Temporada 24 – Jacqueline Lacasa

En el marco de la inauguración de la nueva temporada del EAC y particularmente de la muestra Juego de muñecas – de la que participan: Ana Aristimuño (Uy), Cecilia Candia (Ar), María Fieseler – Roschat (Ger), Alejandra González Soca (Uy), Jacqueline Lacasa (Uy), Christiane Oppermann (Ger), Teresa Puppo (Uy), Anja Steckling (Ger), Elián Stolarsky (Uy), Ilka Theurich (Ger), Sofía Torres Kosiba (Ar) y Yasemin Yilmaz (Ger), charlamos con Jacqueline Lacasa a propósito de su obra.

Juego de muñecas se propone “...una reflexión que comprende varias líneas de trabajo desarrolladas a partir de un núcleo inicial de cinco artistas uruguayas. Estas proponen, en esta ocasión, un trabajo colaborativo con artistas alemanas y argentinas

Se trata de un proyecto que “aspira a funcionar como un lugar de flujo, un proceso on going, donde el movimiento pivotea entre el tiempo, las tramas y el territorio… donde confluyen historias y trayectorias desde una articulación dinámica y porosa. A partir del diálogo entre marco teórico y visual se implementa una plataforma que nace en el 2012 como un colectivo que en diversas instancias acciona con artistas en otros contextos

-¿Contanos cómo surge esta muestra y que antecedentes puntuarías como relevantes del trabajo de este colectivo?

Todo parte del lugar que hoy nos convoca para mostrar nuestros trabajos, en el 2012 fuimos seleccionadas en el evento que se llevó a cabo en el EAC, llamado PIPA, concretamente en el seminario que diera Daniel Fisher curador argentino. Fue un laboratorio removedor para muchos de nosotros. Por esas razones de afinidad entre la obra y por sabernos trabajando determinados temas, nos fuimos reuniendo. Las promotoras de toda esta movida son Alejandra González Soca y Ana Aristimuño que fueron armando esta estructura de trabajo. A partir de allí se generaron reuniones para intercambiar opiniones y presentar las obras de cada una, cuál es su proceso y cómo se van abordando los diferentes conceptos. El grupo goza de un humor peculiar, así que siempre tenemos alguna nota para reírnos.

-En el catálogo se habla de una reflexión crítica de género: en tu trayectoria artística, ¿cómo pensás aprés coup que se ha ido gestando esa reflexión y en qué punto dirías que se encuentra hoy?

Hacemos una lectura crítica sobre género a nivel de la propuesta y quizás lo interesante es el sentido de libertad que se practica dentro del colectivo Juego de muñecas, y esto genera la posibilidad de que cada una vaya tras sus propios anclajes, encuentre los arquetipos con los que construye su discurso y pueda explorar en su singularidad. En definitiva, cada una realiza su propia creación con un criterio común: el de intercambiar información en un territorio que nos identifica a todas, es decir, el pensamiento y la crítica como forma de acción en las prácticas artísticas.

Creo que este es un tiempo en el que hay que ocupar los abismos, percibirlos como lógicas en las que hay que alojarse como si fueran espacios vitales. Cuando hice La Uruguaya, entre otras motivaciones, puse atención en el tratamiento de la memoria corporal que aparecía en la construcción de un personaje que, haciendo alusión a Juan Manuel Blanes, debía encarnar justamente esto de las bellas formas en bellos cuerpos, pero con historiografías trágicas, que se repiten una y otra vez como una matriz que a mi entender debe desdibujarse. También hubieron otras experiencias con las obras de Blanes, concretamente en el Museo Metropolitano de New York, encarnando el personaje de La cautiva o en el Museo Nacional de Artes Visuales con Después de la Peste, sobre la obra La fiebre amarilla y en muchas otras que forman parte de una plataforma de investigación artística que aún está en proceso y que hace directa alusión al cuerpo de la mujer en el cuerpo de la imagen, lo historiográfico y la reedición de los mitos que son muy importantes en mi visión. La obra que hago me exige andar en esos abismos en los que la alegoría tiene que ser realizada minuciosamente, para ser mostrada en todos sus detalles y para que alguien pueda hablar de su propio estado emocional, identificarse un territorio posible, ocupar el archivo personal y colectivo y tal vez modificarlo.

– ¿Qué lugar tiene el juego en tu obra? ¿Y el humor?, ¿reconocés un sesgo irónico en lo que hacés o no se trata de un efecto buscado?

Me divierto siempre, incluso en los momentos en los que creo que todo es un verdadero desastre. Y por supuesto el juego es fundamental para considerar la posibilidad de cambiar las reglas, como enseña Goerges Gadamer al considerar el campo de juego como fuerzas que ocupan un lugar común y que desarrollan una experiencia lúdica, que en mi caso me lleva a pensar en los conceptos y estéticas de mis obras. Hay un entrenamiento vital para captar y relacionar hechos, la gente con la que más disfruto estar y hacer tiene esa manía de unir y crear situaciones a veces de una irreverencia absoluta.

-Lo de la cabeza de elefante se ofrece como metáfora posible de mucha cosa, desde la memoria hasta del origen, ¿cómo surge en vos ese interés?

En el año 2004 como parte del proyecto de la hija natural de JTG, una de las fases fue Leo Toy Company, parafraseando la Aladin Toy Company que Torres García tuvo para crear juguetes. La alusión al elefante Leo me unía al recuerdo vivido, era un paseo ineludible en tiempo de plena dictadura militar, nuestro pequeño icono infantil nacido en cautiverio. Incluso formaba parte de la pedagogía de los libros de lectura de primer año de escuela en donde Lalo que era el personaje de un niño iluminado en color sepia y celeste patria, visitaba a Leo. Recordando esa terrible situación volví a las raíces de Leo, su madre estaba viva, su cuidador que lo recordaba también, lo entrevisté, estuve con su mamá que ya era viejita. Al parecer Leo era un elefante poco amable con el público y bastante rebelde y con respecto a su origen, los guardias no se habían percatado de que la madre estaba a la espera de su nacimiento. El tema de la memoria en mi trabajo resulta fundamental, no es una memoria que llora ausencia, sino que intenta comprender qué cosas seleccionamos para recordar y qué tendemos a olvidar.

Leo también se identificaba con un Uruguay que, previo a la dictadura, consideraba a la educación y a la formación intelectual como parte natural del capital simbólico y cultural de comunidades lo más amplia posibles. Luego vinieron otros trabajos con cráneos de elefantes, un día me llama Gustavo Tabarez hace unos años y me dice que aparecieron los restos y fue maravilloso pensar en encontrar algo que me diera una pista, pero fue falsa alarma de todas formas me sirvió para seguir explorando y recrear la Alegoría de Lindolfo Cuesta, otro trabajo sobre Blanes. Hay un origen en todo esto que vine a descubrir después y es la forma en las que las hembras cuidan a su manada, eligen el macho con el que quieren estar, no dejan solo ser elegidas, mantienen una condición con su comunidad que es peculiar y por eso son las primeras en ser perseguidas y cazadas.

Hembra Asiática, es el nombre del cráneo que forma parte de la instalación que estoy presentando en esta muestra colectiva del EAC, lo recibimos en préstamo del Museo Nacional de Historia Natural, ellos siempre están en colaboración con los artistas en este tipo del investigación en particular Andres Rinderknecht uno de los paleontólogos del equipo. Y a su vez Hembra Asiática forma la Escena I del trabajo que actualmente estoy realizando, que se llama “De cómo las almas viajan a las estrellas”. Comencé hace un año en el desierto de Atacama al norte de Chile en el Observatorio ALMA en donde se ven nacer a los bebes estrella, con el retraso correspondiente a verlo desde la tierra y se pueden alcanzar las frecuencias de los asteroides de galaxias que están a millones de años luz. Es el lugar más seco del mundo, la vida es un milagro allí, y estoy encontrando justamente las formas en las que se configuran los paisajes entre los personajes de mis historias y las vías por las que ir al pasado y al futuro, ese abismo entre el metro cuadrado que habito y el universo se va poblando de escenas posibles.

– En este caso se trata de una hembra asiática, eso dice mucha cosa. ¿qué dirías sin que eso implique explicar nada?

Hay una condición de lo precario, el encuentro con nuestros ser cráneo – habitar cráneo (Didi Huberman dixit), deber ser una forma de mecer nuestros sentidos para conmovernos por todo aquello que parece dejarnos indiferentes.

– ¿qué podrías contarnos del proceso de creación de la obra?

En esta oportunidad para Escena I Hembra Asiática, se configuraron varios elementos que hacen al concepto de la obra, la construcción de los paisajes a través del registro fotográfico, tanto del cráneo como del desierto. El origen que va siendo sostenido por el clasicismo en imágenes que tomé tanto en Florencia como en el maravilloso taller del restaurador y escultor Luis Alonso aquí en Montevideo, son acopio para visualizar un origen posible de mi trabajo. Esto forma parte del proceso de creación que es el fuerte para lograr la materialidad de las escenas e ir construyendo un guion posible.

Imagen portada: Diego Masi y Jacqueline Lacasa

 

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Fernando Barrios

Fernando Barrios

Fernando Barrios Boibo: Integra el Programa de formación permanente y curaduría del fac (fundación de arte contemporáneo) y el staff editorial de la revista HUGO. Realiza crítica literaria en revista Relaciones y de arte contemporáneo en Cooltivarte. Poeta y narrador. Ha publicado: en prosa El sótano y otros cuentos, Desaforismos, apócrifos y otras herejías, en poesía Parto de gallina, Desamorados o del tiempo perdido, Tri(i)logía y Vórtice textual: caja­juego con textos. Practica el psicoanálisis; miembro de la ecole lacanienne de psychanalyse

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