
El cosmos nos cuida a todos por igual. Solamente dar gracias por la música.
20 horas dice la entrada. Ya sabemos que no. Se va llenando poco a poco. Caras conocidas, abrazos y sonrisas, algún saludo a distancia con un leve movimiento de cabeza como si nos debiéramos algo. No lo puedo asegurar. Primera parada para los recién llegados: la barra y el puesto de merchandising.
20:31 se va llenando. Una pasada por el baño o a fumar donde permitan los anfitriones. La Sala del Museo es entrañable, dispuesta.
20:47: Se llenó.
21:13: Una base grabada tira el clima que inunda la sala. Luces rojas mientras los músicos de la banda, uno a uno, ocupan sus lugares. Desde el escenario baja la energía. Abajo: Montevideo.
Santi ocupa el centro del palco con el bajo colgado más allá de la cintura y su eterna campera deportiva hace las veces de escudo, ese que no necesita. A los lados las violas. Atrás y al medio la bata, la percu y las teclas a la derecha e izquierda. “Navidad de los Santos” explota, vemos autos chocando en la pantalla gigante mientras el bajo aporreado marca el ritmo de las cabezas que comienzan a decir presente.
Él Mató tiene el influjo chamánico de meterse en el cerebro de la gente. Tienen la receta que muchos necesitan. Lo saben hacer. Lo saben disfrutar. Se agradece. Pero Montecity no es Baires. Hay otra cadencia. Otra frecuencia. Santi la administra, es de pocas palabras, agradece y dedica. El tiempo es oro en ambas márgenes del plata. Lo que no se confunde son la violas que manejan el abajo y el arriba, el uno y el dos. Nubes y suelo. Mientras las cuatro clavijas del bajo de Santiago brillan entre la niebla que produce el humo. Luces blancas, violas llorando retorcidas en un infinito salvaje. Las palmas del público, en cuatro, dan por cerrado el asunto.
Montevideo no es Bs As. Uruguay no es Argentina. Públicos diferentes. Ni menos ni más cariño. Cada cual es como es. Él Mató lo sabe. Lo ven en la cara de la gente emocionada, son lágrimas y estrofas quemando gargantas. Es eléctrico, poderoso y lúdico. Es amor y respeto. Santi respira. Tira hacia atrás su cabeza, se toma su tiempo para repetir frases que calman las penas. Lo siente. Sentimos. Compartimos ruta. Santi tira la cabeza hacia atrás, busca en su garganta el momento de subir el tono y vomitar la letra, que se repite y sube como un rayo, no baja. Al revés. Se puede ver partir desde el micrófono hacia el firmamento como una la luz que estalla y se expande.
Lo que el público quiere es prenderse fuego a su modo, mientras el bajo potente y planchado aguanta riff`s podridos, que aplanan la noche buscando el clima final. La banda deja los instrumentos y el escenario. Suena un loop de acordes para que podamos respirar. Tomar aire. Entender que Él Mató pasó por Uruguay otra vez.
Vuelven al escenario como se fueron. Envueltos en humo y luces. El grito de la jaurìa agradece el bis. ¿Cuál será el escape en este invierno frío? Por lo pronto estamos arriba, subiendo hasta el techo. El cosmos nos cuida a todos por igual.
Gracias “Él Mató” por la música. Salú.
fino.
La Lista: Navidad de los santos- El héroe de la navidad- La noche eterna- Diamante roto- Más o menos bien- Chica rutera- Medalla de oro- Sábado- El Tesoro- Tantas cosas buenas- Amigo piedra- Yoni B- Día de los muertos- Excalibur- El mundo extraño- Prenderte fuego- El magnetismo- Fuego- Ahora imagino- Chica de oro- Mi próximo movimiento.
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