El acorazado Potemkin

¿Por qué fracasó el socialismo estalinista? (II)

Capítulo 36 de Los naipes están echados, el mundo que viene

“Es preferible, si la cosa es grave, decir la verdad con desatino, antes que callarla”, escribe Vladimir Ilich Lenin cuando la revolución bolchevique se abocaba, en medio de apasionados debates, a definir cómo la política se organizaba institucionalmente para gobernar sobre las lógicas del capital, que por tal cosa y casi que nada más que por tal cosa entendía el revolucionario ruso a la figura “dictadura del proletariado” formulada a mediados del Siglo XIX en el Manifiesto Comunista.

La dialéctica gobierno del proletariado – los soviets como democracia directa al modo griego- / desenvolvimiento impetuoso pero administrado políticamente del proceso de modernización del sistema capitalista de producción, ambas cosas centrales en la concepción leninista de la transición entre el capitalismo y la “fase inferior del comunismo” en las condiciones de Rusia implicaba un desafío intelectual y práctico acaso demasiado exigente para una sociedad que al proponerse tan ambicioso proyecto civilizatorio fue una y otra vez asediada por las elites de los Estados nación europeos más desarrollados.

(Se trataba nada menos que de despojar a los terratenientes de la posesión exclusiva de sus tierras y a los más poderosos empresarios de la posesión como propiedad privada legal de sus medios de producción).

Pero no nos adelantemos a arriesgar hipótesis del fracaso, preguntémonos antes: ¿Cómo procuró Lenin realizar político administrativamente esa osadía?

Una vez concluida la etapa militar de la revolución, (que en la Rusia de entonces implicaba la destrucción radical de las viejas estructuras monárquico feudales), Vladimir Ilich Lenin aspiraba a diseñar un tipo de institucionalidad que se caracterizaba obsesivamente por el intento de establecer un modelo de equilibrio de poder que asegurase el predominio de la política por sobre el capital y la burocracia.

Equilibrio de poder entre:

1.- los soviets –las masas reunidas territorialmente en asambleas-, donde se expresaba radicalmente la democracia, las libertades políticas individuales;

2.- el Partido Comunista y la Internacional Comunista (sí, pretendía una participación de todo el movimiento comunista sobre la ingeniería político institucional que había que crear) como el conductor político cultual del proceso de transición entre el momento revolucionario y el momento de normalización de las relaciones sociales y en cuyo seno, es decir, en el propio partido “de vanguardia” la democracia se expresaba como centralismo democrático: democracia en la deliberación, disciplina en la ejecución de las decisiones mayoritarias.

3.- y la institucionalización de los sindicatos, (su legalización) que a juicio de Lenin debían ocuparse esencialmente de elevar la calidad cultural y las condiciones de trabajo de los proletariados y profesionales en todas las áreas de la producción y la administración y cuyo desenvolvimiento democrático no debía ser obstaculizado por ninguna pretensión del Partido Comunista de dirigirlos “desde arriba” (desde el Estado, así lo señala expresamente) aunque sí por orientar (a través de los miembros de ese partido que se desenvolvían también en los sindicatos) su acción contingente, su acción en la vida cotidiana, según las lógicas de defensa del proyecto revolucionario.

Como puede observarse, Lenin aspiraba a que en el período de normalización postrevolucionaria la sociedad política se expresase de modo libre en los soviets, pero no diseñó una fórmula jurídica en la que se materializaría ese pluralismo, posiblemente porque al haber sublimado conceptualmente la figura de la “dictadura del proletariado” durante su combate ideológico a los social chovinistas (a los socialdemócratas que se plegaron a la defensa del Estado nacional imperialista por sobre la idea de iniciar como respuesta a la guerra que provocaba el expansionismo imperialista el proceso de superación de la sociedad dividida en clases) puso énfasis, en todos los textos anteriores a la revolución, en el modo en que consideraba necesario bloquear militarmente el camino a la alta burguesía y a los propietarios feudales para que pudiesen retomar el control legal de sus posesiones con el apoyo electoral de los campesinos.

(Cuando se analiza el proceso de la revolución bolchevique es necesario no olvidar que en la Rusia de principios del Siglo XX el proletariado era muy minoritario en relación al campesinado, formado culturalmente en el feudalismo, de suerte que la masa crítica de obreros y técnicos instruidos en condiciones de diseñar una nueva sociedad era muy, pero muy reducida y la cultura democrática de la sociedad casi inexistente).

Para Lenin, entonces, la “dictadura del proletariado” debía implementarse sobre la base del Poder Soviético (no del Partido Comunista, que sin embargo ejercía la función principal en la conducción, entendida como orientación teórica práctica del proceso de creación de una nueva sociedad) en el contexto de una acción radical de modernización capitalista de la economía, desde la estructura base creada por el Estado (por la sociedad), entonces la electrificación de toda Rusia, hasta la capacidad innovadora de los trabajadores formándose para dirigir ellos mismos intelectual y prácticamente la producción de las condiciones materiales de existencia de toda la sociedad.

Esa inquietud por formar a los trabajadores (obreros, campesinos y soldados) para que estuviesen en condiciones de participar intelectualmente en el diseño de las formas de producción es teóricamente muy relevante pues con ello Lenin aspiraba a lograr al mismo tiempo reducir el peso de la burocracia “parasitaria” en la toma de decisiones y por otro lado iniciar el proceso cultural para la superación de la división del trabajo. (Ampliaremos conceptualmente este aspecto cuando analicemos los rasgos principales del conflicto entre capital y trabajo asalariado en la sociedad contemporánea y cuando veamos con mayor detenimiento el proyecto actual del Partido Comunista de China de implementar lo que sus dirigentes conceptualizan como el Estado socialista de Derecho).

En lo antes señalado a partir de la lectura de todos los textos de Lenin posteriores a la toma del poder político por los bolcheviques queda de manifiesto que reparó todo el tiempo en la inquietud manifestada por Rosa Luxemburgo respecto a que el Partido Comunista como vanguardia profesional, como intelectual orgánico del proletariado, corría el riesgo de apartarse, distanciarse, de la voluntad democrática de las mayorías políticamente activas.

En la república democrática el procedimiento de la “voluntad general”, (es decir, de la política) se expresa a través del sufragio universal y de las garantías jurídicas de expresión y asociación para las minorías, pero ¿cómo se expresaría esa voluntad general como cultura democrática en la institucionalidad de la república soviética?

En casi que todos los escritos luego de la Revolución, Lenin pone el énfasis en instrumentar mecanismos de control por la sociedad, (los soviets, los sindicatos) e incluso por el movimiento comunista internacional, respecto de la centralidad en la estructura burocrática estatal que por su función de formador de cuadros político técnicos estaba llamado a cumplir inexorablemente (dado su protagonismo en el proceso de la toma del poder mediante una revolución armada) el Partido Comunista.

La imposición “violenta” durante la transición entre el capitalismo y la fase inferior del comunismo, quedaba reducida así de hecho al control monopólico del poder militar por los obreros y soldados a efectos de responder a toda acción de resistencia también militar y únicamente en caso de que fuese militar, de los propietarios cuyos instrumentos de producción habían sido confiscados por la Revolución y que la revolución decidía políticamente no devolverlos según el derecho civil burgués, aunque podía decidir facilitarles espacios de coparticipación en nuevos emprendimientos, con nuevas condiciones de distribución de los derechos de propiedad.

Esto porque la revolución en Lenin debía asegurar la hegemonía política del proletariado en la administración del desarrollo del capitalismo y tratándose como se trataba de una sociedad todavía feudal todos los engranajes del poder político administrativo estaban en manos del patriciado ruso.

La lógica de equilibrios entre poder político de matriz proletaria y capitalismo es la inquietud principal de Lenin.

“El interés personal eleva la producción y nosotros necesitamos ante todo y a toda costa, que aumente la producción”, expresaba en octubre de 1921 explicando por qué la modernización no podía dejar de hacerse según las lógicas propias del sistema de producción capitalista.

Y añadía en otro texto, se trata de…”no demoler la vieja estructura económico social, el comercio, la pequeña empresa, el capitalismo, dominándolos con precaución y de modo gradual u obteniendo la posibilidad de someterlos a una regulación estatal sólo en la medida de su reanimación”… es decir en el caso de que esa regulación estatal asegurase su desarrollo productivo. (Acerca de la significación del oro…).

La razón sustancial en que fundamentó este modelo de “dictadura del proletariado” en las condiciones políticas de Rusia a principios de Siglo XX la enunció así:
“…por primera vez, después de siglos y milenios la promesa de responder a la guerra entre esclavistas con la revolución de los esclavos contra todo género de esclavistas se ha cumplido hasta el fin…

“Los esclavos han respondido a la guerra entre esclavistas proclamando abiertamente esta consigna: transformemos esa guerra entre esclavistas por el reparto del botín, en una guerra de los esclavos de todas las naciones contra los esclavistas de todas las naciones”.

Y tenía tal conciencia de que la experiencia podía frustrarse por lo radicalmente revolucionario de sus ambiciones civilizatorias que señaló:

“Nosotros hemos empezado la obra. Poco importa saber cuándo, en qué plazo y los proletarios de qué nación culminarán esta obra. Lo esencial es que se ha roto el hielo, que se ha abierto el camino, que se ha indicado el camino a seguir”.

Y añadía con orgullo: “En Rusia no existe (luego de la revolución) nada tan vil, infame y canallesco como la falta de derechos o la desigualdad jurídica de la mujer, supervivencia indignante de la servidumbre y de la Edad Media que la burguesía egoísta y la pequeña burguesía obtusa y asustada retocan en todo el globo” sin atreverse a ir hasta la igualdad total y reseña que esas conquistas democrático igualitarias corresponden o deberían corresponder a la revolución democrático burguesa más que a las tareas de construcción de una sociedad sin clases.

La república de los soviets, que en cuatro años estableció la igualdad por ley entre el hombre y la mujer, conquistó la hegemonía en la conducción política de la sociedad para el proletariado, estableció la igualdad de derechos entre las nacionalidades que componían a la vieja Rusia y aseguró la participación efectiva de millones de individuos antes excluidos social y políticamente mediante el pueblo reunido en asambleas, mediante los soviets que representaban a la abrumadora mayoría de la sociedad y en los cuales se adoptaban las principales decisiones estatales derivó sin embargo luego de la muerte de Lenin hacia un autoritarismo totalitario. ¿Por qué eso ocurrió?

Como hemos visto hasta ahora, Lenin concebía el proceso postrevolucionario como el desarrollo del sistema de producción capitalista dirigido políticamente; como administración (involucramiento intelectual) por el proletariado organizado en soviets de los instrumentos legales e institucionales del proceso productivo capitalista y como control militar por parte de un ejército obrero respecto de todo intento militar por parte de la alta burguesía y las viejas clases terratenientes de recuperar sus posesiones como propiedad privada exclusiva de ellos.

A su muerte el proceso derivó, según sintetizó el marxista hispano mexicano Adolfo Sánchez Vázquez hacia un sistema “que tenía como pilares la propiedad estatal absoluta, el Estado fundido con el Partido único, el poder económico y político en manos de una nueva clase, la burocracia, la negación de toda forma de democracia, el expansionismo soviético y las relaciones de dominación y vasallaje con los llamados países hermanos socialistas”.

Recordemos cómo referimos en el capítulo 27 a esta afirmación del intelectual hispanoamericano:

Luego de señalar que la democracia es un proceso que jamás concluye, puesto que cuanto más democrática es la participación política de los individuos en la elaboración de los instrumentos, normas e instituciones para perfeccionar sus condiciones de existencia más política – es decir, más culturalmente plural- es la democracia misma, uno de los muy pocos filósofos marxistas originales de América Latina, Adolfo Sánchez Vázquez, sostuvo en la década del 90 del Siglo XX:

“No se trata de negar la llamada democracia formal – (el estado de derecho con su sistema de garantías para el ejercicio de la voluntad general y el control del poder en medio del sistema capitalista de producción o de cualquier otro) en nombre de la real, o de la representativa en nombre de la directa, pues como hemos visto la negación y no la superación de ella, como demuestra la experiencia histórica del “socialismo real”, conduce a la negación de toda democracia. Es lo que vaticinó (que ocurriría) y se cumplió, Rosa Luxemburgo, al disolver los “bolcheviques” la Asamblea Constituyente y entregar “todo el poder a los soviets”, lo que al final se tradujo en la desaparición misma de los soviets como forma de democracia”.

Pues bien, llegados a este punto es necesario preguntarse, ¿la deriva burocrático totalitaria de la revolución bolchevique, ocurrió nada más que porque al decidir Lenin disolver la Asamblea Constituyente anuló de hecho el pluripartidismo aspirando a sustituirlo por una forma de democracia directa que no funcionó?

¿La ausencia de una teoría del Derecho, es decir, de la política (como pluralismo) y de la ley como garantía de las libertades políticas (derecho público) y como regulación de las relaciones sociales capitalistas, (derecho privado), fue la causa principal por la que el militar voluntarismo prevaleció sobre el democratismo radical que procuró ensayar Lenin sin pluripartidismo?

Imagen: Foto de la película El acorazado Potemkin

 


 

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Gerardo Bleier

Gerardo Bleier

Gerardo Bleier nació el 26 de noviembre de 1960. Escritor, Periodista y Asesor en Comunicación Estratégica. Dirigió revistas, radios y programas de televisión. Publico varios libros de poesía entre ellos Ideanimas (Arca) y Cenizas (Artefato) y una novela Cráneo de Vaca (Cruz del Sur). http://gerardobleier.blogspot.com/

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