imagen - "QUEYI + 3" en Teatro Solís// 3 Fechas 4 Artistas Visuales// Artista María Noel Silvera - 5 de Junio 2015 Foto © Federico Meneses

A su modo Queyi, 5 de junio. (¿Sala Zitarrosa?) Sala Delmira Agustini – Teatro Solís.

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La experiencia completísima que fue el toque de Queyi fue un poco resultado de todo lo que me pasó para llegar al toque de Queyi.

Estaba acompañando a mi hermano a Tres Cruces. Teníamos todo bajo control, teníamos el pasaje, estábamos cargándole saldo cuando de repente me llama Papá: “Lula, no llegues tarde, la vez pasada no dejaron entrar a la cronista de Cooltivarte por llegar tarde”. Faltaban diez minutos para que empezara el toque. En el pánico dejo a mi hermano torpemente en el ómnibus y salgo corriendo. Miro la parada de taxis de la terminal: llena de gente y valijas. Salgo corriendo a 18 de Julio a buscar un taxi. Encuentro uno recién en Pablo de María. Me subo: estoy salvada. “Voy a la Sala Zitarrosa”, le digo al taxista. “¿Estás llegando tarde?” me pregunta, apurando la marcha. “Sí, bastante”, le respondo yo. Me pregunta qué voy a ver, le digo que a Queyi. “¿Eso es flamenco?”, me pregunta. Le cuento que no, pero uso las palabras mágicas: “Estoy yendo a ver a mi papá”. Con eso alcanzó para que el taxista comprendiera. Soy Cenicienta en una carroza fórmula uno. Vamos a llegar.

Llegamos, le pago y entro corriendo. Le digo a la mujer que vengo de Cooltivarte. Ábrete Sésamo, entro, me siento. No se parece nada de lo que había escuchado. Y según el póster, no había teloneros. Y me gusta, pero, ¿dónde está la mujer en el piano?

Lo que estaba viendo, me enteraría mucho después, era Los Casal. Salgo corriendo de Sala Zitarrosa como si fueran las doce en punto y me meto en la calesita de 18 a averiguar mientras corría si no era donde luego creía haber leído: el Teatro Solís. Cuando llego, ya furiosa conmigo misma, paso la puerta. Me dejan pasar, retándome por haber llegado tarde. Ya sé, ya sé. La puerta es de vidrio y la muchacha me dice que espere a los aplausos. Veo a Queyi sentada al piano con un bebito en la falda.

Todo lo que pasa a continuación es magia. Entro a la sala Delmira Agustini, ubicada en lo más alto del Teatro Solís. A la izquierda Queyi abre la ventana porque tiene calor. A la derecha, María Noel Silvera y Fitz sacando hechizos de sus pinceles. En el medio Pablo (en adelante Pablo por más raro que me suene) atrás de la batería observando atónito la situación. Queyi me sorprende con un acento gallego que no esperaba.

Noel y Fitz trabajan en un cuadro que tiene un enorme ojo celeste y un fondo verde con retazos blancos pero que todavía me cuesta adivinar del todo. “¿Saben que yo no sé de qué color tengo los ojos?”, nos cuenta Queyi. Su mamá le decía todas las noches que tenía un color distinto. Y de los colores más extraños, aclara. “¡Incluso verde fosforito!”.

El público acompaña, sabe las canciones y no tiene miedo de pedir. Queyi es como una maestra de circo mostrando un montón de trucos hermosos, hoy somos todos niños. El piano está lleno de flores, más tarde le pondrá unos zapatos colgaditos del taco. “¿Sabés si ya tocó Lorca?” me preguntan unas adolescentes que se me sentaron al lado un poco después. No tengo idea. “No, yo vine solo de…”. Pero no llego a terminar. ¿Espectadora? ¿Qué soy hoy? Todo está cambiado. Y Queyi en el fondo dulcísima. ¿Cómo describirla? Es un poco de Russian Red, un poco de Tori Amos, un poco de Ana Belén, un poco incluso de Björk, un poco de todas las mujeres. Todo lo que transcurre es en extremo femenino, el público de hombres y mujeres acompaña de una manera muy femenina también. La gente no deja de sacar fotos pues todo nos maravilla.

El cuadro sigue. “Por favor Noel, ponle un poco de verde a esos ojos, ¡parezco mi madre!” dice Queyi mirándose al espejo que Noel acaba de pintarle. Noel y Fitz son tan femeninas también mientras pintan amapolas en lo blanco que le resta al cuadro. Fitz pinta pétalos y Noel tallos. Noel se pone de lejos a mirar si está todo en orden y con su vestido rojo es una niña princesa perdida en el público.

Queyi improvisa de forma veloz algunas melodías para que el cuadro termine en tiempo y forma, y toca también algunas otras que el público conoce y canta, de las que reconozco a la icónica El desayuno a mi modo, la divertida El viaje de Chihiro y demás canciones de su portafolio delirante. Pablo la acompaña con más rock del que creí (¡siempre me sorprende!), o mejor dicho, su versión tan jazz y elegante del rock y pop. Yo no lo esperaba de otro modo y siempre me gusta verlo conjugado con otros artistas porque él siempre esta dejando algo tan propio a todos, algo que me conmueve porque como soy tan atrevida pienso que al conocerlo también me pertenece.

Le piden “Vampiros” y se sorprende. Este público es memorioso y fan. La improvisa, pues ni ella misma se la acuerda, entre risas. Recepciona pedidos, tiene que hacer llegar el cuadro a destino. ¿Bailar? También. Le pide a Pablo que toque algo y baila. Tiene tres corbatas que usa mientras divertida va cambiando las dimensiones del tiempo para que todo salga bien. Habla con los niños, habla con el público, habla con las artistas, habla con nosotros todos. Corre de un lado para otro. Y anuncia las últimas canciones.

Ahora el cuadro quedó corto. Las artistas pintan pistilos y puntitos mientras se reparten las últimas porciones de música. La nave está por terminar el viaje, diría ella. Los últimos hechos se suceden con rapidez. La gente se deshace en aplausos y se para. Yo no entiendo nada. Me encanta. ¡Queyi es una locura!

Imagen portada: “QUEYI + 3” en Teatro Solís// 3 Fechas 4 Artistas Visuales// Artista María Noel Silvera  y Fitz – 5 de Junio 2015 Foto © Federico Meneses

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Mad Madelaine

Mad Madelaine

A diferencia de su progenitora, no nació, sino quizá apareció, con la única misión de fundar y administrar el Primer Club de Fans de los Fideos con Manteca y Queso. Como ocurre con los clones, y los viajes en el tiempo, algo salió mal y Mad Madelaine fagocitó a quien escribe adquiriendo sus superpoderes: Nació el 6 de Marzo de 1991, estudia Lingüística en Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, y puede correr a la velocidad de la Luz.

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