imagen - Con exhibición de Laura Rivas y Pablo Sosa. 16 de Mayo 2015 - Foto © Javier Fuentes

Tango de ensueño en La Vieja Viola

El sábado 16 de mayo se llevó a cabo una exhibición de tango en el Salón de ensueño, un bar restaurante ubicado entre las calles Paysandú y Minas. Laura Rivas y Pablo Sosa eran los protagonistas de la historia, quienes además de bailar juntos, son muy buenos amigos.

Estaba acompañada de un amigo fotógrafo que había sido invitado al evento de parte de los bailarines. Ambos veníamos un poco desmotivados de expectativas, somos extranjeros, así que nuestro foco musical está en otros ritmos.

Pero la noche nos cambió el paradigma. A las 22:30h llegamos al lugar de encuentro con la sorpresa de ver ante nosotros una exposición de zapatillas de hombre y mujer que, supusimos, habían sido testigos de la pasión del tango. Los zapatos eran viejos, pero bajo las suelas salían a gritos miles de historias, cuántas cosas no habrán sentido esos viejos bailarines.

Empujamos la puerta de vidrio y, como quien se pone gafas de realidad virtual, habíamos llegado al lugar donde el pasado y el presente convergen para formar un nuevo ciclo, una nueva etapa, un nuevo futuro.

Damas y caballeros bien regios entre vestidos de gala y lentejuelas, collares de perlas, moños y maquillaje, boinas, sombreros, zapatos de suela y tacos. Todos con una postura ideal del cuerpo: espalda recta, sonrisa elegante y miradas cautivas.

La pista ya tenía unas cuantas parejas en medio, rodeadas por mesas y sillas de los que esperaban el momento ideal para bailar; cuando lo conseguían, no había quien los parara. Era un boliche de tango ideal. No había tabúes, no había vergüenzas, era el momento ideal de expresar lo que sentían, ellos lo sabían y lo mostraban.

Entre milongas y tangos atropellados por Soda Estéreo, bossa nova y baladas, el Dj Joselo mezclaba a un costado de la sala de baile. Entre saludos, sonrisas y abrazos logró cautivar a su público a no parar el baile.

Los bailarines llegaron, y entre dientes todos sonrieron, otros ni voltearon y el resto los veneraron. Muy humildes ellos con sus ropas medio formales, bailaron un par de canciones y a media noche sorprendieron a todos con un nuevo vestuario.

Dos mujeres bailaron juntas con mucha presencia. Con paso decidido levantaban las piernas metiéndose cada quien en el papel que le correspondía. No fue impedimento que una tuviera que hacer de hombre del baile.

“Las milongas de la plaza del entrevero” exclamé. Recordando el episodio en que se discriminó a 2 chicas por bailar entre ellas.

Laura era la representación exacta de la pasión: con su traje color vino dejó más de un corazón boquiabierto. Su sonrisa majestuosa llenó la sala de dicha y Pablo sabía muy bien lo que tenía entre manos; la expuso como una muestra de arte contemporáneo, con orgullo, con una sonrisa de placer, de complicidad y mérito.

No había nadie en la pista. Estaban ellos dos. A la expectativa, con las miradas en las espaldas.

Y sonó la primera canción.

Las amigas de Laura gritaban de orgullo, Pablo la tenía bien agarrada de la espalda, como protegiendo un tesoro hasta que ambos cerraron los ojos y al abrirlos ya eran dos canciones las que habían bailado.

Era una conexión entre la teoría y la práctica. Entre la mente y el cuerpo.

Bailaron la tercera muestra, el público pedía más. Hasta que alguien exclamó “poné una milonga, Joselo”, ésta, Pablo se la dedicó a un compañero de no más de 14 años.

Los aplausos fueron infinitos, un ramo de rosas salió por entre las mesas… Laura las había visto, pero fingió sorpresa y le salió bien.

Luego del show, los bailarines se condensaron otra vez en la pista. Llenando sus zapatos de talco para deslizarse entre los brazos de su pareja de baile… Porque en el tango se vale la entrega corporal y mental. No importa la edad, no importa quién te sostiene, cada quien refleja la música como la siente.

Las 2:00h se hicieron volando y cada vez más se sentían las campanadas de La Cenicienta en cada mesa. La magia se acababa pero todos se iban contentos de placer, tratando de escuchar por última vez en la noche ese último suspiro de tango.

 

Imagen portada: Con exhibición de Laura Rivas y Pablo Sosa. 16 de Mayo 2015 – Foto © Javier Fuentes.

 

   

 

Sinay Medouze

Sinay Medouze

Venezolana que se vino al sur buscando un norte. Comunicadora de título, escritora de corazón. Una viajera más que busca transmitir a través de palabras lo que ve y siente a partir de vivencias positivas y constructivas. Creo en la magia del verbo y en la palabra Gracias.







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