imagen - SIMON-RODRIGUEZ

Venezuela en el corazón y en la inteligencia crítica

Las lecturas simplificadoras de la realidad suelen conducir a las comunidades humanas al deterioro de sus capacidades políticas.

Las soluciones a problemas complejos no se diseñan si no se logra interpretar la complejidad de los fenómenos que se pretende modificar, resolver positivamente.

Este “resolver positivamente” como se comprenderá, es sumamente problemático.

Resolver positivamente según ¿qué criterios éticos, según qué concepción de lo que es bueno o malo en cada momento, según qué intereses, qué pretensiones?

La manera mejor de resolver críticamente esa conciencia de la diferencia (de intereses, de concepciones) es ubicar un nivel básico de acuerdo en lo que posibilita la vida: la estabilidad como búsqueda permanente.

La búsqueda permanente, en las instituciones y en las conductas, de la estabilidad, (la calidad de la convivencia) no resuelve los conflictos, pero limita su emergencia fuera de control a instantes, breves momentos en el proceso histórico de una sociedad.

Ninguna sociedad se autodestruye conscientemente, racionalmente, pues el rasgo distintivo esencial de lo humano es su aptitud política, como hemos visto en los “Apuntes para un marco conceptual de la transformación de la sociedad”.

Dicho esto, reflexionemos sobre Venezuela, América del Sur y sus relaciones con el mundo.

El origen del conflicto fuera de control al interior de la sociedad venezolana es la crisis de credibilidad del sistema político que surge como consecuencia de la degradación ética de una elite a la que los recursos del petróleo corrompen, una oligarquía sin proyecto nacional de desarrollo con equidad, y como consecuencia, la emergencia de un nacionalismo sin cultura democrática que aglutina a millones de ciudadanos de las clases pauperizadas, lumpen proletarios, clases medias caídas en la pobreza cuando los precios del petróleo resultaban insuficientes para mantener al aparato del Estado y un no insignificante pero reducido movimiento obrero.

Venezuela además, es, como consecuencia de sus reservas petroleras, un Estado que no puede aislarse, quedar por fuera, de los conflictos geopolíticos.

La crisis arriba muy simplificadamente expuesta destruyó al sistema de partidos, el factor esencial en la construcción de estabilidad en un Estado de Derecho.

En los últimos años sin embargo, el líder que emergió de esa crisis pues recuperó los recursos petroleros para el Estado y la sociedad, procuró contribuir a recrear un sistema de partidos.

Las sistemáticas acciones de grupos de poder neoconservadores norteamericanos para “recuperar” geopolíticamente a Venezuela y la muerte de Chávez interrumpieron ese proceso.

El “chavismo” es un proyecto político muy heterogéneo, integrado por sectores nacionalistas sin cultura ni vocación democrática (entre los cuales muchos militares), corrientes políticas neo estalinistas, (impregnadas de un voluntarismo autoritario) pero también por trabajadores e intelectuales de izquierda que aspiran a impulsar un Estado democrático igualitario integrado a América del Sur.

Esta heterogeneidad debilita la calidad de sus prácticas políticas y en demasiadas ocasiones, (muchos de sus dirigentes además tienen el adjetivo fácil como los uruguayos pudimos constatar recientemente) produce niveles de polarización al interior del proyecto político que terminan en purgas, (dirigentes que son dejados fuera del padrón de militantes sin ser notificados por ejemplo) o que debilitan su capacidad de enfrentar las dificultades geopolíticas y los desafíos que le plantea una oposición que en Capriles encontró un líder con vocación democrática.

El principal problema del “chavismo” sin embargo, es el que deriva de que como consecuencia de la falta de cultura democrática de buena parte de sus dirigentes confunde todo el tiempo Estado y Partido, construyendo trenzas de poder que como toda trenza de poder debilita o destruye la cultura republicana y termina defendiendo sus propios intereses corporativos que naturalmente, pocas veces coinciden con el interés de la sociedad.

Los venezolanos tienen formidables referentes intelectuales en los que abrevar en la cultura republicana, empezando por Simón Rodríguez, el mentor de Bolivar.

Dicho todo esto parece necesario ahora subrayar que la legitimidad democrática del gobierno de Nicolás Maduro obliga a todos los gobiernos de América del Sur a enfatizar muy claramente en apoyo político y en decisiones político institucionales que no se permitirá que esa legitimidad democrática ser pisoteada por una derecha neoconservadora vengativa (porque ha sido derrotada hasta en sus intentos de golpe de Estado) apoyada en y por el neoconservadurismo norteamericano y por los Uribe´s del continente.

La acción de desestabilización reciente sobre Venezuela es una reacción neoconservadora, implementada sobre “el eslabón más débil” que pretende erosionar el proceso de descongelamiento de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba y el proceso de paz en Colombia.

¿Por qué Obama parece haber decidido dejar hacer al neoconservadurismo norteamericano y sus pocos pero todavía presentes “socios” latinoamericanos?

Esa inquietud procuraremos responderla en el próximo capítulo de esta nota.

 

(Continuará)

 
 

   

 
 

(Visited 33 times, 9 visits today)



Gerardo Bleier

Gerardo Bleier

Gerardo Bleier nació el 26 de noviembre de 1960. Escritor, Periodista y Asesor en Comunicación Estratégica. Dirigió revistas, radios y programas de televisión. Publico varios libros de poesía entre ellos Ideanimas (Arca) y Cenizas (Artefato) y una novela Cráneo de Vaca (Cruz del Sur). http://gerardobleier.blogspot.com/

<





Recomendaciones destacadas