Daniel Drexler presenta su nuevo disco de estudio; UNO - Teatro Solís - Noviembre 2017 - Foto © Fede Garcia

Presentación de UNO de Daniel Drexler

Genera una gran expectativa estar sentada unos minutos en medio de las butacas vacías, con los instrumentos en silencio pero tan alertas que alguno brilla su lucecita roja. Es el instante antes de la eternidad, ese que contiene todas las infinitas posibilidades. “Espero que este sea uno de esos shows que me acomode todas las células”, pedí… y confié.

En el centro, Daniel Drexler. A mi derecha, Nicolás Parrillo, Gonzalo Gutiérrez, Camila Ferrari y Analía Parada. A mi izquierda al fondo, Eduardo Mauris; más adelante, Dany López. Detrás nuestro, en el sonido, Paio Robles.

La noche abrió con la misma canción que UNO: “La rambla de Montevideo”. Es aquella que cuando termina el disco, tenés que poner de nuevo, para escucharla aunque sea una vez más. Es un tributo muy genial a nuestra rambla, con sus muchas capas. Por un lado, es facilísimo identificarse con la letra. En lo personal recuerdo que fue al regresar de mi primer viaje largo a un lugar sin costa que tomé conciencia de su belleza. Musicalmente, es un candombe indudable pero tiene otros ingredientes, algo electrónicos quizás. La canción resulta muy uruguaya pero ¡eureka! la nostalgia no está y sí aparecen rasgos de juventud y aventura. Los sonidos aquí generan imágenes en movimiento: las luces de los autos pasando, las olas de temporal pegando sobre el paredón y las palmeras sacudiéndose con el viento fuerte del sur. Por supuesto una no puede dejar de ver a las parejas abrazadas, a los amigos tomando mate, a los niños en bicicleta. Todo está misteriosamente contenido en esta canción.

He aquí la pista en Soundcloud. Pónganle “play” y fíjense qué ven, qué oyen, qué sienten: https://soundcloud.com/danieldrexlerofficial/la-rambla-de-montevideo

Durante la mayoría del show el público estuvo bastante iluminado. Por eso, los ojos de los músicos se posaban en unos y otros oyentes, en un contacto muchísimo más cercano al típico de un show. Cada tanto alguno de ellos asentía un saludo hacia alguno de los rincones de la platea, siempre con una sonrisa. Se sintió la comunión entre los músicos y el público. En el escenario, la alegría y camaradería burbujeaba en cada pequeña vuelta de tuerca sonora.

Hubo proyecciones gráficas detrás del escenario muy bien pensadas y utilizadas con buen ritmo y con una dosificación que me resultó cómoda.

Me sorprendió un montón que la voz de Daniel Drexler sonó muy similar a su sonido en el disco. Su voz me llega cariñosa, dulce, optimista, íntima y profunda y no cambió un ápice en el show en vivo. Apuesto que el buen trabajo de Paio Robles en el sonido habrá influido en eso. También constatar esa similitud sonora a mí me habló de honestidad artística, y sentí agradecimiento por eso.

En “La rambla”, además, fue notorio el arte para que una canción que en su versión grabada tiene varias percusiones no perdiera ni un ápice de carácter, con Nicolás Parrillo en la batería. Él tiene una energía divina al hacer música. Aporta vitalidad y positivismo. Me traje del toque el sonido precioso del aro del tambor (por ejemplo en la canción “Palermitana” y en la versión bis de “Febril Remanso”), sus candombes hermosos, cómodos y libres, su bonito cajón con escobillas, y el sonido del jarrón. Me dio la impresión de que el cambio musical al pasar de la bata al jarrón va más allá del instrumento en sí… es como que su actitud pasa a ser otra, mucho más intimista, donde aparecen gran dulzura y cariño. Todo el toque tuvo muchos matices y dinámicas, lo cual es un lindo desafío para el baterista. Otro detalle que se quedará conmigo es la dulzura increíble de los ¿caracoles? ¿o semillas? al final de “El misterio del Mburucuyá”.

Camila Ferrari y Analía Parada le agregaron colores importantes a la noche con sus coros bellos y con el toque femenino en el escenario. Es brutal cómo cambia el sentimiento de un toque cuando hay hombres y mujeres y cuando hay solo personas de un género. Inclusive se notaba esa diferencia cuando en algunas canciones ellas no participaban. Su actitud acompasó el espíritu de todo el toque. Le aportaron algo muy valioso al show.

Otra complementación que fue notoria y bienvenida fue el sonido del piano acústico contribuyendo a todo lo eléctrico. La sensación corporal de esas notas en particular es de caricia, de abrazo. En la canción “Palermitana”, y no solamente en esta, fue un goce especial el diálogo y la construcción compartida entre Dany López y Eduardo Mauris. El sonido amoroso del piano y el sonido impresionantemente dulce de la guitarra de Mauris fueron algo que me encantaría recordar durante muchos años.

En este show me quedó claro que Daniel Drexler tiene muy buen gusto sonoro y una visión musical admirable. Desde los músicos que convocó hasta cada arreglo, diálogo, solo y detalle se vivió desde la audiencia como un producto sentido, cuidado, querido y muy respetado. Y ya sabemos, así como nace del escenario, llega a la butaca. Sería injusto no mencionar que Gonzalo Gutiérrez y Dany López son coproductores de UNO, por lo cual seguramente tengan también su cuota de responsabilidad en ese producto tan bello. Ahora, el material de base, las composiciones de Drexler son hermosas. No son canciones para pasar el rato sino para sentirlas y dejarlas trabajar en los corazones.

El bajo es el principal responsable de que una mueva la cabeza, que sienta la necesidad desesperante de pararse y bailar, y también de que algunas canciones lleguen a lo más profundo del corazón. Gonzalo Gutiérrez nos hizo bailar en la butaca. Me encantó sentirme acompañada en el movimiento inevitable. Bailamos con todos los ritmos y disfrutamos de un sonido de bajo de los que me gustan: claro y profundo, y tendiendo a agudo. Clarísimo, ¿no? Ja. Traten de explicar cómo suena un bajo y después me critican, ¿ta? Explicar qué es lo que me mueve tanto de un bajo es la parte más desafiante para mí de narrar estas instancias mágicas. Es parte de lo “indecible” que sucede al exponerse a la magia musical.

La noche tuvo invitados especiales: Andrés Rubinstein en clarinete, Pato Olivera en trompeta y desde Argentina, Pablo Grinjot en piano y voz. Los tres aportaron mucho valor.

Los vientos en “Los peones de la guerra” fueron para mi gusto muy importantes. Dicho sea de paso, ¡definitivamente es un tango, Drexler! Tremenda polenta tiene ese tema y cala hondo en el alma también. Incomoda un poco, también, porque la guerra desgarra incluso siendo mención en una canción.

Andrés Rubinstein hizo mucha belleza con el clarinete. En la canción “Sheiko”, que si bien tiene un toque de optimismo a mí me genera una tristeza especial, el clarinete le puso una dulzura positiva, un toque extra de esperanza, que me hizo bien. En “El misterio del Mburucuyá” él y Nico Parrillo (con escobillas) hicieron algo muy mágico y muy dulce juntos.

Pablo Grinjot al piano y Daniel Drexler en la guitarra cantaron “Lo que siempre fue”. Pablo aportó una inyección interesante de energía diferente, con una impronta algo más extrovertida y algo más impulsiva. Me fascinó ese contraste entre él y Daniel al cantar. Queda la reflexión de cómo los contrastes humanos pueden ser enriquecimiento si se aprovechan con arte y se tratan con amor.

Hubo mil otros momentos destacables pero, con la mano en el corazón, son para vivirlos, no para narrarlos, y seguramente mucho menos para leerlos. ¿Cómo hago para explicarte con palabras cómo Eduardo Mauris con su guitarra estuvo todo el toque creando maravillas? ¿Cómo hago para narrarte el solo endiablado y maravilloso que se mandó Dany López con el teclado en el último de los bises? ¿Cómo transmitirte en blanco y negro la sensibilidad que se te incorpora en la piel al recibir la palpable honestidad y sensibilidad de Daniel Drexler con su canto y su guitarra? ¿Cómo te explico el tremendo trabajo rítmico de Drexler con su mano derecha en “Mar Abierto”? ¿Cómo hago para que vivas en tu piel la sofisticación y poderío del tema “Dinero”? ¿Cómo hago que te llegue la amplificación de conciencia esencial que sucede cuando escuchás la frase “feliz al menos un segundo”… y cuando te quedás sintiendo que si se puede asir la felicidad de un segundo, UNO mediante, podemos asir la felicidad eterna?

“¿Fueron felices al menos un segundo durante el show?”, preguntó Daniel. Lo fuimos muchísimo más tiempo que eso. Seguramente por la iluminación de la sala los músicos pudieron verlo. Por si acaso la concentración los distrajo, yo les cuento que hubo abrazos, besos, muchas sonrisas, mucho bailoteo en la butaca y coreamos lo mejor que pudimos, resonando con la alegría que venía del escenario. Dos días después, seguimos tarareando internamente “de poema en poema”.

 

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Imagen portada: Daniel Drexler presenta su nuevo disco de estudio; UNO – Teatro Solís – Noviembre 2017 – Foto © Federico García

 

 

 

 

 

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Patricia Schiavone

Patricia Schiavone

Patricia Schiavone es Coach Personal, Practicante e Instructora de Reiki y amante de la música. Su página de facebook: @sersentiryhacer y su web: https://patriciaschiavone.com







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