Sobreexposición - Juan José Santos - Espacio de Arte Contemporáneo - julio 2017 - Foto © Guillermo Sierra

Sobreexposición Juan José Santos

Con motivo de la temporada 26 del Espacio de Arte Contemporáneo, entrevistamos a Juan José Santos (valladolid, España), curador de la muestra colectiva Sobreexposición, que integran los artistas: Ignasi Aballí, Albano Afonso, Iván Argote, Elina Brotherus, Catalina Bunge, Felipe Cama, Javier Chorbadjian, Luciana Damiani, Josechu Dávila, César Escudero Andaluz, Andrés Galeano, Jason Pfeifer, Nicolás Rupcich, Alain Urrutia y Jessie Young.

 

– ¿Cómo surge la idea de esta muestra en torno a la constatación de un punto de saturación en el campo del retrato?

Surge desde mi punto de vista como un usuario de Facebook e Instagram que no entiende muy bien la saturación de selfies en las redes sociales, y cuya primera reacción es de rechazo. Tras la investigación realizada, he suavizado mucho mi opinión, aunque sigo encontrando algunos aspectos como sintomáticos de un narcisismo excesivo. Mi forma de reflexionar ante estas inquietudes se hace a través de estudios, ensayos, noticias del día a día, pero también a través del arte. Ahí fue cuando empecé a visibilizar la posibilidad de agrupar obras de arte que se relacionaban con este tema.

 

– ¿Cómo entendés- desde tu práctica- la era post fotográfica y que relaciones encuentras con el resto del campo del arte contemporáneo?

Creo que la afirmación de Richtin, que la fotografía ya no se refiere a nada más allá de a sí misma, es muy relevante. La selfie es una forma de comunicación, no un testimonio o una reivindicación personal. El temprano trabajo teórico de José Luis Brea acerca de el cambio de paradigma en la imagen digital, vinculado a los estudios sobre imagen y mortalidad de Boris Groys, arrojan una verdad: la duración útil de una fotografía digital es mínima.

Antes, una fotografía podía cumplir un ciclo de más de cien años. Hoy, horas o minutos. Ese cisma se relaciona con el resto de producción de arte contemporáneo. Por otro lado, hoy en día la función del arte no es tanto impactar al espectador, provocarle o emocionarle, sino que sirve de estimulo creativo para el visitante, que se convierte así en usuario. Si no se entiende bien esta transformación por parte del artista, sentirán frustración ante el espectador que ya solo se hace selfies frente a su obra. Si capta el cambio, logrará vincular su trabajo ante esta nueva fase relacional.

 

– Desde diversos campos- entre ellos el campo de la teoría queer, pero no solo- se afirma la apuesta a una posición post identitaria: ¿pensás que hay allí un punto de cruce entre sobreexposición y virtualización subjetiva?

No todos los “post-” actuales son pertinentes. De hecho en el caso identitario, creo que aún estamos en una fase “pre-“. A nivel simbólico una de las explicaciones de la actual sobreexposición es la reivindicación identitaria, aunque ten en cuenta que la necesidad de virtualización subjetiva es apremiante entre las clases bajas, los colectivos migrantes desfavorecidos, y en los países más clasistas. Cuando la sobreexposición se vincula a una posición identitaria entre el resto de personas, podemos pecar de banalidad, o de utilización y contaminación de tópicos.

 

-Contanos cómo llegan los artistas a integrar la muestra y qué de sus obras hizo que se les incluyera?

Bueno, son 15 artistas, y muchísimos más que descarté en el proceso. En algunos casos, como los uruguayos, llegué a sus trabajos tras conocer a las artistas personalmente en anteriores visitas, en otros, tras una investigación. Y su inclusión responde a motivos conceptuales.

 

– ¿de qué modo piensas que dialogan los diferentes lenguajes en las obras de la muestra?

Creo que se forma un respuesta a la pregunta inicial, qué significa la selfie y cuáles son sus alcances sociales e íntimos, más o menos coherente. La lectura es abierta, aunque hay una clara dirección hacia la critica. Trabajos como el de Rupcich, Bunge, Aballí, Argote, Dávila o Cama muestran, a través del juego conceptual o de la parodia, varias pistas para que el espectador pueda sacar conclusiones severas. El resto de trabajos quizás sean más exploratorios o profundos, como el de Andrés Galeano, al practicar una suerte de “selfie eterna”. La intención no es moralizar o dar por cerrado –algo que, por lo demás, está en constante mutación-, sino ofrecer un posible diálogo del espectador con el arte para que, de dicho encuentro, sea posible el entendimiento, concienciación y la relectura del acto de fotografiarse, sus implicancias, consecuencias y su significado.

 

Imagen portada: Espacio de Arte Contemporáneo – julio 2017 – Foto © Guillermo Sierra

 

 

 

 

 

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Fernando Barrios

Fernando Barrios

Fernando Barrios Boibo: Integra el Programa de formación permanente y curaduría del fac (fundación de arte contemporáneo) y el staff editorial de la revista HUGO. Realiza crítica literaria en revista Relaciones y de arte contemporáneo en Cooltivarte. Poeta y narrador. Ha publicado: en prosa El sótano y otros cuentos, Desaforismos, apócrifos y otras herejías, en poesía Parto de gallina, Desamorados o del tiempo perdido, Tri(i)logía y Vórtice textual: caja­juego con textos. Practica el psicoanálisis; miembro de la ecole lacanienne de psychanalyse







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