DESENCAJADOS “Filosofía + Música” en Montevideo - Sala Zitarrosa Mayo 2017 - Foto © Jimena Miguel

Y sin embargo el vértigo – Desencajados en Sala Zitarrosa

Desconectar teléfonos celulares, ocupar el lugar, el espacio de reflexión, conectar con cada parte, con cada gramo de emoción directa, de corazón a corazón. Deshacerse del ritmo diario y su costumbre, despojarse del frenetismo de lo cotidiano y pensar, joder, pensar. No debería ser tan difícil, no tendríamos que necesitar asistir a un espectáculo de filosofía y música para alcanzar ese estado. Y sin embargo pasa. Y sin embargo se vuelve una necesidad si hay un público llenando la Sala Zitarrosa. Y se agradece, se agradece la magia, el raciocinio, el dedo señalando la importancia de la pregunta y no de la respuesta.

La música también se agradece porque impacta y acompaña, aunque a veces de una forma un tanto excesiva. Se da, entonces, una unión curiosa entre música y palabra, no tanto desde la poesía -aunque la poesía está incorporada en cada gesto humano- sino más bien, desde la palabra que pone en cuestión absolutamente todo, y analiza y golpea y resuena en cada tabique cerebral. Interesante forma de divulgar, interesante forma de atravesar conciencias y despegar a los asistentes de sus asientos. Un poco atrevido de más (hay algunas acciones que no son necesarias y pueden provocar desinterés durante breves minutos), pero dejando un espacio delicioso también para la comedia (la tragedia no tiene por qué presentarse sola ante un público ávido de preguntas). Aparecen los grandes temas trascendentales, y de ahí las notas mentales de mi errante cabeza:

 

Cuándo fue la última vez que te detuviste porque sí?
Todo lo que nos rodea es mercancía
Miedo a que nunca te pase nada
Elegir insomnio a ansiolítico
El otro/a me desencaja
¿El monstruo está afuera o adentro?
Los dioses también se pudren
Dios ha muerto
El fútbol es otra religión
Amar duele
Dejar que el otro/a irrumpa
¿Qué es el amor?
Hacer lo improductivo
Te vas a morir, jodete
De chico creía que era el elegido
Nos hicieron creer que ir es siempre ir a algún lado
¿Cuánto dura un rato?
El lenguaje es un virus que toma nuestros cuerpos para reproducirse
Vencedores y vencidos, ¿cómo hablan los vencidos?
Todos estamos acá buscando la salvación
Y sin embargo el vértigo
Todos somos extranjeros
Desencajados = amantes de lo que no cierra
Soltar

Soltar, soltar, soltar. Dejar que entre la maravilla en un suspiro y empaparse del cruce entre la voz cantada, la palabra hablada y los músicos que hacen vibrar la vida, pero ojo, cuidando de no venderse al entretenimiento de masas. Suerte en pila, compañeros/as.

 

Dario Sztajnszrajber, Lucrecia Pinto + Banda

 

Imagen portada: DESENCAJADOS “Filosofía + Música” en Montevideo – Sala Zitarrosa Mayo 2017 – Foto © Jimena Miguel

 

 

 

 

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Lucía Baltar

Lucía Baltar

Ciudadana del mundo, mendiga en la tierra. Gritó por primera vez una mañana de marzo de 1987. A los 12 años escribió sus primeros poemas –todos ellos prescindibles-. Llenó libretas durante años. Ganó un premio literario a los 19. Estudió la carrera de psicología pero nunca se atrevió a ejercerla. Terminó un Máster de Escritura Creativa y realizó un poemario. Emigró de España en abril de 2014 –su pasaporte dice que nació en las Islas Canarias. Ella no lo niega–. La mayor parte de su tiempo lo pasa observando la vida de otros, leyendo la vida de otros y escuchando la vida de otros. Ahora se entretiene escribiendo con la luz y robando suspiros con la cámara fotográfica. Ha aprendido a cebar mate, a decir “ta” y “bo” mientras habla y a cruzar en rojo. Se distrae con facilidad, se apasiona por completo y escribe para gritar con igual intensidad que aquella mañana del 87, es decir, con sangre, fluidos y la carne desgarrada.







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