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Venezuela en el corazón y en la inteligencia crítica. (II)

Toda política de presión de unos intereses o aspiraciones sobre otros intereses o aspiraciones para imponerle condiciones en las reglas de juego – en cualquier campo, desde el familiar hasta el geopolítico, desde el identitario hasta el económico– tensa, tira de una cuerda, que en caso de romperse, afecta a las dos partes del conflicto.

En la disputa por la hegemonía en la administración / control de las reglas de juego de la globalización la cuerda todavía no se ha roto.

Pero comienza a “chirriar”.

El movimiento siguiente a una presión política es la guerra, la anulación de la política y no la continuación de la política por otros medios.

Ninguna sociedad, en ninguna época histórica, ha resultado victoriosa en una guerra, de la que se benefician únicamente pequeñas elites.

La imagen de la cuerda pone de manifiesto al mismo tiempo dos fenómenos: el del conflicto entre por lo menos dos actores con sus respectivos intereses y aspiraciones en el que cada una de las partes “tira para su lado” es el más sencillo de observar.

Pero la imagen pone de manifiesto otro fenómeno, más complejo. El que refiere a la afirmación precedente según la cual “cuando la cuerda se rompe afecta a las dos partes”.

¿Según qué criterio afecta a las dos partes? Si mediante la presión (político – diplomática, militar, comercial) que un agente ejerce para imponer sus intereses sobre otro logra hacerlo, logra imponer sus intereses, el sentido común de la inteligencia humana tendería a afirmar que hay un ganador.

Y en ocasiones, coyunturalmente, puede haber efectivamente un ganador.

El que dispuso de más “fuerza”, de más “poder” para imponer sus condiciones.

Hace ya algunos años escribí un texto poético en el que me preguntaba: ¿Por qué al poder escapa, la tan simple noción del día después?

El texto, que se titula “El Banco de Madera” y que terminaré de editar un día de estos (una versión del mismo puede leerse en la página Gerardo Bleier V en Facebook) no responde a la inquietud, se limita a formularla.

El capítulo anterior de esta nota terminaba preguntándose lo siguiente: ¿Por qué Obama parece haber decidido dejar hacer al neoconservadurismo norteamericano y sus pocos pero todavía presentes “socios” latinoamericanos?

Refería la pregunta a la actitud del Presidente de los Estados Unidos que con la declaración de Venezuela como “una amenaza para la seguridad” norteamericana parece estar respaldando, y muy enfáticamente, la acción desestabilizadora sobre la República Bolivariana de los sectores neoconservadores de su país.

Como para dar respuesta a esta interrogante es necesario referir a los principales conflictos que están teniendo lugar en la globalización, (aunque sea de un modo muy compacto y por lo tanto, posiblemente simplificador) vamos a postergar el esfuerzo de interpretación al próximo capítulo.

En cambio, describiremos un acontecimiento que tuvo lugar en la República Oriental del Uruguay en la década del 70.

Como consecuencia de un largo proceso de estancamiento económico derivado esencialmente de haber cerrado su economía la democracia uruguaya no pudo evitar ser arrastrada por los conflictos de la guerra fría.

Por primera y única vez en el Siglo XX la oligarquía uruguaya, para responder a una creciente polarización social, se hizo directamente con el poder y utilizó para ello a las Fuerzas Armadas de la República, cuya cultura y tradición democrática había venido deteriorándose al influjo de la Doctrina de la Seguridad Nacional impulsada con enromes recursos económicos por los Estados Unidos de Norteamérica.

(En un librito que circula en la red, titulado “La Izquierda que viene” se analiza mucho más en profundidad esta crisis de la democracia uruguaya; aquí apenas enunciamos esa generalización para poder relatar lo que sigue).

Uno de los propósitos de la dictadura cívico militar fue explícito: “desterrar a la izquierda (marxista, democristiana, batllista, republicana, anarquista, nacionalista y todo lo demás) del Uruguay”.

Este proceso tuvo lugar entre los años 1969 y 1980, aunque la recuperación de la institucionalidad democrática recién pudo efectivizarse en 1985 y la dictadura militar como tal se instaló mediante un golpe de Estado en 1973.

En el año de 2005 la izquierda uruguaya accedió al gobierno nacional de la República y acaba de triunfar en límpidos comicios por tercera vez consecutiva.

Hubo una época en la historia de la humanidad en la que las fuerzas militares que se imponían sobre otras comunidades para expandir sus territorios lograban mantener esos territorios por muy largos periodos históricos: el Imperio Romano y luego el Británico lo hicieron con bastante sofisticación y aun así fueron finalmente derrotados, aunque acumularon enormes riquezas para sus metrópolis, lo que les permitió desarrollarse económica, tecnológica y culturalmente.

Tal capacidad de prolongar en el tiempo las conquistas territoriales impuestas por la fuerza no es ya viable en las condiciones de desarrollo tecnológico contemporáneo y en medio de los frágiles equilibrios de poder en la globalización.

Al poder, al que coyunturalmente cuenta con más poder de imposición en un determinado momento histórico, no debería ya resultarle irrelevante reflexionar sobre los efectos que esa imposición tendrá “el día después”.

Una de las razones por las cuales al poder (a casi todo poder) suele resultarle irrelevante las consecuencias “al día siguiente” de sus acciones de imposición por la fuerza es la que refiere al egoísmo de las elites (de casi todas las elites) que tomando en cuenta la brevedad de la vida humana actúan para disfrutar hoy de los beneficios que puedan obtener mediante esa imposición por la fuerza.

En otras épocas históricas, por razones muy profundas, los pueblos seguían a sus elites en esas batallas en las que nada ganaban.

Salvo que se les acorrale al punto de poner en riesgo su supervivencia, los pueblos no seguirán ya más a sus elites en aventuras militaristas.

Las afirmaciones precedentes pueden resultarle útiles a TODOS los involucrados en el asunto que nos ocupa en estos apuntes.

Y aunque algunas de esas afirmaciones necesitan ser más hondamente argumentadas, no es aquí, sino en los “Apuntes para un marco conceptual de la transformación de la sociedad en el Siglo XXI” donde se realizará ese esfuerzo argumental.

Continuará

 
 

   

 
 

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Gerardo Bleier

Gerardo Bleier

Gerardo Bleier nació el 26 de noviembre de 1960. Escritor, Periodista y Asesor en Comunicación Estratégica. Dirigió revistas, radios y programas de televisión. Publico varios libros de poesía entre ellos Ideanimas (Arca) y Cenizas (Artefato) y una novela Cráneo de Vaca (Cruz del Sur). http://gerardobleier.blogspot.com/







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