Darío Sztajnszrajber en la Zitarrosa

“Todo esto es un gran sueño” Darío Sztajnszrajber en la Zitarrosa

Son las 19:30 h en la Sala Zitarrosa, el interior está repleto, y al fondo, Darío Sztajnszrajber, sentado tras una mesa, comienza su discurso. La sala está completamente iluminada. Todos nos vemos mirarle mientras nos mira, y sonriendo nos dice en burla: “esta clase va a terminar a las 6 de la mañana aproximadamente”. Hoy nos introduce a la figura del filósofo alemán: Nietzsche.

A mi derecha alguien pide una lapicera, a mi izquierda, varias personas toman apuntes mientras Darío habla de la filosofía como antídoto y anestesia, como forma de lidiar con el miedo a la muerte —me pregunto si no estaremos acá, en este instante, pidiendo auxilio y nanas para calmar estados—. También nos hace reír, inventa términos, habla del tiempo —de por qué dura lo que dura— de volver a nacer y repetir, eternamente, lo que hemos vivido. Habla de la oscuridad y de la luz, de las metáforas y de Dios.

Cuando nombra “la verdad” una persona aplaude y él responde: “estás aplaudiendo sola, pero te banco”. Introduce el concepto de nihilismo y los cuatro temas básicos de Nietzsche: El eterno retorno, la voluntad de poder, el superhombre y la muerte de Dios.

Dice que para Nietzsche no hay que tomar nada como certeza y que “si el arte no es espejo y oráculo, ¿para qué sirve?”, que “el problema no es Dios, es creer que hay un orden único” y se pregunta…“¿cuál es el origen de todas las cosas?” ¿El agua? ¿El aire? ¿La matemática? ¿La razón? ¿El sujeto? Para Nietzsche el origen no es nada de todo lo anterior puesto que la verdad última es que no hay verdad, que no existe, que no hay hechos sino interpretaciones.

Mientras votamos para hacer un descanso nos dice: “no me jode que vayan al baño y hagan esas cosas que hacen los seres humanos”. No descansamos, seguimos con este estado de intensidad verbal mientras pregunta: ¿por qué te enamoras de alguien? ¿Haces un razonamiento? ¿Una cuenta? Relata anécdotas de cuando estaba en la escuela, nombra a Burroughs, habla de Kafka y de que la palabra crea realidad. “Todos mentimos, pero hay mentiras que todavía no han sido descubiertas”.

Habla de occidente como una interpretación vencedora. Aparecen la figura de Apolo (orden, jerarquía, mente) y Dionisio (todo lo contrario, la carne, el desbordamiento). “El ser humano es tránsito” afirma, hay que cuestionar el orden constantemente para descubrir, como hizo él, que finalmente, “todo esto es un gran sueño y que no nos queda otra cosa que seguir soñando”.

 

 

(Visited 49 times, 49 visits today)

Lucía Baltar

Lucía Baltar

Ciudadana del mundo, mendiga en la tierra. Gritó por primera vez una mañana de marzo de 1987. A los 12 años escribió sus primeros poemas –todos ellos prescindibles-. Llenó libretas durante años. Ganó un premio literario a los 19. Estudió la carrera de psicología pero nunca se atrevió a ejercerla. Terminó un Máster de Escritura Creativa y realizó un poemario. Emigró de España en abril de 2014 –su pasaporte dice que nació en las Islas Canarias. Ella no lo niega–. La mayor parte de su tiempo lo pasa observando la vida de otros, leyendo la vida de otros y escuchando la vida de otros. Ahora se entretiene escribiendo con la luz y robando suspiros con la cámara fotográfica. Ha aprendido a cebar mate, a decir “ta” y “bo” mientras habla y a cruzar en rojo. Se distrae con facilidad, se apasiona por completo y escribe para gritar con igual intensidad que aquella mañana del 87, es decir, con sangre, fluidos y la carne desgarrada.







Recomendaciones destacadas