imagen - arbolito foto © Pablo Scavino

“Somos una banda demasiado escurridiza a los casilleros” Entrevista con Pedro Borgobello, integrante de Arbolito

Una de las alineaciones más peculiares de la música argentina en la actualidad es, sin dudas, Arbolito. Con un trabajo relevante (suman ya siete discos editados) y una mirada comprometida con su realidad, esta agrupación destaca por su búsqueda incesante de las raíces musicales del continente y su mezcla con géneros como el rock o el reggae, además de exhibir una desbordante destreza instrumental .

Arbolito estuvo por Montevideo para presentar su más reciente trabajo, el DVD Mil Colores, con el cual repasan parte de lo mejor de su repertorio. Resultó una buena oportunidad para conversar con Pedro Borgobello, integrante de la banda, conformada también por Ezequiel Jusid, Agustín Ronconi, Diego Fariza y Andrés Fariña.

El diálogo con él inevitablemente comenzó por Cuba y sus presentaciones en las Romerías de mayo en el 2011. “Para nosotros –dice– fue una experiencia única, nunca vivimos una cosa así. Porque las Romerías combinan una cantidad enorme de expresiones artísticas de lo más diversas. Todo de mucha calidad y de muchas culturas distintas. Nosotros no volvimos a tocar en un lugar así, no sé si existe otro lugar así con esa cantidad y con esa calidad.”

Luego Borgobello fue un poco hasta los inicios de la banda, que con su nombre homenajea al indio ranquel que degolló al Coronel Rauch, protagonista del genocidio de aquel pueblo originario del sur. Rememoró cómo se daban a conocer:

“Nosotros tocamos mucho en la calle. Era nuestra forma de compartir lo que hacíamos. Tocábamos en la calle, vendíamos los discos, pasábamos la gorra; después vinieron los videos clip. En aquel momento nos manejábamos mucho por el mail. Ahora aparecieron otras cosas, como las redes sociales. Estamos con Twitter, con el Facebook. Y por ahí aparece gente que te contrata para tocar, que eso es algo bueno. Pero la banda ya tiene 18 años y un camino recorrido. Ahora en Buenos Aires está muy difícil tocar en la calle.”

¿Por?

En estos momentos con el gobierno –medio de derecha– no hay buena onda para tocar en las plazas. De hecho, estas están enrejadas, como si fueran jaulas, y a las siete u ocho las cierran. Es más difícil tocar en la calle porque hay un montón de reglamentaciones. Una anécdota: la última vez que quisimos hacer un show en el parque Lezama, el lugar donde tocamos durante años, nos pusieron un montón de trabas y nos pidieron pagar por seguro de espectador. O sea, si vos querés que venga la gente tenés que pagar. Esa es la lógica ahora en la ciudad de Buenos Aires.

Ocurre a menudo que en festivales o disquerías no saben si clasificarlos dentro del folclore o del rock. ¿Les molesta?

Somos una banda demasiado escurridiza a los casilleros. A los que quieren encasillarnos en algún lugar les cuesta. Tenemos la suerte de no tener problemas y tocar el mismo repertorio tanto en un festival de rock como en uno de folclore. No es que tocamos en este una cosa y en aquel otra.

Nosotros somos de una generación roquera. Escuchábamos rock, reagge, otra música, no folclore. Cuando empezamos a descubrir el folclore argentino y latinoamericano, era imposible que no lo sintiéramos propio, porque es tu música. Pero la tenían escondida. Veníamos de la dictadura y lo que había quedado del folclore era una cosa entre paisajista, romántica y facha. Recontra facha. No nos interesaba eso. Pero cuando empezamos a escuchar música latinoamericana y folclore argentino con contenido social, con sonoridades increíbles, gente como (Gustavo) “Cuchi” Leguizamón, Peteco Carbajal, (Raúl) Carnota, el Dúo Salteño, Merecedes Sosa –que era lo más conocido–, Illapu, Los Kjarka, apareció otro mundo de música, para nosotros, porque en verdad ya existía. De acá, por ejemplo, Jaime Roos, Mateo. Cuando empezamos a querer tocarlos pasó que tenemos la cultura del rock, y las cosas no nos salían parecidas. Tocábamos un huayno, una cueca boliviana y no nos salía parecido, ni en pedo. Pero nos gustaba tocarlo y lo hicimos como nos salía.

De esa forma han llegado a un público más amplio. Porque capaz que hay quien te escucha Arbolito, pero no te escucha un folclore más puro.

Claro. Es que somos una banda de rock y también una banda de folclore. Somos todo eso. Y si a vos te gusta la música algún punto en común vamos a tener.

¿Y cómo es la recepción del público? Porque los públicos son diferentes.

Creo que tenemos una conexión con las personas. Nos pasa que de repente les gusta lo que hacemos a niños que apenas están empezando a hablar, y las canciones no son para chicos. Como de repente hay gente vieja que se recontra copan con Arbolito. Estudiantes, padres que vienen con sus hijos… Creo que conectamos con la gente, por lo tanto cuando tocamos tanto en un festival de folclore como en uno de rock lo que nos pasa es que la gente por ahí arranca viendo qué onda, porque es algo distinto. Y después ves cómo se empiezan a copar, a identificar con la música, por decirlo de alguna manera.

La reacción del público siempre es buena. Creo que tiene que ver con esto que te decía de tocar en la calle. Uno va aprendiendo a hacer ciertas combinaciones de música y de canciones que hace que vos puedas atrapar la atención de la gente.

Arbolito desde su mismo nombre denota el compromiso de la banda con la historia y con su contexto. ¿Cómo sienten ustedes hoy la realidad latinoamericana?

Nacimos en un momento que si bien ya no tenían a los militares como centro de acción y no era un momento de represión, de desaparición de personas, en los noventa se profundizó el camino trazado por estos: el neoliberalismo. Surgimos bajo el segundo gobierno de Carlos Saúl (Menem), que no nombramos porque dicen que es mufa. Pleno neoliberalismo. Y Arbolito constituye como una especie de resistencia. Nosotros tocamos mucho en los cortes de rutas, en asambleas, en escraches, fiestas de la agrupación HIJOS, con las Madres.

Hoy en día la realidad de Latinoamérica cambió mucho. Creo que estamos en un proceso de cambio muy grande. Por supuesto, en todo proceso uno está más de acuerdo o menos de acuerdo, pero claramente la situación es distinta y, en nuestro criterio, mejor. Hay una unidad continental. Nuestros padres empezaron a pensarse latinoamericanos, y yo creo que la generación nuestra se siente latinoamericana. Yo no pienso en vos como cubano y yo argentino, somos lo mismo. Vivimos en lugares muy distintos quizás, pero nos une algo que tiene que ver con la cultura, con la tierra, con la forma de ver el mundo. Es más una cuestión de toma de conciencia que de idea política, tiene que ver con que estamos siendo más conscientes de esa cultura latinoamericana, de esa historia común.

¿Cómo es tocar en Buenos Aires y en otros lugares de la Argentina? ¿Cómo ha sido en otros países?

En la Argentina, por ahí en los lugares más chicos, la gente tarda un poquitito más en largarse a bailar, pero en los recitales de Arbolito, ya sean en una fiesta o en un teatro, siempre se termina bailando. Se da eso. Es muy de fiesta el espíritu que se vive cuando tocamos. Nos pasó, por ejemplo, en San Pablo que teníamos cierta inquietud de ver qué pasaría con las letras, porque Arbolito tiene mucho en las letras, y la barrera idiomática podía ser una complicación. Sin embargo, los brasileros se re coparon. En Cuba se producía tremenda onda cada vez que tocábamos y se dio que en las Romerías tomaron una canción nuestra como el tema del evento ese año. Eligieron “Baila, baila”, una canción de ritmo boliviano que los hizo sentir identificados.

Siempre nos sorprende la recepción y es que tiene que ver con hacer un intercambio, que no sea “yo doy algo y vos espectás”, sino que se genere un ida y vuelta, y la gente cante una canción y baile.

¿Cómo se hizo “Mil colores”?

Este DVD no queríamos que fuera únicamente un concierto filmado, no solo grabar un show (trabajamos groso con el sonido), sino que dijera algo desde las imágenes; que la música se viera y, a la misma vez, la reacción del público. Buscamos que fuera una obra en sí mismo. De hecho, la gráfica también mantiene una lógica que tiene que ver con el objetivo: tratar de hacer algo que trascendiera lo documental, si bien lo incluye pues se trata de Arbolito en este contexto, en este momento. Fue grabado en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, que está en la ex Esma (Escuela de Mecánica de la Armada). Buscamos un lugar que visualmente fuera bueno y el mismo camino de la banda nos llevó a encontrar este espacio, muy vinculado a la lucha de los derechos humanos. Y resultó ser parte de estos mil colores ese espacio que antes fue de oscuridad total.

Imagen portada: Arbolito foto: Pablo Scavino Fuente: facebook.com/ArbolitoOficial

 
 

   

 
 

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Fernando Sánchez

Fernando Sánchez

Ciego de Ávila, Cuba, 1989. Consumidor de todo cuanto tenga que ver con la cultura, se licenció de Periodismo en el 2013, en Cuba. Allí hizo radio y televisión, y se involucró en diversos proyectos artísticos. Colabora con Brecha desde el 2012. Desde el 2014 reside en Montevideo, a donde llegó, según expresara, citando a un poeta de la isla, para romper con “la maldita circunstancia del agua por todas partes”.







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