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Uribe, Bordaberry y la lucha de clases. Capítulo IX de Los apuntes…

Apuntes para un marco conceptual de la transformación de la sociedad en el Siglo XXI

El “republicanismo crítico” y la experiencia del Frente Amplio de Uruguay en el esfuerzo por construir la democracia más avanzada del planeta.

Capítulo IX

Los individuos pasaron de prestarle demasiada importancia al “juicio” de los demás, a no prestarle casi ninguna importancia al “juicio” de los demás.

Esta es una generalización falsa, pero parece verdadera si se resaltan únicamente algunas actitudes de grupos sociales arrastrados a una vida que persigue la mera satisfacción de deseos individualistas.

Esta generalización que comenta la primera generalización suena también como verdadera, pero no dice nada de nada en absoluto.

O por lo menos, ninguna de las dos generalizaciones dicen nada sobre el estado actual de la cultura. Son juicios morales elaborados desde una posición social, desde una subjetividad, o desde una identidad determinadas por el estado de evolución de la especie humana.

A diferencia del animal que fuimos, cuyas acciones son sometidas a un espontáneo sentimiento de aprobación o desaprobación que la carencia de memoria sume a los pocos minutos en el olvido, el ser humano “valora” los actos de sus compañeros cooperantes y “adversarios” competitivos, elabora juicios críticos sobre el resultado de tal o cual acción, los registra, los vuelve a considerar, los preserva en la memoria, a veces inteligentemente “olvida” acontecimientos o agravios o lo que considera “agravios” que en caso contrario perturbarían su capacidad de desenvolvimiento creativo…

Ese valorar, esa capacidad de establecer juicios (las más de las veces relacionados con lo que agrada o desagrada como en los animales, (lo biológico) pero también con lo que facilita la calidad de vida de las comunidades o la perturba (lo político), y con lo que ME beneficia o perjudica (lo subjetivo), es el fundamento de lo moral.

Lo que me beneficia o perjudica siempre está relacionado con la posición que ocupamos en la sociedad, si disponemos de privilegios o no, si albergamos expectativas de desarrollo o no… de modo que lo subjetivo y lo político están fuertemente relacionados.

En general se adoptan posiciones políticas según qué intereses persigo individualmente y según qué estado de situación de la sociedad interpreto, considero, o “creo” beneficia mi potencia de vida.

Lo biológico se transforma muy lentamente con la evolución de las capacidades intelectivas del cerebro.

Lo hasta aquí escrito nos permite señalar que los juicios morales no son una inocente inquietud por la existencia o la pérdida de valores, que la valoración política de los valores constituye un problema sustancial de la reflexión filosófica, es decir, de la reflexión sobre nosotros mismos como seres políticos en permanente transformación, como seres inteligentes, auto reflexivos, que es lo que, desde que creamos el lenguaje, inexorablemente somos.

A tal punto que este tema es el punto de partida de la obra entera de Rousseau, de Spinoza, de Kant, de Hegel, de Marx, de Arendt y de Habermas… como lo había sido, pero sin la suficiente consciencia de la importancia del conflicto entre individualidad y sociedad, de la obra de Platón y Aristóteles.

El nosotros prevalecía sobre el humilde yo, en las etapas de la evolución de la sociedad previas al capitalismo. El espíritu de manada prevalecía sobre los derechos del individuo, para decirlo con el lenguaje contemporáneo.

El espíritu de manada beneficiaba a quienes detentaban el poder y la gradual descomposición de los “valores” que permitían su reproducción aterraba a las clases privilegiadas, que observaban cómo la voluntad de autonomía de individuos particulares y de clases sociales sojuzgadas comenzaba a poner en riesgo sus posiciones de privilegio.

El Manifiesto Comunista describe con singular belleza literaria este proceso: la potencia revolucionaria del capitalismo, (que necesita del individualismo para su expansión plena), para embestir como un toro sobre las formas anteriores de producción, sobre las relaciones de producción anteriores al predominio del capital, el feudalismo y el esclavismo en particular.

La reacción a esta locomotora de cambios en la economía, en el contenido de los valores, el miedo ante esas transformaciones, engendró al fascismo y al nazismo.

Las clases sociales que sentían perdían la capacidad de administración de la plebe, de las masas “incultas”, reaccionaron con violencia y utilizando el recurso del miedo, fomentaron formas de polarización social (demonizaron a un otro competitivo) para establecer la lógica amigo – enemigo de modo de encubrir las reales diferencias de clase de la sociedad, el problema sustantivo que resultaba y resulta necesario resolver para facilitar el desenvolvimiento pleno de la potencia creativa de todos los individuos.

Uno de los discursos con los que construyeron ese odio al otro (a los judíos, -a los capitalistas con pretensiones autónomas-, a los comunistas, a los demócratas) refería a “la pérdida de valores”.

La teoría marxista de la lucha de clases no presupone en absoluto el desenvolvimiento de un conflicto político militar entre la burguesía como clase y el proletariado como clase, ambas “alienadas” en la misma cadena de los procesos que estimula la lógica ciega de acumulación de capital.
Tampoco presupone una conciliación con pretensión de anulación del conflicto que es inherente al sistema, aún cuando la complejidad de la sociedad capitalista avanzada y la emergencia de múltiples subclases más o menos acomodadas atemperan la radicalidad del mismo.

Pero una vez que la aspiración voluntarista de sustitución del sistema capitalista en la fronteras de un estado nación fracasó dramáticamente como consecuencia de que únicamente era posible imponerlo mediante el control monopólico del Estado, una forma inexorable de autoritarismo, el único escenario políticamente racional de desenvolvimiento del conflicto es la democracia.

La democracia como ética, (esto es el republicanismo crítico) de la que nos ocuparemos más en profundidad más adelante en estos apuntes.
Un apunte antes de continuar analizando el problema de las diferencias entre moral y ética, asunto esencial para componer una teoría de la democracia basada en el republicanismo crítico como la que ha ido creando el Frente Amplio de Uruguay.

Cuando en América del Sur, algunos (por suerte pocos) integrantes de las clases dirigentes, vinculados al mismo tiempo al mundo de los altos negocios e integrados como líderes al mundo de la política (Uribe en Colombia, Bordaberry en Uruguay por citar dos emblemáticos) reaccionan con virulencia antipopular en discurso y a veces en acciones que pretenden desestabilizar a las naciones que no gobiernan, lo que representan es el mismo pavor ante los procesos de modernización capitalista que sintieron las clases dirigentes de Europa que alimentaron al fascismo y al nazismo.

Más pavor sienten cuando los procesos de modernización son conducidos por la política con un sentido igualitario.

El mundo ha cambiado mucho desde las últimas décadas del Siglo XIX y primeras décadas del siglo XX hasta hoy, pero la capacidad de violencia de las clases dirigentes sin profunda cultura democrática sigue siendo un fenómeno contra el cual las sociedades deben estar precavidas.
¿Cómo? Tomando el protagonismo en la construcción de más y más calidad de democracia. (Nada de fomentar vulgares polarizaciones que a ningún lugar conducen, y que en cambio favorecen a los sectores antidemocráticos pues anulan la calidad del dialogo político sustituyéndolo por las lógicas de la guerra).

Nota: la mención al estado de ánimo político cultural que propicia en algunos sectores de las clases dirigentes como ocurrió a una parte del mundo empresarial alemán e italiano luego de la derrota en la primera guerra mundial el surgimiento de tentaciones antidemocráticas, aunque revestidas en algunos casos en discursos “liberales” o “nacionalistas”, viene a cuento porque la voluntad de “hacer mierda” a un adversario no puede simplemente dejarse pasar como una tontería temperamental… Es el estilo de Uribe y Bordaberry y no es casual que así sea.
El líder nacionalista Luis Lacalle Pou en cambio, en un momento clave en la generación de gestos que propician la hondura de la cultura democrática de una nación, cuando se cuentan los votos de las voluntades sumadas de la racionalidad política de una comunidad declaró: “Los resultados se acatan, se respetan y se defienden”, enfatizando el cumplimiento a la decisión de la mayoría de la sociedad.

 
 
 

   

 
 
 

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Gerardo Bleier

Gerardo Bleier

Gerardo Bleier nació el 26 de noviembre de 1960. Escritor, Periodista y Asesor en Comunicación Estratégica. Dirigió revistas, radios y programas de televisión. Publico varios libros de poesía entre ellos Ideanimas (Arca) y Cenizas (Artefato) y una novela Cráneo de Vaca (Cruz del Sur). http://gerardobleier.blogspot.com/

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