Trotsky Vengaran Horror Show - 31 de octubre 2015 - Teatro de Verano - Foto ©Silvia Pedrozo

Trotsky Vengaran Horror Show

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Trotsky Vengaran 31/10/15

«La Sonrisa no me podrán borrar…»

Noche de brujas y la promesa de un «Horror Show» en el Teatro Ramón Collazo. Después de una tarde primaveral, de niños pidiendo dulces por la calle, no fue extraño ver entre la gente disfraces de todo tipo; abundaban los cuernitos diabólicos que prendían luces, tridentes de plástico agitándose en el aire, vampiros, brujas y misceláneos de todo tipo, deambulando entre gente de todas las edades. Un niño, con un disfraz verde, sobre los hombros de su padre y a metros de la valla, esperaba ansioso que el concierto empezara; su sonrisa era radiante.

A las 21:13 se apagaron las luces y mientras la grabación de la intendencia recibía a los presentes al Teatro de Verano el canto de la gente llamaba a la banda con su «ooohhh Trotsky Vengaraaaan…». Todo quedó oscuro, sólo se iluminaba el telón de fondo y la Marcha Imperial de Star Wars despertó el griterío generalizado.

La platea baja estaba llena hasta las escaleras, la parte alta estaba salpicada de gente y había grandes espacios vacíos; hacia allí me dirigí, no siendo un gran seguidor de la banda, para tener una perspectiva general del escenario y su público. Vuelan papeles y el teatro recibe a la gente, la gente recibe a la banda.

Como vaticinio de las horas a seguir, Trotsky abre con Noche Alucinante, y con el coro de «hoy los demonios andan sueltos» la gente dio rienda suelta a la alegría. Desde allí arriba pude ver al niño en hombros de su padre agitar sus manos como un muñequito de trapo mientras quien lo cargaba saltaba de un lado al otro.

Después de tres temas, la banda saludó al público con la inconfundible picardía de un Guillermo Peluffo pronto para jugar su juego: «Bienvenidos a nuestra fiestita«. La respuesta de los seguidores, como no suele ser de otra manera, fue un griterío generalizado en el que predominaron las alusiones a la sexualidad del cantante. Hugo «Llamarada» Díaz acudió al rescate, enterrándolo más.

La banda había prometido 44 temas y la única manera de hacerlo era siguiendo la vieja fórmula punk: se convirtieron en una ametralladora de canciones, el acorde que quedaba sonando al final de un tema servía de comienzo para el siguiente. Había poco tiempo para charla, los respiros llegaban después de una seguidilla de cuatro o cinco temas. En uno de esos descansos, llamarada dejó en claro, con el sentido del humor ácido de la banda, que los que habían comprado la entrada anticipada se debían retirar del lugar después del tema numero 35, porque eran diez pesos por tema y no podían ser injustos con quienes pagaron más. Ante la silbatina, se defendió: «No soy yo, es este sistema capitalista…» y sin dejar responder a la gente, arranco con «10 minutos«.

Trotsky hace un buen punk-rock, sonoro, estridente, rápido y alocado con letras donde el sentido del humor y la crítica insidiosa se entremezclan, despertando recuerdos, emociones y ese cachetazo de realidad del que nadie se salva; con un guitarrista que salta en los temas, una batería potente y un cantante que se divierte jugando con el soporte del micrófono, recorriendo el escenario de punta a punta, molestando a sus compañeros. Son como niños grandes haciendo lo que les gusta. Y lo hacen tan bien que contagian y cuando llega el estribillo de «En el final» el público lo canta sólo, a pleno pulmón, llegando casi a la mitad del show. En «Los secretos del dolor» se enciende una bengala en la platea baja, la gente no deja de saltar y divertirse, y para esa altura yo había perdido de vista el niño del disfraz verde.

La metralleta de temas seguía llenando de música el teatro y al llegar un nuevo corte, Peluffo pidió un fuerte aplauso para el «Grano«, bajista de la banda, en alusión a su primer presentación en el Teatro de Verano. Y Hugo acotó «hace mucho tiempo que tocamos acá sin que llueva, nos gusta más cuando se mojan…» y viendo que el Grano no tenía mucho para agregar, volvieron a disparar con «Un Mensaje para la Humanidad» Poco después llego el verdadero corte, unos veinte minutos para reponer energía. A la vuelta comenzaron a aparecer los invitados. Para empezar a lo grande, una muy buena interpretación de Gabriel Peluffo de «Un beso y una flor» de Nino Bravo que dejó a todo el mundo aplaudiendo. Decidí bajar para acercarme al escenario y me cruze con el niño disfrazado, que saltaba emocionado mientras su padre ya había tomado asiento. De a poco llegue muy cerca de la valla por una de las escaleras laterales y me encontré con dos amigas que se cantaban a la cara, la una a la otra, con una mirada cómplice de años que la sonrisa no les podrían borrar; mientras se apagaba el último acorde de «el Funebrero» su abrazo permanecía, cortado solamente por la intromisión, en pleno escenario de Darth Vader, sable laser en mano, mientras la banda que por un momento cedió su protagonismo, interpretaba «Luke soy tu padre«.

Al final (como la banda pregona, su público asiente y todos necesitamos) fueron más de 44 temas; la marea humana, esa que se aprieta en los pasillos-túneles del Ramón Collazo, salió a las calles en quizás la primera noche primaveral del año con un denominador en común; una sonrisa que transmitía un mensaje claro: «Yo sólo quería una noche de rock«

Crónica: Daniel Perdomo

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Silvia Pedrozo

Silvia Pedrozo

(22/11/1984) “Esepé”, eterna estudiante, amante de la música, la fotografía y toda actividad al aire libre, aunque un poco miedosa, con las agallas necesarias para arriesgarse a hacer todo lo que le hace feliz, poseedora de una gran habilidad para convencer a sus amistades que le hagan compañía en sus locuras, aventuras, viajes y periplos. Se incorpora a cooltivarte en 2015.

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