
“Señores terroristas”, dice un audio sin cuerpo a través de la sala del Galpón. 30 años hace del comienzo de La venganza será terrible. Patricio Barton y Alejandro Dolina. Alejandro Dolina y Patricio Barton. Él se convierte en ella, ella es una señora de unos 60 años, ellos se convierten en arquitecto y cliente, en vendedor de ropa y comprador, en médico y paciente, en cantante y público.
Hay una caja con mensajes escritos a mano que dicen:
“¡Sos la persona que más me ha hecho reflexionar en mi vida!”
“¡Qué cosa el ser humano!”
Hay familias como público y abuelas de más de 90 años aplaudiendo. Una pareja se levanta y les regala una caja de alfajores. Suena Piazzolla en el descanso – la risa es un bien necesario que también necesita unos minutos de tregua –. Se habla de ropa amplia y de ropa ajustada, de calzoncillos con marcas en la piel, de mallas que disminuyen la vida siete años. Se reflexiona acerca de las tentaciones de los ascetas, del diablo y de los recuerdos que empujan a la locura. Se habla del miedo al sueño de los monjes, de los fantasmas del pasado.
¿Conclusión? “Cada uno construye sus propias tentaciones”.
Y finalmente se canta, por petición del público, versiones que incluyen como última canción: “por algún camino” de Sandro.
La masa se levanta, aplaude y se marcha con una sonrisa estirada de más de dos horas seguidas.
Alejandro y Patricio lo han vuelto a conseguir. La reflexión y la risa. Y sí, “¡qué cosa el ser humano!”.
Texto: Lucía Baltar
Alejandro Dolina/ La venganza será terrible/
18NOV2015/ Teatro el Galpón/
Montevideo – Uruguay
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