Karl Marx

¿Por qué fracasó el socialismo estalinista? (IV)

Capítulo 38 de Los naipes están echados, el mundo que viene (Donde se comienza a explicar o se procura explicar por qué el socialismo según el modelo elegido para su desenvolvimiento experimental por Stalin en el Siglo XX derivó hacia un grotesco autoritarismo)

“Que cualquier hombre disponga de las libertades sólo por ser hombre, eso es el Derecho”, decía el filósofo uruguayo Carlos Vaz Ferreira.
Esto es, el Derecho era concebido por Vaz Ferreira como creación de la política para que la inteligencia sumada de todos los individuos, (necesaria para construir las mejores condiciones de supervivencia) prevalezca sobre la imposición de algunos sobre otros, lo que perturba el desenvolvimiento de la libertad de todos.
Carlos Vaz Ferreira sabía, naturalmente, que la mera enunciación de esa voluntad civilizatoria no lograría que el Derecho asegurase la libertad de todos y cada uno de los individuos. Pero no por ello dejaba de proponerlo como motivo civilizatorio.

“El Derecho es una relación social (una forma histórica de relacionarse de los individuos entre sí) que opera en beneficio de las clases dominantes”, argumentó el estalinismo para justificar su praxis autoritaria como método de transformación de la sociedad.

El proyecto experimental de construcción socialista según el modelo estalinista fracasó porque al sublimar la violencia como recurso de transformación de la sociedad anuló la significación ética de la praxis política, que, como veremos más adelante, es sustancial a ella en tanto que expresión de los intereses de TODA la sociedad, pues todos los individuos disponen de la aptitud política al nacer e integrarse a una comunidad de individuos genéticamente iguales.

El estalinismo anuló a la política (como praxis histórico – social) que es lo mismo que anular al fenómeno humano en su sustancia esencial, su acción transformadora, su potencia de libertad y su capacidad intelectiva como dialéctica siempre e inexorablemente complementaria.

Al ingresar en la madurez lo individuos participan de la acción transformadora, ejercen con mayor o menor sofisticación su potencia de libertad y reflexionan con mayor o menor calidad de la crítica sobre su hacer y ser social.

En el presente y en los próximos capítulos procuraremos poner en evidencia por qué esto ocurrió y qué significa exactamente que el estalinismo (y otras composiciones ideológicas de idéntica naturaleza autoritaria) anulase la dimensión ética de la política y del Derecho.

Pero mientras preparamos el camino para avanzar en la fundamentación de las afirmaciones anteriores resulta relevante señalar, que para hacerlo, para anular la significación ética de la política, distorsionó hasta la caricatura nada menos que la teoría de la lucha de clases de Marx, en cuyo nombre pretendía actuar.

Antes de iniciar esa travesía, la de hurgar hasta el hueso en las razones de la emergencia del estalinismo el autor de este escrito desea solicitar al lector una dosis de generosidad, pues para exponer su hipótesis necesita (posiblemente por su impericia intelectual) dar algunos rodeos. Descontada esa generosidad, iniciemos la travesía.

A la especie humana la caracteriza tanto su intervención transformadora sobre la naturaleza en la forma de trabajo, de creación de instrumentos y cultura productiva para asegurar sus condiciones de existencia,

como su aptitud política, en la forma de organización intelectual de ese trabajo realizado siempre socialmente y que al desenvolverse como tal, como esfuerzo intelectivo, propicia una CRITICA sistemática DE SU PROPIA ACTIVIDAD, con lo cual deja de operar meramente con arreglo a fines utilitarios, como proveerse de alimentos o abrigo, por ejemplo.

La praxis POLITICA ES ESE NO OPERAR TODO EL TIEMPO (de la potencia intelectiva propia del ser humano) SEGÚN FINES MERAMENTE UTILITARIOS, DE SUPERVIVENCIA. Y esa es la razón por la cual, a pesar de estar condicionado por las limitaciones que le impone la naturaleza y el grado de desarrollo de su propia acción transformadora, crea cultura.

La racionalidad económica en cambio (la intervención sobre la naturaleza y en la sociedad para crear riqueza) persigue sí todo el tiempo en la sociedad dividida en clases fines prácticos, de supervivencia o preservación de privilegios.

Al desenvolver una crítica sistemática de su propia actividad intelectiva la racionalidad política (la reflexión intelectual sobre su ser social en el mundo de la vida) deja de operar meramente con arreglo a fines utilitarios, de ahí su contenido ético, aunque no por ello deje de estar condicionada su capacidad comprensiva por el grado de conocimientos sobre la naturaleza y la sociedad de que dispone en cada época histórica.

Cuando las comunidades humanas habían apenas inventado el hacha de bronce no se podían plantear ni material ni intelectualmente enviar naves al espacio, de suerte que en su menú de posibilidades creativas las explicaciones acerca del modo de ser del universo tendían a ser religiosas… y así.

La producción de las condiciones de existencia según los instrumentos con que se cuenta (es decir, de la supervivencia de la comunidad y de cada individuo) produce a su vez formas de organizarse de la sociedad y formas de comportamiento de los individuos que EN ESTE PLANO se mueven con arreglo a fines utilitarios, cuales son, naturalmente, los que en cada forma de organización histórica exigen el cumplimiento de esa necesidad biológica de supervivencia, la satisfacción de sus necesidades básicas.

Pero el ser humano en el mismo proceso de intervención sobre la naturaleza abre un universo, el intelectual, (la curiosidad, la necesidad de comprender y de perfeccionar sus relaciones con los otros integrantes de la sociedad) que NO SIEMPRE se desenvuelve con arreglo a fines utilitarios: el universo de la política como imaginación creativa y como CRÏTICA, la elección entre opciones como evolución consciente en la búsqueda del perfeccionamiento de su ser social vivo pensante.

Cuando Carlos Marx sostenía que la sociedad humana únicamente podría superar las limitaciones que a su desenvolvimiento civilizatorio le imponía (le impone) la sociedad dividida en clases, en el momento en que hubiese creado las condiciones materiales –tecnología, conocimiento científico y riqueza suficiente como para tornar absurda su apropiación por unos pocos individuos- señalaba como estado de situación propicio a ese avance revolucionario lo que denominó como “un reflexionar sereno”, – no condicionado por prejuicios ni distorsiones propias de otro momento cultural, el de la edad de bronce por ejemplo- respecto de sus condiciones de existencia.

Ese reflexionar sereno es la racionalidad política (el pensamiento y la acción interrogándose uno a otro todo el tiempo) operando en un nuevo nivel al de la mera disputa del poder al que la empuja inexorablemente la sociedad dividida en clases, pues unos integrantes de la sociedad procuran preservar sus privilegios, mientras otros, para acceder a ellos, no tienen otra opción que buscar el modo de acabar con todos los privilegios…

En la sociedad dividida en clases la aptitud política que caracteriza al fenómeno humano NO PUEDE NO DESENVOLVERSE sino como disputa del poder, como lucha de clases, es decir, como conflicto, pero, al mismo tiempo se desenvuelve como crítica, como esfuerzo intelectivo de interpretación de las causas y modos posibles de superación de ese conflicto.

En la sociedad dividida en clases la política es a la vez disputa de poder y reflexión crítica, cuando la sociedad humana logre encontrar el modo (producir las condiciones materiales) para la superación de la división de la sociedad en clases, la política (el modo de operar de la racionalidad política inmanente a la condición humana) modificará sus contenidos: comenzará a ocuparse, según la bella expresión de Marx, de la “administración de las cosas”.

La administración de las cosas significa que los seres humanos tendrán que decidir por ejemplo, si emprenden como especie la aventura de crear vida en tal o cual planeta más o menos semejante a la tierra en otra galaxia y qué sistema de gobierno proponen para esa representación de la tierra en el universo.
Mientras se maten entre sí, pensaba Marx, la potencia creativa de la voluntad humana no dispondría de las mejores condiciones para emprender aventuras tan exigentes…

Por ello Marx y Engels le concedieron tanta importancia al estudio de las características de las formaciones sociales anteriores al capitalismo, para comprender cómo y por qué se había desarrollado la sociedad dividida en clases, en qué momento y por qué razones había surgido la propiedad privada de la tierra…(que es el origen de toda propiedad privada) pues únicamente desde ese conocimiento podía comenzar a pensarse la manera de superar ese obstáculo al desenvolvimiento integral de la potencia de libertad de TODOS los individuos.
La libertad ya no meramente como motivo ideal, (como en Vaz Ferreira) sino como posibilidad MATERIAL basada en la propia capacidad transformadora de la especie humana, que es lo que como sabemos la distingue de todas las demás especies.
Por ello se le denominó a su teoría como “materialismo histórico”.

La teoría sobre la formación de “el Capital” en Marx se ocupa de exponer las características de la producción de las condiciones de existencia en el capitalismo, sus potencialidades y limitaciones, su modo de ser como apariencia (la libertad de mercado) y su modo de desenvolverse como proceso; (las relaciones sociales que reproduce, en las que el capital se apropia de la parte mayor de la riqueza generada socialmente), su imperiosa necesidad de expandirse creativamente para reproducirse…para no perder “valor”, etc.

La teoría de la lucha de clases mientras tanto, expone el modo en que la praxis política tiende a superar civilizatoriamente las limitaciones de la sociedad centrada en la propiedad privada de los medios de producción de las condiciones de existencia.
Una teoría sin la otra no representa más que una caricatura del esfuerzo intelectivo y político cultural de Marx.

Y el estalinismo, al fijar como inexorable, como un hecho congelado, digamos, que el Derecho representaba una forma de organizar las relaciones sociales en beneficio de las clases dominantes, distorsionó el contenido político de la teoría de la lucha de clases. Anuló la significación de la praxis política.

Anuló la potencia de la acción política como intervención transformadora de la sociedad, y por tanto, como disputa por los contenidos POLÍTICOS del Derecho.
Si la lucha política (como lucha de clases) no era capaz de modificar los contenidos de las instituciones que la propia acción de los individuos crea para asegurar sus condiciones de existencia, pues, ¿qué otro recurso que la violencia como “partera de la Historia” según la voluntad del “padrecito Stalin” podía quedar?
Más adelante veremos que realizó esa operación porque confundió el Derecho como creación POLITICA CIVILIZATORIA con el Derecho como instrumento de regulación de las relaciones económicas, al que Marx calificó, en el capitalismo, como vimos en capítulos anteriores, como “derecho burgués”.

El Derecho, sin embargo, no es una institución que opere en beneficio de UNA clase social, es una creación humana que procura resolver civilizadamente la compleja relación social que los integrantes de la comunidad política desarrollan AL MISMO TIEMPO en el plano económico y en el plano organizacional y espiritual: POLITICO.

El origen de la vulgarización por el estalinismo de la caracterización teórica del Estado y el Derecho y a partir de ello el origen de la anulación de la praxis política como único procedimiento civilizatorio que produjo en buena parte de la izquierda del Siglo XX (y que todavía persiste en algunas composiciones ideológicas) deriva de las dificultades que tuvo el movimiento obrero a fines del Siglo XIX para comprender en toda su complejidad la teoría marxista de la sociedad.

El nudo de esa incomprensión podemos exponerlo a partir de la vulgaridad con la cual el estalinismo interpretó por ejemplo esta afirmación (y otras de naturaleza semejante) de Federico Engels:
“Como el Estado nació de la necesidad de refrenar los antagonismos de clase, y como, al mismo tiempo, nació en medio del conflicto de esas clases, es, por regla general, el Estado de la clase más poderosa, de la clase económicamente dominante, que, con ayuda de él, se convierte también en la clase políticamente dominante, adquiriendo con ello nuevos medios para la represión y la explotación de la clase oprimida. Así, el Estado antiguo era, ante todo, el Estado de los esclavistas para tener sometidos a los esclavos; el Estado feudal era el órgano de que se valía la nobleza para tener sujetos a los campesinos siervos, y el moderno Estado representativo es el instrumento de que se sirve el capital para explotar el trabajo asalariado. Sin embargo, por excepción, hay períodos en que las clases en lucha están tan equilibradas, que el poder del Estado, como mediador aparente, adquiere cierta independencia momentánea respecto a una y otra”.

Los veteranos formados políticamente en los años sesenta del Siglo XX recuerdan todavía con nostalgia, por la intensidad intelectual de aquellos intercambios, pues se trataba de transformar al mundo, pero también con ironía, pues se desenvolvieron con base en esquemas y sectarismos empobrecedores, que uno de los nudos recurrentes de aquellos intercambios ideológicos giraban en torno a la dialéctica “estructura” – la producción económica de las condiciones de existencia- / “superestructura” – las ideas que como reflejo de esa estructura emergían en la sociedad como “ideología”, entre ellas las instituciones culturales, como el Derecho o estabilizadoras de las relaciones sociales de las comunidades en competencia, como el Estado.
Carlos Marx, sin embargo, como hemos visto en varios de los capítulos anteriores, contribuyó al desarrollo cultural de la sociedad humana elaborando una teoría de la sociedad que contiene dos aportes sustanciales: el que pone de manifiesto la significación de la producción, las formas de producción y las relaciones sociales que surgen de cada forma de producción de las condiciones de existencia como determinación de lo que en cada época histórica los seres humanos pueden o no pueden avanzar en su realización civilizatoria pero al mismo tiempo, fundamentó la trascendencia de la capacidad transformadora de la inteligencia humana (su racionalidad política y científica) como fenómeno activo y auto reflexivo.
El ser humano no puede crear naves espaciales si en el proceso de producción material de sus condiciones de existencia únicamente aprendió a fundir el hierro para producir armas, pero al mismo tiempo su curiosidad intelectual, su no detenerse en el proceso de transformación de la realidad material le conduce a aprender a hacer computadoras.

El ser humano es un animal social que al contrario que las demás especies transforma reflexivamente su entorno y lo hace siempre en colaboración / competencia con sus congéneres. Por ello “hace” política tanto como imagina y fabrica, crea instrumentos e instituciones para asegurar su existencia.

Además de producir alimentos tiene que convencer a otros todo el tiempo. Y tiene que elegir entre opciones. Y en el camino, dada una DESIGUAL distribución de la fuerza en el origen del proceso de la civilización, atraviesa siempre nuevos conflictos que le conducen a perfeccionar sus condiciones de existencia.

El Derecho es la institución CULTURAL creada por la racionalidad política y emocional de los individuos para lograr que la preservación de la vida de TODOS, y por lo tanto de cada uno, prevalezca sobre la imposición ejercida por la mera diferencia de fuerza física heredada de nuestra condición animal original.

La imposición por la fuerza física (o militar luego) únicamente puede realizarse mediante la violencia y la violencia ejercida sistemáticamente conduce a la descomposición de la sociedad, algo que la racionalidad política, la capacidad intelectiva del ser humano, aunque esté condicionada por su grado de evolución, NO PUEDE DEJAR QUE OCURRA, pues en caso contrario se autodestruiría.

Es por ello que la sociedad elige una y otra vez activar su aptitud política en la forma del Derecho como institución que garantiza su desenvolvimiento en sustitución de la violencia como impulso agresivo de supervivencia.

En la Historia como proceso la exasperación violenta (la expresión violenta que deja de poder ser administrada políticamente) de los individuos organizados tiene lugar y únicamente tiene lugar, cuando una situación comienza a presentarse como absurda, – la esclavitud luego de la revolución burguesa por ejemplo- cuando antes parecía un fenómeno “natural”.

¿Por qué entonces el estalinismo caracterizó al Estado y al derecho como un mero instrumento de dominación de la burguesía, cuando Engels realizó enormes esfuerzos para enseñarles a los marxistas, como vimos en muchos de los capítulos anteriores, a reflexionar críticamente sobre la realidad teniendo en cuenta que ésta se transforma todo el tiempo por la propia actividad humana?

En la sociedad dividida en clases el capital (la riqueza acumulada y para reproducirse, en movimiento) se forma y desenvuelve como una relación social económica: tierra cultivada y animales domesticados cuidados por los siervos dependientes de individuos particulares en el feudalismo, capital acumulado y circulando para producir más capital mediante la contratación de trabajo asalariado en el capitalismo.

En la sociedad moderna el Derecho privado constituye un ordenamiento de la relación social de intercambio, ENTRE PROPIETARIOS ENTRE SI Y ENTRE PROPIETARIOS y trabajadores asalariados como fuerza de trabajo y entre todos como CONSUMIDORES.

El lector atento habrá observado que el autor de este escrito está realizando un significativo esfuerzo de simplificación del proceso de la cultura, de la civilización y de la economía (la producción de las condiciones de existencia) y recordará que en estos capítulos procuramos desentrañar el origen del estalinismo como razón sustancial del fracaso del denominado en el Siglo XX, “socialismo real”.

En los conceptos precedentes habrá observado también el lector cómo se establece una diferenciación en DOS esferas del Derecho:

1.- el que regula las relaciones sociales para administrar políticamente la violencia de suerte de preservar la estabilidad de esas relaciones al interior de la comunidad

2.- el que regula las relaciones económicas para propiciar la producción de las condiciones de existencia, la satisfacción de las necesidades en principio biológicas – la alimentación, el abrigo- de la especie humana.

Pues bien, hecha esta diferenciación ahora podemos estudiar por qué fracasó el esfuerzo por iniciar el proceso de superación de la sociedad en clases, que eso es el socialismo como proyecto POLITICO civilizatorio, en el Siglo XX.

El Derecho como hemos visto es un desarrollo de la racionalidad política que con su invención (en occidente) procura dar forma técnico administrativa a una institución estabilizadora de las relaciones sociales.

El capital es una creación del trabajo humano movido por la necesidad de producir sus condiciones de existencia según las posibilidades y necesidades que derivan de la sociedad dividida en clases.

Tanto el Derecho en su forma general, como el capital en su forma general, una vez instituidos como fenómenos sociales adquieren objetividad, son instituciones que propician el desenvolvimiento del mundo de la vida.

A ambos los percibimos en la vida cotidiana como esferas autónomas, con vida propia. Una “realidad objetiva” que interviene sobre nosotros en la forma de posibilidades o limitaciones.

A uno, al universo del Derecho, lo observamos en la forma de disposiciones abstractas, que no tienen expresión material en el mundo físico, leyes, normas, que sin embargo una vez creadas producen realidad, en la forma de sanciones, posibilidades, prohibiciones y al otro, al universo del capital, lo observamos como una extensión del trabajo y del dinero… ese “objeto” artificial que posibilita el intercambio general de excedentes de producción, el intercambio de mercaderías, la creación y acumulación de riqueza…

La vida de la sociedad tanto como la creación de riqueza necesita ser ordenada por normas, lo que en el capitalismo ocurre mediante lo que llamamos Derecho burgués, porque en la moderna sociedad dividida en clases no obstante la libertad política alcanzada contractualmente (Derecho Constitucional) una parte de la comunidad, la que posee los medios de producción o capital en condiciones de producir más capital se apropia de una parte considerablemente mayor de la riqueza que los que no poseen capital.

A explicar por qué un porcentaje minoritario de la sociedad puede apropiarse de un porcentaje mayor de la riqueza siempre e inexorablemente generada socialmente dedicó Marx su obra El Capital.

No obstante, tanto las leyes que regulan el esfuerzo de supervivencia de la sociedad en su forma política como en su forma económica (a partir de la producción e intercambio de mercaderías, de la creación del dinero, y la formación del capital), son creaciones humanas HISTÓRICAS cuyo propósito es asegurar la producción primero, el PERFECCIONAMIENTO luego, de sus condiciones de existencia.

El Derecho Público, el Derecho privado y el capital son creaciones humanas que sin embargo no pueden ser transformados radicalmente (anulados como articuladores de las relaciones sociales) según la mera voluntad de los individuos, por lo menos no mientras cumplan la función para la cual en un determinado momento nuestra acción sobre la naturaleza en la forma de trabajo manual e intelectual las creó.

Y eso es lo que enfatiza Carlos Marx cuando escribe que el modo de ser del sistema capitalista únicamente podrá comenzar a superarse cuando la actividad productiva e intelectual, cultural, es decir política y tecnológica, de la especie humana, esté en condiciones de «rebasar el estrecho horizonte del derecho burgués” basado en la división FORZADA del trabajo, que es el que reproduce el conflicto entre capital (como propiedad privada) y trabajo asalariado, como condición ineludible – la venta de la fuerza de trabajo a cambio de dinero- de quienes no cuentan con capital.

El revolucionario leninista E. B. Pashukanis tras la revolución soviética elaboró una teoría del Derecho que procuraba generar las condiciones para iniciar lenta y pacientemente el proceso de superación de las condicionantes que impedían el tránsito meramente por la aplicación de la voluntad violenta de un sistema social económico a otro, denominado por su aspiración de superar la división de la sociedad en clases como socialismo.

¿Eran estúpidos los dirigentes soviéticos que liderados por Stalin decidieron además de aniquilar a Pashukanis y prohibir su obra iniciar mediante la violencia, (el militar voluntarismo) y no mediante la política, (la articulación democrática de las voluntades mayoritarias mediante la reflexión serena y la acción transformadora, la lucha sistemática, la transformación sistemática de la realidad), el proceso de superación de la sociedad dividida en clases?

No eran estúpidos en absoluto. De la tradición revolucionaria de los siglos XVIII y XIX tomaron, empujados por masas campesinas resentidas con el poder monárquico feudal y con el desenvolvimiento del capitalismo que los despojaba de sus tierras, humilladas esas poblaciones y los revolucionarios mismos por décadas de imposiciones autoritarias, persecuciones y asesinatos, el camino de la guerra de clases.

En sustitución de la dialéctica de la lucha de clases como política, la lógica del conflicto como guerra permanente entre enemigos: ricos y pobres, capitalistas y explotados, connacionales y extranjeros… el conflicto radical permanente como mera riña entre opuestos, es decir, sin política.

Para legitimar esa vulgarización del marxismo y de la propia condición humana buscaron una justificación ideológico – jurídica a esa postura absolutamente alejada de Marx.

Contrapusieron Estado “burgués” y Estado “proletario”, imperialistas y sojuzgados, explotadores que merecían ser aniquilados y explotados idealizados que merecían apropiarse así sin más de la riqueza generada socialmente.

Marx dedicó quince años de su vida a estudiar el modo de ser del capitalismo como evolución y como proceso histórico en relación a las formas de producción de las condiciones de existencia precedentes (esclavismo, feudalismo) pues en caso contrario resultaba mero voluntarismo idealista la elaboración de una teoría de la política (de la acción transformadora, intelectual y práctica de la sociedad) y cuando iba a acometer esa tarea, la más relevante desde el punto de vista civilizatorio, ya no le fue posible hacerlo. Como relata Federico Engels, languideció hasta morir.

Le había exigido demasiado a su cuerpo durmiendo apenas para poder describir cómo percibimos a la sociedad y al mismo tiempo como esta se desenvuelve materialmente, cómo se forma el capital y cómo se reproduce, cuál es su origen y que rol desempeña en el perfeccionamiento de las condiciones de existencia de la sociedad, cómo emerge y cómo evoluciona el dinero como equivalente general mediante el cual establecemos un “valor” a todas las cosas, cómo y de donde surge realmente el “valor”, cómo y por qué puede el capital beneficiarse del trabajo asalariado de individuos libres (en relación al esclavo o al campesino siervo de la sociedad feudal) pero al mismo tiempo cómo opera para reproducir la posibilidad de continuar optimizando en su beneficio esa relación de “iguales desiguales”, cómo se crea valor, cómo se produce la mercantilización de todas las cosas (incluido el ser humano mismo) y por qué, cómo se desenvuelve en el largo plazo la ley de la plusvalía (el tiempo de trabajo no cuantificable del asalariado de que se apropia el capital) y un largo etcétera.

Procuraba demostrar y demostró, tomando en cuenta los datos estadísticos con que contaba con asombrosa inteligencia y seriedad teórica, que ninguna institución (ni el Estado, ni el capital, ni el Derecho) puede congelar las relaciones sociales, anular la política como lucha de clases mientras las clases existan, y que ninguna estructura legal o institucional puede anular el desarrollo tecnológico para establecer de una vez y para siempre un estado de cosas inmutable pues satisfacer las necesidades materiales de la sociedad exige cada vez una más sofisticada forma de producir y reproducir las condiciones de existencia.

Y tal la simple y sencilla razón por la cual no existe ni puede existir un estado burgués ni un estado proletario, aunque sí una forma de regular las relaciones de intercambio y el conflicto político que se adapta a las condiciones HISTORICAS en que evolutivamente la sociedad produce y procura perfeccionar sus condiciones de existencia en competencia con otras comunidades humanas.

Naturalmente, en la SOCIEDAD burguesa, (que privilegia la propiedad privada de los medios de producción) los poseedores de capital disponen a priori de mayor capacidad de influencia que los proletarios en el proceso de la disputa POLITICA por el poder del Estado, pero tal desequilibrio no anula la disputa política por los contenidos jurídicos, normativos, con los cuales las sociedades modernas regulan el conflicto de clases para no autodestruirse.

A principios del Siglo XX, la disputa entre la filosofía de la praxis (de la política, como la racionalidad que somete a crítica al mundo existente para transformarlo) y la ideología del capitalismo por un lado (el elogio acrítico del intercambio mercantil) y el militar voluntarismo estalinista y fascista surgido del resentimiento y humillación de poblaciones enteras tuvo su expresión en la caracterización del Derecho y del Estado con el que los diferentes protagonistas del conflicto de clases procuraron legitimar ideológicamente su acción.

La querella sobre los contenidos del Derecho como cultura institucional que HACE POSIBLE LA POLÍTICA, tuvo su expresión crítica de izquierda en el militar voluntarismo estalinista y de derecha con Carl Schmitt, uno de los principales ideólogos del nazismo, que procuró sustituir la teoría de la lucha de clases (inexorablemente política) por la teoría amigo – enemigo, (obviamente sin política, al enemigo se lo extermina…) con la cual se pretendía explicar los conflictos históricos.

Adolfo Sánchez Vázquez, a quien ya hemos citado en capítulos anteriores, a punto estuvo de enunciar la complejidad de ese proceso de anulación de la política que tuvo lugar con la emergencia del estalinismo (y del nazismo) cuando hizo conocer en castellano la obra de Pashukanis. Más adelante procuraremos enunciar por qué a juicio del autor de este escrito no lo hizo.

Pashukanis, atento lector de Marx y conocedor de primera mano de la construcción conceptual de Lenin una vez que la Revolución bolchevique tenía que poner manos a la obra en la creación de una institucionalidad político -económica y político – jurídica que permitiese el desarrollo productivo y cultural de la atrasada Rusia subraya la trascendencia del derecho como relación social (como disputa política de poder, es decir, como lucha de clases y como regulación objetiva de los intercambios) contra quienes para justificar cualquier acción como “revolucionaria” calificaron al Derecho como mero “conjunto de relaciones que corresponde a los intereses de las clases dominantes”.

Aquí, en la reflexión crítica sobre el Estado y el Derecho y en su conceptualización como meros instrumentos de las clases dominantes o como en Marx, Engels, el Lenin estadista gobernante y Pashukanis como esferas institucionales donde se desenvuelve la lucha de clases hasta que resulta tecnológica y culturalmente posible su superación civilizatoria radica la sustancia esencial que explica el surgimiento del estalinismo primero, pero también del neo estalinismo en la forma de un voluntarismo radical frecuentemente pequeño burgués y del populismo nacionalista de izquierda.

Y aquí también el origen del relativismo ético, puesto que si el Derecho, es decir, si la política institucionalizada no opera más que como superestructura en beneficio de las clases dominantes, ¿a qué preocuparse por la ética, por los Derechos Humanos, por la libertad de pensamiento, etcétera, en el proceso de lucha revolucionaria por la emancipación de los que no disponen de capital en condiciones de producir más capital?

Por esa razón, por su significación en la vulgarización del marxismo, en la caída en el autoritarismo más grotesco que imaginarse pueda con el estalinismo, pero también en la mentalidad resentida y anti política de un buen número de grupos y grupitos de “izquierda” en la actualidad, continuaremos todavía hurgando en el origen del debate sobre la caracterización del Estado y del Derecho, es decir, de la política como aptitud inmanente al fenómeno humano, como construcción institucional y como lucha de clases.

(Continuará)
Nota: el autor de este escrito ruega al lector le disculpe por la extensión y complejidad de este capítulo, pero pese a que lo intentó durante semanas no logró exponer lo que considera el problema fundamental por el cual emergió el autoritarismo estalinista en el Siglo XX en menos líneas.

Imagen: Wikipedia

 


 

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Gerardo Bleier

Gerardo Bleier

Gerardo Bleier nació el 26 de noviembre de 1960. Escritor, Periodista y Asesor en Comunicación Estratégica. Dirigió revistas, radios y programas de televisión. Publico varios libros de poesía entre ellos Ideanimas (Arca) y Cenizas (Artefato) y una novela Cráneo de Vaca (Cruz del Sur). http://gerardobleier.blogspot.com/

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