Mauro Martella - Foto: Bruno Rodríguez

Bisiesto, entrevista a Mauro Martella

Mauro Martella es fotógrafo. Nació en Flores en 1975 y las primeras lecciones de fotografía las aprendió de su padre. Luego estudió con Robert Yabeck en el Centro de Diseño Industrial y con Mariano Battaglia en la Escuela Uruguaya de Fotografía. Estudió diseño industrial, diseño gráfico, dibujo publicitario y participó de talleres literarios. Realizó la coordinación del catálogo, guía y sitio web de las cuatro ediciones de Fotograma, Encuentro Internacional de Fotografía. Trabajó en el área de difusión y prensa de Criatura editora. Ha realizado trabajos fotográficos para diferentes músicos, obras de teatro y danza, y casamientos. Sus fotografías han aparecido en la revista argentina ‘La Mano’ (Argentina) e ‘Indie Rocks’ (México), entre otras. Su primera exposición individual fue ‘Anclados’ en Gradiva (2009) y en Mezcla (2010). Desde 2011 trabaja en La lupa libros, y desde 2012 trabaja en el área de comunicación del Centro de Fotografía de Montevideo. En 2013 participó de la muestra colectiva ‘De cajón / Año 5’ en el Espacio Cultural de la Embajada de México. Desde el 9 de diciembre al 28 de febrero, expone ‘Bisiesto’ en La lupa libros.

Bisiesto es un proyecto de fotografía en el que Mauro fotografió los 366 días del año 2012. Por éste último proyecto pero también para conocerlo más como fotografo en general lo entrevistamos desde COOLTIVARTE.

“Trato siempre de pensar menos y sentir más. Mis únicas reflexiones se reducen a evaluar cómo ajustar la cámara en la configuración más apropiada.”

-¿Cuándo empezaste a hacer fotografía?

-Mis primeras fotos fueron sacadas con una Kodak Signet de 35mm del año 1952, que papá me enseñó a usar cuando yo tenía unos 8 años. La misma edad que tiene mi sobrino Emiliano, a quien siempre le presto mi cámara. Uno de mis mejores retratos fue sacado por Emiliano.

-¿Qué es lo que más te entusiasma de la fotografía?

-Lo que más me entusiasma son los poderes que tiene ese aparatito llamado «cámara». Es el único objeto que te enseña a mirar al mundo, explorarlo y mostrarlo de una manera diferente. Además de potenciar y agudizar la mirada, te obliga a mirar donde nadie mira, y puede transformar en arte aquellas cosas que pasan desapercibidas por el ojo distraído.

-¿En qué piensas cuando estás encuadrando?

-Mi trabajo tiene mucho de improvisación. Trato siempre de pensar menos y sentir más. Mis únicas reflexiones se reducen a evaluar cómo ajustar la cámara en la configuración más apropiada.

-¿Qué destacas de la experiencia de estar trabajando profesionalmente en fotografía?

-Si bien he hecho algunos trabajos puntuales, mi equipo de trabajo cabe en una mochila pequeña. Si ser profesional equivale a armar un set, desplegar un montón de flashes, lámparas, trípticos, pantallas, reflectores, filtros y surtido de cuerpos y lentes, entonces no lo soy. Hasta ahora, mi relación con la fotografía lleva una enorme etiqueta que se puede leer como «Hobby», «Amor», “Capricho” u «Obsesión». Y los trabajos que he aceptado, todos llevan una o más de esas tres etiquetas, y todos fueron realizados con elementos que entran en una mochila o en un bolsillo.

-¿Qué tan importante es ser objetivo en tu profesión?

-Mi trabajo es completamente subjetivo. Incluso aquellas cosas que requieren objetividad, siempre se verán tamizadas por mi mirada. Es inevitable.
-¿Cómo se te ocurren las ideas? ¿Tenés una libreta de apuntes?

-Tengo una libreta de apuntes con la querida Olga de Liniers, con la que viajo a todos lados. Está llena de anotaciones. Pero ninguna de ellas se refiere a la fotografía. No hay en mi trabajo nada preparado de antemano. Las ideas nacen en mi cabeza, y es ahí donde permanecen, jugando, mutando, desarrollándose y multiplicándose, y a veces también muriendo. Y ese nacimiento de ideas es totalmente azaroso.

Suelen aparecer mientras voy pedaleando o caminando, y aunque suelen ser caprichosas, siempre las termino consintiendo. Bisiesto, mi reciente proyecto, fue un capricho de un 1º de enero, en el que después de correr por una carretera con mi cámara, se me ocurrió hacer público que sacaría fotos todos los días del año. Y después me hice responsable de eso.

-¿Cuántas tomas realizás hasta conseguir la imagen que querés?

-Para el proyecto Bisiesto, en el que seleccionaría solamente una foto por día de 2012, llegué a sacar hasta 1000 fotos diarias. Asimismo, tuve días en los que los disparos se redujeron solamente a cuatro o cinco.

Cuando la foto lo amerita, los disparos pueden ser muchos (ej: al fotografiar una tormenta eléctrica, cada disparo equivale a una fotografía diferente, aunque la cámara permanezca estática). Cuando el objetivo es algo concreto (una fachada, un detalle o un paisaje estático), dos o tres fotos son más que suficientes. Sin embargo, las mejores fotos siempre son aquellas que son irrepetibles, y en las que el disparo y el encuadre llegaron en el momento preciso.

-¿Qué hace que una imagen llame más la atención que otra?

-La pregunta es amplia, y la respuesta se podría enfocar de mil maneras. Hay muchas cosas que podrían hacer especial a una fotografía, y diferenciarla de las otras. Pero entre las cosas que podrían ser importantes llamadores de atención, destaco: la originalidad, la importancia del suceso fotografiado, la composición, el impacto de los colores, el acertado uso de las luces y las sombras, y todo aquello que no está en la fotografía, sino en los intereses, los gustos, la educación y la historia de quienes la miran.

-¿Crees que los fotógrafos deben tener una filosofía para hacer un buen trabajo?

-Para hacer un buen trabajo hacen falta las siguientes características: buen manejo de la cámara, de la técnica y de la iluminación (o suerte), sensibilidad (o suerte), educación (además de sacar fotografías, hay que ver fotografías, y leer un montón). Hay que saber mucho de estética, hay que saber de compromiso y de respeto. Y fundamentalmente, hay que tener perseverancia y sacar fotos. Muchas fotos.

-¿Puedes contarnos tu proceso de edición?

-Concretamente para Bisiesto, el proceso de edición demandó más tiempo que la propia toma de fotografías. Antes de involucrarme con el Lightroom y sus facilidades, la edición de Bisiesto se limitó a armar 366 carpetas, en las que fui colocando las fotos tomadas cada día. Desde el primer día de 2012, hasta noviembre de 2013, fui mirando y descartando aquellas fotos que no me gustaban, o que se repetían. Ese proceso siguió hasta que en cada carpeta quedaron entre 1 y 20 fotos. En este proceso, las opiniones ajenas fueron fundamentales (fueron consultados varios fotógrafos y amigos). En algunos casos, fueron determinantes las opiniones recibidas a través de las redes sociales, en las que subí fotos para su evaluación. La mirada ajena siempre es bienvenida, y permite quebrar a veces esos subjetivos lazos afectivos que tenemos con determinadas fotografías. Una vez seleccionadas unas 1000 fotografías, empecé a visualizarlas en conjunto, y allí se fueron descartando temas recurrentes, y prioricé la variedad.

La selección final de Bisiesto fue trabajada con Photoshop: diseñé un marco blanco, con dos campos de textos (uno para el número de la foto, y otro para la información de la foto), y fui trabajando cada foto por separado. En cuanto a las fotos, intenté hacerle los mínimos ajustes posibles para prepararlas para su impresión. Algunas no fueron retocadas, otras fueron trabajadas en blanco y negro, otras reencuadradas, y otras tuvieron ajustes de color, a veces sutiles, y a veces agresivos.
-¿Qué opinión tienes de los programas de tratamiento de la fotografía?

-Antes se utilizaba el laboratorio para modificar las fotografías, había que tener mucha paciencia, tener buenos equipos y químicos, y obviamente había que ser un experto y contar con mucho tiempo. Además de las clásicas fotografías a collages armados a mano, se superponían negativos, se retocaban con pinceles o aerógrafos, y algunas fotos se revelaban una y otra vez, con químicos aplicados en determinadas zonas de la fotografía, para oscurecer o aclarar. Quienes hacían eso, eran considerados maestros. Los retoques no se veían como un fraude, sino que eran aplaudidos. Hoy hay programas que permiten hacer eso, sin arriesgarnos al uso de químico, de forma más rápida, más económica, más sencilla, más precisa y más fácil de controlar.

Además, hay programas que ofrecen excelentes opciones para catalogar y ordenar las fotos. No soy partidario de inventar fotografías que no existen, pero sí de ajustarlas con el fin de optimizarlas.

-¿Trabajas con metadatos en una fotografía? ¿Cuáles son los ítems con más relevancia y porqué?

-Los únicos dos metadatos que uso ya están establecidos: día y hora. Y el único objetivo de usarlos es evitar el entrevero en mis carpetas.

-Con la aparición de las cámaras digitales y la cantidad de disparos ¿se mira menos?

-Las cámaras digitales nos dan la chance de tener una canilla libre de fotografías. Hay más oportunidades de mirar, cada disparo no implica 35 milímetros de rollo perdido, ni se traduce en gastos y tiempos del revelado. Además, hay menos riesgos. La cámara digital hizo a la fotografía más accesible, y uno tiene la chance de poder mirar más. Antes todo era más calculado y más pensado, para achicar gastos y minimizar riesgos. Hoy el ensayo y error se vuelven educativos.

-Hoy en día se maneja en cultura el concepto de prosumidor, donde todos somos productores y consumidores al mismo tiempo, ¿crees que esto es así? ¿Se acentúa con la aparición por ejemplo de los smartphones, la invasión de imágenes y la velocidad de difusión?

-Tal como señaló Fred Ritchin en las Novenas Jornadas sobre Fotografía organizadas por el Centro de Fotografía, a nivel mundial cada dos minutos se toman la misma cantidad de fotografías que se tomaron en todo el siglo XIX. Todos sacamos fotografías, ya sea con una cámara o un celular, y prácticamente todos usamos redes sociales. Y la interacción que proporcionan es un clarísimo y enorme ejemplo del concepto de «prosumidor». Tomamos fotografías y las subimos, en forma compulsiva. Y también contemplamos inevitablemente las de otros. Y acá no importa el estilo de fotografía. Puede ser desde una «selfie» sacada en el espejo de un baño, o la fotografía más hermosa del mundo. La pantalla del monitor se ha transformado en una suerte de una galería de acceso libre y sin criterio, en donde un simple ‘Me Gusta’, un comentario (negativo o positivo) o un ‘Compartir’ potencian la visibilidad de esa imagen. Así que, además de productores y consumidores, somos también promotores y críticos.

-Con el avance tecnológico las cámaras de fotos filman full hd, ¿qué opinas con respecto a que el mismo profesional realice trabajos fotográficos y de video? ¿Afecta eso a la profesión de fotógrafo?

-La opción de filmar con la cámara fotográfica es, en cierta forma, una rama más, en el imponente árbol de la fotografía. El fotógrafo tiene en su cámara una nueva herramienta que puede potenciar su trabajo. Esto es de enorme ayuda, fundamentalmente en el campo del fotoperiodismo. Hay incontables casos de espectaculares proyectos fotográficos que son sabiamente complementados con videos.

-¿Qué esperas de la gente al ver tus fotos?

-En este momento estoy exponiendo Bisiesto, y en la salita hay un cuaderno. Hace un par de días me senté a leer esos comentarios, y me sorprendió la gama de mensajes que encontré. Las fotos y el proyecto, llevaron al público por diferentes caminos e interpretaciones, muchas de las cuales difieren notoriamente con las ideas y motivaciones que yo tenía en la cabeza en el momento de realizar el proyecto. Y eso es maravilloso. Es por eso que la respuesta a esta pregunta es rotunda: no espero que mi trabajo les guste, ni que lo entiendan. Simplemente espero que me llegue en algún momento, y sin importar el medio, un feedback. Espero escuchar palabras, espero leer líneas a través de un monitor, o ver dibujos y letras garabateadas en algún papel. Espero ver mis fotos, reinterpretadas, devueltas en palabras.

-¿Qué opinas del derecho de autor de la imagen y su relación con las redes sociales?

-El 6 de agosto de 2012 fue un día atípicamente nublado. Salí a sacar fotos y subí a Facebook una foto de la puerta de la ciudadela, en medio de la niebla. La foto se volvió viral y fue compartida desde mi Facebook por 670 personas, a la mayoría de los cuales no conozco. Obviamente, más allá de eso, la foto se escapó por otros medios, imposibles de rastrear. Seguramente gran parte de los que vieron esa foto, desconocen mi nombre. La foto no había sido identificada. Pero prefiero que pasen esas cosas a dejarla dormir a salvo en un disco duro. Desde entonces, cuando subo una foto que por su contenido pueda escaparse de mis manos y perderse en manos ajenas, le pongo mi nombre, y algún dato mínimo. Y la reencuadro un poco. Sólo así me aseguro que aún conservo la original. Los derechos de autor han sido masacrados desde la aparición de internet, y las fotografías, canciones y películas han sido las principales víctimas. Pero aún así, estoy dispuesto a seguir enviando mis fotos a la guerra.

-¿Es posible vender fotografías en Uruguay?

-No es algo que me he propuesto como objetivo, ni tengo muchas referencias como para dar una respuesta generalizada. Pero hace un par de semanas puse a la venta 6 cuadros, y tuve la suerte de quedarme solamente con uno (y con algunos encargos). Igualmente lo considero un golpe de suerte. En Uruguay abundan las ferias, los mercados de artesanos y de artistas, y es raro ver fotografías impresas en grande y prontas para colgar. El 90% de lo que se vende de fotografías se reduce a tamaño y formato postal. Creo que aún falta mucho para que la fotografía adquiera el valor de una pintura o escultura.

-¿Qué te parece que hay que hacer para fomentar la fotografía en Uruguay?

-Tengo la suerte de trabajar en el área de Comunicación del Centro de Fotografía, y son muchas las actividades que se están haciendo desde allí, y desde diversas instituciones, para fomentar la fotografía. Además de las tradicionales tareas de gestión de fondos del Centro de Fotografía, en las salas del Centro de Fotografía, el año pasado se realizaron 32 exposiciones, muchas de las cuales fueron seleccionadas a través de una convocatoria abierta de la que todos los fotógrafos (nacionales y extranjeros) pueden participar. Se coordinaron una decena de exposiciones co-organizadas con otras instituciones. Se editaron 10 libros a través de la línea editorial CdF Ediciones, también con una convocatoria abierta para diferentes categorías de libros: libros fotográficos de autor, fotolibros y libros de investigación, para uruguayos y extranjeros. Se realizaron 51 talleres titulados «Cosas pequeñas», en los que se busca acercar la fotografía a los niños de diversas escuelas, y se realizaron 116 funciones de Fotoviaje, una suerte de viaje en el tiempo a través de la fotografía, orquestado para niños de diferentes escuelas. Se realizó un importantísimo seminario de Conservación fotográfica, con profesionales extranjeros. Se realizó un nuevo ciclo televisivo de Fotograma Tevé, se realizó la cuarta edición de En CMYK Encuentro de Fotolibros y las Novenas Jornadas sobre Fotografía, a la que se inscribieron más de 600 personas. Además, se realizó Fotograma: 13, un encuentro internacional de Fotografía, en el que participaron más de 500 fotógrafos nacionales y extranjeros. Todo eso sucedió en 2013.

Saliendo del ámbito del Centro de Fotografía, hay diversas instituciones que fomentan la fotografía, desde las propias escuelas de Fotografía, hasta instituciones que ofrecen variadísimas salas de exposiciones en todos los departamentos del país. Contamos con una revista muy bien elaborada sobre fotografía, llamada Materia sensible, y editada por Foto Club Uruguayo (quienes también fueron los pioneros en los salones de fotografía). El primer Salón Internacional de Fotografía Artística se realizó en 1931, y desde entonces, son muchos los salones que han ido apareciendo. Tuvimos Salones Nacionales de Fotografía Artística, Multifoto, Fotografía Uruguaya. 150 años después, Espacio de Fotografía, y Fotoprimavera Montevideo, entre otros importantes encuentros y exposiciones colectivas.

Recientemente, en Punta del Este se realizó un importante Encuentro Bienal de Fotografía y Nuevos medios en la Fundación Pablo Atchugarry, llamado Ficciones y dirigido por Ignacio Rodríguez.

En abril, se realizará en San José la primer edición de San José Foto, un encuentro internacional de fotografía coordinado por Christian Rodríguez, con la curaduría del español Alejandro Castellote.

Hay entonces numerosos ejemplos de acciones que fomentan la fotografía en Uruguay.

Hay un montón de salas e instituciones abiertas a la fotografía. Hay importantes festivales de fotografía en países cercanos. Continuamente hay talleres, y hay un montón de información a la que es posible acceder desde cualquier computadora. Hay blogs y sitios webs con información variada, contundente y constante. Hay fotoclubes en algunos departamentos del país, continuamente generando actividades.

Las herramientas para fomentar la fotografía en Uruguay están al alcance de la mano de todos. Sólo es cuestión de abrir un poco la cabeza y saber aprovechar todo eso. Ese es el gran debe de un alto porcentaje de los fotógrafos uruguayos.
-¿Se puede vivir acá de la fotografía?

-Hay demasiados fotógrafos y personas con cámaras de fotografía para la demanda que hay en el país. Muchos buenos fotógrafos han logrado conseguir un lugar en algunos medios de prensa (fundamentalmente revistas y diarios), y ellos pueden vivir de eso, y de algunos trabajos esporádicos. Pero vivir en Uruguay de la fotografía no es fácil. Todavía falta mucho para que los medios traten al fotógrafo profesional con el respeto que se merece.

-Como fotógrafo ¿es fácil acceder a galerías y salas para exponer?

-Hace un par de meses, en el marco del encuentro internacional de fotografía Fotograma: 13, se realizaron unas 150 exposiciones en todo el país. Eso dejó ver que hay más de un centenar de salas e instituciones que están abiertas a recibir fotografías. Hay muchos sitios para exponer, y hay también llamados anuales, como los del Centro de Fotografía, Centro de Exposiciones SUBTE, EAC Espacio de Arte Contemporáneo, Punto de Encuentro, CCE Centro Cultural de España, Teatro Solís, Pera de Goma, Fundación Unión, La lupa libros, Museo de la Memoria, Kavlin Centro Cultural, entre otros. También están los fondos concursables del MEC, y hay incontables lugares que reciben propuestas constantemente, desde enormes y hermosas salas de exposiciones correctamente iluminadas, hasta restaurantes, clubes, contenedores e incluso paredes de la vía pública. En algunos de los llamados mencionados, la institución se hace cargo de los costos del armado, el montaje y los gastos de gráfica (tarjetas, afiches y/o invitaciones). Rara vez se le paga al fotógrafo por exponer. Y en la mayoría de los casos, es el fotógrafo quien carga con todos los gastos y quien tiene que gestionar todo, desde el montaje hasta la difusión.

-¿Qué consejo darías a un fotógrafo que recién empieza?

-El primer consejo es aprender nociones básicas de fotografía, aprender a manejar la cámara y sentirse cómodo con ella. Hay que realizar cursos o talleres de especialización. También hay que permitirse ser autodidacta, leer un montón, y fundamentalmente, empezar a ver el trabajo de otros. A través de internet tenemos en nuestras casas el trabajo de miles de fotógrafos de todo el mundo. Hay que ver que se ha hecho, y buscar ser innovadores en nuestros proyectos. Hay que animarse a mostrar los trabajos y a aceptar la opinión ajena. Hay que aprovechar los llamados, las revisiones de portafolios, y todas aquellas oportunidades que tengamos de conocer el trabajo de un fotógrafo y poder dialogar con él. Hay que salir. Visitar exposiciones, rescatar los aciertos y aprender de los errores. Y lo más importante de todo, hay que apretar la cámara y salir a la calle. Sin miedo. Usarla hasta gastarla.

Los buenos proyectos, las buenas fotografías, y las historias que merecen ser contadas a través de imágenes, están esperando que alguien las salga a rescatar.

-¿Estás trabajando en algún proyecto que nos puedas contar?

-En este momento, y hasta el 28 de febrero, estoy exponiendo Bisiesto en La lupa libros (Peatonal Bacacay 1318 bis). Bisiesto es un proyecto de fotografía que consistió en salir a fotografiar los 366 días del año 2012. En La lupa, hay expuestas 366 fotos de ese proyecto, una por cada día. Este año, Bisiesto será llevada, en otros formatos, a la fotogalería de Trinidad, y a la sala de Fundación Fucac. Aún no está confirmado, pero ya ha habido algunos avances para llevar Bisiesto a Punta del Este, Tacuarembó, a otras ciudades de Uruguay, y también a Perú.

La parte más importante del proyecto Bisiesto es la publicación de un libro, con un criterio de selección y de presentación muy diferente al expuesto en La lupa libros, que además de fotografías incluye textos e ilustraciones, en el que actualmente estoy trabajando y que espero poder editar en un par de meses.

El desafío es continuar realizando este proyecto en cada año bisiesto, mientras el cuerpo y los años me lo permitan. Aunque tenga que usar un bastón como trípode.

Entre medio de los años bisiestos, realizaré un proyecto de tres años titulado Sabáticos, en el que comencé a trabajar el 1º de enero de 2013, y que culminará el 31 de diciembre de 2015, antes de que vuelva a caer en la locura de sacar fotos todos los días, como desquiciado.

Vínculos relacionados

Bisiesto: una instalación fotográfica

mauromartella.com

 

   

 

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Federico Meneses

Federico Meneses

Por el 2003 surge la idea de armar un boletín electrónico "óbolo cultural" para difundir eventos que poco se sabían. Con el surgimiento de las redes sociales el boletín deja de tener su efecto y nace www.cooltivarte.com A fines del 2010 invito asociarse como co-director a Mauricio Conde, junto a todos los amigos colaboradores que se sumaron a la idea de aportar un granito de arena a nuestra cultura potenciando los eventos y dando más valor al conocer a los artistas mediante entrevistas, artículos de opinión, análisis, reflexión y crítica. Cooltivarte está presente en el medio local comunicando las noticias, críticas, opiniones y entrevistas, tratando de generar un valor cultural conociendo de cerca a los protagonistas, generando una conciencia colectiva y sensibilidad para este rápido diario vivir.

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