Desorden Público en el Bluzz Live, 31 de Mayo del 2017 - Foto © Jero López

Todo está muy normal – Desorden Público en Bluzz Live

Era una tarde como cualquier otra en Montevideo, tranquila y muy corriente, entre tanto yo como siempre atento a la movida cultural y musical que la ciudad ofrece, cuando por sorpresa y por boca de un gran compañero uruguayo, el Jero, me entero de que una de las bandas más icónicas de la movida Ska venezolana, de donde también soy oriundo, llegaría a la ciudad en pocos días. Nada más y nada menos, para la ocasión, se trataba de Desorden Público, lo que me hizo pensar en mi adolescencia caraqueña de inmediato, llenas de desorden en cada una de sus presentaciones públicas, mismas que quedaron en la posteridad de mi memoria.

Sin más me dispuse a esperar ansiosamente ese día para ir a verlos, imaginando que para la ocasión Desorden traería un fragmento de mi juventud, de mis recuerdos y los de otros compatriotas venezolanos, entre temas y pogos para sentirnos como en casa mutuamente. Fue un pensamiento muy nostálgico, ya que los venezolanos que salieron de su país difícilmente volverán, y no por capricho sino por una realidad crítica que afecta a todos los venezolanos sin deparar en clase, credo ni color.

Llegado el día para ver a los desordenados, me propuse desde muy temprano a preparar la tarea periodística con cámara en mano, bateria llena, tarjeta de memoria, lápiz y cuaderno. Ya todo está listo para registrar ese momento, que más que eso es un viaje en el tiempo, con paisanos de tu propia tierra y hasta de tu misma edad, con tu mismo acento y mismas ganas de sentir el calor venezolano a la distancia, a pesar de tanto invierno montevideano.

Salgo de casa camino a la parada del bus, sin dejar de pensar en la última vez que vi a Desorden Público, mismo momento que me llenó de emoción al viajar 10 años atrás en mi memoria, ubicándome justo en el Centro de Caracas, dentro de la ex-plaza de toros Nuevo Circo, en donde punks, rastas, raperos, sifrinos (chetos) y un sin fin de géneros subculturales nos concentramos a la espera del desorden colectivo. Todo a sabiendas de lo que venía, un gran pogo lleno de euforia adolescente, haciendo referencia a uno de los coros más clásicos de la banda Esto es ska, si no te gusta te vas, un mensaje viviente que se sentía en el aire.

Ya casi llegando, a pocos metros de distancia del lugar pautado, caminando junto a mi compa Jero, quien se encargaría oficialmente de la fotografía, veo que se transmite ya el calor venezolano mientras todos esperan afuera el gran momento del Desorden Público. Todos los paisanos, del Valle de balas, a la espera conversaban de algunas anécdotas caraqueñas, entre recuerdos y la típica jerga que nos caracteriza e identifica.

Después de un poco de espera y una muzzarella, cortesía de mi pana Jero, en la sala del toque aguardaban nuestras credenciales para entrar a ver a los desordenados caraqueños. En el lugar ya se respiran las ganas por compartir ese momento, ese mismo sentimiento colectivo, entre algo de reggae, rockstedy y algunas birras, todos mirándonos a las caras, como buscando una en particular, alguna cara familiar para intercambiar un cuento, o tal vez preguntar por amigos en la lejanía.

En medio de la expectativa y conversaciones varias entra Desorden y arranca de una, e irónicamente Todo está muy normal es lo primero sueltan, cuando toda la sala se llenó de euforia al conectarse con ese fragmento de joda caraqueña que tanto anhelamos muchos venezolanos fuera del país. En ese momento logro reconocer de inmediato al Gordo, al Chino y a Horacio Blanco, que sin mediar palabra introductoria dan comienzo al recital.

Continuamente y sin parar llega la hora de Esto es ska, y es ahí donde un clásico de esta categoría me hizo viajar otra vez al Nuevo Circo, reconociendo que todos sentían lo mismo al igual que yo, con sus caras de me acuerdo de aquel toque en…

Pasados unos cuantos temas Horacio Blanco, vocalista de la banda, se dirige al público con ese carisma que lo caracteriza, haciendo alusión a la situación actual de los venezolanos fuera y dentro de su país, recordándonos que somos gente muy linda, además de grata, y que estos procesos son difíciles pero tenemos que superarlos. Así continuó hasta agradecer también a la barra venezolana por dejar nuestra bandera bien parada por el mundo, debido a muchos comentarios alentadores de extranjeros con los que se topó en distintos viajes, donde hablaban bien de nosotros.

Finalizado ese momento entre la joda y lo conmovedor, Horacio anuncia su próxima canción, con la que todos los venezolanos nos identificamos de inmediato, que más que ganas de bailar generaba mucha nostalgia, al saber que era una letra exclusiva para nosotros en cuanto a su contenido, el cual habla del fenómeno de las despedidas de compatriotas a otros países por la necesidad de una mejor calidad de vida, Los que se quedan y los que se van. Pensé en ese momento, con los ojos empañados, si mi decisión había sido la correcta, teniendo en cuenta que me fui de Venezuela por una mejor vida, pero para lograrlo tuve que sacrificar todo lo que me unía directamente a mi tierra natal.

Todos bailando al son del tema, aunque algunos lagrimeando discretamente, imagino por mi misma situación, por el mismo sentimiento que nos une como seres de un mismo pedazo de tierra, con las mismas costumbres y tradiciones, por haber dejado tanto a nuestras espaldas, y no poder hacer más que cruzar la frontera en busca de un mejor futuro para nuestras familias, amigos y amigas, y todo vínculo generado en aquellos días. Todo eso y más en una sola letra, una que solo entendemos los venezolanos que allí estaban y los que no estaban también.

Después de esa gran dosis emocional, llegó el turno de El Chino, cuando Horacio lo invita al micro y lo saca de la batería para que nos muestre sus Zapatos resbalosos. Creo muchos se vieron bailando en lo más profundo de sus recuerdos este tema en su niñez, por ser tan viejo y tan bueno a la vez, igual que el mismísimo Desorden Público.

Ya falta poco para terminar, entre las palabras de Horacio, que llenando el espacio con su carisma, con sus breves reflexiones y chistes que lo caracterizan, nos dejó un rato Bailando Sobre Las Ruinas un tema directo otra vez, aunque muy sutil, haciendo referencia a que a pesar de todo debemos levantar vuelo otra vez, debemos retomar el foco, la cadencia, el ritmo y la rima, y así renovar el ciclo Bailando sobre las ruinas, como lo menciona Desorden en este tema.

Es la hora, ya falta poco para cerrar el show, sin antes convocar a un curioso simulacro que hacía alusión a eso que pasa en las marchas del país, tirandonos todos al suelo, esperando su llamado, el que explotó diciéndonos Allá cayó… levantandonos a todos con tal energía que casi tocamos el techo de la euforia, esa que se transformó en un pogo y que me hizo sentir en casa por pocos minutos.

Ya bailamos, sudamos, cantamos sus letras y viajamos al pasado con Desorden. Llega el momento de la verdad, la despedida real, a la que todos nos negábamos aferrándonos al deseo de un tema más, que tras su aparente final del show regresaron a la tarima con dos joyitas clásicas de su repertorio, esto para complacer la petición de sus paisanos, Mal aliento y Políticos paralíticos, haciendo del cierre todo un placer ante semejante momento.

Mientras baja la banda, con la energía latente todavía, aunque más calmos todos, algunos se les acercan para hacerse alguna foto, como tratando de congelar ese momento lo más que se pueda, hasta donde el futuro alcance.

Muy complacido, rumbo a la salida de local, voy repasando en mi memoria eso que sucedió en la sala con Desorden Público. Disfrutando de ese instante todavía, me abordó una rara sensación de añoranza por volver a mis calles con los míos, por rodearme de todo eso con lo que crecí, por volver al lugar que más me identifica en el mundo, por sentarme a comer un cachito con una malta en algún banquito, y creer que lo que pasó en mi país nunca pasó, y que solo fue un mal sueño vivido en cualquier lugar de la Venezuela que recuerdo.

 

Crónica: Jackson Martínez

 

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Jerónimo López

Jerónimo López

Nací en Febrero del 92 en Montevideo, pero me crié en Colonia del Sacramento donde viví mi infancia y adolescencia, enamorado de la playa de río y los atardeceres. Viajando por el exterior se me despertó el interés por la fotografía. Así me compré mi primer cámara y comencé a retratar lo que veía. De esa forma tomé las fotos que más me gustan hasta el momento, sin conocimientos previos. Decidí volver a Montevideo no hace mucho y comencé a estudiar fotografía en Aquelarre donde actualmente curso el taller de Fotorreportaje. Se integra a cooltivarte en 2015.

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