Rogue One o sobre la manufactura de una buena precuela

Para bien y muchas veces para mal, vivenciamos un desborde en pantalla grande de precuelas, spin off, cross over y remakes de productos cinematográficos que en su momento fueron brillantes, de culto o al menos simplemente, muy taquilleros.

Una de los abanderadas más emblemáticas de esta edificación recae en el universo de “Star Wars”, iniciado ya en el año 1977.

El impacto de “Episodio IV: una nueva esperanza” fue tal, que se llevaron a cabo dos películas más que dieron a “Star Wars” un sitial entre las mejores y más exitosas sagas de películas de la historia, y sobre todo un posicionamiento firme en la cultura global popular.

Es difícil que alguien en el mundo desconozca la franquicia “Star Wars”, sea amada o odiada.

En el cierre de los años noventa George Lucas -su creador- se encaminó a la realización de una trilogía previa,  que narraría los orígenes de los célebres personajes de la saga, sobre todo la misteriosa génesis de Darth Vader, un icono de la villanía en el cine.

El resultado fue polémico, no logró satisfacer a los fans y como producto cinematográfico no alcanzo la línea de “clásico” de sus antecesoras. Los nuevos personajes no impresionaron mucho y las películas navegaron en una intricada narración política soft, donde se habla livianamente y poco más ocurre.

En 2015, la apuesta de este universo fue retomar la historia desde su final, tras el “Episodio VI: el regreso del Jedi” partiendo de los viejos y queridos personajes vinculados, a una nueva generación dando sus pasos iniciales en nuevas aventuras por la galaxia.

“Episodio VII: el despertar de la fuerza” fue poco arriesgada en su historia, incluso por momentos, parece evidenciar el eterno retorno de lo idéntico.

La diferencia de que en este caso, pasa por un grupo de personajes nuevos, que aún parecen estar en el debe – quizás por la admiración que siguen despertando los viejos caracteres principales- y no han logrado ganar del todo a su público.

Eso no quita la esperanza de un crecimiento, ni tampoco que versemos sobre una pieza de entretenimiento correcta y disfrutable para viejas y nuevas generaciones de espectadores.

Lo que personalmente sorprende, es que el mejor logro como serie de nuevas películas de esta franquicia, se haya dado en lo que menos expectativa generaba en un principio.

“Rogue One: una historia de Star Wars” funciona como una precuela que nos sumerge en los momentos previos a lo que se despliega en la pieza original de “Star Wars: episodio IV”.

Incluso es parte de un proyecto de la franquicia que pretende narrar historias de algunos personajes clásicos de la saga. Por ejemplo, la próxima película en carpeta de este proyecto pretende contar los años de un joven Han Solo antes de verse involucrado como parte central de la Rebelión contra las fuerzas del Imperio Galáctico.

La claves es responder: ¿por qué es una buena precuela? ¿qué la hace interesante y distinta a otros intentos de este formato?

Los logros de “Rogue One” conllevan el poder de atraer a los más alejados de este universo a interesarse por el mismo, y a los más fanáticos a atraparlos por más de dos horas en una trama que incluso ya saben como finaliza.

La trama gira en torno a una misión casi imposible liderada por Jyn Erso (Felicity Jones) y un grupo de rebeldes contra las fuerzas del Imperio Galáctico, que intentarán hacerse de unos planos que detallan la vulnerabilidad de un arma de destrucción masiva conocida como “Estrella de la muerte”.

Una factura técnica de buen nivel, una acción bien medida para un film de ciencia ficción y una galería de personajes acertada, hacen de esta película una buena precuela.

Desde el humor del robot K2-SO, a la fe del ciego Chirrut Imwe, hay un logro en materia de roles e interpretaciones. Los personajes de esta historia dejan una impresión muy decorosa, un cariño especial y emotivo.

Los guiños dejados como migas de pan a los fans más ortodoxos también son detacables. Algunas preguntas clásicas tendrán su respuestas.

La esmerada factura técnica se da incluso en los casos de volver a la vida digitalmente a el ya fallecido actor Peter Cushing como Moff Tarkin o rejuvencer a Carrie Fisher encarnando a una joven princesa Leia.

Otro punto vital de la cinta pasa por su madurez a distancia que las precuelas realizadas hace poco o más de quince años. Aquí la guerra deja huellas más serias, incluso con un nivel dramático mejor trabajado. Los bandos de héroes y villanos se hacen más difusos a la hora de tomar decisiones que determinan sacrificios irremediables.

Las apariciones de Darth Vader son notables. Los momentos de cierre de la película generan una tensión insostenible, aunque la mayoría o muchos sabemos como concluye esta historia y como quedamos a los pies de una nueva esperanza en el universo “Star Wars” pensando en futuras proyecciones.

 

 

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Juan Pablo Tomasik

Juan Pablo Tomasik

Nacido el 25 de Agosto de 1985 . Curso en el Instituto de Profesores Artigas - especialidad filosofía- y algunos años supo desfilar por la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación . Actualmente cursa en la Escuela Superior de Comunicación Social. Desde hace unos años sigue el oficio de librero.

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