 2025
















































