Desafueros

Rulfo Álvarez – Desafueros

A propósito de la muestra que está en Subte Centro de Exposiciones, desde el 23 de febrero, entrevistamos a su curador Rulfo Álvarez.

-¿Cómo surge la idea de esta muestra? ¿De qué manera se conectan en tu cabeza las obras de estos artistas y cómo se llega al significante Desafueros que pretende reunirlos?

-Esto surge como la necesidad de poner en claro algunas características que se pueden ver hoy dentro del del arte contemporáneo y más detenidamente en la pintura de algunos de nuestros artistas. Esta necesidad de mostrar un aire en común también pretende marcar distancia con algunas directivas de la pintura tradicional, esa paleta baja que está fuertemente arraigada en el imaginario colectivo. Si bien hoy conviven distintas estéticas, y esta propuesta no pretende manifestarse como dominante, se puede afirmar que este grupo de artistas, y no solos los que vemos aquí, se enfrentan al plano tanto con la impronta de un color intenso como de una fuerte y cargada influencias de imágenes provenientes de los medios masivos de comunicación.

La conexión entre ellos surge de haberlos vistos por separado y ver que poseen características en común. A partir de eso surge entonces la necesidad de ponerlos a dialogar, a interactuar bajo un mismo contexto, para así poder construir una idea más clara de como percibimos las imágenes hoy.
Creemos a su vez que este grupo de artistas están, más que conectados, concatenados. Es decir que podemos encontrar vínculos entre uno y otro y entre este y el siguiente pero no se da necesariamente que todos tengan un núcleo común, si olvidamos la pasión por pintar. Más exactamente, y por ejemplo, la relación de Saéz con los medios de comunicación no es central ni tan fuerte como la de Rodríguez, pero se conecta con Porro o Sabella con su afinidad con el uso del cuerpo como objeto del deseo. Por otro lado la obra de Velazco se distancia, o tiene poco en común con la obra de Sabella, pero el orden de registro que se da en el contexto donde recogen su insumos (espacio urbano) hace que se aproximen sustancialmente. Así podríamos seguir hablando de como uno se aproxima a otro y este otro a un tercero.

Desafueros es un concepto disperso en el sentido que muestra cierta ambigüedad por el doble sentido de su definición. Por un lado es algo que no tiene límite, o que es irrefrenable, y por otro es la posibilidad de quitar cierto privilegio, cierta inmunidad, a un actor político cuestionado. Es una forma de embanderar al arte como espacio de libertad por excelencia enfrentándolo a espacios políticos que deben controlarse. Es la posibilidad de enfrentar un sujeto “libre” contra uno que se presume colectivo, o social, o sea que necesariamente debe negociar y vivir en convivencia. Esta postura no apunta directo a la clase política sino que es más una metáfora que abarca todo el campo social.

-Contanos algo de la intimidad del proyecto curatorial: ¿te reunís con cada uno, o los convocas a todos? ¿trabajan colectivamente la idea? ¿cómo se realiza la selección de las obras? y ¿qué criterios te interesó priorizar en este montaje?

-Hay distintas tipologías curatoriales como mecanismo de negociación con los artistas. En nuestro caso me reuní en el taller de cada uno de ellos y fui con una idea de trabajos que ya había visto, fui a buscar un tipo de obra más que una obra específica. Ahí y en el intercambio con los artistas surgen inquietudes como que “este trabajo ya lo mostré” o “estoy embarcado en esté proyecto ahora”. Como son todos pintores, algunas de sus propuestas no iban en contra de la idea preconcebida, ni se desviaban de la coherencia que mantienen en su obra, que era precisamente lo que yo buscaba.

En tanto el tema de trabajar en colectivo, creo que los proyectos curatoriales con múltiples artistas, salvo contadas excepciones no se trabajan en conjunto, la idea de la muestra la maneja el curador y busca a los artistas y a las obras que mejor se conecten que la hipótesis que se plantea. Si no fuese así terminaría en un caos conceptual o en una feria de ideas dispares que no lograría uno de los objetivos de la curaduría que es esclarecer, o sintetizar un concepto, una idea. Una curaduría es una máquina compleja donde las obras argumentan y sostienen toda la exposición en su conjunto. Pero no hay que olvidar tampoco que la curaduría debe, al menos es mi caso, surgir también de las obras, del mismo campo del arte, que lo conceptos e hipótesis curatoriales surjan a partir de lo que los artistas están haciendo en sus talleres ahora. Este mecanismo garantiza, tanto la autenticidad de los artistas, porque es en lo que están embarcados realmente, como la pertinencia de que la hipótesis planteada de alguna manera ya se encuentra manifiesta en la forma que la obra ya se encuentra inserta en el mundo.

-Siguiendo la línea que problematiza el nombre de la muestra ¿que relación ves vos entre arte y ley? y dado que se trata de un espacio de exposición municipal ¿cómo entendés esa tensión arte­/Estado?

-Obviamente que los discursos deben ser abiertos, polisémicos y en la medida de lo posible: “generales”, al menos en el sentido de conexión con múltiples subjetividades. Aquí no hay discursos que sean político partidarios de ataque directo y tampoco veo oportuno que lo fueran, más que nada porque estamos dentro de un aparato institucional. A su vez, el arte utiliza recursos más poéticos que cualquier proclama reivindicativa habitual, los modos que construcción de discursos son mucho más afinados, sensibles y abiertos, que un enunciado que enjuicia un accionar político específico. La potencialidad del arte está en salir de los lugares comunes, del sentido común. Es por esto que los artistas más que realizar afirmaciones, formulan preguntas, estos muestran la amplitud y complejidad del contexto y la multicausalidad de los hechos y sus consecuencias. El arte debe ser complejo, no necesariamente complicado o difícil, y la demagogia no entra dentro de su campo porque no es un tipo de pensamiento complejo, por tanto y a mi modo de ver, el proselitismo, la demagogia o el reclamo reivindicativo no llega a ser una forma alternativa espacio de sensaciones y conocimiento que apunta el arte. Siempre esperamos de este una forma de ver y de hacer el mundo distinta al resto de las cosas, una forma de construcción de discursos distinto al ensayo filosófico o al discurso político. El arte es Arte porque tiene autonomía (relativa), un corpus de estudios, una y varias historias, mecanismos operativos, instituciones dedicadas, actores con roles definidos y un contexto social, por lo que podemos decir que el Arte es una gran estructura compleja, difícil de encasillar pero específica.

Entiendo también que la pregunta en ciertamente capciosa en el sentido de como se puede hacer arte político cuando se está en una institución que depende en su dirección de representantes provenientes de un partido político. Bueno, es cierto, pero hay que contemplar que no es un espacio privado e independiente, que es de todos los montevideanos y como todo espacio público hay contemplar normativas legales. Por otro lado creo que el accionar político es mucho más amplio que el político partidario y que la acción social es en sí misma política. Los artistas que se enfrentan a problemáticas sociales son actores políticos de alguna manera, son seres comprometidos con algo que va más allá de su propia subjetividad o de intereses egocéntricos.

-En el catálogo hablás de una posición artística que atravesaría la obra de estos artistas, ¿cómo la definirías?

-Cuando hablo de posición artística me refiero a una ontología, a una posición del como se es o se debe ser (posición ética) en el mundo, y como esta marca una forma de pararse en la realidad activando un accionar artístico como consecuencia de una visión de las cosas. Si hablamos de estos cinco artistas se puede afirmar que tienen vínculos resultado de su cercanía generacional, de su pertenencia a un contexto en común, y a un grupo de inquietudes similares. Si bien estas son aserciones bastante generales creo que es en la vivencia de la exposición donde se pueden percibir estas conexiones, esa posición y aire de familia que todos tienen: la pintura, la paleta cromática alta, los contrastes fuertes, los recursos icónicos provenientes de los medios de comunicación, la representación y su crisis, la dilusión del significado en significante, la disconformidad o incomodidad con parte de lo social, y la consecuente y necesaria deconstrucción de la imágenes.
Es todo esto que los hace tener un tipo de actitud, una posición artística, militante.

-¿Qué desafíos y qué cuentas pendientes dirías que hay aún hoy para un curador en nuestro medio?

-Demasiados. Desde un punto de vista institucional el país necesita un espacio donde se enseñe a curar, o al menos se enseñe sobre su estructura e historia, una maestría o al menos comenzar con posgrados. Esto no significa ni garantiza que se llegue a ser un gran curador pero si bien lo empírico garantiza el ejercicio intelectual y ejecutivo, aveces la instrucción ordenada y metódica brindar más conocimiento, acorta tiempos y disminuye errores tanto operativos como conceptuales. Necesitamos profesionalizar el medio.

Si hablamos de proyectos, faltan hacer curadurías de nuestro pasado más próximo, revisiones históricas, las nuevas generaciones tienen más posibilidades de saber quien es Marina Abramovic que Teresa Vila. De la misma manera es necesario que se hagan más curadurías con artistas nuevos, con propuestas jóvenes, donde se asuman riesgos y se pierda el miedo al error o al fracaso, curadurías que hablen del momento actual, del ahora, de nuestra época que por cierto cambia mucho y muy rápido. Eso sí, que tengan objetivos claros y pretensiones que vayan más allá del efecto inmediato o del aplauso fácil. Creo que es indispensables fomentar más curadurías conceptuales, no para desdibujar al artista y ponerlo al servicio del curador como nuevo protagonista sino para revisar el proceso curatorial y cuestionarlo.

Es necesario afianzar el rol curatorial como otro de los roles importantes del arte, así como en otras épocas existía la crítica o como en otros lugares existen los teóricos. No hay que olvidar que no siempre un artista puede trabajar solo para llevar a cabo una muestra, necesita alguien que unifique la multiplicidad de obras que tiene y que sepa condensar una o dos ideas que permitan una conexión más clara con su trabajo. A su vez es necesario que el curador defina y tenga claro cual es su propio proyecto intelectual realizando textos profundos y siendo original en lo que propone.
No se pueden hacer curadurías temáticas si que el núcleo conceptual no tenga un perfil novedoso, una mirada distinta o un abordaje realmente particular. Hay muchos tipos de curadurías: individuales, colectivas, retrospectivas, prospectivas, temáticas y conceptuales, pero todas tiene algo en común: un tipo de recorte que sugiere ponerle atención a un concepto, a una idea y/o a un artista. Curar no es solo reunir objetos, curar en descubrir conexiones y saber comunicarlas. Curar es construir conceptos con los conceptos que construyen los artistas.

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Fernando Barrios

Fernando Barrios

Fernando Barrios Boibo: Integra el Programa de formación permanente y curaduría del fac (fundación de arte contemporáneo) y el staff editorial de la revista HUGO. Realiza crítica literaria en revista Relaciones y de arte contemporáneo en Cooltivarte. Poeta y narrador. Ha publicado: en prosa El sótano y otros cuentos, Desaforismos, apócrifos y otras herejías, en poesía Parto de gallina, Desamorados o del tiempo perdido, Tri(i)logía y Vórtice textual: caja­juego con textos. Practica el psicoanálisis; miembro de la ecole lacanienne de psychanalyse

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