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Venezuela en el corazón y la inteligencia crítica (III)

¿Qué busca Obama con su declaración de Venezuela como un riesgo a la seguridad nacional de Estados Unidos?

Cada vez que un conflicto político – social se polariza radicalmente, los protagonistas y sus entornos suelen tornarse hemipléjicos. Cada comunidad de intereses y de aspiraciones resalta las arbitrariedades del otro omitiendo aceptar las propias.

En un estado de conflicto radical, las lógicas de la guerra se imponen sobre las lógicas políticas y las primeras aconsejan “cerrar filas”, resaltar lo peor del otro y arremeter en su destrucción.

Ningún proceso civilizatorio tiene lugar en esas condiciones.

Es un estado propio de las sociedades y las clases en competencia por la satisfacción de necesidades o intereses sin instituciones políticas garantistas que posibiliten que los conflictos se resuelvan políticamente.

La globalización del capitalismo, (la competencia según lógicas hegemónicas de acumulación) que se ha acelerado en las últimas décadas, no ha logrado ser administrada por la política todavía.

¿A quién le sirve estimular la polarización según lógicas militares en Venezuela, Ucrania, Argentina?

¿A quién le sirve la guerra?

Hagamos abstracción, para concentrarnos en América del Sur y sus relaciones con el mundo, del conflicto entre occidente y buena parte del mundo islámico.

Allí lo que está en juego son dos voluntades hegemónicas de grupos de privilegio que se encuentran en diferentes niveles del proceso histórico en lo atinente a la concepción de los derechos humanos, de la laicidad, de la relación entre el Estado y las comunidades religiosas, es decir, en lo atinente a la neutralidad del Estado en relación a los derechos individuales de las personas.

Todas conquistas del movimiento obrero de occidente en el proceso de búsqueda de acceder a condiciones de vida dignas y en última instancia, en el proceso histórico que se procura concluya algún día con la emancipación de la humanidad de toda forma de trabajo alienado, “esclavo”, con la superación de la sociedad dividida en clases.

Para analizar el conflicto que hoy afecta a Venezuela sin embargo, no es posible abstraerse del incremento de las tensiones entre Estados Unidos y Gran Bretaña con los BRICS.

Como cualquiera comprende tampoco es posible abstraerse del conflicto por el control hegemónico de los recursos energéticos, petróleo y gas en particular, razón por la cual, aunque de costado, la dialéctica de disputa / diálogo entre Estados Unidos – Irán también forma parte del estado de situación que motiva la acción de diferentes grupos de interés.

Cubrir de adjetivos contra tal o cual actor protagónico el análisis del estado de situación no hace sino vulgarizar toda pretensión de resolución política del conflicto.

No contribuye en nada a la búsqueda de una solución que priorice los intereses geopolíticos de América del Sur, esto es, su búsqueda de autonomía en relación a TODO poder global con intereses diferentes a los del desarrollo económico, social y cultural de nuestro continente.

Dicho lo anterior puede ahora responderse a una pregunta que nos formulamos en la primera parte de este artículo: ¿Por qué Obama se dejó arrastrar por el neoconservadurismo norteamericano y sus aliados en el continente a un incremento de la confrontación con el gobierno legítimo de Venezuela cuando es plenamente consciente de las acciones de desestabilización que contra esa nación se están implementando?

Cierto es que los servicios de inteligencia norteamericanos deben poseer información calificada sobre la acción de los sectores neoestalinistas del “chavismo” que analizaron la posibilidad de dar un golpe “cívico militar”, lo que la izquierda sudamericana debe condenar tanto como las acciones de desestabilización neoconservadoras, pero no parece ser esa razón suficiente para explicar la decisión de la Casa Blanca.

Cierto es que el liderazgo occidental de Estados Unidos y Europa no se está desempeñando con inteligencia (mucho menos con mirada de largo plazo) ni en los conflictos de interés con los BRICS ni en el conflicto con el fundamentalismo islámico y que eso debe pesar en la evaluación de lo más lúcido de la elite norteamericana: el riesgo que perciben de que la influencia China, de Rusia y Brasil en América del Sur desplace muy profundamente a las empresas que responden a su estrategia global.

La izquierda de América del Sur no va a establecer nunca una alianza estratégica con Irán porque la anima en su empeño civilizatorio e igualitario una cultura política también occidental, de suerte que salvo en el neoconservadurismo más bien ignorante y también fundamentalista de Estados Unidos esa preocupación no puede estar siendo relevante.

(América del Sur no se va a privar naturalmente, de desarrollar el comercio y en el caso de Venezuela políticas de coordinación sobre la política petrolera global con Irán, pero la abrumadora mayoría de la izquierda del continente disocia perfectamente entre el aserrín y el pan rallado).

Ese tipo de confusión conceptual es propia del Tea Party y los sofisticados intelectuales de la cadena FOX, no de la izquierda sudamericana liderada intelectualmente por mérito propio en esta etapa histórica por Lula y Pepe Mujica.

¿Entonces, qué impulsó a Obama a jugar el juego de los neoconservadores, cuando para los intereses estratégicos de Estados Unidos la estabilidad política de América del Sur es absolutamente relevante?

En mi humilde opinión, y lo sabremos con nitidez en los próximos meses, el Presidente demócrata, así con minúscula, Barak Obama, procura sacarle al Congreso dominado por los republicanos la conducción de la política internacional en éste y otros temas (también el referido a las negociaciones con Irán sobre la cuestión nuclear) y esa es la razón por la que puso a jugar institucionalmente a la Casa Blanca encabezando él mismo el proceso.

Va siendo hora ya de que la izquierda sudamericana aprenda a distinguir con inteligencia dónde esté el enemigo y donde no.

El enemigo de América del Sur es todo aquel grupo de interés económico o geopolítico que atente contra la estabilidad política y social, (es decir contra la consolidación de la democracia), contra la construcción de autonomía en cuanto la administración política de nuestros recursos naturales y contra el proceso de integración regional.

Aunque resulta evidente si se leen los tres capítulos que componen este artículo vale la pena subrayarlo, todos los esfuerzos que se realicen para proteger a Venezuela de las acciones desestabilizadoras externas y para contribuir al mejoramiento de la calidad de su democracia y el diálogo calificado entre los diferentes actores políticos de esa nación serán insuficientes en las próximas semanas y meses si el propio gobierno venezolano no ayuda como decimos los orientales, “bajando la pelota al piso” y dejando los adjetivos para los herederos literarios de Gabo, el maestro caribeño de la literatura universal.

Nota: un día cualquiera de estos, cuando me levante de mal humor, cosa que raramente ocurre pero puede ocurrir, publicaré alguna frase grandilocuente y plagada de adjetivos contra el imperialismo cosa de recoger el aplauso entusiasta de la tribuna, legítimamente harta ya de ciertas acciones imperialistas carentes absolutamente de proyección histórica, pero en estos momentos me preocupa más contribuir humildemente a ayudar a Venezuela a superar la polarización interna que atenta contra sus propios intereses.

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Gerardo Bleier

Gerardo Bleier

Gerardo Bleier nació el 26 de noviembre de 1960. Escritor, Periodista y Asesor en Comunicación Estratégica. Dirigió revistas, radios y programas de televisión. Publico varios libros de poesía entre ellos Ideanimas (Arca) y Cenizas (Artefato) y una novela Cráneo de Vaca (Cruz del Sur). http://gerardobleier.blogspot.com/

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